Compañeros del tablero, dibujantes compulsivos de márgenes y amantes de los roguelike que huelen a tinta fresca y folio arrugado, preparad los lapiceros porque hoy toca desguazar uno de esos indies que entran por los ojos y te atrapan en la silla hasta altas horas de la madrugada. Los chicos de RipRed, trabajando codo con codo con la editora indie.io, acaban de soltar en PC (a través de Steam y GOG) una auténtica locura titulada Graphite. Olvidaros por un momento de los polígonos recargados, las texturas fotorrealistas y los motores gráficos de última generación: aquí la premisa parte de un concepto tan cotidiano como inquietante. ¿Qué pasaría si todos esos garabatos, esquemas absurdos, guerreros improvisados y monigotes que dibujábamos en los márgenes de los cuadernos escolares durante las aburridas clases de matemáticas cobraran vida de repente y se vieran envueltos en una aventura de supervivencia?
El resultado es un RPG de corte táctico y estructura roguelike que nos planta directamente en un escritorio escolar imaginario. A nuestro alrededor, cartas de juego ajadas y objetos cotidianos se transforman por obra y gracia de la imaginación en los artefactos mágicos que definirán cada una de nuestras partidas. Dentro de las páginas del cuaderno, siete héroes con nombres propios, miedos muy humanos y trasfondos oscuros deben abrirse paso contrarreloj a lo largo de una campaña dividida en cuatro actos de 15 días cada uno. La tensión se respira en el ambiente desde el primer segundo: el reloj no perdona, la Muerte acecha implacable al final de cada ciclo y ninguno de nuestros valientes protagonistas es consciente de que todo este sufrimiento ocurre en realidad dentro de la atribulada y compleja mente de un niño.
Contenidos

Un apartado artístico de lápiz y tinta que destila personalidad por cada poro
Lo primero que te salta a la cara nada más arrancar el ejecutable en tu ordenador es una dirección artística sencillamente arrebatadora. En un mercado saturado de clones que imitan fórmulas visuales ya trilladas, todo el universo de Graphite está dibujado íntegramente a mano con pluma y tinta, emulando a la perfección las hojas rayadas de un bloc de notas escolar. Esta decisión no es una simple máscara estética superficial; impregna cada combate, cada menú, cada transición y cada evento de una melancolía y una fuerza visual abrumadoras que te atrapan al instante.
Los siete héroes jugables, diseñados con un trazo único que refleja magistralmente sus inseguridades y su rol tienen un carisma desbordante, y verlos interactuar en un entorno tan particular te hace conectar con su viaje de forma casi visceral. Lejos de quedarse en una cara bonita, el título arropa su propuesta con un sistema de vínculos entre los personajes francamente sobresaliente. A medida que avanzamos en los ciclos temporales y tomamos decisiones conjuntas en las encrucijadas, las relaciones interpersonales entre los miembros del escuadrón se profundizan. Esto no solo desbloquea nuevas capas narrativas y subtramas individuales que enriquecen el lore, sino que dota al conjunto de una cohesión emocional muy poco habitual en el género roguelike, recordándonos constantemente que detrás de cada trazo de lápiz hay una historia profunda sobre el duelo, la superación y el durísimo peaje que supone madurar.

Líneas de tiempo, el sistema Break y la guerra de los artefactos en PC
Continuando nuestro particular viaje por las páginas de este cuaderno escolar maldito, toca sumergirse de lleno en las entrañas mecánicas que hacen latir a Graphite en nuestras pantallas de PC. Si la primera impresión visual ya nos dejaba boquiabiertos con su trazo de pluma y su melancolía a flor de piel, es en el terreno táctico donde la obra de RipRed demuestra con creces que tiene los machos bien puestos. Lejos de conformarse con el clásico intercambio de golpes por turnos aburrido, plano y previsible que inunda el mercado independiente actual, Graphite introduce de cabeza un sistema de combate sobre una línea temporal dinámica que cambia por completo las reglas del juego y nos obliga a pensar cada movimiento como si nos fuera la vida en ello.
Aquí, cada acción que realizamos nosotros y que ejecutan con mala leche los enemigos se pone en una cola perfectamente visible en la pantalla. Esto significa que la anticipación, la lectura milimétrica del ritmo del combate y la gestión de los turnos lo son absolutamente todo. No vale de nada aporrear botones desesperadamente o tirar siempre el ataque más fuerte sin mirar el tablero; hay que calcular los tiempos con una precisión casi quirúrgica. Es precisamente en este punto donde brilla con luz propia el sistema Break, una mecánica deliciosa y profundamente táctica que premia al jugador observador y castiga sin piedad al despistado. Si logramos agotar la resistencia o la armadura de un contrincante justo en el preciso instante en que está preparando un ataque devastador, conseguiremos interrumpirlo por completo y retrasar su turno en la línea temporal, ganando un espacio vital que puede salvar nuestra run.
Por supuesto, la espada de Damocles corta de forma simétrica en ambas direcciones: los enemigos también pueden romper nuestras defensas si nos descuidamos un solo instante, convirtiendo cada enfrentamiento en un tira y afloja de infarto donde un plan calculado al milímetro puede irse al traste por una décima de segundo mal medida o por un cálculo erróneo de la iniciativa.

Un festival infinito de artefactos y cartas del tarot que rompen cualquier esquema
La rejugabilidad es el pilar maestro sobre el que se sustenta este roguelike táctico, y lo hace a través de un sistema de progresión, personalización y sinergias absolutamente desquiciado. Durante nuestras partidas, los artefactos se acumulan en nuestro inventario sin ningún tipo de límite de apilamiento absurdo. Podemos encontrar desde objetos raros y curiosos repartidos entre los miembros del escuadrón hasta reliquias legendarias de poder incalculable que se acumulan unas sobre otras, desatando combinaciones tan demenciales como devastadoras a base de golpes consecutivos. Pero ojo avizor, porque los enemigos de papel y tinta no se quedan de brazos cruzados: ellos también pueden adquirir y equiparse con artefactos sobre la marcha, lo que convierte cada escaramuza en una auténtica guerra de estrategias simétricas donde el riesgo es siempre mutuo y donde un artefacto mal gestionado puede volverse en nuestra contra en el peor momento posible.
A todo este caos estratégico se le suman de manera brillante los eventos de aventura, anunciados de forma magistral mediante la aparición de una carta del tarot que despliega un escenario completamente ilustrado ante nosotros. Cada decisión que tomamos en estas encrucijadas narrativas está condicionada por la composición actual de nuestro grupo de héroes, los objetos que llevamos acumulados en el inventario y el camino recorrido hasta el momento. Las elecciones duelen, recompensan con generosidad o abren rutas inéditas llenas de peligros, garantizando de este modo que ninguna partida sea jamás igual a la anterior y dotando al título de ese toque irresistible de libro de aventuras clásico que te atrapa sin remisión desde el primer minuto.
De nuevo nos encontramos con el problema del idioma, como siempre decimos en Generación Gamer, es imperdonable que ha estas alturas de la vida los juegos como Graphite no vengan aunque sea con una mala traducción al español
Conclusión final
Tras diseccionar la brillante dirección artística de lápiz y tinta, la profundidad milimétrica del combate en línea temporal y la locura desatada por el apilamiento de artefactos, toca meterle mano al balance definitivo de Graphite. La obra desarrollada por RipRed y editada por indie.io en PC (disponible en Steam y GOG) se corona por méritos propios como una de las sorpresas más refrescantes, originales y estimulantes dentro del panorama independiente de este año.
Graphite demuestra que todavía hay margen para la innovación dentro del saturado terreno de los roguelike tácticos. Su premisa ,transformar los garabatos de un bloc de notas escolar en una profunda aventura de supervivencia psicológica y fantástica, funciona como un reloj suizo gracias a un envoltorio visual arrebatador y a unas mecánicas que exigen ingenio en cada turno. La gestión de los siete héroes, el peso de los vínculos emocionales entre ellos, los eventos guiados por cartas del tarot y un sistema de combate donde el timing lo es absolutamente todo convierten cada run en una experiencia irrepetible. Aunque su alta exigencia táctica pueda abrumar de primeras a los menos versados en el género, la recompensa al dominar sus reglas es sumamente gratificante. Una auténtica joya de tinta y papel que ningún amante de la estrategia debería perderse. Eso sí, en inglés.
Lo mejor
- Un diseño dibujado a mano con pluma y tinta que imita cuadernos escolares y destila carisma.
- El sistema de anticipación y las rupturas de turno (Break) exigen una cabeza fría y calculada.
- La posibilidad de acumular reliquias sin tope crea combos tan absurdos como devastadores.
- La conexión emocional entre los siete héroes y los eventos de tarot enriquecen cada partida.
Lo peor
- Los jugadores novatos pueden sufrir bastantes frustraciones iniciales hasta comprender el ritmo de la línea temporal.
- El límite de los 15 días por acto puede agobiar a quienes prefieren explorar cada rincón con total calma.
- En inglés.
Ficha técnica
- Título: Graphite
- Desarrollador: RipRed
- Editor: indie.io
- Plataformas: PC (Steam y GOG)
Nota final
9 / 10 Una obra de arte táctica nacida del grafito y la imaginación. Profunda, visualmente magnética y con una rejugabilidad infinita que deja huella.
*Este análisis de Graphite para PC ha sido posible gracias a un clave facilitada por indie.io








