El género de la supervivencia lleva años viviendo una especie de saturación creativa. Entre propuestas de mundo abierto, sistemas de crafteo cada vez más complejos y bucles jugables que priorizan la acumulación de recursos por encima de la experiencia narrativa, resulta difícil encontrar un título que realmente destaque o, al menos, que tenga una personalidad propia reconocible desde los primeros minutos. A esto se suma la proliferación de juegos con vista isométrica, un enfoque que, si bien facilita el diseño de escenarios y sistemas, también puede caer con facilidad en lo genérico.

Con I Hate This Place, el estudio Rock Square Thunder decide lanzarse a una mezcla arriesgada: supervivencia, acción isométrica, crafteo, terror y una identidad visual heredada directamente del cómic homónimo en el que se basa. El resultado no es una revolución del género, pero sí una propuesta con carácter, con ideas claras y con una atmósfera que consigue atrapar al jugador mucho más de lo que uno podría esperar en un primer vistazo.


Premisa y universo

La historia de I Hate This Place nos pone en la piel de Elena, una adolescente de carácter agrio y poco dada a la épica, que se ve atrapada en una extraña “tierra maldita”. Bosques densos, pueblos abandonados y búnkeres subterráneos conforman un mundo hostil en el que nada parece responder a una lógica convencional. Desde el primer momento queda claro que este no es un lugar amable ni acogedor, y que sobrevivir será el principal objetivo.

El juego bebe directamente del cómic original, algo que se nota tanto en el tono como en la construcción del mundo. No obstante, no es necesario conocer la obra en la que se basa para disfrutar de la experiencia. De hecho, el título hace un buen trabajo presentando su universo poco a poco, dejando espacio para el misterio y evitando sobreexplicar sus reglas. Hay referencias constantes a leyendas, a figuras inquietantes como el “hombre cornudo” y a sucesos pasados que invitan a seguir explorando.


Jugabilidad: supervivencia con identidad propia

En términos jugables, I Hate This Place se estructura alrededor de un ciclo de día y noche muy marcado, que condiciona por completo la forma de jugar. Durante el día, el mundo resulta relativamente manejable: podemos explorar con mayor libertad, recolectar recursos, enfrentarnos a enemigos menos agresivos y planificar nuestras siguientes acciones. Es el momento de avanzar, de investigar el entorno y de preparar el equipo necesario para lo que vendrá después.

La noche, en cambio, transforma el juego en algo mucho más tenso. La visibilidad se reduce, los enemigos se vuelven notablemente más peligrosos y cualquier error puede pagarse caro. En este contexto, el sigilo y la planificación pasan a ser tan importantes como la acción directa. No siempre es buena idea disparar a todo lo que se mueve, especialmente teniendo en cuenta que la munición es un recurso escaso y valioso.


Crafteo y gestión de recursos

Uno de los pilares del juego es su sistema de crafteo, que, sin llegar a ser excesivamente complejo, sí resulta lo suficientemente profundo como para aportar variedad y estrategia. Nuestra base de operaciones es una granja familiar que funciona como zona segura, donde podremos construir estaciones de trabajo, fabricar armas, mejorar equipo y preparar defensas.

El equilibrio entre lo que se puede fabricar y los recursos disponibles está bastante bien ajustado. La munición, por ejemplo, no se consigue con facilidad, lo que obliga a pensar cuidadosamente cuándo usar armas de fuego y cuándo recurrir al combate cuerpo a cuerpo o a armas arrojadizas. Esta limitación no se siente artificial, sino que refuerza la sensación constante de peligro y precariedad.


Combate y equipamiento

El sistema de combate combina acción directa con elementos tácticos. Elena puede llevar equipada un arma cuerpo a cuerpo, un arma arrojadiza y varias armas de fuego, lo que permite adaptarse a distintas situaciones. Las armas cuerpo a cuerpo resultan esenciales para conservar munición, mientras que las armas de fuego quedan reservadas para encuentros especialmente peligrosos.

El combate no es especialmente complejo en términos de mecánicas, pero funciona bien gracias a la variedad de enemigos y a la presión constante que ejerce el entorno. No estamos ante un juego que premie la acción desenfrenada, sino más bien la toma de decisiones inteligentes y el uso eficiente de los recursos.


Exploración y diseño de escenarios

El diseño de los escenarios destaca por su coherencia visual y narrativa. Los bosques transmiten una sensación de amenaza latente, los pueblos abandonados cuentan historias silenciosas a través de su arquitectura y los búnkeres subterráneos se convierten en auténticos focos de tensión. En estos últimos, el sonido ambiental y la iluminación juegan un papel clave para generar inquietud.

Los búnkeres también sirven como puntos de contacto con los miembros de una extraña secta. Estos personajes, lejos de ser simples enemigos o aliados, aportan una capa adicional de misterio al mundo del juego. Nos ofrecen orientación, misiones secundarias y fragmentos de información que ayudan a entender —aunque nunca del todo— qué está ocurriendo realmente en este lugar.


Misiones secundarias: variedad y ritmo

Las misiones secundarias son uno de los aspectos más agradables de I Hate This Place. Si bien no todas son memorables, muchas de ellas introducen situaciones distintas a la exploración habitual, rompiendo la rutina y aportando variedad al ritmo del juego. Algunas destacan por su planteamiento original, mientras que otras brillan por las recompensas que ofrecen, como diagramas para nuevas armas o mejoras de equipo.

Este enfoque consigue que el jugador se sienta constantemente motivado a explorar cada rincón del mapa. Siempre existe la posibilidad de encontrar algo útil, ya sea un nuevo plano, un recurso raro o una pista sobre los misterios que rodean a la tierra maldita.


Sistema de guardado: tensión a la vieja usanza

Uno de los detalles más interesantes del diseño es su sistema de guardado limitado. Solo es posible salvar la partida en determinados puntos, concretamente en televisiones repartidas por el mundo. Este planteamiento recuerda a los clásicos del survival horror y añade una capa extra de tensión a la exploración, especialmente durante la noche o en zonas peligrosas.

Aunque puede resultar frustrante para algunos jugadores acostumbrados al guardado automático constante, este sistema encaja perfectamente con la filosofía del juego y refuerza su identidad.


Apartado artístico: un cómic interactivo

Visualmente, I Hate This Place es uno de esos juegos que entran por los ojos desde el primer minuto. Su estilo gráfico inspirado en el cómic es coherente, atractivo y muy bien ejecutado. Los modelados, las animaciones y el uso del color contribuyen a crear una atmósfera única, que se diferencia claramente de otras propuestas del género.

Uno de los detalles más llamativos es la inclusión de onomatopeyas visuales, típicas de las viñetas de cómic, que aparecen durante la acción. Este recurso no solo refuerza la identidad visual del juego, sino que también añade un toque de personalidad y humor que contrasta con el tono oscuro del conjunto.


Sonido y ambientación: el verdadero corazón del juego

Si el apartado visual destaca, el sonido es, sin duda, uno de los grandes protagonistas. La ambientación sonora está cuidadosamente trabajada, con efectos que transmiten tensión, peligro y soledad. Durante la noche o en los búnkeres, el diseño de sonido consigue generar auténticos momentos de inquietud, haciendo que el jugador se mantenga en constante alerta.

La música, cuando aparece, acompaña sin imponerse, dejando que los sonidos ambientales sean los verdaderos responsables de construir la atmósfera. Es un trabajo sobresaliente que demuestra una clara comprensión de la importancia del audio en juegos de este estilo.


Ritmo y duración

La duración del juego es bastante adecuada para lo que propone. No se alarga innecesariamente ni cae en la repetición excesiva, aunque es cierto que algunos tramos pueden resultar algo monótonos si se encadenan demasiadas sesiones de exploración similares. Aun así, el equilibrio entre exploración, combate, crafteo y narrativa se mantiene sólido durante la mayor parte de la aventura.


Conclusión

I Hate This Place no pretende reinventar la rueda ni marcar un antes y un después en el género de la supervivencia. Sin embargo, lo que sí consigue es ofrecer una experiencia con identidad propia, apoyada en una dirección artística muy marcada, una ambientación sonora sobresaliente y un diseño jugable que sabe cuándo tensar al jugador y cuándo darle un respiro.

Es un juego que probablemente disfrutarán más quienes estén familiarizados con el cómic original, pero que también funciona perfectamente como experiencia independiente. Su mundo invita a ser explorado, sus misterios generan curiosidad y su atmósfera consigue que incluso los momentos más tranquilos estén cargados de tensión.

Puede que Elena odie este lugar, pero es muy probable que muchos jugadores acaben sintiéndose cómodamente atrapados en él.


Lo mejor

  • Dirección artística con identidad propia
  • Ambientación sonora sobresaliente
  • Buen equilibrio entre exploración, combate y crafteo
  • Ciclo día/noche bien integrado en la jugabilidad
  • Misiones secundarias con ideas interesantes

Lo peor

  • No innova de forma radical en el género
  • Algunos tramos pueden resultar repetitivos
  • El sistema de guardado puede no gustar a todos

Desarrollador: Rock Square Thunder
Editor: Feardemic
Plataformas: Nintendo Switch, PC, PlayStation 5, Xbox Series X|S


Nota: 8,6/10

Este análisis ha sido posible gracias a una clave de PC proporcionada por Pirate PR

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