Desarrollador: NeoBards Entertainment
Editor: Konami Digital Entertainment
Plataformas: PlayStation 5, Xbox Series X|S, PC


Ambientado en un Japón de la década de 1960, Silent Hill ƒ te pone en la piel de Hinako Shimizu (a quien en algunas descripciones llaman Himiko), una joven estudiante cuya vida inocente se ve desgarrada cuando su pueblo, Ebisugaoka, queda envuelto por una niebla ancestral y corrupción que retuerce cada calle, cada casa, cada rincón familiar. En unas quince horas de juego, pero con múltiples partidas necesarias para comprender el todo, te enfrentarás a monstruos horrendos, dilemas morales, pesadillas entrelazadas con realidad y un viaje que nunca lleva adonde crees. La oscuridad no es un simple escenario en Silent Hill ƒ: es protagonista.

Desde el primer instante, Hinako descubre que su pueblo natal ha sido abandonado misteriosamente. Solo ella, tres amigos, y una infinidad de criaturas grotescas permanecen en ese paisaje envuelto en niebla. Los edificios se desploman, las calles se vuelven laberintos y la frontera entre sueño y vigilia cede ante algo mucho más perverso. La versión oficial afirma que este es el primer Silent Hill principal desarrollado por un estudio japonés desde Silent Hill 4.

Uno de los grandes aciertos narrativos de Silent Hill ƒ es su capacidad para construir significado alrededor del misterio. El título incluye la letra “ƒ” como enigma: ¿forte?, ¿five?, ¿f de “fog” (niebla)? Hay alusiones musicales, estatuas de zorros por la ciudad y símbolos recurrentes que el jugador está invitado a descifrar. No basta una sola ejecución. Tienes que jugar varias veces. El juego se vincula con múltiples finales y un modo New Game+ que expande contenido, contextualiza giros argumentales y transforma la experiencia de “terror extraño” en algo inolvidable.


Un combate “sin armas largas” que duele

A diferencia de muchos survival horror rígidos, Silent Hill ƒ prescinde de disparos y armas a distancia: todo es cuerpo a cuerpo. Hinako se mueve con tubos de metal, bates de béisbol y otros objetos improvisados. Estos pueden romperse, obligándote a administrar su durabilidad y reparaciones. En determinados puntos del juego, la rotura de armas no es una preocupación constante, lo que aporta un ritmo distinto.

El sistema de combate no es un “Soulslike”, aunque algunos lo han etiquetado como tal. El estudio NeoBards y Konami han rechazado esa etiqueta. Aquí se combinan golpes rápidos con ataques cargados pesados, esquivas precisas y momentos de contraataque con “parada” —que se activan cuando ciertos enemigos emiten una aura cromática (“Aberración Cromática”). Si presionas el gatillo pesado justo en ese momento, infliges daño masivo y recuperas resistencia. Además, sostener el gatillo izquierdo sacrifica parte del medidor de cordura para potenciar ataques especiales o ampliar la ventana de parada. La cordura misma es un recurso frágil: los ataques intimidantes pueden drenarla, y si llega a cero, comienza a afectar directamente la salud.

Las sensaciones del combate son poderosas: cada golpe se siente con peso, cada esquiva parece una danza entre vida y muerte. En el modo Historia (la configuración recomendada para la primera partida) los enfrentamientos no llegan a frustrar, aunque en dificultades superiores la cosa se complica bastante. Los puzles también suben de dificultad: mientras que en una segunda partida algunos se hacen más llevaderos, modos avanzados como “Perdido en la niebla” (Lost in Fog) desafían tus límites.

El inventario juega su papel: limitado al comienzo, debes equilibrar el uso de consumibles vitales (chocolate para recuperar cordura, píldoras para salud) y memorización de rutas seguras. A medida que avanzas y exploras zonas poco visitadas, obtienes más ranuras y flexibilidad para distribuir recursos.


Atmosfera, sonido y diseño: horror con belleza

No basta con mecánicas interesantes; Silent Hill ƒ respira con una estética poderosa y un diseño sonoro memorable. El juego está construido sobre Unreal Engine 5, y en PC funciona con fluidez (he visto promedios de 100 a 120 FPS incluso en zonas densas de niebla), aunque no he podido confirmar su rendimiento final en consolas mayores. La niebla no es solo efecto: es pastel de horror, oculta detalles y revela sorpresas. Los escenarios combinan lo cotidiano japonés de los años 60 con deformaciones nocturnas, raíces retorcidas y flora carmesí que crece como infección visual.

El doblaje en japonés es sobresaliente, y aunque la versión en inglés es competente, terminé prefiriendo subtítulos. La banda sonora escalona entre lo sutil y lo explosivo. En momentos de tensión baja, los tonos mínimos presagian, y en los enfrentamientos estalla en melodías angustiosas. La música tiene autoridad: no está de adorno, reforza el impacto narrativo.

Hinako no es un héroe perfecto. Es una chica joven, frágil, con miedos y heridas, y eso se transmite. A veces te sientes impotente, atrapada en un diseño que manipula espacio, perspectivas y decisiones imposibles. No hay diálogos tipo “sí/no”; las elecciones se juegan en acciones, sacrificios y fe. Esa moneda llamada “fe” permite mejoras permanentes en salud, cordura, resistencia y ranuras de talismanes. El diseño de progresión no es invasivo: cada oferta en puntos de control es una invitación, no una obligación.

En cuanto al pulido técnico, encontré algunos pop-ups gráficos menores, pero nada grave ni que obligara a recargar una partida. Eso habría sido imperdonable en un juego de horror narrativo; me alegra que no haya ocurrido.


Conclusión

Silent Hill ƒ no es un simple retorno al horror clásico: es una reinterpretación que gira hacia Japón, a sus mitos, su estética y sus horrores propios. NeoBards y Konami han construido un spin-off que sabe honrar el legado mientras traza su propio camino.

Hinako y Ebisugaoka no son simples escenario y protagonista: son la sangre del juego. Combates mezquinos, momentos de silencio absoluto y decisiones terribles construyen una experiencia que no busca complacer, sino sacudirte.

¿Es perfecto? No.
¿Vale la pena jugarlo? Absolutamente.

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