Hace ya varios años que dejé de intentar entender la ruta que Ubisoft decidió tomar con Assassin’s Creed. La saga acabó atrapada en un modelo RPG que parecía moderno en su día, pero que con el tiempo se convirtió en la mayor losa que ha tenido que soportar. A eso se suma el caos absoluto del argumento global: una madeja tan enredada que da la sensación de que ya ni dentro de Ubisoft saben cómo seguir sin tropezarse.

Hace poco volvieron a sorprender, y no para mal: Las Garras de Awaji, el contenido adicional de Assassin’s Creed Shadows, consiguió justamente lo que el juego base no pudo hacer. Una historia breve que sabe cuándo terminar, un mapa ajustado a lo que cuenta, jefes con una identidad propia y hasta mecánicas que parecen venir de un estudio totalmente distinto. Aquella fase lateral del teatro, por ejemplo, parecía sacada de otro título mejor pensado. Me encantó; tanto que ahora, tras 200 horas con Shadows, ya no lo defiendo con el entusiasmo con el que hice el análisis original.

Y ahora vuelvo a sentir esa misma contradicción, esta vez con Assassin’s Creed Mirage. El pasado 18 de noviembre llegó Valle de los Recuerdos como actualización gratuita y llevo algo más de cuatro horas explorándolo. Oficialmente dura unas seis, así que cuando leas esto probablemente ya lo tenga completado. Sin embargo, no necesito ver los créditos para afirmar lo que pienso: este es el tratamiento que Assassin’s Creed lleva años necesitando. No antes, no después. Ahora mismo. Exactamente en este punto.

Siempre he defendido Mirage. Es el título que devolvió a la saga el sentido del sigilo, el tamaño razonable de la historia, la belleza de un mapa que no pretende ser infinito y un estilo de juego directo, divertido, sin querer disfrazarse de RPG profundo. Quizá no alcance el nivel que tuvo Unity en cuanto a mecánicas de parkour o precisión del combate, pero es el primer Assassin’s Creed en mucho tiempo que parece tener claro lo que quiere ofrecer.

El problema es que Mirage ya pasó. La conversación del público se movió a otra parte, y este nuevo contenido llega a un terreno donde la urgencia manda: una industria obsesionada con el consumo inmediato, donde un juego parece “viejo” apenas dos semanas después de estrenarse. Valle de los Recuerdos no llegará a más manos que las de los fans convencidos, esos que siguen ahí cuando ya nadie mira. Un gran contenido que probablemente pasará desapercibido.

Y es triste, porque este modo de actualizar el juego es justo el modelo que Ubisoft lleva años buscando sin encontrar. Lo que Hello Games lleva aplicando con éxito en No Man’s Sky desde hace una década. Lo mismo que Fallout 76 ha conseguido con expansiones como Skyline Valley o Burning Springs. Actualizaciones grandes, gratuitas o razonablemente accesibles, que reactivan la comunidad con ideas interesantes y no solo con cosméticos y micropagos.

Mi reacción al probar Valle de los Recuerdos ha sido idéntica a la que tuve con Awaji: incredulidad absoluta. ¿Cómo es posible que Ubisoft, la misma compañía que llenó Shadows de ediciones y micropagos exagerados, entregue algo así sin cobrar? Cuesta creerlo si uno recuerda los precios absurdos de los paquetes cosméticos en su tienda interna.

No hablamos de una misión suelta para hacer bulto. Aquí hay una historia con misiones principales, secundarias y actividades, además de un nuevo mapa. Puede que no tenga la riqueza visual de la isla de Shadows, pero sigue siendo un escenario cuidado, con un desierto enorme que recuerda a Origins, y suficiente contenido para justificar su existencia. De paso, llega con mejoras de parkour, estabilidad y corrección de errores. Es decir: calidad y mantenimiento, justo lo que hacía falta.

No puedo dar todavía una valoración completa, pero tampoco necesito terminarlo para señalar la dirección correcta: juegos base más concisos, como Mirage, acompañados de contenidos periódicos que inviten a regresar. Eso es lo que devolvería brillo a la saga. No promesas gigantescas en mapas interminables ni sistemas RPG hinchados. Assassin’s Creed nunca necesitó ser un juego infinito, solo uno memorable.

Pero, lamentablemente, este contenido llega tarde. Mirage fue olvidado demasiado rápido, y este DLC, pese a su valor real, no tendrá el impacto que merece. Será una victoria silenciosa que solo disfrutarán los jugadores que nunca se bajaron del barco… y muchos de ellos ni siquiera volverán a probarlo porque ya han pasado página. Es otra oportunidad desaprovechada, otro éxito fuera de tiempo.

Algún día quizá Ubisoft entienda algo básico que lleva veinte años escrito en proverbios, críticas, guías de diseño y sentido común: lo bueno, cuando llega a tiempo, vale el doble.

Porque sí, lo breve puede ser mejor, pero solo si llega cuando todavía importa.

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