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Ponerse el traje de sepulturero nunca había sido una ocupación tan retorcidamente entretenida. Tras convertirse en uno de los fenómenos más peculiares de la simulación de gestión allá por 2018, la gente de Lazy Bear Games vuelve a la carga junto a tinyBuild con Graveyard Keeper 2. Esta secuela no solo mantiene intacto ese espíritu macabro y desvergonzado que encandiló a miles de jugadores, sino que decide tirar la casa por la ventana expandiendo sus fronteras con una buena dosis de ambición. Si en la primera entrega nos conformábamos con despiezar cuerpos para vender carne dudosa, aquí la escala del negocio pasa a otro nivel.

La propuesta nos devuelve a la piel del mismísimo «Guardián», aquel pobre diablo arrancado de la época moderna por un fenómeno extraño estilo isekai y lanzado de cabeza a un mundo medieval lleno de fanáticos e inquisidores. Nada más despertar encadenado tras los barrocos muros de una prisión de la Inquisición, nos queda claro que las cosas en la comarca se han ido bastante a la porra. Un brote de muertos vivientes amenaza con destruir lo poco que queda de la civilización local, y entre el acoso de una especie de hada voladora bastante chillona y la compañía de Larry, una calavera parlante repleta de sarcasmo y cinismo británico, nos toca ponernos manos a la obra para levantar un campamento, restaurar el camposanto y exprimir comercialmente todo lo que la muerte tiene para ofrecer.

Mucho más que despiezar cuerpos en la morgue

Aunque el título del juego siga haciendo alusión directa al mantenimiento de las tumbas, calificar a Graveyard Keeper 2 como un simple simulador de cementerios se queda absurdamente corto. El bucle jugable es un auténtico laberinto de sistemas interconectados donde la autopsia es solo la primera piedra de un engranaje gigantesco. Un día cualquiera te puedes encontrar haciendo malabares para tallar bloques de piedra, hornear ladrillos de adobe, destilar brebajes de alquimia altamente volátiles o plantar una cosecha de zanahorias para mantener contentos a los lugareños.

Lo bonito de esta secuela es cómo logra enhebrar todas estas actividades sin que sientas que estás haciendo recados por pura obligación. Cada material que extraes o procesas sirve como peldaño para una mesa de trabajo superior en una gigantesca lista de tecnologías por desbloquear. ¿Que necesitas mármol pulido para una lápida de categoría? Primero tendrás que averiguar cómo fabricar los cinceles adecuados, subir de nivel en la rama de albañilería y conseguir los recursos químicos necesarios para el acabado. Es una espiral de crafteo absorbente que atrapa con mucha facilidad a poco que te guste planificar tus jornadas de trabajo virtual.

Doblaje con personalidad y un pixel art de portada

Una de las sorpresas más gratificantes de esta entrega reside en su presentación narrativa y sonora. Si en el pasado teníamos que conformarnos con leer bocadillos de texto estáticos en silencio, Lazy Bear Games ha dado un salto cualitativo al dotar al juego de un doblaje de voz al inglés repleto de matices (a falta de un doblaje al castellano). Los actores hacen un trabajo fantástico salpicando las conversaciones con acentos regionales británicos que le otorgan un toque de comedia negra al estilo Monty Python soberbio. Larry la calavera, en especial, se roba cada escena en la que interviene lanzando dardos cargados de ironía ante las desventuras del protagonista.

En el plano visual, el juego es una delicia para los devotos del pixel art minucioso. Si el motor gráfico del juego original ya lucía de maravilla, esta continuación pule todavía más las animaciones, el nivel de detalle de las estructuras y, sobre todo, la iluminación dinámica y los efectos meteorológicos. Ver cómo empieza a tronar sobre el cementerio mientras la lluvia empapa los caminos de barro le otorga una atmósfera tenebrosa pero extrañamente acogedora. Es un entorno lleno de vida (y de no muertos), en el que da gusto perderse durante horas.

De la pala a la cadena de montaje: zombis al servicio del capital

Una vez superado el shock de las primeras horas de juego, donde la cantidad de menús y esquemas de fabricación puede imponer un poco, Graveyard Keeper 2 despliega su faceta más retorcidamente satisfactoria: la automatización. Si hacer todo el trabajo pesado a mano resulta agotador a la larga, la solución que propone Lazy Bear Games es tan brillante como políticamente incorrecta. ¿Para qué vas a deslizar la espalda picando piedra o talando árboles cuando puedes reanimar a un cadáver en tu laboratorio clandestino de alquimia y ponerlo a currar gratis para ti las veinticuatro horas del día?

El sistema de zombis ha recibido un lavado de cara considerable en esta secuela. Ya no se trata únicamente de dejar a un muerto viviente frente a un bloque de madera para que vaya cortando troncos muy despacio. Ahora podemos diseñar auténticas cadenas de montaje industriales donde varios cadáveres cooperan entre sí. Puedes programar a un zombi para que extraiga mineral en la mina lejana, a otro para que cargue los recursos en cintas transportadoras caseras y a un tercero en el taller para que transforme la materia prima en lingotes pulidos sin que tengas que mover un solo dedo. Ver cómo tu complejo necro-industrial funciona solo mientras tú te dedicas a pasear o a charlar con los vecinos produce un gustazo difícil de explicar.

La muerte acecha: defensa de torres y combate contra hordas

La gran novedad jugable que rompe por completo con la monotonía de la primera entrega es la inclusión de mecánicas de defensa de torres (tower defense). En este universo la amenaza de los muertos vivientes sin control no es un mero fondo de pantalla para asustar: las hordas avanzan de forma periódica sobre el campamento y nuestro cementerio. Esto obliga al Guardián a tomar las armas y preparar fortificaciones en el perímetro si no quiere ver sus instalaciones hechas pedazos por la masa de no muertos.

Esta vertiente estratégica añade un soplo de aire fresco gigantesco al ritmo de la partida. Tendremos que construir barricadas, colocar trampas de pinchos o fuego y levantar torretas automatizadas que ayuden a frenar las oleadas de enemigos más agresivos. Lejos de sentirse como un añadido metido con calzador para rellenar, la defensa del asentamiento se integra de forma orgánica con la economía del juego. Para fabricar mejores trampas y munición especial necesitaremos recurrir de nuevo a la alquimia y a los talleres de metalurgia, creando una sinergia perfecta entre la gestión tranquila del día a día y los picos de acción frenética durante las invasiones nocturnas.

La tiranía de la barra de resistencia y el tiempo

No todo es un camino de rosas en este apocalipsis medieval. Si hay un elemento que nos recordará constantemente que estamos ante un simulador de gestión exigente, esa es la barra de energía o resistencia. Prácticamente cualquier interacción física en el mundo de Graveyard Keeper 2, desde dar cuatro paladas en la tierra hasta picar una mena de hierro o soltar un espadazo consume una cantidad considerable de resistencia. Esto nos obliga a vigilar de cerca la alacena y cocinar platos con fundamento de forma constante si no queremos ver a nuestro personaje arrastrando los pies a mitad de jornada y rogando por una cama.

A este peaje físico se le suma un ciclo de día y noche que discurre a toda pastilla. El tiempo pasa volando mientras organizas el inventario o buscas el ingrediente que te falta en las mesas de trabajo, lo que genera algún que otro momento de apuro cuando la noche se te echa encima lejos de casa. Es un diseño calculado para picarte a planificar mejor cada día de trabajo, aunque es verdad que en momentos puntuales, cuando te quedas sin sopa y te ves obligado a cruzar medio mapa a paso de tortuga solo para echar una siesta.

Para añadir una patina de complejidad en esta ocasión contaremos con un medidor que ira «comiéndose» nuestra capacidad para descansar, esa barra morada no es otra cosa que el estrés a nuestras actividades sin descanso o las más reprobables. Para poder eliminar ese desgaste no hay nada como ir a tomar una cervecilla a la taberna como todo hijo de vecino.

Una secuela ambiciosa que engancha sin remedio

Graveyard Keeper 2 demuestra cómo evolucionar una fórmula de éxito sin perder un ápice de su esencia desvergonzada. Lazy Bear Games no se ha limitado a empaquetar una expansión maquillada de secuela; ha cogido la base de la gestión de cementerios y la ha expandido con mecánicas de automatización industrial mediante zombis, un inteligente componente de defensa de torres y un apartado narrativo mucho más trabajado gracias a un doblaje en inglés sensacional.

Es verdad que la curva de aprendizaje inicial puede abrumar por la acumulación de esquemas de crafteo y que la gestión estricta de la resistencia requiere cierta paciencia durante las primeras jornadas. Sin embargo, en cuanto logras poner en marcha tus primeras cadenas de montaje de cadáveres y defiendes el perímetro con tus propias trampas, el bucle jugable se vuelve endiabladamente adictivo. Una obra repleta de humor negro, personalidad y decenas de horas de entretenimiento macabro que encandilará tanto a los veteranos del juego original como a los amantes de la simulación de gestión.

Conclusiones

Graveyard Keeper 2 es una secuela más completa, profunda y divertida que amplía de forma sobresaliente el universo del Guardián. La inclusión de la automatización zombi y las mecánicas de defensa de torres le otorgan una variedad jugable fantástica, todo ello arropado por un apartado artístico en pixel art maravilloso y un doblaje de voz excelente. Pese a ciertos cuellos de botella en la progresión inicial y un rendimiento en portátiles que requiere algo más de pulido técnico, la mezcla de humor negro, gestión y crafteo convierte a este título en una cita imprescindible para los apasionados del género.

Lo mejor:

  • La enorme profundidad de sus sistemas de crafteo y la satisfacción de automatizarlos con zombis.
  • El añadido de la defensa de torres frente a hordas, que le da un gran dinamismo a la partida.
  • El excelente apartado visual en pixel art y el gran nivel de detalle en la iluminación.
  • El doblaje de voz al inglés, repleto de humor sarcástico y personalidad.

Lo peor:

  • La gestión de la resistencia y el ritmo acelerado del día pueden hacerse un pelín tediosos al principio.
  • La optimización en consolas portátiles de PC requiere ajustes para mantener cuadros estables.
  • La imposibilidad de pausar secuencias o personalizar del todo el mapa de botones.

FICHA TÉCNICA

  • Título: Graveyard Keeper 2
  • Género: Simulación de gestión / Crafteo / Rol / Defensa de Torres
  • Desarrollador: Lazy Bear Games
  • Editor: tinyBuild
  • Plataformas: PC (Versión analizada), PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch
  • Idiomas: Textos en español, voces en inglés

NOTA FINAL

8.0 / 10

*Este análisis de Graveyard Keeper 2 de PC ha sido posible gracias una clave facilitada por Sandbox Strategies.

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