Desarrollador: M2
Editor: Konami
Plataformas: PlayStation 5, Nintendo Switch, PC

Hay colecciones retro, y luego está Gradius Origins.
Lo nuevo de Konami y M2 no es solo una recopilación: es una cápsula del tiempo, un viaje al corazón del matamarcianos japonés y, sobre todo, una carta de amor a una época en la que una nave, un disparo y una barra de potenciadores bastaban para sentirse en casa.

M2 no es un estudio cualquiera. Son los restauradores de la memoria del videojuego japonés. Llevan décadas resucitando clásicos con un respeto quirúrgico, pero también con una pasión casi arqueológica. Los Sega 3D Classics, los ShotTriggers, los ports retro de Yakuza… todo lleva su sello: fidelidad, precisión y mimo. Su relación con Konami ha dado joyas como las Contra y Castlevania Collections, y ahora, con Gradius Origins, culminan ese legado con algo que roza lo legendario.

Porque esta colección no se limita a poner los juegos en orden y añadir filtros CRT. No. Aquí hay alma.
Tenemos los tres primeros Gradius, Salamander y Salamander 2, restaurados con una finura visual y sonora que roza la obsesión. Pero el verdadero golpe sobre la mesa es Salamander III, un título completamente nuevo, creado por M2 para esta colección, y que funciona como epílogo espiritual a una de las sagas más icónicas del género.

El origen del mito

Jugar a Gradius en pleno 2025 es redescubrir el momento en el que Konami tocó el cielo. El scroll horizontal, los power-ups, los Moáis, los jefes biomecánicos… todo sigue ahí, tan fresco como cuando reinaban las recreativas. Pero M2 va más allá del simple revival: cada juego incluye varias versiones (japonesas, americanas y prototipos), anotadas con precisión quirúrgica. Descubres cómo cada región ajustó la dificultad o modificó el ritmo para adaptarse a su público. Es historia viva, interactiva, explicada desde dentro del propio código. Solo navegar por los menús de Gradius Origins ya es una experiencia. Hay documentos de desarrollo, bocetos originales, y comparativas entre builds que muestran cómo el género evolucionó en tiempo real. M2 no te vende nostalgia, te enseña cómo se forjó.

Detrás del fuego enemigo

El trabajo técnico de M2 es, como siempre, intachable. Cada juego ofrece opciones específicas: desde configuraciones visuales y de sonido hasta interruptores que modifican hitboxes, corrigen errores originales o afinan la jugabilidad al milímetro. El Training Mode te permite practicar secciones concretas —algo impensable en las recreativas originales— y hay clasificaciones separadas según los ajustes usados, para no mezclar niveles de pureza. El resultado es una colección que se siente viva, accesible y brutalmente profunda. Tanto si eres un jugador de salón recreativo curtido como si te acercas por primera vez a la saga, Gradius Origins te da herramientas para disfrutar y aprender. Y eso, en una época en la que la historia del videojuego se borra con cada nueva generación, es algo valiosísimo.


Salamander III, el renacer del fuego espacial

Y entonces, cuando crees que todo es una mirada al pasado, llega la sorpresa: Salamander III.
Un juego nuevo, hecho con las manos y el corazón de M2, que no busca reinventar nada, sino recuperar lo que hacía grande al género. Y lo logra. Salamander III es un matamarcianos de los de verdad: ritmo brutal, dificultad ajustada, y una estética que mezcla lo orgánico y lo mecánico con un gusto exquisito. En cada pantalla se siente esa fusión de baba alienígena, acero y luces imposibles que definía a Salamander 2. Pero hay algo nuevo, algo más humano: un diseño que, sin traicionar la esencia arcade, te invita a seguir jugando. Muertes menos castigadoras, power-ups más directos y una curva de aprendizaje medida con bisturí.

M2 ha sabido capturar esa sensación de “justo desafío” que el género había perdido. Aquí, cuando mueres, reapareces sin romper el ritmo, y si eres rápido, hasta puedes recuperar tus mejoras. Es el tipo de equilibrio que solo alguien que ama estos juegos puede encontrar.

Entre píxeles y ecos del pasado

Visualmente, Salamander III parece un juego perdido del cambio de milenio. Sprites renderizados, efectos exagerados, explosiones que llenan la pantalla… todo suena y se ve como un arcade que sobrevivió en un disquete olvidado. Y sin embargo, debajo de esa piel retro hay un diseño contemporáneo, afinado y lleno de respeto. La banda sonora acompaña con ese tono de sinfonía intergaláctica que solo Konami sabía hacer. Es puro ADN de los 90, filtrado por la tecnología actual. Si alguna vez soñaste con ver cómo habría sido un Salamander 3 real en su época, este es ese sueño hecho videojuego.

Más que un recopilatorio

Gradius Origins no es solo una colección: es una declaración de principios. M2 demuestra que preservar es crear, que rescatar la historia no implica dejarla quieta. Salamander III no es un añadido “de regalo”: es la prueba de que aún hay futuro en los píxeles del pasado.

Sí, hay ausencias. Gradius IV y V no están, y muchos lo notarán. Pero lo que hay aquí tiene tanta densidad, tanta historia, tanto respeto, que cuesta considerarlo una falta. Lo que Gradius Origins ofrece es una línea temporal completa del ascenso y esplendor de Konami en el género, y un cierre perfecto con ese nuevo capítulo que, más que un homenaje, es una resurrección.

Conclusión

Gradius Origins es un tributo a la edad dorada de los arcades, una restauración impecable y una lección de historia jugable. Es, al mismo tiempo, un museo y un nuevo comienzo.

Konami ha confiado en el único estudio capaz de hacerlo bien, y M2 ha respondido con una obra maestra. No es solo para fans de Gradius, sino para cualquiera que ame los videojuegos y quiera entender por qué estos títulos marcaron generaciones.

Y si Salamander III es el futuro que nos espera, ojalá nunca se apague el brillo del láser Vic Viper

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