Si hay un vacío que la industria del videojuego lleva años intentando llenar sin dar del todo en el clavo, es el de la fórmula magistral impuesta por leyendas de la talla de BioShock, System Shock 2 o Prey. Ese cóctel de exploración espacial claustrofóbica, interacción analógica con el entorno, estaciones a la deriva y una libertad absoluta para resolver problemas a golpe de ingenio es pura ambrosía. Por eso, cuando el estudio húngaro The Wild Gentlemen, responsables del carismático Chicken Police, anunció su intención de marcarse un simulador inmersivo en primera persona ambientado en una utopía espacial estancada en los coloridos años setenta, las alarmas del entusiasmo se encendieron de golpe.
Tras haberle dedicado un buen puñado de horas frente a la pantalla de nuestro PC a surcar los pasillos de su nave principal, podemos confirmar que RetroSpace es un viaje psicodélico, gamberro y tremendamente disfrutable. Su propuesta huye por completo de la ciencia ficción sobria y aburrida para lanzarnos de cabeza a un universo «disco-punk» donde los estampados imposibles, las luces de neón parpadeantes, las pantallas de tubo y la música de discoteca se dan de bofetadas con el terror cósmico más absoluto. Es una carta de amor sin rodeos a esa época dorada donde el futuro se imaginaba con bolas de espejos, sintetizadores analógicos y peinados imposibles, pero con la constante amenaza de terminar convertido en comida para mutantes espaciales.
Contenidos
El humilde conserje contra el caos del espacio-tiempo
La premisa narrativa de RetroSpace nos sitúa en el año 2177 a bordo de la Aurora 5, una colosal nave colonizadora e investigadora que partió de una Tierra moribunda con la misión de encontrar un nuevo hogar para la humanidad tras un viaje de un siglo. El problema es que las cosas en el espacio profundo nunca salen según el plan previsto. En mitad del trayecto, la gigantesca estructura es engullida por un agujero negro fuera de control que dobla la realidad, distorsiona la física y fractura el espacio-tiempo en dos líneas temporales paralelas separadas por nada menos que 37 años de decadencia.
En medio de semejante desastre no encarnamos a un marine espacial con esteroides ni a un científico superdotado repleto de medallas. Nuestro protagonista anónimo es, nada más y nada menos, que un humilde conserje de mantenimiento encargado de velar por el estado del buque mientras la élite científica dormía plácidamente en sus cápsulas de criogestación. Sin recordar exactamente cómo demonios hemos sobrevivido al colapso y guiados únicamente por voces sospechosas a través de nuestro dispositivo de registro ,como la enigmática IA MI-A o Nebula, nos toca calzarnos el mono de trabajo y ponernos manos a la obra. El objetivo principal roza la poesía trágica: sobrevivir a las deformaciones del espacio, reunir a los supervivientes desperdigados y averiguar quién narices somos realmente entre tanto estropicio cósmico.

Libertad total en la Aurora 5: un metroidvania espacial gigantesco
Lo que convierte a RetroSpace en un título tan adictivo desde sus primeros compases es el soberbio diseño de niveles que exhibe la Aurora 5. Lejos de ser un conjunto de pasillos lineales en los que avanzar apretando el gatillo sin pensar, la nave funciona como un gigantesco entramado de sectores interconectados al más puro estilo metroidvania. El juego deposita una confianza tremenda en la intuición y la astucia del jugador, premiando en todo momento a aquellos que deciden salirse del camino marcado para cotillear en cada esquina.
Las zonas residenciales, el club de baile para sintéticos, los garajes o los deslumbrantes Jardines ,un invernadero espacial impresionante repleto de vegetación mutada, están diseñados con una libertad de acción apabullante. Para avanzar por los escenarios nos toca buscar formas de saltarnos la seguridad: desde localizar terminales para piratear accesos hasta encontrar cabezas humanas de la tripulación fallecida para superar los escáneres de retina de las puertas cerradas. Si a esto le sumamos que el colapso del tiempo altera de forma radical la estructura de la nave, visitar un sector ya recorrido decenas de minutos después se convierte en una experiencia totalmente nueva gracias a nuevos atajos, obstáculos imprevistos y zonas antes inaccesibles. La sensación de explorar una estación viva, tridimensional y repleta de sorpresas está conseguida de forma impecable.

Un arsenal para hacer frente al caos: ciencia e ingenio
A nivel de mecánicas puras, RetroSpace abraza esa filosofía tan propia del simulador inmersivo donde el escenario es una caja de herramientas gigante lista para ser exprimida. Para hacer frente a los engendros mecánicos, las plantas carnívoras con malas pulgas y la tripulación mutada que vaga por los pasillos de la Aurora 5, no solo dependemos del clásico catálogo de pistolas, escopetas o armas de rayos. El verdadero encanto del juego radica en cómo combina el armamento tradicional con utensilios de mantenimiento totalmente insólitos.
Uno de los gadgets más divertidos y versátiles que conseguimos en los primeros compases es un pulverizador multiusos capaz de aplicar o retirar sustancias del suelo a placer. ¿Que viene una turba de enemigos enajenados por el pasillo? Basta con rociar un buen charco de aceite y prenderle fuego con una chispa para montarte un espectáculo pirotécnico en un abrir y cerrar de ojos. ¿Que hay una fuga eléctrica bloqueando una puerta principal? Sacas el extintor o el limpiador, apagas las llamas o despejas el barro conductor y abres un nuevo camino. A eso se le suma la posibilidad de apilar cajas metálicas para trepar a zonas elevadas, colar al conserje por conductos de ventilación olvidados o desactivar torretas enemigas a base de picardía. El juego no busca ser una experiencia de acción pura al uso, sino un patio de recreo donde premia por igual resolver un problema con elegancia o liarla parda por accidente.

«Mutamods»: biología espacial al servicio de la supervivencia
Para terminar de redondear la personalización del protagonista, el título introduce el concepto de los «mutamods», una serie de alteraciones genéticas que podemos inyectarnos utilizando el material genético recolectado por los laboratorios de la nave. Estas mutaciones, inspiradas en habilidades de la fauna terrestre y cósmica, transforman al humilde conserje en una auténtica fuerza cibernética e impredecible.
Gracias a estas mejoras de ADN, podemos adaptar nuestro estilo de juego de formas muy locas. Si prefieres un enfoque sigiloso y cerebral, puedes equiparte con habilidades para rastrear la posición de los enemigos a través de las paredes de acero o regenerar tu salud de manera pasiva al exponerte a la luz de los focos de la nave. Si, por el contrario, lo tuyo es la violencia directa sin contemplaciones, existen mutaciones orientadas a endurecer la piel contra el daño de las armas de fuego, incrementar el impacto del ataque cuerpo a cuerpo o generar campos de fuerza de reacción. Este abanico de posibilidades se complementa con las estaciones de mejora donde invertimos chatarra y componentes para subir el nivel de nuestro equipo, convirtiendo cada incursión en una búsqueda constante de recursos valiosos.

Penalizaciones al reaparecer y la narrativa de la tripulación
Uno de los puntos más brillantes y originales de RetroSpace es cómo gestiona la muerte del jugador. En lugar de limitarse a cargar la partida anterior o hacerte reaparecer intacto sin mayores consecuencias, el juego nos devuelve a la vida en unas cabinas de regeneración. Pero volver del más allá tiene un precio. Cada vez que resucitamos no solo perdemos un porcentaje de nuestros valiosos recursos genéticos, sino que nuestro cuerpo sufre secuelas y defectos físicos temporales bastante disparatados.
Puedes volver a la vida con un tic que te hace ver todo en penumbra, volverse paranoico y recibir sustos sin parar o tener el estómago delicadillo, con lo que vomitamos la comida basura. La única manera de quitarte de encima estas incómodas secuelas es regresar al punto exacto donde cayó tu antiguo cadáver para recuperar tus pertenencias o apoquinar una suculenta suma de créditos en las máquinas expendedoras médicas. Este sistema le otorga a la muerte un toque de humor negro muy fresco y añade una capa extra de tensión táctica en las dificultades más altas. Todo esto se adereza con una historia rica en matices, contada a través de grabaciones de audio y terminales que revelan los trapos sucios, las rencillas y las dilemas morales de una tripulación que pensaba que iba a colonizar el paraíso y acabó atrapada en la peor de las pesadillas.

Rendimiento en PC: una nave pulida con matices analógicos
Centrándonos en el comportamiento del juego en ordenador, RetroSpace rinde a un nivel verdaderamente notable. La dirección artística semi-voxel combinada con técnicas de iluminación moderna luce espectacular en pantallas de alta resolución. Los efectos de luces de neón proyectados sobre los suelos de linóleo, el humo denso de las salas de máquinas y la estética setentera de los terminales de tubo crean un conjunto visualmente hipnótico. En un equipo de gama media, el título mantiene unos 60 fotogramas por segundo muy rocosos incluso cuando la pantalla se llena de explosiones, fluidos inflamables y varios mutantes cargando a la vez.
El apartado sonoro es otro de sus grandes pilares. Las melodías de corte synthwave mezcladas con funk espacial y psicodelia le sientan como un guante a las fases de exploración, mientras que los efectos de sonido de los disparos y las herramientas responden con contundencia. Si tuviéramos que ponerle alguna pega al envoltorio técnico, sería que la navegación por el mapa analógico puede sentirse algo tosca en los primeros minutos de partida y que la inteligencia artificial enemiga abusa a veces de patrones un tanto agresivos en espacios cerrados. Sin embargo, nada de esto empaña una experiencia general enormemente sólida en PC.


Conclusiones
The Wild Gentlemen ha conseguido marcarse un tanto impresionante con RetroSpace. No es una tarea sencilla coger el legado de tótems sagrados como BioShock, Prey o System Shock y darle una vuelta de tuerca con personalidad propia sin caer en la mera parodia descafeinada. El juego triunfa porque entiende a la perfección la esencia del simulador inmersivo: ofrecer una caja de herramientas rica, un diseño de niveles interconectado que premia la curiosidad y la libertad absoluta para resolver las situaciones a tu manera, ya sea con elegancia o desatando un caótico incendio por accidente.
Su ambientación «disco-punk» de los años setenta es fresca, divertida y está ejecutada con un nivel de detalle formidable. La mezcla de exploración espacial, la gestión del conserje improvisado a héroe, las mutaciones genéticas y ese peculiar sistema de reaparición con secuelas corporales hacen de RetroSpace una propuesta altamente recomendable para cualquier amante de la ciencia ficción y la acción en primera persona. Un viaje espacial ácido, gamberro e imprescindible.
Lo Mejor
- Una ambientación «disco-punk» ambientada en los 70 sencillamente genial y llena de personalidad.
- La enorme libertad de acción para resolver puzles y combates combinando herramientas y mutaciones.
- El diseño interconectado estilo metroidvania de la nave Aurora 5.
- El hilarante sistema de reaparición con defectos físicos y secuelas temporales.
Lo Peor
- La interfaz del mapa analógico resulta un pelín incómoda de gestionar al principio.
- La IA enemiga puede ser algo errática e implacable en pasillos muy estrechos.
Ficha Técnica
Título: RetroSpace
Género: Acción / FPS / Metroidvania
Desarrollador: The Wild Gentlemen
Editor: Kawalee
Plataforma analizada: PC, Switch 2 , PS5 y Xbox Series
Nota Final
8,5/10
*Este análisis de RetroSpace para PC ha sido posible gracias a Kwalee que nos ha facilitada una clave.
