Desarrollador: Reikon Games
Editor: Deep Silver
Plataformas: PC, PlayStation 5, Xbox Series X|S


En un mundo donde el término cyberpunk parece sinónimo de 2077, todavía hay estudios capaces de reinterpretar el género con frescura y contundencia. Metal Eden es una de esas obras que llegan sin hacer mucho ruido, pero que al poco de empezar te hacen entender que estás ante algo especial. Reikon Games, el estudio polaco responsable de Ruiner, regresa con un FPS que combina ritmo frenético, diseño agresivo y un universo que transpira decadencia tecnológica por cada uno de sus circuitos.

Desde el primer minuto, Metal Eden deja claro que no quiere ser otro clon de DOOM Eternal ni un sucedáneo de Cyberpunk 2077. Quiere ser su propio monstruo, y lo consigue.


Un infierno llamado Moebius

La historia nos sitúa en Moebius, una metrópolis corrompida por sus propios sistemas de defensa y convertida en una trampa mortal para todo ser viviente. El jugador encarna a ASKA, una hiperunidad cibernética diseñada para infiltrarse, analizar y erradicar la amenaza que se ha apoderado de la ciudad.

ASKA no es un héroe, ni siquiera un ser individual. Es una conciencia replicable, un alma artificial que se reconfigura en nuevos cuerpos cada vez que cae en combate. Este concepto —morir y volver a renacer con ligeras variaciones— aporta un trasfondo interesante: la sensación de que en Metal Eden no sobrevive nadie, solo los datos.

La narrativa, aunque no especialmente profunda, funciona por acumulación. No hay largos diálogos ni cinemáticas interminables, sino fragmentos de información dispersos: grabaciones, mensajes de ingenieros, ecos de una sociedad descompuesta que intenta justificarse mientras se hunde. El lore se filtra en pequeñas dosis, suficiente para construir un mundo opresivo donde la moral es un lujo del pasado.


Combate: velocidad, agresión y precisión

Si algo define a Metal Eden, es su jugabilidad basada en la movilidad constante. No hay tiempo para cubrirse, y quedarse quieto equivale a morir. Los enemigos rodean, flanquean, lanzan granadas y te obligan a improvisar cada segundo. La comparación con DOOM Eternal es inevitable, pero la propuesta de Reikon se siente distinta: más compacta, más visceral y con un énfasis mayor en el control del ritmo.

El juego te enseña rápidamente que no basta con disparar. Hay que moverse, usar el entorno, gestionar munición y dominar la mecánica estrella del título: la extracción de núcleos. Con un simple toque de tecla, ASKA puede arrancar el núcleo energético de un enemigo debilitado, obteniendo un recurso que puede lanzar como explosivo o consumir para entrar en modo furia, una breve pero devastadora ráfaga de poder que puede cambiar el curso de una batalla.

Este sistema no solo añade espectacularidad, sino que introduce una capa estratégica esencial. Saber cuándo absorber energía y cuándo arriesgarte a hacerlo en medio del fuego cruzado se convierte en la diferencia entre la gloria y el reinicio.


Armas que se sienten, se escuchan y se disfrutan

El arsenal de Metal Eden merece mención aparte. Desde escopetas de retroceso devastador hasta rifles de energía y lanzagranadas que convierten el escenario en una fiesta de metralla y neón, cada arma tiene personalidad. Lo más interesante es cómo se integran las mejoras modulares, disponibles en puntos de ajuste repartidos por los niveles.

Puedes acoplarle a tu subfusil un lanzagranadas secundario, añadir un sistema de apuntado automático a la magnum o incluso dotar a la escopeta de un modo de disparo alternativo de plasma. Estas modificaciones cambian radicalmente la manera de jugar, y su correcta combinación marca la diferencia en las fases más duras.

Cada accesorio mejora además estadísticas pasivas del arma (daño, cadencia, estabilidad), lo que anima a experimentar y encontrar tu build ideal. Reikon ha sabido dosificar bien la progresión: nunca te abruman con opciones, pero siempre sientes que estás evolucionando.


El movimiento como arte letal

Correr por las paredes, usar el gancho, impulsarte con la mochila propulsora o deslizarte bajo fuego enemigo se vuelve tan natural que, al cabo de unas horas, te sorprendes encadenando maniobras que parecerían imposibles en otro FPS.

Metal Eden no es solo rápido: es elegante. El control es preciso, el salto tiene el peso justo y las físicas acompañan a cada acción. El nivel de fluidez recuerda a los mejores momentos de Titanfall 2, y las arenas de combate están diseñadas para aprovechar esa verticalidad.

Además, los escenarios están plagados de rutas alternativas, pasillos ocultos y atajos que recompensan la exploración. Entre tiroteos, podrás visitar terminales para comprar mejoras o encontrar fragmentos de lore que expanden el trasfondo de Moebius.


Un festín visual y conceptual

En el apartado artístico, Metal Eden brilla con luz propia. Su visión del cyberpunk no se limita al cliché de neones y hologramas: Moebius es una ciudad viva, podrida, con capas superpuestas de civilización y ruina. Cada distrito tiene su propia identidad —desde los barrios inundados de luz roja hasta las torres corporativas devoradas por la vegetación sintética— y transmite la sensación de que el mundo sigue existiendo aunque tú no estés mirando.

La dirección de arte acierta al combinar lo industrial con lo biotecnológico. No hay nada gratuito: los cables que serpentean por el suelo, las pantallas rotas que muestran anuncios de implantes, los restos de androides que sirven de decoración urbana… todo contribuye a una ambientación absorbente.

El apartado técnico acompaña: el juego corre sólido incluso en configuraciones medias, con un rendimiento excelente y tiempos de carga mínimos. La versión de PC destaca por su nivel de detalle y su soporte para trazado de rayos, aunque también brilla en consolas de nueva generación.


Un sonido que golpea

El compositor Sonic Mayhem (conocido por su trabajo en Deus Ex: Mankind Divided o Mass Effect 3) firma una banda sonora que es puro combustible sintético. Las guitarras distorsionadas se mezclan con pulsos electrónicos y percusiones industriales, creando un paisaje sonoro que te empuja a mantener el ritmo del combate.

Cada arma suena como un instrumento de destrucción distinto: el chasquido seco de una magnum, el rugido metálico de la escopeta o el zumbido de los drones enemigos forman parte de una sinfonía cibernética perfectamente calibrada. Es uno de esos juegos que, incluso sin música, seguiría sonando espectacular.


Duración, ritmo y contenido

La campaña principal ronda las 10 horas, aunque puede alargarse algo más si te detienes a explorar o a completar todos los desafíos. No es un título excesivamente largo, pero sí compacto: no hay relleno, no hay momentos muertos. Cada nivel introduce algo nuevo, ya sea un tipo de enemigo, una mecánica de movimiento o un jefe con un patrón distinto.

Los jefes merecen especial mención. Son duelos intensos, con mecánicas bien definidas que obligan a aprender sus rutinas, aprovechar el escenario y usar cada recurso disponible. Algunos de ellos se quedarán grabados en tu memoria, tanto por su diseño visual como por la brutalidad de los enfrentamientos.


Pulido técnico y rendimiento impecable

Reikon Games retrasó el lanzamiento original de mayo a septiembre, y a la vista del resultado, fue una decisión acertada. Metal Eden llega sin bugs significativos, con una IA enemiga competente y una optimización excelente. Los enemigos cooperan, flanquean, se cubren y te rodean si te confías. Es raro encontrar un FPS moderno tan sólido en su lanzamiento.

El título ofrece múltiples opciones gráficas, controles personalizables y soporte completo para mando y teclado. El framerate se mantiene estable incluso en los momentos más caóticos, lo cual es vital en un juego donde la velocidad lo es todo.


Conclusión: la redención del ciberinfierno

Metal Eden no inventa el FPS, pero sí lo refina con una energía y estilo propios. Es un título que entiende el género cyberpunk desde la crudeza: no desde el brillo de los neones, sino desde la desesperación de sus habitantes.

Su combate es adictivo, su estética hipnótica y su rendimiento ejemplar. Reikon Games ha conseguido lo que muchos estudios no: ofrecer un shooter frenético, desafiante y con identidad.

Puede que su historia no revolucione el género, o que el repertorio de enemigos sea algo limitado en el tramo final, pero la intensidad de sus tiroteos y la atmósfera opresiva de Moebius compensan con creces cualquier carencia.

Si disfrutas con títulos como DOOM Eternal, Ghostrunner o The Ascent, Metal Eden es un viaje al corazón del caos cibernético que no deberías perderte.


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