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¡Vaya semanita llevamos! ayer Tenebris Somnia y hoy Hellraiser: Revival. Tengo que decir que cuando vi la película, la primera, la disfruté enormemente, pero que me quedó tan mal cuerpo que no he vuelto a querer verla precisamente por lo mal que lo pasé, que es a fin de cuenta lo que debe proponerse cualquier película de terror. Aun así me arme de valor para jugar y analizar este juego, vengo a superar mis miedos.

Hellraiser parece una de esas licencias que están diseñadas para triunfar en los videojuegos y, aun así, se pasan décadas dando vueltas sin encontrar la manera de dar el salto. Con sus cenobitas, sus dimensiones imposibles, sus artefactos infernales y esa particular forma de entender el placer que haría salir corriendo al mismísimo departamento de recursos humanos, el universo de Clive Barker tenía todos los ingredientes para convertirse en una aventura interactiva de las que dejan huella. Ahora, Saber Interactive se ha atrevido a abrir la caja y el resultado es Clive Barker’s Hellraiser: Revival, una propuesta que abraza sin complejos la esencia más retorcida de la saga.

Eso sí, conviene entrar al Laberinto con las expectativas bien colocadas. Estamos ante una aventura de terror en primera persona que combina exploración, combate, puzles, persecuciones y una generosa colección de atrocidades. Tiene ideas muy interesantes y sabe cómo mantenernos enganchados, pero también arrastra mecánicas demasiado conocidas y algunas decisiones que nos hacen preguntarnos por qué ciertos desarrolladores siguen empeñados en convertir el sigilo en una prueba de paciencia. No es la resurrección definitiva del survival horror, pero sí una adaptación con personalidad, mala leche y bastante respeto por el material original.

Bienvenidos al Laberinto, donde el dolor es solo el principio

En Hellraiser: Revival nos ponemos en la piel de Aidan, un joven motero con una vida marcada por la violencia y los excesos que esta «practicando» en la introducción con su pareja Sunny mientras juegan irresponsablemente con la Configuración Génesis una misteriosa caja que todo fan conocerá. Sunny termina atrapada en el Laberinto tras entrar en contacto con la Configuración, y nuestro protagonista se embarca en una búsqueda desesperada para recuperarla.

Por el camino tendremos que lidiar con los seguidores de una secta, un culto que venera a los cenobitas y está dispuesto a someter a sus víctimas a auténticas barbaridades para alcanzar sus propios objetivos. Aquí no hay sectarios que se limiten a recitar cuatro frases inquietantes en un sótano: sus creencias encajan con ese universo donde la carne es maleable, el sufrimiento puede convertirse en una forma de trascendencia y la frontera entre el placer y el horror lleva mucho tiempo hecha pedazos.

Lo más interesante es que Saber Interactive no se limita a colocar a Pinhead y compañía en una historia genérica para vendernos un puñado de sustos. La aventura desarrolla una trama propia que amplía la mitología de Hellraiser sin depender constantemente de guiños a las películas. Se nota la intención de construir algo que encaje con el imaginario de Clive Barker, y la participación del propio escritor en la historia refuerza esa sensación de que no estamos ante una licencia utilizada como simple envoltorio comercial.

La narración también sabe cambiar de rumbo cuando parece que ya tenemos claro hacia dónde nos dirigimos. La búsqueda de Sunny va dejando espacio a nuevos conflictos y a aspectos más oscuros del pasado de Aidan, evitando que toda la aventura se convierta en una sucesión de pasillos sangrientos con una excusa argumental pegada con cinta adhesiva. No estamos ante una historia que vaya a cambiar nuestra forma de entender el terror, pero cumple con su cometido y ofrece suficientes motivos para seguir avanzando.

Eso sí, los personajes no siempre consiguen dejar una huella tan profunda como el mundo que habitan. Al terminar, es fácil recordar determinadas criaturas, escenarios y atrocidades antes que todos los detalles de las motivaciones de sus protagonistas. Pero tampoco vamos a fingir que nos acercamos a Hellraiser esperando una aventura amable sobre la importancia de la amistad y el valor de levantarse después de un mal día. Aquí hemos venido a visitar el infierno, y Saber parece tenerlo bastante claro.

Un survival horror que cambia de marcha constantemente

En el terreno jugable, Hellraiser: Revival apuesta por una mezcla de exploración, acción y supervivencia que bebe de varias fuentes reconocibles. La perspectiva en primera persona ayuda a que los encuentros resulten más directos e incómodos, mientras que las persecuciones y ciertas secuencias de huida recuerdan a esos juegos en los que lo más inteligente que podemos hacer es correr como si nos persiguiera Hacienda.

La aventura alterna estos momentos con combates, pequeños rompecabezas, exploración de escenarios, crafteo y secciones de sigilo. También introduce cambios en el tipo de situaciones que plantea, de modo que rara vez pasamos demasiado tiempo haciendo exactamente lo mismo. Este ritmo es uno de sus grandes aciertos: cuando empezamos a acostumbrarnos a una mecánica, el juego suele llevarnos a otro escenario o ponernos delante un problema diferente.

La exploración suele desarrollarse en espacios relativamente contenidos, con pasillos, habitaciones y zonas que esconden recursos, objetos útiles y caminos que debemos desbloquear. A medida que avanzamos, el diseño también introduce áreas algo más amplias y situaciones que nos obligan a regresar sobre nuestros pasos para completar objetivos. No alcanza la complejidad de los mejores exponentes del género, pero aporta suficiente estructura para que no parezca que simplemente avanzamos de una escena violenta a la siguiente.

El inventario reducido, la búsqueda de munición y la necesidad de reparar y mejorar nuestro equipo añaden una capa de gestión bastante familiar. Tenemos que vigilar los recursos disponibles y pensar qué nos conviene conservar para más adelante. Nada de esto resulta especialmente revolucionario, pero ayuda a que los enfrentamientos tengan algo más de intención que apretar el gatillo hasta que el problema deje de moverse.

La Configuración Génesis, aire fresco

Si hay una mecánica que merece que nos detengamos, esa es la Configuración Génesis. Este artefacto no sirve únicamente para abrir las puertas del infierno y meternos en un lío de proporciones bíblicas: también se convierte en una herramienta fundamental para combatir y resolver determinados puzles.

Su utilización permite manipular elementos del escenario, interactuar con mecanismos y aprovechar objetos del entorno contra nuestros enemigos. Podemos convertir piezas metálicas y otros objetos en proyectiles improvisados, lanzándolos para empalar a las criaturas o utilizándolos para crear situaciones que serían bastante más complicadas con las armas convencionales. También disponemos de habilidades que permiten emplear el fuego contra los enemigos, ampliando las posibilidades de los enfrentamientos.

La sensación es la de tener una herramienta sobrenatural que sirve para algo más que decorar el inventario. En determinados momentos, la caja nos invita a mirar el escenario de otra manera y a pensar qué elementos podemos aprovechar. Es una idea que encaja perfectamente con la naturaleza del artefacto dentro del universo de Barker y que, además, aporta algunos de los momentos más divertidos de la aventura.

También tiene protagonismo en los puzles, especialmente cuando entramos en el Laberinto y debemos manipular estructuras, modificar partes del entorno o encontrar la manera de abrirnos paso por espacios que parecen diseñados por un arquitecto que perdió una apuesta con Leviatán. Estos rompecabezas no suelen alcanzar una dificultad especialmente elevada, pero ayudan a que la exploración tenga un propósito más allá de encontrar otra llave escondida en el cajón de turno.

La pega es que nos habría gustado disponer de más oportunidades para experimentar libremente con estas posibilidades. La Configuración Génesis demuestra que el juego tiene imaginación, pero no siempre exprime todo el potencial de su propuesta. Hay momentos en los que uno termina pensando que esa caja podría dar mucho más de sí si el diseño permitiera combinar sus poderes y el entorno con mayor libertad.

Combates brutales, armas conocidas y algún enemigo con demasiada salud

El combate combina armas de fuego con enfrentamientos cuerpo a cuerpo. En estos últimos podemos utilizar diferentes herramientas para golpear a los enemigos, esquivar sus ataques y aprovechar sus puntos débiles. Algunos adversarios cuentan con protecciones como armaduras que obligan a cambiar de estrategia, ya sea buscando zonas vulnerables o «ablandandándolos» con armas adecuadas para romper sus defensas.

Es una fórmula sencilla, pero tiene algo más de gracia de lo que podría parecer. Los golpes transmiten contundencia y los enfrentamientos encajan con la brutalidad del universo de Hellraiser. Aquí no estamos disparando a enemigos que parecen maniquíes de una tienda: el juego apuesta por mostrar cuerpos que se rompen, se mutilan y reciben un castigo visual que puede resultar desagradable incluso para quienes ya tienen unas cuantas horas de terror a sus espaldas.

Las armas de fuego, por su parte, cumplen su cometido, aunque resultan menos interesantes. Sirven para mantener las distancias y resolver situaciones peligrosas, pero no aportan la misma personalidad que las herramientas cuerpo a cuerpo o las posibilidades sobrenaturales de la caja. En algunos encuentros también cuesta calcular bien las distancias, algo que puede restar precisión a determinados golpes.

Los enemigos presentan diseños llamativos y algunos enfrentamientos requieren prestar atención a sus defensas o patrones de ataque. El problema aparece cuando determinados jefes se convierten en auténticas esponjas de balas. Una pelea puede tener una presentación espectacular, pero si la solución consiste en repetir el mismo procedimiento durante demasiado tiempo, la tensión acaba transformándose en cansancio.

El sigilo: cuando esconderse da más miedo que los cenobitas

No todo podía ser placer, dolor y criaturas salidas de las peores pesadillas de Clive Barker. También hay secciones de infiltración que nos obligan a agacharnos, escondernos y utilizar objetos para distraer a los enemigos. Sobre el papel, no hay nada malo en introducir este tipo de situaciones para variar el ritmo, especialmente en una aventura que alterna constantemente sus mecánicas.

El problema es que estas partes resultan bastante menos interesantes que el resto. Las posibilidades para despistar a los adversarios son limitadas y la inteligencia artificial no siempre ayuda a que la infiltración resulte convincente. En determinados momentos, ser descubierto puede suponer la muerte inmediata, obligándonos a repetir una secuencia hasta aprender qué espera exactamente el juego de nosotros.

Estas secuencias no arruinan la experiencia, pero tampoco aportan demasiado. Hellraiser: Revival funciona mejor cuando nos deja explorar, combatir o utilizar la Configuración Génesis que cuando nos obliga a jugar al escondite con unas reglas demasiado rígidas. No todas las mecánicas necesitan aparecer en un juego, y aquí habría venido bien aplicar un poco más de esa filosofía.

El Laberinto es el auténtico espectáculo

En el apartado artístico es donde Hellraiser: Revival demuestra que entiende por qué la franquicia lleva décadas incomodando al público. No intenta suavizar sus imágenes ni convertir a los cenobitas en monstruos de catálogo. La violencia, las mutilaciones, el sufrimiento físico y las deformaciones corporales forman parte de su identidad, y Saber Interactive abraza esa herencia sin demasiados complejos.

El Laberinto es, con diferencia, uno de los grandes protagonistas. Sus estructuras imposibles, sus mecanismos, las cadenas y los restos humanos que cubren buena parte de sus espacios crean una arquitectura perturbadora que parece desafiar cualquier lógica. La presencia de Leviatán refuerza esa sensación de estar en un lugar que no responde a las reglas del mundo real. Hay escenarios que transmiten más inquietud por su diseño que por cualquier criatura que pueda aparecer de repente.

Las zonas situadas fuera de ese entorno también tienen momentos destacables, aunque su calidad es más irregular. Algunos pasillos, bosques y espacios de transición resultan bastante más genéricos, y el contraste hace que el Laberinto brille todavía más. Aun así, la dirección artística mantiene una identidad reconocible y las criaturas presentan suficiente variedad como para que los encuentros no parezcan una sucesión de enemigos intercambiables.

La representación de la violencia merece una mención especial. Las heridas, las mutilaciones y las reacciones de los cuerpos refuerzan el carácter visceral de los enfrentamientos. No es una propuesta para quienes prefieren el terror sugerido o los sustos más elegantes. Revival quiere que miremos lo que está ocurriendo, aunque una parte de nosotros preferiría apartar la vista.

Unreal Engine 5 y una ambientación que entra por los oídos

A nivel técnico, el juego utiliza Unreal Engine 5 para construir escenarios detallados, trabajar la iluminación y dar forma a sus ambientes más grotescos. El resultado es visualmente convincente, especialmente en el Laberinto, donde la iluminación y la composición de los escenarios ayudan a crear una atmósfera muy particular. No pretende ser el mayor espectáculo tecnológico de la generación, pero sabe aprovechar sus herramientas para reforzar la identidad visual.

El apartado sonoro también cumple una función importante. Los efectos de los golpes, los disparos y las mutilaciones refuerzan la crudeza de los enfrentamientos, mientras que las voces contribuyen a dar presencia a los personajes. Y aquí tenemos que detenernos en Doug Bradley, que vuelve a interpretar a Pinhead. Para los seguidores de las películas originales, escuchar de nuevo al actor asociado de forma tan estrecha con el personaje es un detalle que tiene un valor especial.

Los textos están en español, aunque las voces se mantienen en inglés. En cualquier caso, la ambientación sonora acompaña bien a una aventura que encuentra buena parte de su fuerza en la combinación de imágenes perturbadoras, espacios opresivos y criaturas que parecen haber sido diseñadas para arruinarte la noche.

Conclusiones

Clive Barker’s Hellraiser: Revival es una adaptación que entiende la esencia de la franquicia y tiene el valor de llevarla al videojuego sin limar sus aristas más desagradables. Saber Interactive ha construido una aventura de terror variada, con buen ritmo, una ambientación muy conseguida y una mecánica central, la Configuración Génesis, que aporta algunas de sus mejores ideas. El Laberinto es un escenario fantástico y la brutalidad visual encaja con una saga que nunca ha pretendido ser apta para todos los estómagos.

Sin embargo, el juego también tiene sus cadenas. El combate con armas de fuego resulta bastante convencional, las secciones de sigilo pueden frustrar más de lo que asustan y algunos jefes alargan sus enfrentamientos sin aportar demasiado. Además, ciertas mecánicas interesantes aparecen y desaparecen antes de que puedan desarrollarse todo lo que nos habría gustado.

Pese a ello, el conjunto funciona. Su variedad mantiene el interés durante una aventura que las fuentes sitúan aproximadamente entre las ocho y las doce horas, y su fidelidad al universo de Clive Barker le permite destacar incluso cuando sus sistemas jugables no terminan de sorprender. No estamos ante una revolución del survival horror, pero tampoco ante una licencia despachada con cuatro monstruos y un puñado de referencias para contentar a los fans.

Si sois seguidores de Hellraiser, aquí tenéis motivos de sobra para abrir la caja y dejar que el Laberinto os engulla. Si buscáis un juego de terror más general, encontraréis una aventura entretenida y visceral, aunque sus mecánicas más convencionales pueden impedir que alcance la categoría de imprescindible. Nosotros, desde luego, hemos visto infiernos bastante peores. Y algunos, encima, tenían tutoriales más largos.

Lo mejor

  • La ambientación y el respeto por el universo de Clive Barker.
  • El diseño del Laberinto y sus criaturas.
  • La Configuración Génesis, con ideas que aportan personalidad a los combates y los puzles.
  • La variedad de situaciones y el ritmo de la aventura.
  • El regreso de Doug Bradley como Pinhead.

Lo peor

  • Las secciones de sigilo son demasiado rígidas y pueden resultar frustrantes.
  • El combate con armas de fuego es bastante convencional.
  • Algunos jefes alargan demasiado los enfrentamientos.
  • La Configuración Génesis podría aprovecharse con más libertad.
  • Hay escenarios menos inspirados que contrastan con el espectacular Laberinto.

Ficha técnica

  • Juego: Clive Barker’s Hellraiser: Revival
  • Desarrollo: Saber Interactive
  • Producción: Saber Interactive
  • Plataformas: PC (versión analizada), Switch 2, PS5, Xbox Series X|S
  • Género: Aventura de acción / Survival Horror
  • Textos: Español
  • Voces: Inglés

Nota:

8,5/10

Una adaptación brutal y muy respetuosa con Hellraiser, capaz de atraparnos con su ambientación y la Configuración Génesis, aunque sus mecánicas más convencionales le impiden alcanzar el siguiente nivel.

*Este análisis de Hellraiser: revival ha sido posible gracias a una clave de PC facilitada por Premier

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