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No faltan juegos que intentan llamar nuestra atención con gráficos fotorrealistas, mundos gigantescos y presupuestos que podrían financiar una película de Hollywood. Pero aquí está PAPERHEAD, que ha decidido que la mejor manera de conquistar al personal es construir un mundo de cartón, llenarlo de criaturas grotescas, repartirnos un arsenal y dejar que nos preguntemos por qué demonios sangran las manualidades. ¿Una locura? Absolutamente. ¿Una idea bien original? También.

Desarrollado por Paperhead te4m y publicado por HypeTrain Digital, PAPERHEAD ha aterrizado en PC con una propuesta que mezcla la velocidad de los boomer shooters clásicos, el humor negro, el terror y una dirección artística que parece salida de una clase de plástica que terminó como el rosario de la aurora. Aquí los enemigos parecen recortables, los escenarios tienen ese aspecto artesanal tan peculiar y la violencia se encarga de recordarnos que no estamos precisamente ante una aventura infantil.

Lo mejor es que detrás de semejante disparate hay un juego que sabe lo que quiere ofrecer. PAPERHEAD no se conforma con lucir una estética llamativa y esperar que nos enamoremos de sus capturas de pantalla. Su apuesta pasa por combinar disparos, movilidad, patadas, explosiones y una herramienta tan disparatada como útil: un lápiz capaz de alterar el escenario. Todo ello envuelto en una aventura que nos invita a descubrir qué ha ocurrido en unas instalaciones de investigación donde, por lo visto, alguien perdió el control de las manualidades.

Nosotros encantados de investigar el desastre. Aunque, viendo cómo termina la cosa, quizá habría sido mejor quedarse en casa dibujando gatitos.

Un mundo de cartón con muy mala leche

La primera impresión que deja PAPERHEAD es la de estar ante un juego que no se parece demasiado a sus compañeros de género. Su universo está construido a partir de papel, cartón, cinta aislante y formas que parecen recortadas y montadas a mano. Los personajes tienen una apariencia deliberadamente sencilla, los escenarios parecen maquetas y todo transmite esa sensación de estar contemplando una manualidad que ha decidido abandonar el terreno de lo inocente para meterse en una película de terror bastante desagradable.

El contraste funciona de maravilla. Una cosa es ver un monstruo de aspecto amenazador en un pasillo oscuro y otra muy distinta encontrarse con una criatura que parece fabricada con cartulina mientras la pantalla se convierte en un festival de sangre. PAPERHEAD utiliza esa contradicción para construir su personalidad: la apariencia resulta casi simpática, pero lo que sucede cuando comienza el combate tiene bastante poco de entrañable.

La historia nos lleva a un centro de investigación abandonado donde algo ha salido terriblemente mal. Tenemos que explorar sus instalaciones, enfrentarnos a sus habitantes y desentrañar el misterio que se esconde tras semejante carnicería.

No necesitamos una enciclopedia de ciencia ficción para entrar en la propuesta. El propio escenario despierta la curiosidad, y el misterio ofrece un motivo para seguir avanzando entre habitaciones, enemigos y secretos. La exploración no está ahí únicamente para enlazar un tiroteo con el siguiente, sino que contribuye a que queramos entender qué demonios ha sucedido en este lugar.

La estética también demuestra que no hace falta perseguir el realismo para conseguir una identidad visual potente. PAPERHEAD aprovecha las limitaciones aparentes de su mundo artesanal y las convierte en una virtud. En lugar de intentar parecerse a los grandes lanzamientos, apuesta por algo que reconocemos al instante. Además sinceramente, entre otro pasillo gris lleno de monstruos genéricos y un laboratorio de cartón en el que las criaturas pueden acabar convertidas en una auténtica carnicería, nosotros ya sabemos cuál nos apetece visitar.

Pero que nadie se confunda: la gracia no consiste simplemente en ver papel ensangrentado. El estilo visual funciona porque acompaña a una propuesta de acción que tiene su propia personalidad y no se limita a utilizar el concepto como un envoltorio bonito.

Cuando DOOM se encuentra con las manualidades

PAPERHEAD bebe de la filosofía de los boomer shooters, esos juegos de disparos que recuperan la velocidad, la agresividad y el movimiento constante de los clásicos de los años noventa. Aquí no hemos venido a escondernos detrás de una caja durante medio combate ni a contemplar cómo una barra de salud se recupera por arte de magia. Si queremos sobrevivir, toca moverse, reaccionar y aprender a utilizar todo lo que tenemos a nuestra disposición. De hecho para recuperar vida tendremos que borrar con la goma de nuestro lápiz a nuestros enemigos muertos o encontrar una tirita.

El ritmo de los enfrentamientos es una de sus grandes bazas. Las armas proporcionan esa respuesta contundente que esperamos de un buen FPS, pero PAPERHEAD entiende que disparar sin parar no debería ser la única solución. También podemos patear enemigos, lanzarlos por los aires y utilizar barriles explosivos para convertir una habitación llena de amenazas en una fiesta que ningún fabricante de extintores recomendaría.

La combinación de estas acciones aporta una dimensión física muy divertida. No estamos simplemente apuntando a objetivos que esperan educadamente a recibir una descarga de plomo: los enemigos pueden salir despedidos, el entorno se convierte en una herramienta ofensiva y nuestros movimientos forman parte de la estrategia. Las armas son importantes, claro, pero también lo es saber cuándo acercarse, cuándo saltar y cuándo utilizar una patada para resolver un problema de un cartón muy duro.

Y aquí aparece una de las grandes virtudes del juego: la diversión no depende únicamente de eliminar enemigos, sino de la manera en que decidimos hacerlo. Un barril explosivo puede convertirse en nuestra mejor arma improvisada; un enemigo lanzado por los aires puede abrirnos una oportunidad para continuar el ataque, y una buena maniobra puede transformar un enfrentamiento complicado en una pequeña exhibición de violencia caricaturesca.

La movilidad también desempeña un papel importante. Los saltos y desplazamientos ayudan a mantenernos activos y refuerzan esa sensación de estar jugando a un FPS que no quiere que nos quedemos quietos ni para pensar en lo que acabamos de hacer. El diseño invita a experimentar con las posibilidades disponibles, y eso le sienta especialmente bien a un título en el que el escenario parece una maqueta a punto de explotar.

Por supuesto, la velocidad por sí sola no convierte un juego en una maravilla. Lo importante es que las armas, los enemigos y los movimientos encajen, y que el jugador tenga motivos para variar sus estrategias. PAPERHEAD apuesta por combinar sus recursos en lugar de limitarse a ofrecer un arsenal enorme sin demasiada personalidad. Es una decisión que refuerza su identidad y que ayuda a que los combates no sean únicamente una sucesión de disparos.

Si te gustan los juegos de acción que te obligan a mantener los dedos despiertos y que entienden la violencia como una forma de espectáculo interactivo, aquí tienes motivos de sobra para prestar atención.

El lápiz mágico: dibujar nunca había sido tan peligroso

La escopeta está muy bien, las patadas tienen su gracia y los barriles explosivos son una invitación permanente a hacer alguna barbaridad. Sin embargo, el elemento que termina de distinguir a PAPERHEAD es su lápiz mágico.

La herramienta no funciona como un arma convencional más. Su propósito es permitirnos interactuar con el mundo de una manera que encaja con la propia naturaleza del juego. Podemos dibujar bombas para utilizarlas contra nuestros enemigos, crear puertas en determinadas paredes y escribir palabras que alteran situaciones. De repente, el lápiz deja de ser un simple detalle estético para convertirse en una de las ideas más interesantes de la propuesta.

La creación de bombas dibujadas es especialmente coherente con el ritmo de los combates. En un FPS tradicional, cuando nos quedamos sin recursos o tenemos un grupo de enemigos encima, normalmente buscamos otra arma o intentamos encontrar una posición mejor. PAPERHEAD introduce una solución mucho más peculiar: ¿y si dibujamos algo que podamos lanzarles a la cara?

La posibilidad de crear puertas también aporta una dimensión exploratoria que va más allá de disparar a todo lo que respira. El escenario deja de ser un decorado inmutable y empieza a ofrecer oportunidades para modificar nuestro recorrido. Allí donde otros juegos nos piden buscar una llave, accionar un interruptor o localizar una ruta alternativa, PAPERHEAD nos anima a pensar en términos de papel y lápiz.

También podemos alterar objetos a nuestra conveniencia, una caja con una nota que indica que es MUY pesada puede volverse muy liviana si borramos su peso. ¿Una caja de contenido si etiquetar? Un lugar maravilloso para encontrar clips (la moneda del juego) o algo de curación.

Esa es la diferencia entre una ocurrencia simpática y una idea que contribuye a definir un videojuego. El lápiz conecta la dirección artística con las mecánicas, refuerza la personalidad del mundo y proporciona una herramienta que no tendría demasiado sentido en un FPS convencional, pero que aquí encaja como un guante.

También ayuda a que el juego no dependa exclusivamente de las armas. La variedad no consiste en acumular un arsenal hasta llenar un inventario, sino en ofrecer distintas maneras de afrontar una situación. Cuando podemos combinar disparos, patadas, explosivos y las posibilidades del lápiz, cada encuentro tiene más opciones de convertirse en algo memorable.

Es una de esas mecánicas que explican por qué merece la pena prestar atención a los proyectos independientes. Mientras algunas producciones se afanan en repetir fórmulas conocidas con presupuestos cada vez mayores, PAPERHEAD encuentra una idea propia y construye alrededor de ella una experiencia reconocible.

Dicho de otro modo: hay juegos en los que utilizamos un lápiz para consultar el mapa. Aquí podemos utilizarlo para dibujar una bomba y mandarle un mensaje muy poco amistoso a una criatura de cartón. La evolución de la papelería, suponemos.

Algo de terror y humor negro con una banda sonora a toda pastilla

Aunque la acción se lleva buena parte del protagonismo, hay cierto componente de terror que contribuye a dar sentido a la aventura. El laboratorio abandonado, las criaturas deformes y el misterio que rodea a las instalaciones proporcionan un contexto que va más allá de encadenar tiroteos.

La propuesta no necesita convertirse en un juego de terror pausado para resultar inquietante. Su personalidad nace de mezclar elementos que, en principio, no deberían funcionar juntos: un mundo colorido y artesanal, enemigos de apariencia caricaturesca y una violencia que rompe por completo con la inocencia de sus diseños.

El resultado tiene algo de pesadilla dibujada en una libreta escolar. Precisamente por eso, funciona como una alternativa interesante para quienes disfrutan del terror sin necesidad de pasarse la aventura entera caminando lentamente por un pasillo mientras esperan el siguiente susto.

La banda sonora industrial completa el conjunto. PAPERHEAD apuesta por una música contundente, pensada para acompañar los enfrentamientos y reforzar la intensidad de los combates. Es una elección que encaja con la tradición de los shooters clásicos, donde la música no es un simple fondo ambiental, sino una parte importante de la energía que transmite la acción.

Cuando la pantalla se llena de enemigos y empezamos a encadenar movimientos, disparos y explosiones, la música tiene que acompañar ese frenesí sin convertirse en un elemento ajeno a lo que sucede. El planteamiento sonoro del juego va precisamente en esa dirección: mantener la tensión y la sensación de velocidad que definen su propuesta.

Además, el contraste entre esa contundencia sonora y el aspecto de los escenarios refuerza su personalidad. PAPERHEAD no pretende que olvidemos que estamos disparando a criaturas de papel. Al contrario, quiere que disfrutemos de lo absurdo que resulta todo, mientras nos tomamos muy en serio el siguiente combate porque, a fin de cuentas, el monstruo que viene hacia nosotros no tiene pinta de querer invitarnos a merendar.

Conclusión: el cartón también puede repartir estopa

PAPERHEAD es una de esas propuestas que consiguen arrancarnos una sonrisa antes incluso de empezar a jugar. Su estética artesanal, sus criaturas ensangrentadas y la mezcla de terror con acción frenética forman una combinación tan peculiar como atractiva. Pero lo que realmente nos convence es que el juego no se conforma con tener una apariencia original: utiliza esa identidad para dar forma a sus mecánicas.

Las armas ofrecen la contundencia que esperamos de un buen FPS, las patadas y los barriles explosivos añaden posibilidades al combate y el lápiz mágico aporta la idea que termina de distinguirlo de otros representantes del género. La posibilidad de dibujar bomba, puertas y otros elementos convierten el concepto artístico en algo funcional, y la apuesta por aprovechar las debilidades de los enemigos incentiva que experimentemos con las herramientas disponibles.

También nos parece un acierto que el juego combine el ritmo de los boomer shooters con algo de terror, plataformas y una ambientación tan peculiar. Escenarios de cartón y papel que ofrecen un motivo para explorar, mientras que el contraste entre la apariencia de los escenarios y la violencia de los enfrentamientos refuerza una personalidad que difícilmente vamos a confundir con la de otro título.

PAPERHEAD demuestra que todavía hay espacio para sorprender dentro de los juegos de disparos en primera persona. No necesita presumir de realismo ni intentar competir en espectacularidad con las superproducciones. Le basta con una idea potente, unas mecánicas que se complementan y un mundo que parece diseñado para que las cosas salgan mal de la manera más divertida posible.

Si te gustan los shooters rápidos, echas de menos esa filosofía de acción directa de los clásicos y te apetece probar algo con una identidad visual muy marcada, aquí tienes una recomendación que merece un hueco en tu biblioteca.

Eso sí, después de jugarlo quizá mires de otra manera las tijeras, el pegamento y la cartulina que tienes guardados en un cajón. Nosotros no nos hacemos responsables de lo que ocurra en la próxima clase de plástica.

Lo mejor

  • Una dirección artística de cartón y papel que le da una identidad visual inconfundible.
  • El lápiz mágico, una mecánica original que conecta el concepto artístico con la jugabilidad.
  • Combates rápidos que combinan disparos, patadas, saltos y explosiones.
  • Enemigos con debilidades que incentivan el uso de distintas herramientas.
  • La mezcla de humor negro, terror y acción clásica.
  • Interfaz y subtítulos en español de España.

Lo peor

  • Su estética tan particular puede no convencer a quienes busquen una ambientación de terror más tradicional.
  • La variedad y el equilibrio no están bien ajustados a veces se vuelve terriblemente difícil.
  • Algunos aspectos técnicos, como los tiempos de carga, merecen atención durante la experiencia completa.

Ficha técnica

  • Título: PAPERHEAD
  • Desarrollador: Paperhead te4m
  • Distribuidor: HypeTrain Digital
  • Plataforma analizada: PC
  • Género: FPS
  • Idiomas: Interfaz y subtítulos en español de España, entre otros

Nota final

8,5/10

PAPERHEAD es una sorpresa muy agradable para quienes disfrutan de los shooters rápidos con personalidad. Su mezcla de cartón ensangrentado, combate frenético y lápiz mágico no solo llama la atención: también le proporciona una identidad propia. Una pequeña locura independiente que demuestra que, para repartir estopa, no hace falta tener músculos de acero. A veces basta con unas botas, una escopeta y un lápiz bien afilado.

*Este análisis de PAPERHEAD para PC ha sido posible gracias a HypeTrain Digital

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