Encontrar un metroidvania que aporte algo realmente nuevo al género es cada vez más complicado. El catálogo actual está repleto de propuestas inspiradas en clásicos y, aunque muchas funcionan, pocas se atreven a romper el molde. GIGASWORD, desarrollado por Studio Hybrid y publicado por Akupara Games, es una de esas excepciones. Desde su primera aparición pública llamó la atención por una idea simple pero potentísima: un metroidvania en el que la espada —gigantesca, descomunal, ridículamente pesada— no solo es un arma, sino la base del diseño de niveles, la resolución de puzles y la identidad del protagonista.

Tras jugarlo con calma, la sensación que deja es clara: GIGASWORD tiene una visión muy particular del género, un tono oscuro que sorprende y una mecánica principal memorable. Pero al mismo tiempo convive con decisiones severas, curvas de dificultad frustrantes y algunos errores técnicos que empañan lo que podría haber sido una obra impecable.


El último hilo de esperanza en un mundo condenado

La premisa de GIGASWORD parece sencilla: Ezra, un joven humano que ha sobrevivido más por azar que por habilidad, recibe la oportunidad de salvarse junto a su mejor amigo, un miembro de la raza Nocturne, habitantes de la misteriosa torre Nestrium. Por primera vez en mucho tiempo, Ezra tiene algo parecido a un futuro.

Ese pequeño rayo de esperanza se derrumba cuando los humanos de Thoenhart invaden el Nestrium, masacran a los Nocturne y desencadenan una corrupción que se expande por todo el mundo, deformando a criaturas y personas en horrores lovecraftianos. Ezra, inmune a esta corrupción por motivos desconocidos, se ve obligado a empuñar la GIGASWORD de su amigo caído y emprender un camino que no esperaba: convertirse en el único capaz de detener el desastre.

La narrativa combina tragedia, crecimiento personal y un tono oscuro que rara vez da tregua. No es habitual encontrar un metroidvania que apueste por una historia tan marcada por el duelo, la culpa y la responsabilidad. Ezra no es un héroe; es alguien asustado, testarudo, humano en sus fallos. Su evolución está bien construida, aunque contada mediante cinemáticas más largas de lo habitual —un arma de doble filo que ralentiza notablemente el inicio del juego.

Aun así, el mensaje que transmite la historia, centrado en la resiliencia y en aceptar el peso del propio destino, funciona sorprendentemente bien. El mundo es opresivo, pero Ezra aprende a moverse en él con determinación, y ese contraste hace que el jugador conecte con su viaje.


Una espada que define toda la experiencia

El punto más fuerte del juego es, sin duda, la mecánica de la GIGASWORD. No es un arma cualquier: lenta, pesada, torpe… y clave para absolutamente todo. Al llevarla a cuestas, el movimiento se vuelve limitado, los saltos son cortos y el combate requiere paciencia. Pero al clavarla en el suelo, Ezra pierde la capacidad de atacar, aunque gana movilidad: puede correr, saltar mejor y alcanzar zonas antes imposibles.

Esta dicotomía convierte cada enfrentamiento y cada habitación en un pequeño rompecabezas. ¿Es mejor cargar la espada y arriesgarse a morir por lentitud, o dejarla clavada y explorar sabiendo que cualquier enemigo será letal?

A partir de esa idea, el juego construye casi toda su propuesta:

  • Puzles basados en transportar la espada usando plataformas, elevadores o poleas.
  • Mecanismos que solo responden a la espada como si fuera una llave.
  • Sectores del mapa diseñados para obligarte a pensar en el camino ideal que permita recuperar el arma.

El diseño de niveles es uno de los mejores aspectos del juego. La torre Nestrium tiene una coherencia estética y mecánica envidiable. Incluso sin tutoriales extensos, el jugador comprende rápidamente cómo interactuar con cada elemento gracias a una comunicación visual clara.

Por desgracia, esa brillantez convive con un nivel de precisión excesiva. Algunos saltos requieren posicionarse al píxel. Las secuencias más avanzadas del «vuelo espiritual» —una forma especial que Ezra obtiene— exigen ejecutarlo todo en margenes ínfimos. Y ciertos enemigos pueden romper tu ritmo con apenas un milisegundo de ventaja.

Lo más frustrante, sin embargo, no es la dificultad en sí, sino la estructura de guardado. El punto de «curación» no cuenta como guardado a menos que el jugador seleccione manualmente esa opción. Fallar en esto puede hacerte retroceder zonas enteras. Un sistema arcaico para un juego que intenta ser moderno.


Exploración y secretos – Un Nestrium fascinante, aunque críptico

Buscar secretos en GIGASWORD es una parte esencial del progreso. Los coleccionables —zanahorias, plumas, cofres con geodas— permiten mejorar la espada y la salud, haciendo las secciones difíciles más llevaderas.

El problema surge con las paredes rompibles:

  • Todas tienen grietas, pero algunas son prácticamente invisibles.
  • En áreas oscuras, la grieta se funde con el fondo.
  • A veces, incluso mirando de cerca, es fácil pasarlas por alto.

El resultado es un sistema que recompensa la exploración, pero que puede generar frustración innecesaria. El jugador no falla por no pensar, sino porque simplemente no ha visto un detalle mínimo en pantalla.


Combate pesado, táctico y visualmente imponente

El combate de GIGASWORD es tan particular como su mecánica principal. Blandir la espada es satisfactorio, con una sensación real de peso, pero exige una lectura del enemigo más pausada que en otros metroidvania.

Los jefes son, probablemente, lo mejor del juego.
Oscuros, grotescos y con patrones bien diseñados, ofrecen un desafío justo y memorable. Ninguno parece injusto, ni siquiera cuando derrotan a Ezra por un mal cálculo. La victoria siempre se siente merecida.

Si no fuera por pequeños fallos de ritmo y alguna que otra colisión dudosa, estaríamos ante uno de los mejores sistemas de combate de su categoría.


El talón de Aquiles de la aventura

Aunque la experiencia depende mucho de la plataforma, es innegable que GIGASWORD salió con múltiples errores. Algunos de los más notorios incluyen:

  • Cofres de recuperación (post-muerte) que aparecen en lugares incorrectos.
  • Salas mágicas imposibles de completar por fallos gráficos.
  • Mapas que se desbloqueaban solos.
  • Cinemáticas con recuadros negros permanentes.
  • Paredes rompibles que no se rompían.

Pixel art con alma sombría

Visualmente, GIGASWORD es precioso. Su pixel art combina tonos oscuros, criaturas deformadas y arquitectura imposible para transmitir un mundo marcado por la ruina. Cada sala tiene algo que contar; cada enemigo, una historia en su diseño.

La banda sonora acompaña con un enfoque melancólico, usando melodías ambientales que refuerzan la sensación de soledad y peligro. No es un juego que busque temas memorables, sino atmósferas, y en eso cumple con sobresaliente.


Conclusión

GIGASWORD es un metroidvania único, valiente y lleno de ideas brillantes. Su mecánica principal es una de las más originales del género en años y sostiene un diseño de niveles notable. La historia sorprende por su profundidad y su tono maduro, mientras que el combate y los jefes ofrecen momentos memorables.

Sin embargo, arrastra decisiones de diseño demasiado severas, secciones muy exigentes y problemas técnicos que lastran la experiencia. Aun así, cuando funciona bien, es una aventura fascinante y distinta, de las que se quedan en la memoria.


Lo Mejor

  • La mecánica central de la GIGASWORD, original y muy bien integrada.
  • Diseño de niveles creativo y lleno de puzles memorables.
  • Jefes visualmente impresionantes y con patrones justos.
  • Pixel art con personalidad y un mundo oscuro convincente.
  • Historia sorprendentemente madura y emocional.

Lo Peor

  • Requiere precisión exagerada en demasiados momentos.
  • Sistema de guardado poco intuitivo y frustrante.
  • Paredes rompibles difíciles de identificar.
  • Algunos errores técnicos que afectan al progreso.
  • Ritmo narrativo irregular, especialmente al inicio.

Desarrollador: Studio Hybrid

Editor: Akupara Games

Plataformas: Xbox Series X|S, PlayStation 5, Nintendo Switch, PC

Puntuación Final: 7/10

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