Un pacto sellado en metal y desesperación
Heart Machine, el estudio californiano responsable de Hyper Light Drifter y Solar Ash, regresa con Possessor(s), una experiencia que combina la acción intensa y el diseño metroidvania con una narrativa existencialista sobre la identidad, la pérdida y la simbiosis entre humano y demonio. Publicado por Devolver Digital, el juego mantiene el sello visual característico del estudio —una mezcla entre lo onírico y lo decadente—, pero esta vez en una estructura 2D más tradicional, aunque igualmente ambiciosa.
En Possessor(s) no hay héroes claros ni caminos definidos: hay ruinas, rencor y redención. La historia nos sitúa en Sanzu, una ciudad devastada por una invasión demoníaca, donde una joven llamada Luca intenta sobrevivir tras un pacto con un demonio herido llamado Rhem. Lo que comienza como una búsqueda de propósito se convierte pronto en una travesía por un mundo donde la carne y la máquina se funden, y donde cada rincón parece ocultar tanto belleza como dolor.
Heart Machine vuelve a demostrar su obsesión por los mundos fragmentados —tanto físicos como emocionales—, pero esta vez se adentra en el territorio del caos controlado: un juego que exige perderse para poder entenderse.

Una alianza forjada en la ruina
El prólogo de Possessor(s) es breve pero contundente. Luca, una estudiante que pierde las piernas y a su mejor amiga durante un ataque demoníaco, acepta un trato con Rhem, un ser infernal que necesita ayuda para regresar a su mundo. A cambio, él le otorga prótesis mecánicas para que pueda caminar de nuevo. Tres años después, ambos se embarcan en una odisea por los restos de Sanzu, buscando los cuatro “ojos” que abrirán la bóveda de Agradyne, la corporación responsable del colapso.
Esta relación simbiótica entre Luca y Rhem es el núcleo emocional del juego. Sus conversaciones son escasas, pero cargadas de ambigüedad y tensión. Rhem no es un simple acompañante; es una voz interna, un parásito que comparte tanto poder como culpa. Heart Machine explora aquí un tema recurrente en su obra: la coexistencia entre la humanidad y lo inhumano como única vía de supervivencia.

El arte (y el tormento) de perderse
A nivel estructural, Possessor(s) es un metroidvania puro: exploración libre, progresión por habilidades y combate cuerpo a cuerpo. Sin embargo, la libertad que ofrece puede convertirse fácilmente en desorientación. El mapa de Sanzu es vasto, fragmentado y deliberadamente confuso. Cada zona está repleta de callejones sin salida, puertas cerradas y rutas que parecen conducir a ninguna parte.
La ausencia de una guía clara o de un sistema de orientación más intuitivo hace que la exploración, en lugar de resultar estimulante, se torne frustrante en ciertos momentos. Aunque el jugador puede colocar marcadores en el mapa, estos no ofrecen información contextual, por lo que resulta fácil olvidar su propósito horas después. Heart Machine busca recrear la sensación de estar perdido en un mundo decadente, pero a veces lo consigue demasiado bien.
El combate, por su parte, es ágil y visceral, aunque algo repetitivo. Luca comienza armada con dagas, pero pronto accede a un repertorio más variado que incluye una guitarra eléctrica convertida en arma y varias técnicas demoníacas. Los enfrentamientos son frenéticos, aunque se ven empañados por la escasa variedad de enemigos y la necesidad constante de recorrer largas distancias entre puntos de guardado.

Belleza entre la desolación
Si algo caracteriza a Possessor(s), es su inconfundible estilo visual. Heart Machine despliega un arte pixelado lleno de matices, donde los edificios colapsados, los cielos rasgados por grietas anaranjadas y las máquinas deformadas componen un paisaje apocalíptico fascinante. Sanzu no es un escenario: es un personaje más, un reflejo del trauma y la reconstrucción que viven sus protagonistas.
Cada área del juego —desde la Colina del Campus hasta el Centro Comercial Abandonado— está diseñada con mimo, pero también con una crudeza que roza lo incómodo. La dirección artística logra que incluso los objetos más mundanos, como un archivador o una maceta, se transformen en monstruos grotescos. Destacan especialmente los jefes, criaturas híbridas que parecen salidas de un cuadro surrealista biomecánico, evocando ecos de Akira y Evangelion.
El ritmo, sin embargo, es irregular. Possessor(s) tarda demasiado en ofrecer un sentido de progreso tangible. Los primeros compases pueden resultar exasperantes, con secciones de exploración sin recompensa inmediata y un combate que, al repetirse, pierde impacto. Solo tras muchas horas se revela su verdadera profundidad: el descubrimiento de un mercader aliado, la mejora de habilidades y la apertura de nuevas rutas que cambian la percepción del mapa.

Narrativa y simbolismo
La historia de Possessor(s) no se cuenta de manera lineal. Fragmentos de memoria y flashbacks se entrelazan para revelar lentamente la relación entre Luca y Rhem, así como los horrores que condujeron a la caída de Sanzu. Este enfoque minimalista puede resultar desconcertante, pero encaja con la atmósfera de incertidumbre que domina el juego.
Más allá de su trama, Possessor(s) utiliza la narrativa ambiental y el simbolismo para explorar temas como la deshumanización tecnológica, la pérdida de identidad y la crítica al capitalismo corporativo. Agradyne, la megacorporación antagonista, es una alegoría directa de las empresas que consumen al individuo en nombre del progreso. En ese sentido, el juego funciona tanto como una fábula distópica como una introspección psicológica.

Un infierno hermoso
En lo visual, Possessor(s) es una obra impecable. Su paleta de colores combina tonos neón con matices oscuros que acentúan la sensación de ruina y alienación. Cada animación —desde las prótesis de Luca hasta los parpadeos inquietantes de los enemigos— está diseñada con un cuidado casi artesanal.
La música, compuesta por Disasterpeace (colaborador habitual de Heart Machine), refuerza esa dualidad entre serenidad y caos. Los temas ambientales mezclan sintetizadores suaves con distorsiones eléctricas, creando una atmósfera que oscila entre lo melancólico y lo amenazante. El diseño de sonido —gritos metálicos, zumbidos demoníacos, ecos distantes— contribuye a una inmersión que, aunque perturbadora, resulta hipnótica.

Dificultad y accesibilidad
Possessor(s) no es un juego fácil, pero su dificultad no reside en la agresividad de los enemigos sino en la estructura laberíntica de su mundo. El desafío radica en orientarse, en entender el ritmo interno del mapa. No obstante, el sistema de control responde bien, y las animaciones mantienen una fluidez constante incluso en combates caóticos.
Donde flaquea es en accesibilidad: carece de opciones para personalizar la interfaz o ajustar el contraste visual, lo cual puede dificultar la experiencia en sesiones prolongadas. El guardado y los puntos de viaje rápido son escasos, lo que añade tensión, pero también frustración.

Conclusión
Possessor(s) es una experiencia tan fascinante como imperfecta. Heart Machine ha creado un mundo desolado que invita a perderse —y, paradójicamente, a encontrarse— dentro de su propio desconcierto. Su estética sublime, su atmósfera opresiva y su subtexto filosófico lo convierten en un título imprescindible para los amantes del metroidvania experimental.
Sin embargo, su falta de dirección, el exceso de retrocesos y un ritmo desigual pueden desalentar a quienes buscan una experiencia más fluida. Aun así, Possessor(s) no deja indiferente: es una obra que exige paciencia, pero recompensa con una de las ambientaciones más inquietantes y hermosas del género.

Lo mejor
- Estética visual impecable, con escenarios y criaturas memorables.
- Profundidad temática y simbolismo narrativo coherente.
- Banda sonora atmosférica que equilibra calma y tensión.
- Relación entre Luca y Rhem cargada de matices emocionales.
Lo peor
- Falta de orientación clara y exceso de retrocesos.
- Ritmo irregular en la progresión y combates repetitivos.
- Escasa variedad de armas y enemigos.
- Opciones de accesibilidad limitadas.
Desarrollador: Heart Machine
Editor: Devolver Digital
Plataformas: PC, PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch
Puntuación final: 7.5/10 – Un viaje deslumbrante al corazón del desorden.
