Cuando Hotel Barcelona se anunció, la comunidad de jugadores supo que algo peculiar se avecinaba. No era para menos: la colaboración entre Hidetaka “SWERY” Suehiro (Deadly Premonition) y Goichi “SUDA51” Suda (No More Heroes) prometía una experiencia irrepetible, un cóctel de humor macabro, acción y excentricidad. Dos mentes conocidas por sus mundos absurdos, sus héroes rotos y sus ideas tan extrañas como irresistibles.
El resultado final, sin embargo, es un experimento tan curioso como irregular. Hotel Barcelona tiene chispa, personalidad y momentos brillantes, pero también tropieza una y otra vez en lo jugable. Es un título que parece gritarte “¡mira lo raro que soy!” mientras intentas ignorar que sus cimientos tiemblan.
Y aun así… no puedes dejar de jugarlo.

Bienvenidos al infierno con forma de hotel
La premisa es tan delirante como fascinante: un hotel maldito, plagado de asesinos sacados de pesadillas cinematográficas de serie B. En medio de este desfile de sangre y locura, Justine, la protagonista, intenta vengar la muerte de su padre con la ayuda de un demonio sarcástico, el Dr. Carnival, que la posee a cambio de guiarla entre los horrores del edificio.
Cada piso del hotel representa un universo distinto, un guiño al cine de terror barato, con referencias que van desde Evil Dead hasta El Resplandor. La narrativa no es lo más profundo del juego, pero tiene encanto. SWERY y SUDA51 firman una historia que mezcla humor absurdo, sátira y tragedia pulp. Su tono oscila entre lo grotesco y lo ingenuo, como una cinta de medianoche que no se toma en serio ni a sí misma.
No esperes una trama coherente ni un desarrollo de personajes elaborado. Lo que Hotel Barcelona ofrece es una sucesión de escenas bizarras, diálogos hilarantes y villanos que parecen diseñados en una servilleta durante una fiesta. Y aun así, hay algo magnético en esa falta de coherencia. Es un juego que vive en el caos y se alimenta de él.

Una estética imposible de ignorar
Si hay algo que Hotel Barcelona domina a la perfección, es el estilo. Cada piso del hotel es un espectáculo visual con personalidad propia. Colores saturados, contrastes brutales, luces de neón y un cel shading que recuerda a los cómics underground de los años 80. Todo está diseñado para sobresaturar tus sentidos.
Los enemigos son otro festival de creatividad. Cada uno parece sacado de una película de terror de bajo presupuesto, desde asesinos con motosierras hasta monstruos con cabezas de televisión o muñecos poseídos que escupen frases sin sentido. El diseño de personajes es un homenaje constante al cine slasher y al grindhouse, con un toque irreverente muy propio de ambos autores.
La música acompaña a la perfección: riffs de guitarra, sintetizadores sucios y un ritmo que no da respiro. Es una banda sonora que podría sonar en una cinta perdida de Tarantino o en un arcade de los noventa.
Visualmente, el juego no es un prodigio técnico, pero compensa su modestia con una identidad artística arrolladora. No hay dos niveles iguales, y cada detalle parece gritar “esto solo puede haber salido de la mente de SWERY y SUDA”.

Un combate que quiere ser caótico… y lo consigue, a veces demasiado
Llegamos al punto más polémico: la jugabilidad. Hotel Barcelona es un roguelike de acción que combina combates frenéticos con exploración por niveles aleatorios. En teoría, debería sentirse como una fusión entre Hades y No More Heroes, pero en la práctica el resultado es desigual.
El control es tosco, los impactos carecen de peso y la respuesta de los botones no siempre es precisa. En un género donde el ritmo y la fluidez son vitales, cada pequeño fallo se nota. Y aquí hay varios. Las animaciones no siempre acompañan a la acción, los inputs tardan en registrarse y el sistema de esquiva tiene un timing impreciso que te hará maldecir más de una vez.
Eso no significa que sea injugable —ni mucho menos—, pero sí que rompe la inmersión en los momentos más intensos. Es frustrante morir por culpa del control y no de tus errores.
A su favor, el juego ofrece una mecánica curiosa: en cada nueva partida, el fantasma de tu “run” anterior puede acompañarte y luchar a tu lado. Este clon espectral multiplica el caos, pero también introduce una capa táctica interesante, ya que puedes planear sinergias entre tus versiones pasadas.
El combate brilla en los enfrentamientos contra jefes, aunque también es donde más se evidencian los problemas técnicos. Algunos bosses están genialmente diseñados, pero otros se convierten en batallas confusas por culpa de la cámara y la saturación visual. Cuando todo explota al mismo tiempo en pantalla, el juego parece perder el control… igual que sus creadores.

El caos como espectáculo
Una de las virtudes más evidentes del título está en su variedad de armas y habilidades. Desde sierras eléctricas hasta lanzadores de sangre demoníaca, pasando por armas improvisadas con objetos cotidianos, hay mucho con lo que experimentar.
Cada herramienta tiene su propio árbol de mejoras, lo que permite cierto nivel de personalización. Sin embargo, la interfaz no siempre explica con claridad lo que estás desbloqueando. El jugador acaba aprendiendo por ensayo y error, más por inercia que por comprensión.
Esto refuerza la sensación general del juego: Hotel Barcelona no te lo pone fácil ni siquiera para entenderlo, pero si entras en su lógica delirante, la diversión aparece entre los escombros. En cooperativo (hasta tres jugadores), el caos se multiplica, y lo que era un reto confuso se convierte en un espectáculo delirante lleno de risas, errores y vísceras.
Lamentablemente, el rendimiento técnico no siempre está a la altura. En PlayStation 5 se notan bajones de FPS en zonas cargadas de efectos y partículas, lo que empaña un poco la experiencia. No es algo que lo haga injugable, pero sí evidencia que la optimización no ha sido la prioridad del equipo.

Una carta de amor al cine de terror barato
Más allá de su jugabilidad, Hotel Barcelona funciona como una declaración de amor a la serie B. Cada nivel, cada diálogo y cada enemigo son homenajes descarados a un tipo de terror que mezcla la risa y el susto con igual entusiasmo. Hay referencias a Halloween, The Texas Chainsaw Massacre, Suspiria, Carrie, e incluso guiños a Twin Peaks, como no podía faltar en una obra de SWERY.
Lo mejor de todo es que el juego no pretende ser más de lo que es. Se ríe de sí mismo constantemente, con personajes que rompen la cuarta pared, situaciones absurdas y chistes que parecen sacados de un sketch de Adult Swim. Esa autoconciencia lo hace encantador.
No hay pretensiones de arte elevado: solo diversión y demencia con un toque de melancolía, algo que los fans de estos creadores reconocerán al instante.

Conclusión: un desastre entrañable
Hotel Barcelona es un título contradictorio. Por un lado, es un desastre técnico, con combates torpes, un rendimiento irregular y sistemas mal explicados. Pero por otro, es una obra con alma, repleta de carisma y de un sentido del humor que muy pocos estudios se atreverían a replicar.
No es un juego para todos. Quien busque un roguelike pulido o una acción precisa saldrá decepcionado. Pero quien se deje llevar por su espíritu gamberro, por sus referencias cinéfilas y su estética desenfadada, encontrará una experiencia que, sin ser perfecta, no se parece a nada más en el mercado.
En una industria cada vez más obsesionada con la perfección técnica, Hotel Barcelona se planta frente al espejo, sonríe y se ríe de sus propios defectos.
Y eso, en el fondo, también es un tipo de arte.
Desarrollador: White Owls Inc.
Editor: CULT Games
Plataformas: PlayStation 5, Xbox Series X/S, PC

