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Hay que sacarse el sombrero ante la peña que le echa los arrestos suficientes para meterse en el caldero de la industria independiente con un equipo que cabe en un taxi. Los barceloneses de Dormidin Studios llevan desde 2022 sudando la gota gorda, picando código y dibujando a mano para dar vida a este Barbarian Saga: The Beastmaster. Y es que la propuesta entra directo por los ojos para cualquier chaval que se crió alquilando cintas de VHS de El señor de las bestias, echando monedas en la máquina de Golden Axe o alucinando con las portadas de la Espada Salvaje de Conan…(hmm, ese podría ser yo). Tras un desarrollo largo y cocinado a fuego lento, este 2026 nos llega por fin la versión definitiva de la mano de Selecta Play. Las expectativas estaban altas, pero ya os voy avisando de que el camino del bárbaro tiene tantas luces brillantes como sombras desconcertantes.

Nos ponemos en la pelleja de Ren, el presunto último superviviente del clan de los Beastmasters, una raza de guerreros capaces de absorber el espíritu de las bestias para mutar y adquirir sus habilidades. El pobre tipo empieza la aventura entre rejas, sirviendo de entretenimiento a los tiranos del Reino Sacro en mitad de una purga racial orquestada por el monarca de Imperia y un mago bastante perrazo llamado Trece XIII. Por azares del destino, Ren consigue romper sus cadenas y agenciarse una espada parlanchina que suelta más tacos que un camionero sin frenos. Con este panorama de espadas, profecías y un mundo en ruinas tras las guerras de los portales, arranca un metroidvania que promete épica a raudales, pero que tropieza con su propia ambición a las primeras de cambio.

Perdidos en el mapa infinito de Arborea

Entrando de lleno en la exploración, el mapa de Arborea es sencillamente gigantesco, y eso para un metroidvania debería ser una excelente noticia. El problema radica en cómo se ha diseñado la progresión y la soltura con la que te dejan moverte. Los biomas están hiperdiferenciados, pasando de selvas frondosas a grutas subterráneas o instalaciones con tecnología extraña que chocan de frente con la estética medieval bárbara. No hay un hilo conductor claro al principio; las bifurcaciones se multiplican sin control y las habilidades clave para el famoso backtracking tardan una eternidad en llegar. Te pasas las primeras horas vagando a ciegas por zonas enormes, sin saber si vas por el camino correcto o si te has metido en un laberinto sin salida.

La navegación se vuelve un dolor de muelas por pequeñas decisiones de diseño que dinamitan la fluidez. Para consultar el mapa necesitas que Ren esté completamente inmóvil; nada de mirarlo mientras saltas o te desplazas por un pasillo despejado. Además, los santuarios en forma de árbol que sirven para guardar partida o teletransportarte sufren un menú tan torpe que te obliga a alejarte y volver a interactuar si quieres realizar ambas acciones seguidas. Aunque el juego te permite colocar marcas manuales para no olvidar cofres o pasajes bloqueados, la sensación de estar perdido en un escenario hinchado artificialmente te acompaña durante gran parte del viaje.

Mandobles, esquivas y la parálisis del bloqueo

Al ponerse a los mandos en compatibles, la faceta puramente jugable de Barbarian Saga: The Beastmaster se presenta como un plato sencillo de digerir pero con matices contradictorios. La base del combate no busca complicaciones innecesarias: un combo básico de dos mandobles, una esquiva en forma de desplazamiento rápido y el uso de técnicas especiales o ataques cargados que consumen maná. Sobre el papel, la cosa funciona sin estridencias y responde bien al teclado o mando. El problema viene cuando te das cuenta de que la inmensa mayoría de las habilidades avanzadas son totalmente prescindibles. Puedes plantar cara a la mayoría de las amenazas del juego limitándote a repartir el tajo básico y rodar en el momento justo, dejando los ataques cargados acumulando polvo en la barra de accesos directos.

Donde el estudio ha intentado aportar una nota distintiva es en el sistema de bloqueo defensivo. Pulsando el botón dedicado en el instante preciso, Ren detiene el golpe enemigo y deja al rival vendido durante una fracción de segundo para encajar una contra rápida. La idea es buena, pero la ejecución requiere unos reflejos de cirujano y una precisión tan milimétrica que la inmensa mayoría de los jugadores terminarán descartándola por completo. Resulta infinitamente más seguro y ágil abusar de la esquiva clásica que jugársela a un parry donde la caja de colisiones del personaje es tan sensible que cualquier roce te quita una tajada importante de vida.

Anillos rotos, pociones de pago y la simplicidad de las bestias

La personalización del personaje se apoya en un sistema de anillos y talismanes que otorgan ventajas pasivas de lo más variopinto, como aumentar el daño crítico, ampliar el alcance del acero o infligir heridas al esquivar. Varios de estos anillos tienen la particularidad de romperse al recibir cierto nivel de castigo, obligándote a pasar por caja para repararlos. Aunque salvo que busques una protección concreta contra el veneno en zonas pantanosas, la configuración inicial sirve para el noventa por ciento del recorrido sin despeinarse.

En lo que respecta a la salud, la aventura se desmarca de la recarga automática al descansar en los santuarios. Para curarte debes consumir pociones que tienen un límite de almacenamiento estricto y que requieren ser compradas con el oro que sueltan las criaturas al morir. Esto añade una ligera tensión a la exploración, aunque el dinero termina abrumando las alforjas bastante rápido. Peor parada sale la IA de la horda común: los enemigos normales son tan simples y predecibles que sale mucho más a cuenta pegar un brinco por encima de sus cabezas y pasar de largo que detenerse a limpiar las salas. Los jefes de la trama principal tampoco salen muy bien parados, mostrando patrones de ataque extremadamente elementales que solo cobran algo de picante en un par de encuentros opcionales bien escondidos.

El dilema de las transformaciones y los minijuegos

Vendiéndose bajo el subtítulo de The Beastmaster, cabía esperar que las mutaciones animales de Ren fueran el eje sobre el que girara absolutamente toda la jugabilidad. La realidad es que estas transformaciones tardan un mundo en desbloquearse y, cuando por fin hacen acto de presencia, su integración se siente bastante cuestionable. Salvo la forma de erizo, que se encaja con bastante acierto en la dinámica de exploración y plataformas, otras metamorfosis se resuelven de forma tosca.

Se nota el deseo de Dormidin Studios por querer darlo todo y volcar su creatividad, es algo que sinceramente se agradece si bien hay que valorar si todo sirve o hay que filtrar los contenidos a nivel de coherencia y resultados para con el juego. Por supuesto el estudio tiene su visión y nosotros sólo podemos disfrutar o no de los contenidos.

Lo que te espera

A pesar de todos estos tropiezos de diseño y de la sensación constante de que el desarrollo se estiró más de la cuenta, Barbarian Saga: The Beastmaster el juego responde bastante bien, es divertido que es sin duda lo principal, el prota es carismático y su mundo da gusto recorrerlo. El problema radica en que el ritmo decae con demasiada frecuencia, haciendo que acumular horas frente a la pantalla en el tramo medio de la aventura se vuelva una tarea cuesta arriba por pura saturación de elementos dispersos.

En el lado amable de la balanza, hay que reconocer la generosidad de su sistema de muerte. Alejándose de los castigos implacables del subgénero soulslike, si Ren cae en combate conserva el oro recolectado, mantiene el mapa descubierto y conserva los cofres abiertos hasta ese momento. Es un detalle de cortesía hacia el jugador que evita la frustración absoluta tras una mala caída en una zona repleta de pinchos. Sin embargo, esa misma benevolencia contrasta con fallos puntuales de diseño en el escenario, donde activar un ascensor a destiempo y tirarse por el hueco puede dejarte atrapado sin salida, obligándote a reiniciar el progreso del nivel.

La honestidad de un bárbaro imperfecto

Haciendo balance de la odisea de Ren, Barbarian Saga: The Beastmaster se presenta como un proyecto con un alma gigantesca pero condicionado por su propio desarrollo. Se nota a leguas que Dormidin Studios ha volcado todo su amor, ilusión y nostalgia por los clásicos de la espada y la brujería en este título. Sin embargo, querer abarcar tantos sistemas, minijuegos, diálogos infinitos y transformaciones toscas termina por diluir lo que de verdad funciona: golpear con la espada, esquivar a tiempo y explorar un mundo visualmente sugerente.

No estamos ni mucho menos ante un mal título. Es un metroidvania correcto, honesto y muy exigente en lo plataformas que, con un par de parches para pulir atajos en los menús y ajustar el balance de las habilidades, ganará bastantes enteros. Si eres capaz de perdonar sus aristas de diseño, su narrativa atropellada y el exceso de elementos secundarios que ralentizan la marcha, encontrarás un viaje ameno que rinde un tributo sincero a las aventuras de bárbaros con las que muchos crecimos.

Conclusiones

Barbarian Saga: The Beastmaster es un homenaje artesanal a la fantasía oscura de los noventa que destaca por su apartado artístico dibujado a mano, su gran optimización en PC y una ambientación repleta de personalidad. Sin embargo, su desmedida ambición le pasa factura: un mapa hinchado, un exceso de diálogos abrumadores y mecánicas secundarias poco pulidas empañan el ritmo de la aventura. Es un debut estimable para Dormidin Studios que divertirá a los fans acérrimos de la espada y la brujería, siempre y cuando estén dispuestos a perdonar sus evidentes fallos de diseño.

Lo Mejor

  • Gráficos, ilustraciones y animaciones dibujadas a mano que derrochan carisma y nostalgia de los ochenta-noventa.
  • Canciones bien adaptadas a cada bioma que refuerzan la atmósfera de fantasía y misterio.
  • Mantener el mapa, el oro y los cofres al morir alivia la frustración en las zonas de plataformas más exigentes.
  • Un mapeado enorme lleno de localizaciones memorables pero…

Lo Peor

  • …con habilidades que tardan en llegar y menús de mapa/guardado poco ágiles.
  • Cantidades excesivas de diálogos iniciales e historietas que rompen el ritmo de la acción de forma brusca.
  • Transformaciones animales no del todo bien resultas
  • La IA de los enemigos es mejorable.

Ficha Técnica

  • Título: Barbarian Saga: The Beastmaster
  • Género: Metroidvania / Acción / Fantasía Oscura
  • Desarrollador: Dormidin Studios
  • Editor: Selecta Play
  • Plataformas: PC, PlayStation 5, Xbox Series X/S, Nintendo Switch
  • Versión analizada: PC
  • Idioma: Español

Nota Final

7.2 / 10

Un metroidvania rudo, honesto y con un corazón gigantesco. Barbarian Saga: The Beastmaster peca de querer meter demasiadas cosas en el mismo saco, pero cuando se centra en repartir tajos y saltar plataformas con su apartado gráfico dibujado a mano, ofrece momentos muy disfrutables. Un diamante en bruto para los nostálgicos del género en PC.

*Este análisis de Barbarian Saga: The Beastmaster para PC ha sido posible gracias a una clave facilitada por Selecta Play

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