Desarrollador: MegaPixel Studio
Editor: Forever Entertainment / SEGA
Plataformas: PC (Steam), PlayStation 5, Xbox Series X/S y Nintendo Switch
En 1998, SEGA lanzó uno de los títulos más extraños y carismáticos del género de disparos con pistola de luz: The House of the Dead 2. Un juego que mezclaba acción frenética, terror zombi y ese encanto tan particular de los arcades japoneses de finales de los 90. Era violento, colorido, absurdo y tremendamente divertido. Y aunque sus voces en inglés eran tan malas que rozaban la genialidad, eso no impidió que se convirtiera en un clásico instantáneo, especialmente tras su adaptación a Dreamcast, donde muchos lo conocimos y disfrutamos hasta el cansancio.
Han pasado más de 25 años desde aquel lanzamiento, y tras el correcto remake del primer juego en 2022, los fans esperábamos con ganas ver cómo MegaPixel Studio reimaginaba su secuela. Ahora, The House of the Dead 2: Remake llega dispuesto a revivir la locura del original… pero, lamentablemente, no todo sale según lo esperado.
Una bienvenida familiar… pero con menos alma
Nada más iniciar el juego, la nostalgia golpea fuerte: la icónica pantalla de título regresa, reinterpretada con gráficos actuales y una recreación moderna de la introducción del arcade original. Es un guiño simpático, sí, pero enseguida se nota algo extraño: la banda sonora nueva carece de identidad. Las melodías intentan evocar el espíritu del clásico, pero se quedan en un terreno genérico, olvidable, y sin ese toque macabro y casi ridículamente heroico que caracterizaba la música original.
Por suerte, el juego permite cambiar a la banda sonora clásica, y hacerlo transforma por completo la experiencia. De repente, las calles de Venecia, los canales, los laboratorios y las catacumbas vuelven a tener ese ambiente de arcade, entre lo siniestro y lo absurdo, que tanto amamos en su día.

Modos de juego y estructura
El remake ofrece varios modos: Campaña, Entrenamiento y Boss Rush.
Dentro de la campaña, encontramos las versiones Arcade y Original. La primera replica con fidelidad el recorrido del juego original, con algunos ajustes en la puntuación y el control. La segunda, en cambio, añade elementos de progresión: objetos, armas alternativas y pequeñas recompensas que incentivan la rejugabilidad.
El modo Entrenamiento presenta una serie de misiones cortas con diferentes niveles de dificultad. Sirven como práctica o para matar el tiempo, pero no aportan demasiado más allá de lo anecdótico. El modo Boss Rush, por su parte, permite enfrentarte directamente a los jefes en busca del mejor tiempo o puntuación —una curiosidad simpática para los más competitivos, aunque sin mucho recorrido.
El núcleo del juego sigue estando en el modo Campaña, donde revivimos la historia original: un grupo de agentes del AMS que investiga una nueva ola de mutaciones y horrores biológicos en Europa, enfrentándose a hordas de criaturas y a un nuevo villano que planea “la regeneración del mundo”. Una trama tan absurda como divertida, que se mantiene casi intacta, con sus frases icónicas (“Suffer like G did?”) incluidas.

Armas, progresión y decisiones cuestionables
Aquí empiezan los verdaderos altibajos. En el primer remake, las armas desbloqueadas podían usarse libremente en cualquier modo una vez obtenidas, ofreciendo una capa de experimentación muy divertida.
En The House of the Dead 2: Remake, ese sistema cambia por completo: solo puedes elegir un arma especial por partida, y además, muchas de ellas se han degradado notablemente respecto a su funcionamiento en el remake anterior. Pierden potencia, ritmo o impacto visual, lo que hace que probarlas sea menos emocionante de lo que debería.
Además, han eliminado el modo Horda, una de las características más celebradas del primer remake, que multiplicaba la cantidad de enemigos en pantalla y elevaba la tensión a niveles arcade reales. Su ausencia se nota y resta mucha variedad. Este tipo de decisiones transmiten una sensación de producto a medio cocinar, como si faltara esa última capa de ambición o cariño que lo hiciera destacar.
Por otro lado, sigue sin existir compatibilidad oficial con pistolas de luz en PC, algo que, considerando el tipo de juego que es, resulta decepcionante. Los fans han desarrollado mods para intentar solventarlo, pero la experiencia no es perfecta: hay problemas de calibración, errores de puntería y falta de soporte nativo. Lo más cercano a la sensación original es jugar con un ratón de aire o controlador giroscópico, aunque, como es lógico, no sustituye la magia del arcade.

Un apartado técnico irregular
Visualmente, el juego presenta una mezcla de luces y sombras —literalmente. Los nuevos modelos de personajes y enemigos son más realistas, incluso grotescos, lo que aporta una capa de crudeza interesante. Sin embargo, el uso del motor moderno ha traído consigo problemas serios de iluminación: muchos escenarios son tan oscuros que, incluso con la gamma al máximo, cuesta distinguir los detalles. Esto no solo afecta a la ambientación, sino también a la jugabilidad.
Las texturas, por su parte, son desiguales. Algunas zonas se ven bien trabajadas, mientras que otras parecen casi sin terminar, con superficies planas o detalles ausentes.
Se nota un esfuerzo en modernizar el entorno, pero la falta de consistencia en el acabado general da la sensación de que el remake se lanzó con prisa. A pesar de varios parches, siguen apareciendo errores, desde animaciones congeladas hasta físicas erráticas y efectos de sangre poco pulidos.
Curiosamente, lo que antes era parte del encanto —esas animaciones torpes y esos movimientos de marioneta— ahora choca con los nuevos modelos en alta resolución, generando una sensación extraña, casi de “Frankenstein visual”. Da la impresión de que el remake no termina de decidir si quiere ser una recreación fiel o una reinvención moderna, y se queda a medio camino entre ambas.

Voces y sonido: lo peor es intentar arreglar lo que no estaba roto
Uno de los sellos de identidad de The House of the Dead 2 siempre fueron sus voces en inglés absurdas, con actores que sonaban como si nunca hubieran entendido el contexto de sus frases. Eran tan malas que se convirtieron en parte esencial del humor involuntario del juego.
Por suerte, MegaPixel Studio ha mantenido buena parte de esa torpeza, y los diálogos siguen siendo tan rígidos y cómicos como siempre. Sin embargo, el nuevo doblaje del villano Goldman rompe ese equilibrio: el actor adopta un acento sureño americano que choca frontalmente con el tono del resto del elenco. Goldman siempre fue un villano frío, casi robótico; escucharlo con un deje de “cowboy” resta dramatismo y rompe la atmósfera original.
La mezcla de sonido tampoco está del todo equilibrada: algunos efectos son demasiado fuertes, mientras que otros, como los disparos o los gritos de los enemigos, suenan apagados. Y aunque la música clásica rescata parte del alma del juego, se echa en falta un tratamiento más cuidadoso de la ambientación sonora.

Jugabilidad: entre la nostalgia y la frustración
En lo puramente jugable, The House of the Dead 2: Remake sigue siendo lo que debe ser: un shooter directo, sin florituras, donde la precisión y la memoria muscular lo son todo. Disparar sigue siendo satisfactorio, los enemigos aparecen con ritmo y los jefes mantienen sus patrones clásicos. En ese sentido, el remake es fiel al original, y eso es un mérito.
Sin embargo, cuando empiezas a notar los problemas técnicos, las limitaciones de control y las decisiones de diseño confusas, la experiencia se resiente. No hay un modo cooperativo local sólido, no hay incentivos claros para rejugar más allá del desbloqueo de armas, y el control con mando o ratón, aunque funcional, no logra replicar la intensidad ni el ritmo del arcade.
Además, los bugs siguen presentes: enemigos que se quedan congelados, sangre que no aparece, texturas que tardan en cargar o incluso cuelgues esporádicos en ciertas misiones. Todo esto rompe la inmersión y deja claro que el juego necesitaba más tiempo de desarrollo o una fase de testeo más amplia.

Conclusión: un remake que no apunta al corazón
The House of the Dead 2: Remake es, en el fondo, un homenaje sincero a uno de los títulos más recordados de SEGA. Pero su ejecución no alcanza la altura del legado que intenta rescatar.
Sí, está el humor involuntario, los jefes clásicos, los mutantes grotescos y las frases mal traducidas que todos recordamos. Pero falta chispa. Falta esa sensación de locura arcade que hacía que cada partida fuera pura adrenalina.
El primer remake demostró que era posible reinterpretar The House of the Dead con respeto y modernidad. Esta secuela, en cambio, se queda a medio camino: ni tan pulida como para atraer a nuevos jugadores, ni tan fiel como para satisfacer del todo a los veteranos.

Aun así, si eres fan del género o creciste entre máquinas recreativas y pistolas de luz, encontrarás aquí una buena dosis de nostalgia —aunque empañada por defectos técnicos y decisiones de diseño difíciles de justificar.
Porque sí, The House of the Dead 2: Remake devuelve a la vida a un clásico… pero su corazón, ese que latía al ritmo de los disparos del Dreamcast original, todavía no ha resucitado del todo.

