Desarrollador: Ubisoft Montpellier
Editor: Ubisoft
Plataformas: Nintendo Switch, PlayStation 4, PlayStation 5, Xbox Series X|S y PC
Catorce años. Ese es el tiempo que Prince of Persia ha permanecido en silencio, observando cómo el género de las plataformas evolucionaba sin su guía. Pero ahora, con The Lost Crown, la saga que ayudó a moldear los cimientos del gaming moderno renace en forma de un impecable Metroidvania, lleno de ritmo, precisión y ese aire místico que siempre definió a Persia.
Este no es un simple revival: es una declaración de principios. Ubisoft Montpellier demuestra que aún sabe cómo diseñar mundos que te atrapan y mecánicas que fluyen como un reloj de arena invertido.
Sargon, el nuevo rostro de la leyenda
Por primera vez, no encarnamos al clásico Príncipe, sino a Sargon, un guerrero de élite perteneciente a los Inmortales, la guardia más poderosa del reino. Todo comienza tras una aparente victoria: la guerra terminó, la reina celebra la paz y Sargon recibe honores por su valentía. Pero esa calma se rompe cuando el príncipe es secuestrado… por la mismísima líder de los Inmortales.
La persecución nos lleva al Monte Qaf, un lugar maldito donde el tiempo se ha deshecho. Pasado, presente y futuro se confunden, y lo que parecía una misión de rescate se convierte en una odisea mística entre realidades fracturadas.
La historia coquetea con los temas clásicos de la franquicia —el tiempo, el destino, la redención—, pero lo hace con un enfoque más introspectivo y, a veces, más humano. No todo funciona: hay tramos narrativos irregulares y personajes que se quedan a medio cocinar. Pero cuando la trama se centra en la acción y en los misterios del Monte Qaf, brilla.

Un Metroidvania con alma y ritmo
El gran triunfo de The Lost Crown es su diseño de niveles. Ubisoft Montpellier ha construido un mapa intrincado, vertical y lleno de secretos, que se abre poco a poco a medida que desbloqueamos nuevas habilidades.
El avance es puro sabor Metroidvania: zonas inaccesibles que nos tientan, rutas ocultas, jefes opcionales y esa sensación constante de que cada mejora tiene un propósito real.Además, se introduce un sistema brillante: las capturas del mapa. Podemos dejar marcadores visuales —auténticas mini capturas de pantalla— para recordar por qué no podíamos acceder a una zona. Un detalle simple, pero tan práctico que uno se pregunta cómo nadie lo hizo antes.

Plataformas precisas, combate elegante
Si Prince of Persia siempre fue sinónimo de movimiento, aquí alcanza su máxima expresión. El control de Sargon es una delicia técnica: fluido, preciso y con una curva de aprendizaje que engancha.
Comenzamos con lo básico —saltar, deslizarse, esquivar—, pero pronto se suman habilidades como el doble salto, el retroceso temporal o la capacidad de teletransportarse a un punto marcado. Cada nueva destreza expande las posibilidades del movimiento sin romper el equilibrio del juego.
Y cuando toca combatir, The Lost Crown demuestra la misma elegancia que en su diseño plataformero. El sistema es sencillo en la superficie —dos espadas, un arco y un chakram—, pero gana profundidad con parrys milimétricos, ataques cargados y habilidades especiales que se combinan con amuletos para ajustar el estilo de juego.Las batallas contra jefes están coreografiadas como si fueran duelos de danza acrobática: intensas, visualmente potentes y con ese toque de dramatismo que remite a la mítica trilogía de The Sands of Time.

El tiempo, una vez más, como mecánica y metáfora
El control del tiempo vuelve a ser el corazón de la experiencia. No solo en el combate, sino en la exploración. Hay puzles que juegan con la cronología, trampas que dependen del timing y desafíos que mezclan precisión con improvisación.No alcanza los niveles infernales de dificultad de Hollow Knight o Blasphemous, pero The Lost Crown encuentra su equilibrio: desafiante sin ser frustrante, recompensando la habilidad más que la paciencia.

Un mundo que respira historia
Visualmente, el juego apuesta por un estilo cartoon con cierta inspiración en el arte persa tradicional. No es un portento técnico, pero su dirección artística brilla con identidad. Cada región del Monte Qaf tiene su propio tono, su música, su ambientación y sus enemigos.Sí, algunos modelados pueden sentirse simples, pero el conjunto tiene un magnetismo que funciona. Hay personalidad en los templos, misterio en las ruinas y dinamismo en cada escenario.La banda sonora, cargada de percusión oriental y matices electrónicos, acompaña el viaje con fuerza y elegancia, reforzando esa sensación de mito moderno.
Duración, ritmo y recompensa
Completar la historia principal lleva unas 20 horas, aunque alcanzar el 100% puede extender la experiencia fácilmente hasta las 35. No hay relleno innecesario: todo tiene su razón de ser.El diseño del mapa evita zonas muertas, y aunque los puntos de viaje rápido son escasos, eso potencia la exploración orgánica. The Lost Crown te invita a recorrer su mundo, no solo a atravesarlo.
Conclusión – El regreso que nadie esperaba, pero todos necesitábamos
Prince of Persia: The Lost Crown es el golpe de frescura que la saga pedía a gritos. Un Metroidvania de primer nivel, que combina plataformas precisas, combate ágil y una ambientación poderosa.No reinventa el género, pero lo ejecuta con una maestría que solo se consigue con décadas de experiencia. La historia flojea a ratos, pero el diseño, la jugabilidad y la atmósfera más que compensan.Ubisoft no solo recupera una franquicia olvidada: recuerda cómo se siente jugar algo que está bien hecho de principio a fin.No será el juego del año, pero sin duda es uno de los mejores de su especie.
Y lo más importante: hace que Prince of Persia vuelva a brillar.

