Barro en la línea de fondo y una pizca de Mario Kart: Nintendo reinventa su tenis más desenfadado con la entrega más explosiva de la saga.
Hay sagas que viven cómodas en la repetición y otras que necesitan reinventarse cada cierto tiempo para no quedar atrapadas en su propia fórmula. Mario Tennis llevaba años en esa fina línea entre el continuismo y la necesidad de dar un golpe sobre la mesa. Tras una entrega anterior que no terminó de dejar huella, Camelot y Nintendo han decidido agitar la coctelera y añadir un ingrediente inesperado: el caos estructurado de Mario Kart. El resultado es Mario Tennis Fever, un título que entiende que el tenis es tensión, ritmo y precisión… pero también espectáculo, imprevisibilidad y risas compartidas en el sofá.
Fever no es un simulador, ni pretende serlo. Es una celebración del tenis como excusa para el desenfreno, donde un resto liftado puede convivir con una bola de fuego que transforma la pista en un campo minado. Lo sorprendente es que, lejos de romper el equilibrio, esta nueva dirección consigue que cada partido sea más estratégico que nunca. Puede parecer contradictorio, pero bajo su capa de caos hay un diseño medido al milímetro.

Las raquetas Furor: el punto de inflexión
La gran novedad de Mario Tennis Fever son las raquetas Furor, y no es exagerado decir que redefinen por completo la experiencia. Estas raquetas especiales, equipables a cualquiera de los 38 personajes disponibles, incorporan habilidades únicas que se activan al llenar un medidor mediante intercambios exitosos.
El concepto es sencillo: jugar bien alimenta el Furor; desatarlo en el momento oportuno puede cambiar el rumbo del partido. Pero la ejecución es lo que marca la diferencia. Algunas raquetas modifican la trayectoria de la pelota con efectos imprevisibles; otras alteran directamente el terreno de juego, generando superficies heladas, zonas de barro que ralentizan al rival o incluso bolas envueltas en llamas que exigen reflejos felinos.
El giro brillante está en el sistema de contraataque. Si el oponente logra devolver el golpe Furor antes de que la pelota bote en su campo, el efecto se invierte. Lo que iba a ser tu jugada maestra puede convertirse en tu propia condena. Esta mecánica convierte cada activación en una apuesta calculada, donde la lectura del rival es tan importante como la ejecución.
El resultado son partidos más frenéticos, sí, pero también más mentales. Saber cuándo guardar el Furor, cuándo forzar un intercambio largo o cuándo sorprender con una dejada tras un efecto de barro marca la diferencia entre la victoria y el desastre.

Caos con fundamento: técnica clásica intacta
A pesar del protagonismo de las raquetas Furor, Mario Tennis Fever no olvida la base deportiva. Se mantienen los golpes tradicionales: liftados, cortados, globos y dejadas, cada uno con su utilidad específica. El juego recompensa la lectura táctica constante. Si el rival sube a la red, un globo bien medido puede romper su ofensiva. Si se atrinchera en el fondo, una dejada quirúrgica puede desmontar su defensa.
La magia de Fever está en cómo combina ambos mundos. Un intercambio clásico puede derivar en una activación Furor que transforme la pista en una trampa resbaladiza, obligando a improvisar sobre la marcha. La pantalla puede llenarse de estímulos, pero nunca se pierde la sensación de control. Es un equilibrio delicado que Camelot maneja con sorprendente solvencia.
Eso sí, no todo está perfectamente ajustado. Algunas combinaciones —como la raqueta de barro junto a un abuso sistemático de dejadas— pueden resultar excesivamente eficaces. En partidas informales esto se traduce en carcajadas; en entornos competitivos puede generar cierta sensación de desequilibrio. Es un terreno que Nintendo deberá vigilar si quiere que el online tenga recorrido a largo plazo.

Personajes y pistas: variedad que importa
El plantel de 38 personajes es amplio y variado, cada uno con estadísticas y sensaciones distintas. No es lo mismo jugar con Mario, equilibrado y versátil, que con Baby Mario, más ligero y ágil pero menos potente. Hay perfiles pensados para el juego agresivo, otros para la defensa paciente y algunos que brillan especialmente en dobles.
La personalización mediante raquetas Furor multiplica las combinaciones posibles. Encontrar la sinergia perfecta entre personaje y raqueta se convierte en parte del atractivo, invitando a experimentar y adaptarse.
Las pistas también aportan su grano de arena. Algunas alteran el bote de la pelota; otras introducen elementos dinámicos que cambian el ritmo del partido. La pista selvática, con plantas carnívoras y terreno variable, obliga a replantear cada punto. No son simples decorados: influyen activamente en la estrategia.

Dobles: donde Fever alcanza su máxima expresión
Si hay un modo donde Mario Tennis Fever brilla con luz propia es en los partidos dobles. Aquí el caos se multiplica, pero también la profundidad táctica. Cada jugador cuenta con una barra de vitalidad que disminuye al sufrir efectos Furor. Si se agota, el personaje queda fuera durante diez golpes, dejando a su equipo en inferioridad.
Este detalle introduce una capa adicional de tensión. Proteger a un compañero debilitado, coordinar activaciones Furor o decidir cuándo arriesgar para forzar la salida temporal de un rival son decisiones que elevan la experiencia. En dobles, Fever es pura electricidad.
Modos de juego: luces y sombras
En solitario, el juego ofrece varias opciones: torneos, desafíos y una Torre de los Retos con pruebas variadas. Sin embargo, el Modo Historia es el apartado más flojo. La premisa —una maldición que convierte a los personajes en bebés mientras buscan una manzana dorada para salvar a Peach— sirve de excusa para un largo tutorial disfrazado de academia.
La primera mitad, centrada en explicaciones y minijuegos formativos, se alarga más de lo deseable. La segunda, con retos lineales y enfrentamientos contra versiones baby de villanos clásicos, cumple sin entusiasmar. Se deja completar en unas cuatro horas y no aporta gran profundidad narrativa ni mecánica.
Es un contenido funcional, pero lejos del nivel del multijugador.

Pistas Maravilla y surrealismo marca Nintendo
Uno de los añadidos más celebrados son las Pistas Maravilla, inspiradas en Super Mario Wonder. Al activar la flor maravilla, el partido se transforma temporalmente en un minijuego delirante: hipopótamos que ocultan objetivos, tuberías cambiantes o desafíos para recolectar semillas especiales.
Son momentos de ruptura que refuerzan el tono festivo. Puede que no gusten a quienes busquen competición pura, pero como experiencia social funcionan de maravilla.

Multijugador y online: la razón de ser
Mario Tennis Fever está concebido para jugar en compañía. En local, ya sea en la misma consola o en red interna, es un imán de risas. Online, las partidas se han mostrado estables, algo crucial en un juego donde el más mínimo lag puede arruinar la precisión.
También incluye un modo opcional con control por movimiento usando los Joy-Con. Funciona de manera aceptable, aunque no alcanza la precisión del control tradicional. Es más una curiosidad que un pilar central.

Apartado técnico y presentación
En Switch 2, Fever luce nítido y colorido, manteniendo fluidez incluso en los momentos más cargados. El estilo artístico vibrante y la claridad visual permiten que el caos nunca resulte confuso. En modo portátil mantiene el tipo con solvencia.
No es un salto técnico revolucionario, pero sí una evolución pulida y coherente.

Conclusiones
Mario Tennis Fever es el golpe de efecto que la saga necesitaba. Las raquetas Furor aportan frescura sin sacrificar profundidad, y el multijugador —especialmente en dobles— alcanza cotas de diversión altísimas. No todo es perfecto: el Modo Historia es prescindible y ciertos desequilibrios requieren ajuste. Pero como experiencia social y competitiva desenfadada, es un imprescindible del catálogo de Switch 2.
Fever no busca ser el tenis más puro. Busca ser el más divertido. Y lo consigue.
Lo mejor
- Las raquetas Furor reinventan la fórmula con acierto
- Dobles frenéticos y estratégicos
- Multijugador local y online sólido
- Variedad de personajes y pistas
Lo peor
- Modo Historia largo y poco inspirado
- Algunas combinaciones pueden resultar desequilibradas
- El control por movimiento es anecdótico
Desarrollador: Camelot
Editor: Nintendo
Plataformas: Nintendo Switch 2
Nota: 8/10
Hemos podido realizar este análisis para Switch 2 gracias a Nintendo
