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Todos hemos visto expansiones que añaden unas cuantas misiones, un puñado de armas y un pedacito de terreno que nos ventilamos antes de que termine el fin de semana. Para los hambrientos de aventuras como yo, está Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen, que parece haber recibido el encargo de recordarnos por qué algunos juegos de rol son capaces de secuestrarnos durante decenas de horas sin que nos demos cuenta. Capcom no se ha conformado con abrir una puerta nueva en su gigantesco RPG de acción: ha levantado una región entera, ha añadido mazmorras, ha ampliado las posibilidades de personalización y ha introducido suficientes novedades como para que nuestro Arisen vuelva a tener motivos para perderse por ese mundo tan maravilloso como puñetero.

Lo mejor es que Norgan, la nueva región, no se limita a ofrecer más territorio para recorrer. Sus montañas nevadas, sus ruinas, sus zonas subterráneas y sus peligrosas rutas sirven de escenario para una aventura que crece a medida que avanzamos. Lo que inicialmente parece una expedición a una tierra helada termina abriendo la puerta a una sucesión de misiones, descubrimientos y desafíos que nos recuerda una de las grandes virtudes de Dragon’s Dogma 2: la capacidad de convertir una simple salida a explorar en una historia que no estaba en nuestros planes.

Desarrollado y publicado por Capcom, Dark Arisen llega acompañado de una importante actualización para el juego original y de nuevas posibilidades para quienes quieran seguir perfeccionando a su personaje. En PC, donde el rendimiento del título original fue motivo de discusión durante su lanzamiento, estas mejoras también tienen relevancia. No estamos únicamente ante una expansión que añade contenido, sino ante una nueva oportunidad para regresar a uno de los RPG de acción más particulares de los últimos años.

Eso sí, Capcom también ha decidido limar algunas asperezas de la experiencia original. Unas modificaciones mejoran la comodidad y hacen que el conjunto resulte más accesible, mientras que otras reducen parte de esa incertidumbre que convertía cada viaje en una pequeña aventura. La pregunta es si Dark Arisen consigue ampliar las virtudes de Dragon’s Dogma 2 sin domesticar demasiado su personalidad.

Norgan: una tierra helada que no deja de crecer

La nueva aventura comienza con una visión inquietante: Vernworth aparece destruida por las oscuras llamas de un dragón. Ese presagio conduce al Arisen hasta Norgan, una región situada al noroeste del territorio conocido, donde una expedición de investigación intenta comprender qué amenaza se oculta tras aquellas tierras.

La premisa funciona como punto de partida para una campaña que sabe administrar sus descubrimientos. Norgan se presenta inicialmente como un territorio montañoso cubierto de nieve, con ruinas que recuerdan la grandeza de una civilización pasada y una sensación de aislamiento que encaja perfectamente con la aventura. Sin embargo, basta con avanzar un poco para comprobar que lo que vemos en el horizonte es apenas una parte de lo que nos espera.

La región se expande mediante castillos, ascensores, bosques, pantanos y enormes zonas subterráneas. Las rutas se entrecruzan, los desniveles condicionan nuestros desplazamientos y los espacios abiertos alternan con localizaciones mucho más cerradas, donde cada recoveco puede esconder una recompensa o un problema considerable. La sensación de descubrimiento es constante, y esa es una de las mayores virtudes de la expansión: Norgan no parece un mapa diseñado para rellenar horas, sino un lugar construido para despertar nuestra curiosidad.

Una cueva puede convertirse en una excursión breve o terminar ocupando una parte importante de nuestra sesión. Un camino aparentemente secundario puede conducirnos a una zona que no esperábamos encontrar, y una misión puede revelar nuevas conexiones entre los habitantes de la región y el misterio que estamos investigando. Dragon’s Dogma 2 siempre ha destacado por esa capacidad de hacer que el jugador se salga del itinerario previsto, y Dark Arisen aprovecha esa filosofía para ofrecer una ampliación que se siente orgánica.

También ayudan las misiones. Tanto las principales como las secundarias presentan situaciones variadas, con giros narrativos, enigmas, enfrentamientos importantes y oportunidades para conocer mejor a quienes viven en Norgan. No todas necesitan reinventar el género para resultar interesantes: basta con que nos lleven a descubrir una localización, resolver un problema o participar en una situación que no se resuelva simplemente hablando con un personaje y regresando al mismo lugar.

La región tiene, además, un carácter propio. Su clima y su orografía la diferencian de los territorios del juego original, y el paisaje nevado no se limita a cambiar el color de la hierba. Las ventiscas pueden reducir drásticamente la visibilidad, dificultar la orientación e impedir el uso de determinados medios de transporte rápido. Cuando el viento empieza a borrar el horizonte y dejamos de distinguir con claridad nuestro destino, la exploración recupera parte de esa incertidumbre que hace especial a Dragon’s Dogma 2.

En esos momentos, la aventura vuelve a recordarnos que no somos los dueños del mundo. Somos un viajero que se adentra en un territorio peligroso, con recursos limitados y una expedición que puede complicarse mucho más de lo previsto. Y cuando aparecen enemigos entre la nieve, la cosa puede ponerse bastante fea.

La exploración sigue siendo el alma de Dragon’s Dogma 2

Una de las mejores decisiones de Dark Arisen es mantener la exploración como uno de los pilares de la experiencia. En un RPG de acción tan grande, sería fácil convertir los desplazamientos en un trámite entre misiones, pero Dragon’s Dogma 2 encuentra buena parte de su encanto en lo que sucede cuando nos apartamos del camino principal.

Norgan ofrece multitud de rincones que merece la pena investigar, desde ruinas hasta cuevas y estructuras que esconden nuevos desafíos. La verticalidad de sus escenarios adquiere mayor protagonismo y la cuerda de escalada permite acceder a determinados puntos del terreno, obligándonos a prestar atención a la disposición de las rutas y a las posibilidades del entorno. El mapa no se limita a extenderse en horizontal: también invita a mirar hacia arriba y hacia abajo.

La nieve, las ventiscas y la dificultad para orientarnos contribuyen a que el viaje tenga personalidad. En determinadas circunstancias, avanzar exige algo más que seguir una indicación en el mapa. Tenemos que interpretar el terreno, encontrar el camino y adaptarnos a las condiciones que nos rodean. Cuando todo funciona, esa combinación de exploración y peligro proporciona algunas de las mejores sensaciones de la expansión.

Sin embargo, aquí encontramos una de las decisiones más discutibles de Capcom. Dark Arisen introduce numerosos puntos de viaje rápido y facilita el acceso a los cristales de teletransporte portátiles. El juego base también recibe modificaciones relacionadas con los desplazamientos, con más puntos de viaje y nuevas paradas para las carretas de bueyes.

No cabe duda de que estas medidas reducen la fricción. Después de muchas horas recorriendo los mismos caminos, agradeceremos disponer de más opciones para regresar a un lugar conocido o continuar una misión sin repetir un trayecto entero. El problema es que los viajes a pie eran algo más que un medio para llegar de un punto a otro: constituían una parte fundamental de la identidad de Dragon’s Dogma 2.

En la aventura original nunca sabíamos con certeza qué podía ocurrir durante una ruta. Un encuentro inesperado, una cueva descubierta por casualidad o una pelea que se complicaba al caer la noche podían convertir un desplazamiento rutinario en una historia memorable. El viaje rápido facilita las cosas, pero también reduce las oportunidades de que surjan esas situaciones.

Es una concesión comprensible, especialmente para quienes disponen de menos tiempo para jugar, aunque no estamos convencidos de que beneficie a todo el mundo. Dragon’s Dogma 2 era especial precisamente porque no siempre resultaba cómodo. A veces, esa incomodidad formaba parte de la aventura.

Un sistema de combate que sigue siendo extraordinario

Si la exploración constituye el alma del juego, el combate es uno de sus mayores argumentos para permanecer en él. Dragon’s Dogma 2 mantiene un sistema de acción que destaca por la interacción física con los enemigos, las diferencias entre vocaciones y la posibilidad de afrontar cada enfrentamiento de distintas maneras.

Las grandes criaturas continúan siendo el espectáculo principal. Podemos trepar por el cuerpo de determinados monstruos, buscar sus puntos débiles y aprovechar las oportunidades que aparecen durante la batalla. Un enemigo de gran tamaño no es simplemente una barra de salud que debemos reducir: es una criatura con una presencia física que condiciona la lucha y nos obliga a adaptar nuestra estrategia.

La coordinación con los peones también continúa siendo fundamental. Estos compañeros nos ayudan durante los enfrentamientos, aportan sus propias habilidades y pueden ofrecernos información sobre rutas o enemigos que ya conocen. Su comportamiento añade una dimensión particular a la aventura, porque no son únicamente personajes que siguen al protagonista: forman parte de un sistema que mezcla cooperación, aprendizaje y situaciones imprevisibles.

Dark Arisen introduce nuevos enemigos y grandes bestias que proporcionan enfrentamientos espectaculares, especialmente durante las primeras ocasiones en que nos cruzamos con ellos. Norgan es un territorio peligroso y sus habitantes contribuyen a transmitir esa sensación de estar explorando un lugar que todavía no dominamos.

El problema es que la variedad no siempre resulta suficiente para mantener intacta la sorpresa. Algunos enemigos terminan haciéndose familiares y los combates pierden parte de su impacto cuando conocemos sus patrones y descubrimos cómo derrotarlos. Las criaturas nuevas impresionan durante los primeros encuentros, pero esa sensación puede diluirse cuando volvemos a enfrentarnos a ellas.

También se ha reducido parte de la dificultad que caracterizaba al juego original. Si llegamos a Norgan con el nivel recomendado y hemos dedicado tiempo a explorar y conseguir equipamiento, es posible que algunas amenazas resulten menos peligrosas de lo esperado. Esa evolución puede ser satisfactoria para quienes prefieren sentirse poderosos y disfrutar de la acción sin demasiadas interrupciones, pero resta intensidad a los momentos en los que el juego debería ponernos contra las cuerdas.

Recordamos la importancia de preparar el equipo, organizar a los peones y administrar los recursos antes de emprender una expedición. En Dark Arisen esas precauciones siguen teniendo utilidad, aunque la experiencia no siempre transmite la misma sensación de vulnerabilidad. La expansión ofrece grandes batallas, pero en ocasiones nos habría gustado que algunas de ellas exigiesen más preparación y nos obligasen a sudar un poco más.

No es un problema que arruine el combate, que continúa siendo uno de los aspectos más sólidos de la propuesta. Sin embargo, sí evidencia que Capcom ha querido hacer Dragon’s Dogma 2 más accesible, incluso a costa de rebajar parte de su personalidad.

Las mazmorras: el verdadero vicio empieza después de los créditos

Si Norgan representa la gran expansión territorial, los Ritos perdidos constituyen una de las novedades más interesantes para quienes disfrutan superando desafíos y perfeccionando a su personaje. Se trata de nuevas mazmorras repartidas por el mundo original, a las que accedemos a través de puertas selladas y que ofrecen enfrentamientos, recorridos y condiciones particulares.

Aquí es donde Dark Arisen demuestra que tiene más contenido del que aparenta a primera vista. Algunas mazmorras son relativamente sencillas, pero otras presentan recorridos laberínticos que nos obligan a explorar con paciencia, estudiar sus conexiones y descubrir cómo llegar a cada rincón. En determinados casos, el tamaño y la complejidad de estas localizaciones convierten la exploración en un objetivo por sí mismo.

No basta con entrar, derrotar a un jefe y recoger el premio. Hay lugares que invitan a recorrer cada pasillo y comprobar si hemos dejado alguna zona sin descubrir. El diseño juega con la disposición de los enemigos, la estrechez de algunos espacios y las condiciones de los enfrentamientos para obligarnos a modificar nuestra forma habitual de combatir.

Algunos desafíos limitan el número de peones que podemos llevar; otros imponen restricciones al equipamiento o impiden utilizar determinadas habilidades mágicas. Son condiciones que rompen con nuestras rutinas y nos obligan a pensar de otra manera. Si hemos construido a nuestro personaje alrededor de una estrategia concreta, descubrir que no podemos utilizarla en una mazmorra puede resultar un pequeño golpe al orgullo, pero también una oportunidad para experimentar.

Las recompensas contribuyen a que queramos regresar. Las mazmorras proporcionan materiales y equipamiento, pero su interés no se limita a conseguir mejores estadísticas. Superar una zona complicada y descubrir sus secretos ofrece una satisfacción que va más allá del botín.

Además, los enemigos y la dificultad cambian al repetir estos desafíos, lo que añade una dimensión de progresión a largo plazo. Los Ritos perdidos no son únicamente una colección de habitaciones que completamos una vez y olvidamos, sino una parte importante del contenido que puede mantenernos ocupados después de terminar la campaña principal de la expansión.

Es aquí donde Dark Arisen encuentra su bucle más adictivo: exploramos, conseguimos recompensas, mejoramos nuestro equipo y volvemos a poner a prueba nuestras habilidades. Para quienes disfrutan construyendo personajes y buscando la combinación perfecta de equipo y capacidades, la expansión ofrece motivos suficientes para seguir jugando mucho después de haber visto los créditos.

Reliquias, armas y nuevas posibilidades para nuestro Arisen

La progresión recibe una ampliación importante mediante un sistema de reliquias que introduce una nueva forma de conseguir equipamiento. En lugar de obtener directamente algunas armas y armaduras como recompensa, conseguimos reliquias de distintas categorías que debemos tasar en Norgan para descubrir qué contienen.

La idea añade expectación a la obtención de recompensas. No siempre sabemos qué encontraremos y el sistema permite descubrir piezas de equipamiento con características interesantes, capaces de cambiar la manera en que construimos a nuestro personaje. Las armas pueden incorporar habilidades activas y pasivas, lo que amplía las posibilidades de personalización y permite desarrollar configuraciones más específicas.

A esto se suman nuevas opciones relacionadas con las vocaciones y las habilidades de los peones. En determinados puntos de Norgan podemos obtener capacidades de vocaciones en las que no estamos especializados, mientras que las nuevas especializaciones de nuestros compañeros amplían las posibilidades tácticas del grupo.

La profundidad del sistema es una de las virtudes de Dark Arisen. No es obligatorio estudiar cada modificación ni perseguir la configuración más eficiente para disfrutar de la historia, pero quienes quieran experimentar con distintas combinaciones encontrarán un terreno fértil para hacerlo. Las nuevas habilidades pueden dar un giro a nuestra forma de combatir, y el equipamiento proporciona motivos para seguir explorando las mazmorras.

El inconveniente está en la gestión. La tasación obliga a regresar a la aldea para comprobar las recompensas y administrar el inventario. Como también necesitamos volver para continuar determinadas historias de sus habitantes, estas visitas terminan formando parte de la rutina.

Al principio, descubrir qué esconde una reliquia puede resultar emocionante. Después de repetir el proceso muchas veces, la gestión empieza a hacerse pesada. Es una de esas mecánicas que funcionan bien como idea, pero que necesitan una ejecución cómoda para no convertirse en una tarea administrativa entre aventura y aventura.

El viaje rápido ayuda a reducir el problema, aunque también refuerza esa dependencia de los desplazamientos instantáneos que comentábamos anteriormente. Capcom ha conseguido ampliar la progresión, pero algunas de las decisiones que facilitan la experiencia terminan introduciendo nuevas molestias.

Las mejoras del juego base también importan

Aunque la gran protagonista es Norgan, Dark Arisen llega acompañada de cambios que afectan al juego original. La creación de personajes gana posibilidades estéticas, se introducen ajustes de calidad de vida y se amplían las opciones para desplazarnos por el mundo. También se han añadido distintos niveles de dificultad, lo que permite adaptar mejor la experiencia a las preferencias de cada jugador.

Estas novedades son especialmente interesantes para quienes quieran comenzar la aventura desde cero. Dragon’s Dogma 2 siempre ha ofrecido una enorme libertad para crear al Arisen y a su peón principal, y las opciones adicionales refuerzan esa faceta. Podemos dedicar bastante tiempo a diseñar nuestros personajes y darles una apariencia que se aleje de los protagonistas genéricos de otros RPG.

El sistema de peones sigue siendo una de las grandes señas de identidad de la saga. Además de combatir, pueden señalar lugares de interés, compartir conocimientos y ayudarnos a descubrir caminos que quizá habríamos pasado por alto. Su comportamiento no siempre resulta perfecto, pero esa combinación de utilidad e imprevisibilidad contribuye a que los viajes tengan personalidad.

Para los recién llegados, la recomendación es sencilla: conviene disfrutar primero de la aventura original y familiarizarse con sus sistemas antes de lanzarse a Norgan. La expansión puede resultar demasiado exigente para un personaje que todavía no esté preparado, y la posibilidad de acceder a sus misiones relativamente pronto puede llevar a más de uno a meterse en un lío considerable.

Los veteranos, por su parte, encontrarán un incentivo para regresar. Las nuevas mazmorras, el equipamiento y las posibilidades de personalización permiten dar una segunda vida al juego y prolongar la progresión más allá de la campaña principal.

En conjunto, las novedades hacen que Dragon’s Dogma 2 resulte más completo y flexible. Sin embargo, también vuelven a poner sobre la mesa el dilema que recorre toda la expansión: mejorar la comodidad no siempre significa mejorar la experiencia. Parte de la magia del juego original nacía de sus limitaciones, y algunas de las modificaciones de Dark Arisen reducen precisamente aquello que lo hacía diferente.

El rendimiento en PC: una nueva oportunidad para el RE Engine

El rendimiento fue uno de los asuntos más controvertidos de Dragon’s Dogma 2 durante su lanzamiento original. Su ambicioso mundo y la cantidad de personajes que podían coincidir en determinadas zonas pusieron a prueba el RE Engine, y la experiencia no fue igual de satisfactoria para todos los jugadores.

Desde entonces, Capcom ha introducido distintas mejoras y ajustes que culminan con una nueva puesta a punto coincidiendo con Dark Arisen. En PC, esto importa tanto para quienes regresan al juego como para quienes quieran descubrirlo por primera vez con la expansión incluida.

La evolución técnica también tiene valor porque Dragon’s Dogma 2 necesita que su mundo resulte convincente. Las distancias, la iluminación, los efectos atmosféricos y la presencia de enemigos de gran tamaño forman parte de su identidad. Explorar Norgan bajo una ventisca o enfrentarse a una criatura enorme pierde impacto si la experiencia técnica no acompaña.

En definitiva, Dark Arisen no solo amplía el contenido: también llega en un momento en el que Dragon’s Dogma 2 ha recibido un proceso de mejora que beneficia al conjunto. Para quienes abandonaron el juego por sus problemas técnicos iniciales, puede ser una buena ocasión para comprobar cuánto ha evolucionado.

Conclusión: una expansión enorme con luces y sombras

Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen es una ampliación generosa que sabe aprovechar las fortalezas del juego original. Norgan ofrece una región que invita a explorar, con escenarios que se expanden a medida que avanzamos, misiones variadas y un misterio que mantiene el interés. Los Ritos perdidos aportan algunas de las mejores oportunidades para poner a prueba nuestras habilidades, mientras que las nuevas reliquias, armas y opciones de personalización amplían considerablemente las posibilidades de progresión.

El combate continúa siendo uno de los grandes argumentos del conjunto. Enfrentarse a enormes criaturas, trepar por sus cuerpos y coordinarse con los peones sigue proporcionando situaciones que pocos RPG de acción consiguen reproducir de la misma manera. La expansión también sabe aprovechar la exploración para generar historias inesperadas y convertir un simple desplazamiento en una aventura.

Si ya disfrutaste de la aventura original, aquí encontrarás motivos de sobra para volver a reunir a tus peones y perderte por caminos que todavía esconden secretos. Y si eres nuevo en este universo, el paquete completo representa una oportunidad excelente para descubrir uno de los RPG de acción más particulares de Capcom, siempre que tengas la paciencia necesaria para aprender sus reglas.

Lo mejor

  • Norgan es una región extensa, variada y muy satisfactoria de explorar.
  • Las nuevas mazmorras ofrecen desafíos originales y un bucle de progresión adictivo.
  • El combate contra grandes criaturas mantiene su espectacularidad.
  • Las nuevas reliquias, armas y habilidades amplían las posibilidades de personalización.
  • Las mejoras del juego base hacen que la experiencia resulte más flexible.
  • La cantidad de contenido ofrece motivos para seguir jugando después de terminar la historia.

Lo peor

  • El viaje rápido reduce parte de la incertidumbre y de las historias emergentes de los desplazamientos.
  • Algunos enemigos pierden peligrosidad cuando progresamos rápidamente.

Ficha técnica

  • Título: Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen
  • Desarrollador: Capcom
  • Distribuidor: Capcom
  • Plataformas: PC, PS5, Switch 2 y Xbox series
  • Género: RPG de acción y aventura
  • Idioma: Español

Nota final

9/10

Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen amplía con ambición uno de los RPG de acción más especiales de Capcom. Norgan, sus mazmorras y las nuevas posibilidades de progresión proporcionan decenas de horas de aventuras, combates memorables y descubrimientos. Aunque algunas mejoras de comodidad reducen parte de la personalidad del original y el sistema de reliquias necesita más agilidad, la expansión consigue que volver al mundo del Arisen merezca muchísimo la pena.

*Este análisis de Dragon’s Dogma 2: Dark Arisen ha sido posible gracias a un clave de PC facilitada por Plaion España

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