Desarrollador: Voidmaw
Editor: Acclaim Inc.
Plataformas: PC, PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch


En los últimos años, el género roguelite se ha convertido en el patio de recreo de los estudios independientes. Títulos como Dead Cells, Hades o Rogue Legacy 2 han demostrado que el fracaso puede ser una forma de progreso, y la muerte, un paso necesario hacia la perfección. En ese terreno saturado de propuestas, Katanaut busca abrirse un hueco añadiendo una capa de terror cósmico y ciencia ficción industrial que lo separa del resto.

El estudio debutante Voidmaw no se ha limitado a imitar las fórmulas exitosas del pasado: ha decidido fusionar la estructura metroidvania con el frenesí del combate roguelite, y vestirlo con una ambientación que parece un cruce entre Dead Space y Event Horizon. El resultado es una experiencia intensa, sangrienta y sorprendentemente elegante, que llega bajo el paraguas de una renacida Acclaim Inc., ahora reconvertida en editora independiente.

¿Logra Katanaut brillar entre tantos descendientes de Dead Cells o se pierde en la inmensidad del vacío? Acompáñanos en este descenso a los infiernos de acero y mutaciones.


Un ninja en el abismo

La historia de Katanaut no pretende revolucionar el género, pero sí consigue crear una atmósfera inquietante y efectiva. Tomamos el control de Naut, un mercenario cibernético que, junto a sus compañeros Carver y Nox, responde a una misteriosa señal de socorro proveniente de una estación espacial abandonada. Lo que encuentran allí es algo peor que la muerte: una estructura viva, corrompida por una presencia cósmica que transforma a los humanos en criaturas grotescas y biomecánicas.

Pronto, Naut se ve atrapado en un bucle temporal: cada vez que muere, vuelve a despertar en la zona segura de la estación, rodeado de otros mercenarios y supervivientes que le ofrecen ayuda o mejoras a cambio de las células de energía obtenidas durante las incursiones. El guion es deliberadamente minimalista: no hay largas cinemáticas ni giros argumentales, sino un conjunto de ecos narrativos y diálogos crípticos que alimentan la sensación de aislamiento y desesperanza.

Aunque los personajes secundarios apenas se desarrollan, cumplen su función como soporte para el tono general del juego: todos parecen resignados a su destino, como si la estación Moira —así se llama el enclave— fuese un purgatorio en el que cada intento de redención está condenado a repetirse.


Acción: filo, fuego y reflejos

Donde Katanaut realmente destaca es en su sistema de combate. El juego combina el cuerpo a cuerpo con la acción a distancia, exigiendo al jugador una gestión constante de resistencia, munición y habilidades especiales. Naut empuña una katana como arma principal y puede portar un arma secundaria —pistola, cuchilla energética o incluso lanzador sónico— que se cambia sobre la marcha.

Cada movimiento cuesta energía, y abusar de la barra de resistencia puede dejarte vendido ante los enemigos. La clave está en medir los tiempos, combinar ataques cortos con habilidades especiales y aprovechar los momentos de vulnerabilidad del rival. Esta mecánica recuerda más a Nioh o Hollow Knight que a los shooters puros, y añade una capa táctica que premia la precisión por encima de la velocidad bruta.

A medida que avanzas, obtienes nuevas espadas con patrones de ataque únicos, habilidades activas y mejoras temporales. Algunas permiten cortes sónicos a distancia, otras generan ondas de choque o ataques cargados capaces de perforar armaduras mutantes. Además, el disparo secundario se recarga al golpear enemigos, lo que incentiva un estilo de juego agresivo y arriesgado.

El sistema de progreso se apoya en la fórmula roguelite clásica: morir significa perder buena parte del botín, pero también regresar con nuevos fragmentos de memoria que desbloquean mejoras permanentes, como más salud, resistencia o nuevas armas. La sensación de avance es constante, aunque cada partida se siente diferente gracias a los niveles generados proceduralmente.


Exploración: entre el laberinto y la trampa

La estructura de Katanaut bebe directamente del metroidvania. Cada nivel es un sector de la estación Moira, con sus propios biomas —laboratorios, jardines artificiales, hangares, zonas de defensa— conectados por portales vectoriales que permiten el viaje rápido y el acceso a rutas alternativas.

Los escenarios cambian con cada incursión, y eso mantiene el ritmo fresco, aunque a veces la aleatoriedad puede jugar en contra. Algunos niveles tienden a repetir diseños o colocar pasillos sin salida, lo que puede romper la inmersión. Por suerte, el juego incorpora un minimapa claro y un sistema de marcadores que ayuda a orientarse.

Durante la exploración encontrarás vectores especiales, portales que pueden llevarte a zonas secretas con objetos raros o trampas mortales. La imprevisibilidad es parte del encanto: nunca sabes si tras una puerta te espera una mejora legendaria o una criatura colosal.

La movilidad es otro de los pilares. Naut puede saltar, deslizarse, correr por paredes y esquivar, lo que hace que moverse por los entornos sea un placer. Sin embargo, cada acción consume resistencia, de modo que abusar de la agilidad puede dejarte sin recursos justo cuando más los necesitas.

El control es preciso, pero las escaleras —curiosamente— son uno de los pocos puntos débiles del diseño: subirlas o bajarlas a veces requiere colocarte con exactitud, y eso puede resultar molesto en medio de la acción. Un detalle menor, pero que rompe ligeramente el flujo.


Los horrores del vacío

El catálogo de enemigos en Katanaut es tan grotesco como variado. Desde humanos corrompidos por mutaciones hasta abominaciones biomecánicas cubiertas de carne y metal, todos ellos tienen un diseño que parece sacado de una pesadilla de Lovecraft en gravedad cero. Algunos se abalanzan con ataques cuerpo a cuerpo, otros disparan proyectiles que puedes desviar con tu espada, y los más peligrosos mezclan ambos estilos.

A medida que avanzas, los enemigos se vuelven más agresivos, introduciendo nuevas combinaciones de ataques y patrones. En las fases más avanzadas, incluso deberás enfrentarte a una entidad cósmica que puede aparecer de forma aleatoria y perseguirte sin descanso. Solo hay dos formas de escapar: alcanzar la puerta de salida o encontrar un altar de sangre para disiparla. Este elemento dinámico introduce una tensión constante y recuerda a los mejores momentos de Dead Space o Returnal.

Los jefes principales son cuatro, cada uno con mecánicas únicas. Ninguno resulta injusto, pero todos exigen dominar el movimiento y los reflejos. Aprender sus patrones, esquivar en el momento exacto y castigar durante las ventanas de oportunidad proporciona esa satisfacción tan propia de los roguelites bien diseñados.


Progresión, botín y mejoras

Entre incursiones, podrás regresar a la zona segura, un espacio que funciona como centro de operaciones. Allí encontrarás comerciantes como The Smoker, un pirata espacial que ofrece armas y habilidades a cambio de células de energía; un santuario de sabiduría con citas de jugadores; e incluso un gato al que puedes acariciar (porque, ya se sabe, eso siempre suma puntos GOTY).

En este refugio puedes invertir tus recursos en implantes, mejoras permanentes o ventajas que potencian tu salud, daño o movilidad. También puedes hablar con tus compañeros, que ocasionalmente te entregan objetos aleatorios o aparecen durante las partidas para ayudarte.

El sistema de botín es generoso: cada nivel está plagado de cofres, armas secundarias y habilidades temporales. Algunas duran hasta morir, otras pueden conservarse entre runs. Lo importante es que siempre tienes la sensación de progreso, incluso cuando fracasas.

El único inconveniente es que, en ocasiones, varios objetos se apilan en el mismo punto y resulta difícil seleccionar el que quieres recoger, sobre todo si hay un portal vectorial cerca. Son pequeños detalles de interfaz que podrían pulirse con actualizaciones futuras.


Apartado visual: biomecánica y decadencia

Estéticamente, Katanaut es un deleite macabro. Los escenarios mezclan acero oxidado, luces estroboscópicas y biotecnología retorcida. La influencia de Event Horizon es evidente, pero también hay ecos de Alien y Blame! en su dirección artística.

Cada zona tiene su propio color y textura: los laboratorios rezuman un tono verde enfermizo, los jardines hidropónicos se cubren de raíces y vísceras, y los pasillos industriales laten con luz roja, como si la estación misma estuviera viva.

Las animaciones son fluidas y la acción se siente contundente. Cuando Naut corta a un enemigo, la cámara vibra lo justo y las partículas de sangre salpican las paredes con un realismo estilizado. Algunos efectos, como la ralentización temporal o las distorsiones cromáticas durante los combates finales, aportan un toque cinematográfico muy bien logrado.


Sonido y música

El compositor Sebastian Splinter firma una banda sonora basada en sintetizadores y percusiones electrónicas que acompañan el ritmo frenético de los combates. No pretende ser melódica, sino atmosférica: vibra, retumba y te mantiene alerta. En las batallas contra jefes, el tono se vuelve más oscuro y disonante, evocando el pánico y la desesperación de estar solo en un entorno hostil.

El diseño de sonido, aunque discreto, es efectivo. Cada impacto de espada suena metálico y visceral; los gemidos de los mutantes y el zumbido de los sistemas de ventilación crean una textura sonora que refuerza la inmersión.


Duración y rejugabilidad

Completar Katanaut por primera vez lleva entre 6 y 8 horas, dependiendo de tu habilidad y de la suerte con la generación de niveles. Al terminarlo, se desbloquea un modo de teletransportación con nuevos modificadores y enemigos más agresivos, aunque la rejugabilidad puede quedarse corta para los jugadores que buscan profundidad a largo plazo.

Voidmaw ha prometido actualizaciones frecuentes —de hecho, desde el lanzamiento el estudio ha publicado parches casi diarios—, y eso demuestra un compromiso genuino con la comunidad.


Conclusión: filo, sangre y estrellas

Katanaut no reinventa el roguelite, pero lo ejecuta con estilo y personalidad. Es un juego que combina lo mejor del metroidvania clásico con la intensidad de los combates modernos, envuelto en una atmósfera de terror cósmico digna del mejor cine de ciencia ficción.

Tiene defectos —una narrativa algo superficial, niveles algo repetitivos y una rejugabilidad limitada—, pero su ritmo, estética y contundencia lo convierten en un debut notable para Voidmaw. Si lo tuyo son los desafíos, los reflejos y los ambientes donde cada pasillo parece una amenaza, Katanaut es una joya oscura que merece tu tiempo.


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