El salto de la saga Anno a la Antigua Roma es uno de esos movimientos que se sienten inevitables y, al mismo tiempo, arriesgados. Durante décadas, la serie ha explorado distintos momentos de la historia humana, desde la expansión colonial hasta el amanecer industrial o las utopías futuristas. Sin embargo, nunca había mirado hacia la época clásica, a un Imperio donde la política, la religión y el comercio estaban entrelazados con una precisión casi matemática. Anno 117: Pax Romana llega para llenar ese vacío, y lo hace con una propuesta que no solo reinterpreta la gestión urbana desde un punto de vista histórico, sino que la envuelve en una ambientación que resulta tan evocadora como absorbente.

Desde el primer minuto, el juego deja claro que no quiere ser un simple experimento temático. Ubisoft Mainz se ha propuesto capturar el espíritu de Roma no solo en sus edificios y monumentos, sino en la manera en que las sociedades se organizan, las clases sociales interactúan y las decisiones políticas moldean la prosperidad de una provincia. En ese sentido, Anno 117 es un viaje al corazón de un imperio en expansión, donde cada piedra levantada tiene implicaciones culturales y económicas, y donde cada comerciante o sacerdote cumple un papel dentro de un engranaje gigantesco que nunca deja de moverse.


Una Roma viva en cada detalle

El mayor triunfo del juego, y el que probablemente más tiempo perdure en la memoria del jugador, es su capacidad para crear una Roma creíble, densa y visualmente cautivadora. La dirección artística de Ubisoft Mainz es impecable: los tonos cálidos de las tejas, las sombras proyectadas sobre los foros y los caminos empedrados, los templos que relucen al amanecer y el bullicio constante del mercado componen una postal viva que invita a detenerse en cada rincón. El nivel de detalle es abrumador; los campesinos trabajan la tierra, los centuriones patrullan con precisión casi coreográfica, y los vendedores discuten precios en latín vulgar mientras los niños corren entre columnas.

Más allá del apartado visual, el diseño sonoro añade otra capa de realismo. Los cánticos religiosos, las fanfarrias militares o el murmullo de las fuentes crean una sensación de inmersión difícil de igualar. El equipo de sonido ha construido un paisaje auditivo coherente con la época, sin abusar de clichés cinematográficos. De hecho, la música se dosifica con inteligencia: aparece en momentos concretos, realzando transiciones o hitos narrativos, pero nunca satura. Todo esto convierte a Anno 117 en una experiencia sensorial más refinada que explosiva.


La estrategia como espejo del poder

El núcleo jugable sigue siendo el mismo que ha definido a la serie: construir, gestionar y optimizar. Pero el contexto romano introduce una capa adicional de complejidad política y social. Ya no se trata únicamente de mantener a la población alimentada y contenta; ahora hay que gestionar el equilibrio entre las distintas clases sociales, cada una con sus demandas y privilegios. Los plebeyos necesitan grano y entretenimiento; los patricios exigen mármol, vino y espectáculos; los ciudadanos libres se preocupan por la estabilidad fiscal y la seguridad. Ignorar a cualquiera de estos grupos puede desatar disturbios o pérdida de influencia ante el Senado.

El sistema de favor imperial es una de las mecánicas más interesantes. Funciona como una mezcla de reputación y poder político, que permite desbloquear decretos o reformas con efectos directos sobre la economía o la diplomacia. A medida que expandes tu provincia, puedes optar por distintos enfoques: una gestión autoritaria y centralizada que maximice la producción a costa de la felicidad ciudadana, o un modelo más equitativo y cooperativo que fomente el crecimiento lento pero estable. En este sentido, el juego permite cierta libertad ideológica, invitándote a reflexionar sobre el tipo de líder que quieres ser.

Las rutas comerciales también adquieren un peso mayor que en entregas anteriores. Cada región produce recursos específicos —aceite, hierro, vino, papiro— y la red de transporte marítimo requiere una planificación cuidadosa. Los vientos, los impuestos portuarios e incluso los conflictos con tribus bárbaras pueden alterar el equilibrio de tus ingresos. Gestionar esta red es tan satisfactorio como arriesgado, y da lugar a momentos en los que una sola decisión logística puede marcar la diferencia entre la prosperidad y el colapso económico.


Latium y Albion: dos formas de gobernar

Una de las novedades más destacadas de Anno 117: Pax Romana es la dualidad de sus campañas principales, que te permite elegir entre dos escenarios radicalmente distintos: Latium, el corazón del Imperio, y Albion, una provincia periférica en proceso de romanización.

Latium ofrece una experiencia más tradicional, centrada en la administración de una ciudad consolidada. Aquí la atención se pone en la diplomacia, la burocracia y la construcción de monumentos imperiales. Es un entorno ideal para quienes disfrutan de la planificación a gran escala y la optimización económica. Por el contrario, Albion apuesta por un tono más narrativo y de supervivencia: un territorio hostil, con recursos escasos, inestabilidad política y amenazas constantes de rebelión. Este enfoque añade un toque de riesgo y dramatismo que refresca la fórmula.

Ambos escenarios están diseñados con mimo y se sienten coherentes con su identidad. Cambian los recursos, la climatología, los eventos aleatorios y la actitud de la población. Incluso el estilo arquitectónico evoluciona según el grado de romanización de la región. Es un detalle que demuestra la atención al contexto histórico y que ofrece una rejugabilidad notable sin recurrir a mecánicas forzadas.


El pulso del Imperio: economía, cultura y religión

En Anno 117, la economía no es solo una cuestión de números. Cada decisión tiene un trasfondo cultural o religioso. Por ejemplo, la construcción de templos dedicados a distintas deidades afecta el estado de ánimo de la población, pero también puede modificar la producción o abrir rutas de comercio con otras provincias. La religión, lejos de ser un adorno, actúa como un sistema político alternativo, capaz de reforzar o desafiar el poder del gobernador.

La cultura también juega un papel clave. Organizar festivales, construir teatros o promover la educación mejora el prestigio y atrae inmigrantes, pero implica un gasto considerable. El jugador debe decidir constantemente entre invertir en infraestructuras productivas o en la cohesión social. Esta tensión es, probablemente, lo que da más profundidad al juego: una simulación de que gobernar un imperio no es solo acumular riqueza, sino también administrar el orden simbólico que mantiene unida a la población.

Ubisoft Mainz ha sabido integrar todos estos sistemas sin caer en la sobrecarga. El ritmo de aprendizaje es progresivo, y las nuevas mecánicas se introducen con naturalidad. Eso sí, las primeras horas pueden resultar abrumadoras para quienes se acerquen por primera vez a la serie. Anno 117 no simplifica su complejidad: exige paciencia y atención, pero recompensa con una satisfacción genuina cuando todo empieza a funcionar como un mecanismo perfectamente sincronizado.


Apartado técnico y rendimiento

A nivel técnico, el juego muestra la madurez del motor Snowdrop, que logra un equilibrio admirable entre detalle y fluidez. Las ciudades pueden crecer hasta dimensiones colosales sin que el rendimiento se vea comprometido. La iluminación dinámica, los reflejos en el mármol y las animaciones de los ciudadanos aportan vida a cada escena. Es un placer ver cómo las sombras cambian de posición a lo largo del día o cómo el clima afecta visualmente a las calles.

El rendimiento en consolas es estable, aunque las versiones de PC permiten una mayor personalización gráfica y soporte para resoluciones ultrapanorámicas. Los tiempos de carga son razonables, y el autosave frecuente minimiza los riesgos de pérdida de progreso. Se agradece, además, la inclusión de un modo fotografía que invita a detenerse y contemplar las ciudades como si fueran lienzos digitales.


Narrativa y tono

Aunque Anno 117 sigue siendo, ante todo, un juego de gestión, Ubisoft Mainz ha querido dar mayor peso a la narrativa contextual. A través de eventos, informes del Senado y cartas de personajes secundarios, se va tejiendo una historia de ambición, corrupción y legado. No hay héroes ni villanos absolutos; solo funcionarios, gobernadores y ciudadanos intentando sobrevivir dentro de una maquinaria imperial.

La escritura es sobria y evita los anacronismos, pero sabe introducir toques de ironía y humanidad que dan vida a los personajes. La sensación de pertenecer a una estructura política más grande que uno mismo —una constante en la saga— está aquí más presente que nunca.


Diseño de misiones y ritmo

El diseño de misiones mantiene el equilibrio entre libertad y dirección. Cada capítulo introduce nuevos objetivos, pero el jugador puede decidir cómo y cuándo alcanzarlos. Hay momentos de tensión —sequías, revueltas, guerras fronterizas— que alteran el ritmo y obligan a improvisar estrategias. La curva de dificultad está bien ajustada, aunque algunos picos repentinos pueden sorprender incluso a los veteranos.

En general, el ritmo de progresión es pausado pero constante. La satisfacción no proviene de grandes explosiones o batallas espectaculares, sino del crecimiento sostenido y armónico de tus ciudades. Cada mejora, cada decreto y cada monumento construido da una sensación de permanencia que pocos juegos de estrategia consiguen transmitir.


Conclusión

Anno 117: Pax Romana es una declaración de intenciones y una demostración de madurez. Ubisoft Mainz ha logrado algo delicado: trasladar la esencia de Anno a una época con reglas distintas sin traicionar lo que hace grande a la saga. Es un city builder que sazona la gestión clásica con matices políticos, religiosos y culturales que enriquecen la experiencia.

Si te entusiasman los juegos de construcción y administración y además te atrae la historia, este título será una experiencia adictiva: construyes, contemplas y sientes que tu ciudad forma parte de algo mayor. No es perfecto —la interfaz y el ritmo inicial pueden poner a prueba la paciencia de algunos—, pero sus virtudes superan con creces los defectos. En un año donde el catálogo de estrategia está más competido que nunca, Anno 117 brilla por ofrecer una propuesta con identidad propia: no solo construyes ciudades, levantas un fragmento de historia.

En resumen: recomendable para veteranos de la saga y, con paciencia, también para quienes busquen su primer gran city builder histórico.

Lo mejor

  • Dirección artística e inmersión histórica: Uno de los apartados visuales y sonoros más logrados de la saga.
  • Adaptación jugable al periodo romano: Las mecánicas se sienten coherentes con la ambientación y aportan nuevas capas estratégicas.
  • Sandbox profundo: Gran rejugabilidad gracias a distintas configuraciones provinciales y políticas.
  • Campaña con decisiones políticas: Misiones que sí importan y dan peso narrativo a la expansión.
  • Rendimiento sólido: Buen equilibrio entre calidad gráfica y estabilidad.

Lo peor

  • Interfaz sobria y a veces abrumadora: Falta un pulido que haga los menús más agradables para principiantes.
  • Ritmo inicial algo lento: Las primeras horas pueden sentirse didácticas hasta que fluye la economía.
  • Falta de contenido “extra” en el lanzamiento: Esperas más modos o actividades secundarias para ampliar la variedad desde el día uno.
  • Cierto conservadurismo en la innovación: No reinventa el género; pule y adapta la fórmula con éxito, pero los cambios no son revolucionarios.

Desarrollador: Ubisoft Mainz
Editor: Ubisoft
Plataformas: PC, PlayStation 5, Xbox Series X|S

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