Llevamos años aguantando la misma cantinela en el género de la fantasía oscura: cada vez que un estudio independiente se atreve a rozar la fórmula de FromSoftware, nos meten con calzador la obligatoriedad de perder las almas al morir, barras de resistencia más apretadas que las tuercas de un submarino y una frustración artificial que roza el masoquismo. Pero este 2026 nos ha traído una sorpresa de lo más peculiar desde Corea del Sur. El modesto equipo de Project Cloud Games, junto a la editora Perp Games, nos lanza a la cara The Relic: First Guardian en PC, una propuesta que dice «basta» al sufrimiento gratuito. Y ojo, no porque sea un paseo por el campo, sino porque prefiere abrazar la agresividad directa de un action-RPG con alma arcade antes que castigarte con un látigo cada vez que un jefe te manda a criar malvas.
En la piel del Primer Guardián, despertado tras la destrucción de la Gran Reliquia que mantenía el equilibrio en el reino de Arsilthus, nos toca patearnos una tierra desolada para recolectar los fragmentos de memoria y las emociones cristalizadas que han quedado esparcidas. La premisa argumental no va a ganar un premio a la innovación ni reinventa la rueda de la fantasía épica, pero cumple de sobra su cometido como excusa para adentrarnos en un viaje repleto de ruinas, monstruosidades trágicas y una treintena de horas de repartir mamporros sin mirar atrás.
Contenidos
Agresividad desenfrenada: atacar no cuesta un duro
La gran revolución de The Relic: First Guardian, y lo que te da una guantada sin mano nada más coger el mando frente al monitor, es el diseño de su sistema de combate. Acostumbrados a dar dos tajos tímidos y salir pitando hacia atrás para recuperar el aliento, aquí nos encontramos con que atacar con tus armas no consume ni una sola gota de estamina. Has leído perfectamente: tu barra de energía se reserva única y exclusivamente para los movimientos defensivos, como esquivar hacia los lados o ejecutar paradas (parries).
Este pequeño cambio de reglas revoluciona por completo el ritmo de las peleas. El juego te exige estar permanentemente encima del enemigo, acosándolo a tajos, encadenando combos y presionando sin parar mientras gestionas los tiempos de recarga de tus habilidades activas (hasta cuatro por grupo de armas). En lugar de ser un baile táctico de paciencia y miedo, las contiendas en Arsilthus son un festival de agresividad pura donde la mejor defensa es moler a palos al contrincante antes de que se le ocurra parpadear.

Caer en batalla sin perder hasta los empastes
Por si fuera poco, Project Cloud Games rompe otro de los grandes dogmas del género al eliminar de un plumazo el componente punitivo de la muerte. Aquí morder el polvo no significa tener que hacer la «caminata de la vergüenza» de vuelta al sitio donde palmaste para recuperar tus recursos acumulados, ni existe el pánico a perderlo todo si te vuelven a atizar por el camino. Si caes en combate, apareces plácidamente en el último punto de control e intentas el combate de nuevo con todo tu zurrón intacto.
¿Significa esto que el juego es un camino de rosas para niños pequeños? Ni de coña. El desafío sigue estando bien presente, especialmente cuando te cruzas con los muchos jefes y minijefes que patrullan el mundo. Cada uno de estos jefes cuenta con patrones de ataque multinivel, fases de rabia y un trasfondo trágico fascinante: no son meras abominaciones puestas ahí para hacer de saco de boxeo, sino antiguos héroes, mujeres y hombres consumidos por la maldición para quienes tu arma representa la única vía de liberación posible.

Un mundo semiabierto donde la curiosidad paga las facturas
El mundo de The Relic se despliega ante nosotros como un vasto escenario semiabierto dividido en tres grandes macrorregiones interconectadas. La filosofía de diseño huye del mapa repleto de marcas de colores estilo parque temático para ofrecer una exploración mucho más orgánica y apetecible. Salirse del camino marcado no es un mero pasatiempo: es una necesidad imperiosa si quieres encontrar botín de calidad, recursos de artesanía o las valiosas memorias cristalizadas que permiten desbloquear las mejores habilidades de tu personaje.
A pesar de que el juego tropieza con algunas barreras invisibles un poco arcaicas y nos priva de un botón de salto libre, lo que a veces hace que un simple murete de piedra parezca una muralla infranqueable, perderse por las ruinas del mundo tiene un encanto irresistible. Cada desvío por un bosque cubierto de niebla, cada cueva olvidada y cada aldea en llamas esconden una recompensa que merece la pena. Además, el juego se apiada de nosotros haciendo que las zonas de descanso funcionen como puntos de guardado sin que los enemigos normales reaparezcan automáticamente al usarlas, lo que facilita enormemente el explorar a tu ritmo sin el estrés de rehacer la misma limpieza de masillas una y otra vez.

Reliquias con alma: desarrollo sin niveles tradicionales
Olvídate del clásico sistema de subir de nivel acumulando experiencia para meterle tres puntos a la fuerza o a la destreza. En The Relic: First Guardian, el progreso de tu personaje está ligado de forma directa a la recolección y equipamiento de Reliquias. Estos artefactos actúan como modificadores pasivos que alteran por completo tus estadísticas, desde aumentar la vitalidad o la energía de esquiva hasta otorgar curación por cada enemigo ejecutado o potenciar los elementos de tus ataques.
Lo mismo ocurre con el armamento. Aquí las espadas, hachas a dos manos o escudos no son simple chatarra desechable con numeritos más altos que cambias cada dos por tres. Cada arma es un artefacto único que conserva la memoria de su antiguo dueño. Al interactuar con los puntos de recuerdo brillantes esparcidos por el mapa, no solo descubres la trágica historia del guerrero que la empuñó en el pasado, sino que también desbloqueas su árbol de habilidades específico. Este enfoque narrativo para el equipamiento es un acierto enorme que le da un toque de personalidad arrollador a cada pieza de tu arsenal.

La pesadez del ‘crafteo’ y una economía que pide clemencia
Lamentablemente, no todo son flores en el sistema de progresión. Si bien la idea detrás de las Reliquias y el árbol de habilidades por arma es estupenda sobre el papel, en la práctica tropieza de lleno contra un muro económico absurdo. El ritmo al que consigues la Energía Reliquia, la moneda necesaria para desbloquear nuevos ataques y ranuras de equipamiento, es exageradamente lento en comparación con la cantidad de material que te exige el juego. Te vas a encontrar con el inventario lleno de Reliquias buenísimas que no puedes equipar simplemente porque no tienes la pasta necesaria para abrir huecos adicionales.
El tema de la herrería y la mejora de armas sufre del mismo mal. El herrero aparece de forma muy esporádica por el mundo, y cuando por fin lo encuentras, te pide una cantidad descabellada de materiales de artesanía para subir de nivel tu espada favorita. Como los enemigos caídos no sueltan estos materiales con la frecuencia deseada, la progresión del personaje se vuelve bastante tediosa durante las primeras diez horas de juego, limitando tu capacidad de respuesta justo cuando las batallas contra los jefes principales empiezan a ponerse verdaderamente feas.

Un mundo siniestro empañado por asperezas técnicas y una cámara traviesa
En el plano visual y artístico, The Relic: First Guardian es un título que entra por los ojos gracias a una puesta en escena tan lúgubre como evocadora. La dirección de arte, profundamente siniestra y lúgubre que logra construir pasajes de fantasía oscura realmente impactantes. Desde bosques sumergidos en una niebla espesa hasta granjas ardiendo bajo acordes de cuerda melancólicos, la atmósfera transmite una sensación de desolación constante que encaja de maravilla con el trasfondo de un reino moribundo.
El problema viene cuando pasamos de la estampilla artística al rendimiento puro en PC. El juego evidencia sin contemplaciones que ha sido desarrollado por un equipo reducido de apenas una docena de personas. El menú de opciones gráficas en ordenador se queda dramáticamente corto (limitándose a ajustar resolución, V-Sync, límite de frames y reescalado XeSS), sufriendo caídas puntuales de fotogramas, animaciones de PNJ excesivamente robóticas, popping de vegetación y una detección de colisiones que a veces permite a los enemigos atravesar estructuras o disparar a través de las paredes. Mención especial merece la cámara en tercera persona: en espacios cerrados o cuando fijas el objetivo en jefes de gran tamaño, tiende a volverse loca y quedarse atrapada detrás de muros, postes o árboles, dejándote a ciegas en mitad del combate.

La ambición de un estudio modesto que merece ser valorada
Pese a esta colección de tropezones técnicos y a una economía de progreso que peca de lenta, hay algo en The Relic: First Guardian que te atrapa y te impide soltar el mando. La ausencia de un castigo desmedido al morir convierte la exploración en un vicio sumamente disfrutable. Saber que puedes lanzarte a explorar una cueva peligrosa sin el miedo a perder horas de trabajo le da un dinamismo tremendo a las partidas de tarde.
Project Cloud Games no ha querido firmar un mero «copia y pega» de la fórmula de FromSoftware. Han tenido las agallas de buscar su propio camino ofreciendo un combate hiperagresivo, fluido, directo y sin ataduras de estamina ofensiva, envuelto en una narrativa de memorias olvidadas que recompensa a quienes disfrutan de los detalles. Es un diamante en bruto que necesita un par de parches para pulir sus aristas, pero que se siente honesto de principio a fin.

Conclusiones
The Relic: First Guardian en PC es la demostración de que la ambición y las buenas ideas pueden compensar las limitaciones de presupuesto de un estudio modesto. Lejos de intentar aplastarte bajo el peso de un nivel de dificultad elitista o punitivo, el equipo coreano de Project Cloud Games ha firmado un action-RPG accesible, agresivo y enormemente entretenido. Pese a que la cámara juega malas pasadas, los menús de PC son escasos, la progresión es lenta y su apartado técnico dista de estar del todo pulido, su brillante sistema de combate sin gasto de estamina para atacar, su fascinante ambientación basada en el folclore coreano y su enriquecedora exploración hacen de este viaje por Arsilthus una propuesta muy estimulante para los amantes de la fantasía oscura.
Lo Mejor
- Atacar no consume estamina, premiando la iniciativa constante frente al enemigo.
- Descubrir ruinas, botín y recuerdos narrativos es un placer sin la presión de perder recursos al morir.
- Escenarios opresivos, banda sonora melancólica y un diseño de jefes con trasfondo trágico.
- El equipo cuenta historias reales y ofrece un sistema de construcción de personaje muy flexible.
Lo Peor
- Caídas de frames, fallos en colisiones, animaciones toscas y pocas opciones de configuración gráfica.
- Comportamiento caprichoso de la cámara: Se queda atascada con frecuencia detrás del escenario o en interiores estrechos.
- Desbloquear habilidades, ranuras de Reliquias y mejoras de artesano requiere un farmeo tedioso.
Ficha Técnica
- Título: The Relic: First Guardian
- Género: Action-RPG / Fantasía Oscura / Hack and Slash
- Desarrollador: Project Cloud Games
- Editor: Perp Games
- Plataformas: PC (Steam), PlayStation 5 (9 de Octubre en Switch 2 y 25 de Septiembre en Xbox series)
- Idioma: textos en español
Nota Final
7.2 / 10
The Relic: First Guardian se atreve a desafiar los dogmas de los soulslike tradicionales ofreciendo un combate frenético y accesible donde la muerte no es un castigo, sino un simple paso más en el camino. Aunque sus asperezas técnicas y una cámara rebelde le impiden alcanzar cotas mayores, este viaje de 30 horas por el desolado reino mundo de oscuridad guarda suficiente corazón y personalidad como para ganarse un hueco en la biblioteca de cualquier fan de la acción y la fantasía.
*Este análisis de The Relic: First Guardian para PC ha sido posiblre gracias una clave facilitada por Perp Games
