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El terror lovecraftiano lleva años encontrando su sitio en el videojuego, con propuestas que han sabido capturar —con mayor o menor acierto— esa sensación de insignificancia frente a lo desconocido. En ese contexto llega Cthulhu: The Cosmic Abyss, una nueva apuesta que intenta diferenciarse dentro del género combinando investigación, exploración y mecánicas propias de un detective.

La premisa es potente: ciencia ficción cercana, una estación minera en el fondo del Pacífico y la desaparición de varios científicos en circunstancias misteriosas. Nosotros encarnamos a Noah, un agente especializado en casos ocultos, cuya misión le llevará a enfrentarse no solo a enigmas complejos, sino a algo mucho más perturbador: la constante sensación de estar siendo observado por una presencia incomprensible… algo digno del mismísimo Cthulhu.

Sin embargo, lo que empieza como una propuesta prometedora pronto revela una cara más irregular de lo esperado.


Un detective frente al abismo

Uno de los mayores aciertos del juego es su ambientación. Desde los primeros compases, Cthulhu: The Cosmic Abyss consigue sumergirte —literal y figuradamente— en un mundo opresivo, oscuro y cargado de misterio.

La narrativa de Cthulhu se desarrolla a través de entornos que invitan a la exploración pausada: instalaciones abandonadas, pasillos submarinos que parecen no tener fin y estructuras antiguas que desafían toda lógica. A medida que avanzamos, la historia se vuelve más inquietante, introduciendo elementos que van más allá de la ciencia para adentrarse en lo sobrenatural.

Aquí es donde el juego brilla con más fuerza: en su capacidad para generar inquietud constante. No es un terror basado en sustos fáciles, sino en la incomodidad, en la duda y en esa sensación de que algo no encaja.


El sonar: una idea interesante… llevada al extremo

El principal elemento jugable de Cthulhu: The Cosmic Abyss es su sistema de exploración basado en un sonar. Sobre el papel, la idea es muy atractiva: en lugar de limitarse a inspeccionar objetos de forma tradicional, el jugador debe escanear el entorno utilizando distintas frecuencias.

Cada tipo de objeto tiene su propia “firma”, y una vez descubierta, podemos usar esa frecuencia para detectar otros elementos similares. Además, el sistema permite combinar varias frecuencias para afinar la búsqueda.

Suena bien, ¿verdad? El problema es cómo se implementa.

En la práctica, el jugador pasa una cantidad excesiva de tiempo ajustando frecuencias, activando y desactivando combinaciones y tratando de encontrar el equilibrio perfecto para detectar lo que necesita. Esto convierte algo que debería ser dinámico en un proceso tedioso.

Lejos de reforzar la inmersión, el sistema de Cthulhu acaba rompiendo el ritmo del juego. Explorar una simple habitación puede convertirse en una tarea mecánica y repetitiva, donde el ensayo y error sustituye a la intuición.

Y en un juego donde la atmósfera es clave, este tipo de fricción se nota más de la cuenta.


La Bóveda: pensar o rendirse

Otro de los pilares del juego es la llamada “Bóveda”, una especie de tablero donde organizamos todas las pistas recopiladas durante la investigación.

Aquí es donde Cthulhu apuesta claramente por un enfoque más cerebral. No basta con encontrar pistas: hay que analizarlas, relacionarlas y construir teorías coherentes para avanzar.

La idea es muy interesante y, en muchos momentos, funciona realmente bien. Hay cierta satisfacción en conectar los puntos, en descubrir cómo encajan las piezas del puzle y en avanzar gracias a tu propio razonamiento.

Pero también es un arma de doble filo.

El juego apenas ofrece guía, lo que puede resultar frustrante en más de una ocasión. No es raro quedarse bloqueado sin tener claro qué hacer a continuación, especialmente cuando las conexiones entre pistas no son del todo evidentes.

Por suerte, existe una IA llamada Key que puede ayudarnos si lo necesitamos. Su sistema de asistencia progresiva es bastante inteligente: primero da pistas vagas y, si insistimos, acaba señalando la solución.

Es una herramienta útil, pero también puede romper la satisfacción de resolver los enigmas por uno mismo.


Ritmo pausado… a veces demasiado

Si hay algo que define la experiencia de Cthulhu: The Cosmic Abyss, es su ritmo.

Este no es un juego para todo el mundo. Aquí no hay acción constante ni momentos de adrenalina. Todo gira en torno a la exploración metódica, la observación y el análisis.

Esto puede ser un punto a favor para quienes disfrutan de experiencias pausadas y reflexivas. Pero para muchos jugadores, el ritmo puede resultar excesivamente lento.

El problema no es solo la lentitud en sí, sino cómo se combina con las mecánicas. El uso constante del sonar y la gestión de pistas en la Bóveda hacen que el avance se sienta más pesado de lo necesario.

Hay momentos en los que el juego parece pedirte paciencia… demasiada paciencia.


Dificultad y accesibilidad

Otro aspecto a tener en cuenta es la dificultad. Incluso en su modo estándar, Cthulhu no es un juego especialmente accesible.

La falta de indicaciones claras, sumada a la complejidad de sus sistemas, puede hacer que algunos jugadores se sientan perdidos. No obstante, el juego incluye un modo exploración que suaviza la experiencia.

Este modo ofrece ventajas como escaneos ilimitados, menor presión por parte de la corrupción que afecta al protagonista y más ayudas en general. Es una opción recomendable para quienes quieran centrarse más en la historia que en el desafío.


Primeras sensaciones

Tras varias horas, la sensación es agridulce. Por un lado, Cthulhu: The Cosmic Abyss tiene una base muy interesante: una ambientación sobresaliente, una narrativa intrigante y mecánicas que buscan innovar.

Pero por otro, esas mismas mecánicas parecen no haber encontrado el equilibrio adecuado. Lo que debería aportar profundidad acaba generando frustración.

Y eso, en un juego que depende tanto de su atmósfera, es un problema importante.


Un descenso prometedor a la locura que tropieza en lo técnico y en su propio diseño

Si ya hablábamos de una base jugable interesante pero irregular, es en el apartado técnico y en el diseño global donde Cthulhu: The Cosmic Abyss termina de mostrar sus mayores debilidades. Porque sí, la propuesta tiene personalidad, pero también arrastra una serie de problemas que afectan directamente a la experiencia.

Y cuando hablamos de un juego donde la inmersión lo es todo —especialmente tratándose de una obra inspirada en el horror cósmico de Cthulhu—, cualquier fallo se vuelve mucho más evidente.


Un apartado técnico que no está a la altura

Vamos a empezar por lo más evidente: el rendimiento.

El juego está desarrollado en Unreal Engine 5, lo que a priori debería traducirse en un apartado visual potente. Y en cierto modo lo es. Hay escenarios realmente logrados, con una iluminación sugerente y diseños que capturan muy bien esa sensación de antigüedad y misterio.

Sin embargo, todo esto se ve empañado por problemas técnicos bastante notorios.

Durante la partida es fácil encontrarse con caídas de rendimiento, incluso en momentos donde no ocurre nada especialmente exigente en pantalla. El modo rendimiento intenta alcanzar los 60 FPS, pero no lo consigue de forma estable, lo que genera una sensación constante de irregularidad.

Y aunque no estamos ante un juego de acción rápida, estas fluctuaciones afectan a la experiencia más de lo que deberían.


Bugs, errores y sensación de producto inacabado

Más allá del rendimiento, hay otros problemas que resultan difíciles de ignorar.

Uno de los más molestos es el relacionado con la Bóveda, ese sistema de pistas que debería ser el corazón de la experiencia detectivesca. En varias ocasiones, los elementos se superponen de forma incorrecta, impidiendo reorganizarlos. Esto no siempre bloquea el progreso, pero sí genera frustración… y en el peor de los casos podría hacerlo.

A esto se suman otros fallos:

  • Diálogos que se cortan o no se reproducen correctamente
  • Efectos de sonido que desaparecen en momentos clave
  • Escenas que parecen mal ensambladas o poco pulidas
  • Cierres inesperados del juego

Son problemas que, individualmente, podrían ser tolerables. Pero en conjunto generan la sensación de estar ante un título que necesitaba más tiempo de desarrollo.

Y eso pesa mucho.


Un diseño artístico que sí cumple

No todo son malas noticias. Si hay un apartado donde Cthulhu logra destacar es en su dirección artística.

Los escenarios submarinos, las estructuras antiguas y los espacios imposibles consiguen transmitir muy bien ese aire lovecraftiano tan característico. Hay momentos donde el juego logra capturar esa sensación de pequeñez frente a lo desconocido, de estar explorando algo que escapa a la comprensión humana.

El uso de la iluminación y los contrastes también ayuda a reforzar la atmósfera. No es un juego que abuse del susto fácil, sino que apuesta por una tensión más constante y psicológica.

En ese sentido, hay una base muy sólida.


Sonido y ambientación: entre lo brillante y lo irregular

El apartado sonoro tiene momentos muy destacables… pero también es víctima de los problemas técnicos.

Cuando funciona, el diseño de sonido es clave para generar tensión. Los silencios, los ecos lejanos, los ruidos inexplicables… todo contribuye a crear una atmósfera inquietante.

Pero cuando falla —y ocurre más veces de las que debería—, la experiencia se resiente. La ausencia de efectos o los cortes en los diálogos rompen la inmersión, recordándonos constantemente que estamos ante un producto imperfecto.

Es una lástima, porque con un mejor pulido, este apartado podría haber sido uno de sus grandes puntos fuertes.


¿Para quién es este juego?

Llegados a este punto, la pregunta es inevitable: ¿merece la pena Cthulhu: The Cosmic Abyss?

La respuesta no es sencilla.

Estamos ante un juego muy particular, que no busca agradar a todo el mundo. Su ritmo lento, sus mecánicas complejas y su enfoque en la investigación lo convierten en una experiencia de nicho.

Si eres un jugador que disfruta analizando pistas, explorando sin prisas y enfrentándose a desafíos mentales, aquí encontrarás algo interesante.

Pero si buscas una experiencia más directa, fluida o accesible, es probable que el juego se te haga cuesta arriba.

Y eso sin tener en cuenta sus problemas técnicos.

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Conclusión: una buena idea atrapada en su propio diseño

Cthulhu: The Cosmic Abyss es un juego con ambición. Quiere ofrecer algo diferente dentro del género del terror, apostando por la investigación profunda y por mecánicas poco habituales.

Y en parte lo consigue.

Su ambientación es notable, su narrativa tiene momentos muy interesantes y su propuesta jugable, aunque irregular, es original. Pero todo esto queda lastrado por decisiones de diseño poco acertadas y por un estado técnico que está lejos de ser el ideal.

El sistema de sonar, que debería ser su gran innovación, acaba resultando más frustrante que satisfactorio. La Bóveda tiene buenas ideas, pero falla en su ejecución. Y los problemas técnicos terminan de empañar una experiencia que podría haber sido mucho mejor.

En definitiva, estamos ante un juego con identidad… pero también con demasiadas aristas.


Lo mejor

  • Una ambientación lovecraftiana muy conseguida
  • Propuesta original centrada en la investigación
  • Sistema de pistas con buenas ideas de base
  • Dirección artística sólida y sugerente

Lo peor

  • Mecánicas innecesariamente complejas, especialmente el sonar
  • Ritmo excesivamente lento para muchos jugadores
  • Problemas técnicos constantes (rendimiento, bugs, audio)
  • Sensación general de falta de pulido

Ficha técnica

  • Juego: Cthulhu: The Cosmic Abyss
  • Desarrollador: Big Bad Wolf
  • Editor: Nacon
  • Género: Aventura narrativa, terror, investigación
  • Plataformas: PC, PlayStation 5, Xbox Series X|S

Nota final

7 / 10

Una experiencia interesante y diferente dentro del terror lovecraftiano que, sin embargo, se ve limitada por decisiones de diseño discutibles y un apartado técnico que necesita más trabajo. Ideal para fans del género y del universo de Cthulhu, pero difícil de recomendar al público general en su estado actual. Y si quieres algo diferente aquí te dejamos algo distinto.

*Este análisis ha sido posible gracias una clave de PC otorgada por Renaissance PR

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