El mítico aprendiz de mago de los 90 está de vuelta. Simon the Sorcerer Origins resucita una de las aventuras gráficas más queridas del género “point & click”, transportándonos de nuevo a ese mundo donde la irreverencia, el ingenio y los puzles imposibles eran la norma. La nueva entrega, desarrollada por el estudio italiano Smallthing Studios, funciona como una precuela directa del clásico de 1993, contándonos cómo empezó todo para el joven Simon.
Y sí, han pasado más de tres décadas, pero parece que el humor británico, los chistes autorreferenciales y las mecánicas clásicas de puzles siguen funcionando mejor de lo que uno esperaría.
Un regreso a la magia de los 90
La historia comienza con un Simon de once años recién mudado con su familia. Es revoltoso, sarcástico y con cierta tendencia a meterse en líos. Durante una tarde cualquiera, mientras explora su nueva casa, tropieza con un misterioso portal que lo arrastra a un mundo mágico gobernado por una profecía ancestral. Su objetivo: encontrar los tomos del Primer Mago y volver a casa.
La trama no es especialmente innovadora —tiene ese sabor clásico de “niño elegido destinado a grandes cosas”—, pero la forma de contarlo sí lo es. Simon the Sorcerer Origins combina humor meta (Simon llega a hablarle directamente al jugador), referencias a cultura pop moderna y guiños a Juego de Tronos o Dungeons & Dragons. Es una historia sencilla, pero contada con tanto carisma que resulta imposible no dejarse llevar.

Control clásico, pero con ajustes modernos
El equipo de Smallthing ha optado por simplificar los controles, reduciendo el esquema clásico de comandos a un sistema de clic único. Esto puede decepcionar a los más puristas del género, pero facilita la entrada a nuevos jugadores. Los usuarios de mando pueden elegir entre dos estilos de control: manejar un cursor como en los clásicos o mover directamente a Simon por los escenarios.
En PC, los controles son funcionales pero algo rígidos, y la falta de opciones para reasignar teclas se siente como una oportunidad perdida. Sin embargo, la interfaz es clara, y el diseño general de los menús tiene ese toque de dibujo animado que encaja a la perfección con el tono desenfadado del juego.

Puzles con sabor añejo (y dificultad de antaño)
Simon the Sorcerer Origins conserva el espíritu desafiante de los juegos de los 90. Algunos puzles son realmente ingeniosos, otros rozan la frustración. No hay un sistema de pistas, y eso puede convertir ciertas secciones en auténticos ejercicios de paciencia.
El diario del protagonista sirve como guía narrativa, recordando los objetivos pendientes, pero rara vez da una pista clara sobre cómo avanzar. Esto gustará a quienes disfrutan del ensayo y error, pero para otros puede romper el ritmo de la historia.
Hay combinaciones de objetos poco intuitivas, aunque muchas soluciones resultan lógicas una vez resueltas. Por suerte, el juego incluye un sistema de viaje rápido mediante mapa, una mejora muy bienvenida que evita el tedio de recorrer una y otra vez las mismas pantallas.

Humor, carisma y doblaje con altibajos
Una de las grandes virtudes de Simon the Sorcerer Origins es su guion. El humor funciona, y las bromas son ingeniosas sin abusar de la nostalgia. La interpretación de voces es sólida en general, aunque hay un detalle que divide opiniones: Chris Barrie, el actor original de Simon, vuelve para doblar al protagonista. Su tono sarcástico es inconfundible y lleno de personalidad, pero cuesta creerse que detrás de esa voz esté un niño de once años.
Por otro lado, Taher Chy brilla como Sordid, el villano principal, con una interpretación poderosa y amenazante que eleva cada encuentro.
El diseño de sonido también merece mención especial: efectos cuidados, una ambientación rica y una banda sonora que mezcla orquestación clásica con toques mágicos que encajan perfectamente con el mundo de fantasía.
Un apartado artístico lleno de encanto
Visualmente, el juego es un espectáculo. Su estilo artístico inspirado en el Renacimiento Disney y en las series animadas de los 2000 da vida a cada escenario con una calidez que recuerda a películas como Klaus (de hecho, algunos artistas del juego participaron en ella). Los escenarios están llenos de pequeños detalles, y la animación es fluida y expresiva.
Uno de los guiños más curiosos es la posibilidad de usar una varita que transforma a Simon en su versión pixelada original, un homenaje simpático al clásico, aunque se vuelve molesto si la usas sin querer en mitad de un puzle complicado.

Un regreso imperfecto, pero lleno de corazón
Simon the Sorcerer Origins no pretende reinventar el género, sino recordarnos por qué nos enamoramos de él. Su ritmo es pausado, sus puzles exigentes y su humor sigue siendo deliciosamente británico. Hay tropiezos, sí: la falta de un sistema de pistas, algún que otro diálogo repetitivo y una voz protagonista que no encaja del todo. Pero todo eso se perdona fácilmente cuando el juego logra sacarte una carcajada sincera o te sorprende con un chiste sobre dragones y burocracia mágica.
Smallthing Studios ha firmado un regreso entrañable y visualmente deslumbrante, que encantará tanto a los veteranos del género como a los nuevos aventureros curiosos por descubrir de dónde salió aquel aprendiz de mago tan descarado.

Plataformas: Xbox One, Xbox Series X|S, PlayStation 4, PlayStation 5, Nintendo Switch y PC
Desarrollador: Smallthing Studios
Editor: ININ Games

