Desarrollador: Virtuos / Bethesda Game Studios
Editor: Bethesda Softworks
Plataformas: PlayStation 5, Xbox Series X|S y PC


Han pasado casi dos décadas desde que The Elder Scrolls IV: Oblivion marcó un antes y un después en los juegos de rol de mundo abierto. En 2006, cuando todavía no soñábamos con los dragones de Skyrim, Bethesda nos invitó a recorrer los verdes valles y ruinas ancestrales de Cyrodiil, el corazón del Imperio. Aquella aventura nos enseñó lo que significaba libertad en un RPG: explorar, decidir, fallar, mejorar. Ahora, en 2025, Oblivion Remastered nos abre de nuevo las puertas de Tamriel, esta vez con una piel renovada gracias al trabajo conjunto de Virtuos y Bethesda, pero con el mismo espíritu que enamoró a toda una generación.


Un regreso a un mundo que definió una era

Desde el primer instante, el remaster apela directamente a la nostalgia. No solo por el nombre, sino por la forma en que Bethesda ha decidido mantener intacta su estructura, su ritmo y su esencia. Cyrodiil sigue siendo esa provincia imperial donde la magia, la política y la oscuridad se entrelazan, y donde un prisionero anónimo se convierte, casi por accidente, en el héroe que debe cerrar los portales del Infierno.

El juego se inicia del mismo modo que recordamos: en una celda húmeda y silenciosa, interrumpida por la inesperada visita del Emperador Uriel Septim y sus fieles Cuchillas, que buscan una vía de escape ante una conspiración que amenaza al Imperio. Ese encuentro fortuito marcará nuestro destino y servirá como prólogo perfecto para una historia que combina lo místico y lo político con un tono propio de una leyenda.

Lo primero que sorprende es cómo Oblivion Remastered ha sabido mantener el alma del original mientras se viste con un nuevo motor visual. Las texturas, la iluminación y los efectos ambientales se sienten mucho más nítidos, sin perder el aire clásico que lo distingue. La luz se filtra entre los árboles del Bosque Occidental, los reflejos del agua son hipnóticos, y los interiores de las mazmorras ganan una profundidad que antes solo imaginábamos.

Virtuos ha hecho un trabajo respetuoso: el Unreal Engine 5 se pone al servicio del recuerdo, sin alterar la geometría básica del mundo. No hay rediseños radicales ni reinterpretaciones artísticas, sino un pulido global que mejora la experiencia sin romperla.


Un RPG que sigue siendo referente

A pesar de los años, Oblivion continúa siendo un manual de diseño rolero. Su estructura puede parecer sencilla, pero su equilibrio entre libertad y propósito sigue funcionando a la perfección. Creamos nuestro personaje desde cero, eligiendo entre diez razas jugables, cada una con sus ventajas y rasgos únicos: desde los imperiales diplomáticos hasta los argonianos anfibios o los poderosos nórdicos.

El editor ha sido ligeramente actualizado, con nuevas opciones de iluminación facial y más naturalidad en las expresiones, aunque conserva el estilo original. No pretende competir con la precisión moderna de un RPG contemporáneo, sino mantener esa estética algo tosca que, paradójicamente, lo hace entrañable.

Una vez fuera de las catacumbas imperiales, el juego nos lanza al mundo abierto de Cyrodiil, sin apenas indicaciones ni restricciones. Podemos seguir la misión principal o ignorarla completamente. El jugador decide si salvar el mundo o perderse recolectando flores para pociones, cazando trolls o uniendo fuerzas con la Hermandad Oscura. Esa libertad total, casi anárquica, es lo que definió a la saga y lo que aquí sigue brillando con fuerza.


Libertad, decisiones y consecuencias

Oblivion siempre destacó por su sistema de progresión orgánico. No hay clases fijas al estilo clásico; nuestras habilidades mejoran a medida que las usamos. Si pasamos horas practicando con el arco, subiremos en arquería; si preferimos el sigilo, nuestras habilidades furtivas crecerán. Es un diseño simple, pero tremendamente efectivo, que recompensa la acción natural del jugador.

En esta versión remasterizada, Bethesda ha ajustado sutilmente los ritmos de progresión y ha optimizado las fórmulas de experiencia, haciendo que el avance resulte más coherente y menos forzado que en el original.

También regresan los signos zodiacales, que ofrecen bonificaciones únicas y fomentan la rejugabilidad. Y por supuesto, el siempre recordado minijuego de persuasión, con su mezcla entre carisma y azar, que nos permite convencer a los NPC para obtener mejores recompensas o simplemente enterarnos de los últimos chismes del pueblo.

El sistema de dificultad escalonada (principiante, aprendiz, adepto, especialista y eminencia) sigue presente, permitiendo adaptar la experiencia tanto a jugadores novatos como a veteranos que buscan un reto más puro.


Combate, sigilo y magia: tres caminos hacia la gloria

El combate, aunque familiar, se siente más fluido y reactivo. Las animaciones de ataque y defensa han sido retocadas, y ahora el cambio entre primera y tercera persona es más natural. Las espadas dejan estelas de luz, los impactos generan chispas visibles y las magias tienen efectos renovados sin perder su identidad clásica.

El sigilo conserva ese toque táctico y satisfactorio: el icono del ojo se cierra o abre en función de nuestra visibilidad, permitiendo ejecutar ataques sorpresa desde la sombra. La arquería, combinada con esta habilidad, resulta más precisa gracias al ajuste en el control y la física de proyectiles.

Por otro lado, la magia sigue siendo un pilar central. Crear hechizos, experimentar con efectos y combinar encantamientos otorga un grado de libertad que incluso muchos RPG actuales envidiarían. Las escuelas mágicas de Alteración, Destrucción, Restauración o Ilusión mantienen su identidad y pueden potenciarse hasta el nivel 100, como antaño.


Alquimia, exploración y el arte de perderse

Una de las virtudes más grandes de Oblivion siempre fue su capacidad para convertir lo cotidiano en aventura. Recoger flores, preparar pociones, entrar en casas ajenas, leer libros o encontrar tesoros ocultos… todo invita a la curiosidad.

El sistema de alquimia continúa intacto, pero con una interfaz más cómoda y filtros de ingredientes. Es una mecánica que recompensa la observación y el conocimiento del entorno, ideal para quienes disfrutan del ritmo pausado de exploración.

La sensación de descubrir ruinas olvidadas sigue siendo mágica. Las mazmorras, ahora con una iluminación dinámica mucho más realista, logran transmitir esa atmósfera de misterio y peligro que las caracterizaba. Algunos enemigos, como los daedra o los espectros, han recibido rediseños que les otorgan mayor presencia sin alterar su forma original.


Ciudades más bellas, pero menos vivas

Las ciudades de Cyrodiil, como la majestuosa Ciudad Imperial, Bruma o Anvil, lucen más detalladas que nunca. Los reflejos en los canales, la textura de las piedras, el brillo metálico de las armaduras imperiales… todo contribuye a una experiencia visual moderna. Sin embargo, el remaster no logra resolver una de las debilidades del juego original: la falta de densidad poblacional.

Los NPC siguen comportándose de manera algo robótica y los espacios, aunque mejor decorados, pueden sentirse vacíos. Bethesda ha mejorado la IA de rutinas diarias, pero sin llegar a la simulación viva que vimos años después en Skyrim.


Un viaje acompañado por su música

La banda sonora de Jeremy Soule vuelve a resonar con más nitidez y calidez gracias a una remasterización completa del audio. Los acordes orquestales, que transitan entre lo heroico y lo melancólico, siguen siendo una de las señas más poderosas del juego. Escuchar sus temas mientras atraviesas los campos de Cyrodiil es, simplemente, regresar a casa.

Aunque los diálogos permanecen en inglés, los subtítulos están completamente localizados. Se echa de menos un doblaje en castellano, especialmente en conversaciones secundarias no subtituladas, pero el resultado sigue siendo sólido.


Rendimiento técnico y optimización

Virtuos ha hecho un gran trabajo con el rendimiento. Las pantallas de carga —que antaño parecían eternas— ahora apenas duran unos segundos gracias al uso del SSD. El framerate se mantiene estable incluso en zonas de gran densidad visual, y los bugs clásicos se han reducido a meras anécdotas.

El inventario sigue siendo algo arcaico, especialmente al comparar con el de Skyrim, pero ha recibido mejoras de accesibilidad y un sistema de equipamiento rápido más funcional. Pequeños ajustes que respetan la esencia del original sin alterar su estructura.


Una aventura inmortal

Revisitar Oblivion en 2025 es más que una simple experiencia nostálgica. Es reencontrarse con una forma de entender los videojuegos que priorizaba la exploración, la imaginación y la libertad sobre los gráficos o la acción constante. Es volver a un mundo que no necesitaba guiarte cada paso, porque confiaba en tu curiosidad.

Oblivion Remastered no reinventa la fórmula, ni pretende competir con las producciones actuales en espectacularidad. Su propósito es otro: preservar la memoria de uno de los RPG más influyentes de la historia y permitir que nuevas generaciones conozcan por qué tantos jugadores se enamoraron de Tamriel.

En su sencillez hay una grandeza que el tiempo no ha erosionado. Entre castillos, portales ardientes y libros olvidados, sigue latiendo el mismo espíritu de aventura.

Por los Nueve Divinos, volved a Cyrodiil. No solo para recordar la historia que vivisteis, sino para volver a sentir cómo empezó todo.

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