Encontramos videojuegos que buscan desafiar nuestra destreza, otros que nos empujan a optimizar números o memorizar patrones. Y luego están aquellos que se atreven a mirar hacia dentro, a remover zonas incómodas y a utilizar el lenguaje interactivo para hablar de emociones, culpa, miedo o autoestima. The Perfect Pencil, el nuevo metroidvania narrativo de Studio Cima, pertenece claramente a este último grupo. Un juego que puede hacerte reír con una pelea absurda contra un enemigo imposible y, apenas unos minutos después, obligarte a detenerte y reflexionar sobre tus propias inseguridades
No es una experiencia cómoda ni complaciente, pero sí profundamente honesta. Bajo una apariencia colorida, casi infantil, se esconde una obra que utiliza el humor, el simbolismo y lo grotesco para hablar de temas tan universales como la vergüenza, el autoodio o la necesidad de aceptación. Y lo hace sin caer en la condescendencia ni en el drama impostado, algo que no es nada fácil en un medio donde estos asuntos suelen tratarse con excesivo subrayado.

Una historia que se observa a sí misma
La premisa inicial de The Perfect Pencil ya deja claras sus intenciones. Encarnamos a John, un personaje que despierta literalmente sin cabeza tras un encuentro con la misteriosa Bestia Blanca. En lugar de una solución lógica, el juego opta por lo simbólico: un farero tan extraño como carismático le proporciona una nueva cabeza, que no es otra cosa que una cámara de vídeo. A partir de ese momento, observar el mundo deja de ser una acción pasiva y se convierte en una mecánica central.
La capacidad de analizar el entorno no solo sirve para obtener información contextual, sino para conocer cómo John se percibe a sí mismo y a todo lo que le rodea. Cada comentario, cada reflexión que surge al enfocar un objeto o un personaje, está cargada de ironía, cinismo o directamente dolor. No es el mundo el que es hostil: es la mirada de alguien roto intentando darle sentido.
Este recurso convierte la narrativa en algo profundamente interactivo. No estamos leyendo una historia sobre la inseguridad; estamos habitando una mente que se juzga constantemente, que duda, que se desprecia y que intenta encontrar algún tipo de redención. Es un enfoque valiente y poco habitual, especialmente dentro de un metroidvania, un género que rara vez se detiene a mirar hacia dentro con tanta insistencia.

Mundos oníricos, ideas incómodas
Cada zona de The Perfect Pencil funciona como una metáfora jugable. No se trata solo de biomas diferentes, sino de conceptos emocionales materializados en espacios físicos. Hay lugares donde la vergüenza se manifiesta como una sustancia negra que cubre el cuerpo, ciudades en las que el valor personal depende exclusivamente del juicio ajeno, o regiones habitadas por personajes que han optado por no vivir realmente, limitándose a dormir para no enfrentarse a ninguna decisión.
El juego nunca explica estos conceptos de forma explícita. Confía en el jugador, en su capacidad para interpretar, para unir puntos y para encontrar lecturas personales. Este respeto por la inteligencia del jugador es uno de sus mayores aciertos. No hay discursos grandilocuentes ni moralejas evidentes; hay situaciones, imágenes y mecánicas que dialogan entre sí y construyen significado de forma orgánica.
El tono oscila constantemente entre el humor absurdo y el drama más íntimo. Un equilibrio complicado, pero que aquí funciona sorprendentemente bien. La extravagancia de los personajes y situaciones no resta peso a los temas tratados; al contrario, los hace más digeribles y, en muchos casos, más devastadores. Reírse de uno mismo es, al final, una de las formas más honestas de enfrentarse al dolor.

Dirección artística: belleza torcida
Visualmente, The Perfect Pencil es una auténtica delicia. Su estilo 2D dibujado a mano destaca desde el primer momento por su personalidad. Los colores vivos, las formas redondeadas y los personajes de aspecto casi caricaturesco contrastan con el trasfondo oscuro de la narrativa, creando una disonancia muy efectiva.
Todo parece sacado de un cuaderno de bocetos deformado por un sueño inquieto. Los escenarios se pliegan, se retuercen y desafían la lógica espacial, reforzando esa sensación constante de no pertenecer del todo a ningún sitio. Es un mundo que resulta atractivo y perturbador a partes iguales, y que consigue transmitir emociones incluso antes de que entendamos su significado.
La animación es fluida y cuidada, con multitud de pequeños detalles que aportan vida al conjunto. Desde gestos exagerados hasta fondos llenos de elementos simbólicos, todo está pensado para reforzar la atmósfera. No es un juego que busque el realismo, sino la coherencia emocional, y en ese aspecto cumple con creces.

Sonido y música: luces y sombras
En el apartado sonoro, el juego opta por una solución ya clásica en el panorama indie: los personajes se comunican mediante sonidos ininteligibles que simulan el habla, al estilo de Animal Crossing o Hollow Knight. Funciona bien y encaja con el tono de fábula extraña que propone el título.
La banda sonora, sin embargo, es algo más irregular. Cumple su función ambiental y en momentos concretos logra generar una tensión notable, especialmente en secuencias más inquietantes o introspectivas. No obstante, pocas piezas destacan por sí solas o se quedan grabadas en la memoria, y en algunos picos de intensidad el volumen resulta algo excesivo, rompiendo ligeramente la inmersión.
No es un apartado fallido, pero sí uno que podría haber sido más memorable si se hubiera arriesgado un poco más en melodías o leitmotivs asociados a personajes o ideas concretas.

Un metroidvania al servicio del discurso
A nivel jugable, The Perfect Pencil se sitúa en un terreno conocido. Plataformas, exploración, habilidades que desbloquean nuevas rutas, secretos opcionales y el inevitable backtracking forman la base de su estructura. No pretende reinventar el género ni introducir sistemas revolucionarios, y eso es una decisión consciente.
Estamos ante un metroidvania accesible, tanto en dificultad como en complejidad mecánica. El control es correcto, aunque en algunos momentos puede resultar ligeramente impreciso, especialmente en secciones de plataformas más exigentes. Son fallos menores, pero presentes, y que pueden generar frustración puntual.
La clave es que aquí la jugabilidad no busca brillar por sí misma, sino servir a la narrativa. Cada habilidad se obtiene en momentos con un fuerte peso simbólico, representando bloqueos emocionales superados o nuevas formas de afrontar la realidad. El progreso no es solo espacial, sino también psicológico.

Combate, decisiones y perspectivas
El sistema de combate es funcional y sencillo. No destaca por su profundidad ni por su desafío, y los enemigos cumplen más un papel simbólico que mecánico. La dificultad general es moderada, claramente orientada a que el jugador avance sin grandes bloqueos.
Los jefes, salvo contadas excepciones hacia el final del juego, no resultan especialmente memorables a nivel mecánico. Donde sí brillan es en su diseño conceptual, representando miedos, errores o traumas de forma visualmente impactante.
Uno de los sistemas más interesantes es el de las perspectivas (amuletos). Estos modificadores no solo alteran estadísticas, sino que evolucionan con el tiempo, cambiando de forma, nombre y efecto. Una metáfora preciosa sobre cómo nuestras propias percepciones cambian con la experiencia.
A esto se suma un sistema de decisiones morales que, sin ser el eje central, añade peso emocional. El juego no se limita a castigar acciones negativas con números: te obliga a enfrentarte a las consecuencias, a reconocer errores y, en algunos casos, a buscar una redención que no siempre resulta cómoda.

Conclusiones
The Perfect Pencil no es un juego perfecto, ni pretende serlo. Tiene carencias jugables, una estructura conservadora y algunos problemas técnicos menores. Pero todo eso queda relegado a un segundo plano frente a lo que logra transmitir.
Es una obra sensible, imaginativa y profundamente humana. Un viaje por los rincones incómodos de la mente contado con humor, respeto y una personalidad arrolladora. Un videojuego que no solo se juega, sino que se interpreta y se siente.
No lo recordarás por sus combates ni por su plataformeo. Lo recordarás por John, por su mirada rota, por sus pensamientos hirientes y por esa sensación constante de que, incluso en los mundos más absurdos, seguimos buscando lo mismo: entender quiénes somos y aprender a convivir con ello.
Lo mejor
- Narrativa simbólica, honesta y valiente
- Dirección artística con enorme personalidad
- Integración ejemplar entre mecánicas y discurso
- Humor bien medido que refuerza el drama
Lo peor
- Jugabilidad conservadora y poco ambiciosa
- Combate y jefes poco memorables
- Banda sonora irregular
- Algunos problemas de precisión en el control
Desarrollador: Studio Cima
Editor: Studio Cima, Doyoyo Games
Plataformas: PC, Nintendo Switch
Nota: 8/10
Este análisis ha sido posible gracias a una clave de PC proporcionada por Plan of Attack
