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Todo jugador de soulslike siente de vez en cuando que en la cabeza te hace un clic muy extraño. Es esa milésima de segundo en la que caes por un abismo digital, la pantalla se tiñe de rojo y te preguntas si de verdad necesitas sufrir tanto un martes por la tarde. Pues bien, prepárate, porque Memoirium llega a nuestros monitores de PC no solo para repetirnos esa puñetera pregunta, sino para llevarnos de la mano por un laberinto de pesadilla poligonal donde el dolor tiene un sabor deliciosamente noventero.

Detrás de esta locura se encuentra, un desarrollador filipino que ha estado cuatro años picando código en solitario bajo el sello GoldenGratus. La jugada le salió tan fina que terminó cazando el respaldo de Outersloth, la aceleradora de indies montada por los creadores de Among Us para lanzar al mercado una propuesta tan modesta en lo visual como descarada en sus intenciones. Olvídate del fotorrealismo, de las mallas de millones de polígonos y de las cinemáticas de cuatro horas. Aquí hemos venido a jugar a algo que parece rescatado directamente de una tarjeta de memoria de la primera PlayStation, pero que se mueve con la soltura, la mala leche y la precisión de la escuela moderna de FromSoftware.

De la clase de filosofía a un castillo de cera sin despeinarse

La premisa de Memoirium nos pone en los pellejos de un Soñador, una suerte de viajero astral atrapado en un entramado de paisajes oníricos conocido como la red de recuerdos. Nuestra misión en la teoría es sencilla: patearnos este universo absurdo, pegarnos con cuanto ente se nos cruce y encontrar una brecha para despertar antes de que la lógica de los sueños acabe por fundirnos las neuronas. Sin embargo, lo verdaderamente genial de esta aventura radica en la nula vergüenza con la que conecta sus escenarios.

Si Dark Souls 2 recibió palos en su día por conectar un molino de viento con una caldera de lava mediante un ascensor imposible, Memoirium abraza esa disonancia geográfica con un orgullo desmedido. Aquí es perfectamente normal cruzar una puerta en una escuela abandonada del siglo XXI y desembocar, sin trampa ni cartón, en un abisal paraíso coralino lleno de estructuras bajo el agua o ante la fachada de una fortaleza esculpida en cera chorreante. No busques coherencia arquitectónica ni explicaciones científicas porque te va a estallar la cabeza; el juego entiende que el subconsciente es un caos sin sentido y utiliza esa baza para regalarte una exploración apasionante donde jamás sabes qué diantres te va a recibir tras la siguiente esquina.

Estructura laberíntica y la bendita sensación de perderse

El diseño de niveles es, de lejos, una de las virtudes más gordas que nos hemos encontrado durante nuestras sesiones de juego frente al teclado y el mando. A lo largo de sus ocho mazmorras principales, el mapa se despliega como un auténtico rompecabezas tridimensional saturado de pasadizos cruzados, escaleras de mano atascadas y puertas cerradas desde el otro lado que activan ese chute de dopamina tan característico al desbloquear un atajo de vuelta a la zona de descanso.

La verticalidad de los mapas nos obliga a medir constantemente cada paso. No faltan las secciones de plataformas puras con saltos ajustados que te ponen los pulgares a sudar frío, ni los pequeños retos de agilidad que rompen la monotonía de caminar por pasillos estrechos. Es un entorno vivo, complejo y adictivo que recompensa generosamente al jugador que decide salirse de la línea recta para curiosear en cada grieta poligonal, aunque más de una vez esa curiosidad se pague con una caída al vacío o una emboscada traicionera.

Máscaras y un inventario donde nada se tira

Entrando en materia jugable, Memoirium demuestra rápidamente que no es un clon mediocre más del montón. Aunque las bases del combate respeten las sagradas escrituras del género, gestión estricta de la barra de estamina, esquivas en el momento justo, bloqueos y castigos severos al mínimo despiste, la forma en que gestionamos nuestro equipo es pura artesanía. Villanueva ha implementado un repertorio gigantesco compuesto por 31 armas con movimientos completamente diferenciados, 14 piezas de armadura que van desde trajes ligeros hasta yelmos pesados, y una alineación de 67 nanas(canciones de cuna) que funcionan como nuestro catálogo de magia elemental.

La genialidad de este sistema reside en los efectos pasivos y las alteridades que provocan los objetos. Ponernos una máscara concreta no solo modifica nuestras defensas, sino que puede alterar drásticamente el comportamiento de los enemigos, haciendo que nos ignoren durante unos segundos o que caigan presas del pánico. Además, los consumibles no son elementos de un solo uso que da pena gastar por si hacen falta más adelante; el juego adopta una filosofía similar a los viales de curación, rellenando tus objetos de apoyo al descansar en los puntos de control e incitándote a experimentar con las 25 reliquias disponibles sin miedo a quedarte descalzo.

El síndrome del «humanoide» y la falta de variedad

Lamentablemente, todo este despliegue de opciones estratégicas choca de frente contra uno de los contratiempos más frustrantes de la aventura: el diseño y la variedad de los enemigos. Durante nuestro análisis, la inmensa mayoría de las criaturas que se cruzan en nuestro camino son variantes de figuras humanoides abstractas equipadas con armas de cuerpo a cuerpo o arrojadizas, siendo un sueño, todo podía haber ido un poco más allá.

Echamos mucho de menos la presencia de bestias grotescas, monstruos de pesadilla deformes o seres impredecibles que nos obligaran a cambiar radicalmente de chip táctico. Salvo por un puñado de jefes finales con un diseño visual potentísimo, la rutina de doblar una esquina y encontrarse a un enésimo muñeco de trapo poligonal armado con una lanza o un garrote termina por amortiguar la emoción del combate. Es una lástima, porque el sistema de aturdimiento por elementos funciona a las mil maravillas, pero pelear contra el mismo tipo de silueta una y otra vez le resta frescura al conjunto.

Un refugio para el soñador y una narrativa excesivamente críptica

Para tomar aire entre paliza y paliza, Memoirium nos concede un oasis de tranquilidad bastante estrafalario: nuestra propia habitación personal dentro del plano onírico. En este espacio podemos dar rienda suelta a nuestra vena decoradora colocándole muebles, cuadros y recuerdos que vamos desenterrando por los mapas, además de contar con un rincón de escritura bastante curioso. Si bien no deja de ser un añadido meramente cosmético que apenas aporta beneficios jugables reales, se agradece tener un rincón tranquilo donde desconectar de la tensión continua.

Donde el juego vuelve a derrapar es en su apartado narrativo. Entendemos perfectamente que la tradición del género exija diarios fragmentados, diálogos elípticos y personajes secundarios que hablan entre enigmas. Pero en Memoirium, la excusa de «es que estás dentro de un sueño» se utiliza con tanta frecuencia que la historia acaba por diluirse hasta volverse irrelevante. Es muy difícil sentirse motivado por el destino del mundo o de nuestro protagonista cuando el guion apenas te da un hilo del que tirar, convirtiendo el viaje en una sucesión de peleas magníficas pero carentes de un motor emocional claro.

Optimización retro en PC, estética ‘low-poly’ y localización

En la parcela técnica, jugar a Memoirium en PC es una experiencia suave como la seda. Al apostar por una estética retro de baja poligonización inspirada en la época de la PS1 y las gráficas VGA de los 90, el rendimiento es sencillamente imbatible. El juego vuela a tasas de fotogramas absurdas a cualquier resolución nativa, sin experimentar caídas de frames, problemas de tirones por carga de texturas ni tiempos de espera eternos. Es un título ideal tanto para ordenadores de gama media-baja como para disfrutar en dispositivos portátiles tipo Steam Deck.

Artísticamente, esa mezcla de entornos poligonales arcaicos con paletas de color vaporwave, efectos de distorsión óptica y una iluminación sorprendentemente atmosférica le otorga una identidad visual arrolladora. En lo relativo al sonido, los efectos de los golpes resuenan con una contundencia genial y las piezas musicales melancólicas acompañan a la perfección la soledad de los escenarios. Además, es de agradecer que la obra de GoldenGratus llegue a nuestras pantallas con los textos perfectamente traducidos al castellano de España, lo que facilita enormemente la comprensión de la disparatada cantidad de hechizos, reliquias y descripciones de inventario.

Conclusiones

Memoirium es un triunfo de la artesanía indie que demuestra cómo un desarrollador en solitario puede plantar cara a las grandes producciones a base de ideas frescas, pasión y un diseño de niveles primoroso. GoldenGratus ha construido una experiencia soulslike con un sabor retro inconfundible, respaldada por un sistema de equipo amplísimo, un mapa laberíntico apasionante y una ambientación onírica repleta de encanto. Aunque su narrativa se pierde en su propia ambigüedad, la variedad de enemigos comunes se queda un pelín corta y el pico de dificultad en su tramo final puede llegar a desesperar al más paciente, estamos ante una de las sorpresas más estimulantes e ingeniosas de la escena independiente de este 2026.

Lo Mejor

  • Niveles verticales, interconectados y llenos de atajos reconfortantes.
  • Decenas de armas, máscaras y hechizos que invitan a experimentar con builds rotas.
  • Estilo visual retro de PS1 que enamora a primera vista y rinde a las mil maravillas en PC.
  • Decenas de horas de juego denso a un precio muy ajustado.

Lo Peor

  • Picos de dificultad desmedido que rozan lo frustrante y la injusticia.
  • La abrumadora mayoría de los rivales son variantes de figuras humanoides.
  • La excusa del «sueño» hace que la historia carezca de peso e interés real.

Ficha Técnica

  • Título: Memoirium
  • Género: ARPG / Soulslike retro / Aventuras
  • Desarrollador: GoldenGratus
  • Editor: GoldenGratus / Outersloth
  • Plataformas: PC (Steam)
  • Fecha de lanzamiento: 13 de agosto de 2026
  • Idioma: Textos en español

Nota Final

7.8 / 10

Memoirium es una carta de amor poligonal para los amantes de los retos exigentes y la exploración laberíntica. Pese a sus aristas en la recta final y la falta de variedad en sus enemigos, este viaje por la red de recuerdos de Paolo Villanueva es un soulslike lleno de carácter, fresco en sus mecánicas de inventario y terriblemente adictivo si te atreves a cruzar la barrera de sus pesadillas.

*Este análisis de Memoirium de PC ha sido posible gracias a una clave facilitada por Stride PR

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