El género roguelite sigue demostrando que todavía tiene mucho que decir dentro del panorama actual del videojuego, especialmente cuando decide mezclar fórmulas ya conocidas con ideas frescas. Ese es precisamente el caso de Don’t Lose Aggro, una propuesta independiente que apuesta por algo poco habitual: ponernos en la piel del tanque de una incursión al más puro estilo MMO… pero en solitario.
Puede que a primera vista la idea resulte curiosa —incluso arriesgada—, pero tras probarlo durante varias horas queda claro que aquí hay una base con mucho potencial. No estamos ante el típico roguelite de acción sin más: el concepto de Aggro lo cambia todo.
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Ser el centro del caos nunca fue tan importante
En la mayoría de juegos de acción estamos acostumbrados a causar daño, esquivar ataques y sobrevivir como podamos. Aquí, en cambio, el rol es completamente distinto: eres el escudo del grupo. Tu misión es clara desde el primer minuto —y también implacable—: atraer la atención de los enemigos, mantener el Aggro bajo control y evitar que tus compañeros caigan en combate.
Y no, no es tan sencillo como parece.
El juego nos sitúa como el tanque de un grupo formado por personajes mucho más frágiles, como sanadores, arqueros o invocadores. Ellos son esenciales para avanzar, pero también increíblemente vulnerables. Si pierdes el control del Aggro, en cuestión de segundos pueden desaparecer del mapa.
Este planteamiento convierte cada combate en una especie de baile constante entre posicionamiento, gestión de habilidades y control del caos. No basta con resistir golpes: hay que decidir a quién atraer, cuándo usar habilidades clave y cómo proteger a tu aliado en todo momento.

Un roguelite con ADN de incursión
Aunque el juego bebe claramente de los MMO en su planteamiento, su estructura es la de un roguelite clásico. Cada partida comienza desde cero: nivel uno, habilidades limitadas y un único compañero. A partir de ahí, toca abrirse paso eliminando enemigos, ganando experiencia y mejorando nuestro personaje.
Durante cada run podremos desbloquear nuevas habilidades, potenciar las ya existentes o mejorar las capacidades de nuestro aliado. Esta toma de decisiones constante es clave, ya que define completamente el estilo de juego en cada intento.
¿Prefieres potenciar tu capacidad defensiva? ¿O apostar por habilidades que generen más Aggro rápidamente? ¿Quizá mejorar a tu compañero para que aguante mejor los combates? Todas las opciones son válidas… pero también implican riesgos.
Como buen roguelite, la muerte forma parte del proceso. Y sí, aquí morirás mucho.

Modos de juego: variedad con margen de crecimiento
En su estado actual, Don’t Lose Aggro ofrece tres modos principales:
- Un modo estándar en el que avanzamos por una mazmorra hasta derrotar a un jefe final
- Un modo de oleadas, centrado en resistir el mayor tiempo posible
- Una modalidad de carrera contra jefes, con clasificaciones basadas en velocidad
Aunque cumplen su función y aportan variedad, es evidente que todavía hay margen de mejora. La base es sólida, pero tras varias partidas la sensación de repetición empieza a asomar.
Aquí es donde el concepto de Aggro vuelve a ser clave: aunque los escenarios y enemigos cambien, la mecánica principal se mantiene. Y si bien es divertida, necesita más capas de profundidad para mantenerse fresca a largo plazo.

Compañeros: aliados imprescindibles… o prescindibles
Uno de los elementos más interesantes del juego es la gestión de los compañeros. En la versión actual, podemos elegir entre varias clases como sanador, guardabosques o invocador, cada una con sus propias ventajas.
Estos aliados no son simples acompañantes: son una parte fundamental de la estrategia. Sus habilidades pueden marcar la diferencia entre sobrevivir o caer derrotado. Sin embargo, también son extremadamente frágiles.
Aquí entra en juego una decisión bastante interesante: ¿merece la pena arriesgarse para salvarlos?
Porque sí, puedes dejarlos morir.
El juego no termina si tu compañero cae, pero perderlo supone renunciar a sus beneficios durante el resto de la partida. En muchos casos, esto convierte la experiencia en un auténtico infierno, ya que pierdes herramientas clave para gestionar el Aggro y controlar el combate.

Combate: tensión constante… con margen de evolución
Si hay algo que Don’t Lose Aggro consigue transmitir bien es la tensión. Cada enfrentamiento puede descontrolarse en cuestión de segundos, especialmente cuando aparecen múltiples enemigos o situaciones complicadas.
Activar la habilidad definitiva en el momento justo puede salvar la partida… o no. Porque aquí no hay garantías.
Sin embargo, también es cierto que el sistema de combate puede volverse algo repetitivo tras varias horas. La estrategia base —generar Aggro y proteger al aliado— funciona, pero necesita más variedad de situaciones, enemigos o mecánicas para evitar esa sensación de déjà vu.
Esto no es necesariamente un problema grave, especialmente teniendo en cuenta que el juego se encuentra en acceso anticipado, pero sí es uno de los puntos clave que deberían evolucionar en futuras actualizaciones.

La ciudad: un respiro entre el caos
Entre partida y partida, regresamos a una ciudad que actúa como hub central. Aquí podemos desbloquear nuevas habilidades, mejorar nuestro equipo, cambiar de compañero o preparar la siguiente incursión.
La idea es buena, pero su ejecución todavía se siente algo verde. El espacio es amplio, quizá demasiado para lo que ofrece actualmente, y la falta de personajes o interacción hace que se sienta algo vacío.
Es un lugar funcional, sí, pero con margen para convertirse en algo mucho más vivo e interesante en el futuro.
Un concepto con mucho potencial
Lo más interesante de Don’t Lose Aggro no es lo que ya es, sino lo que puede llegar a ser.
Su propuesta es original dentro del género roguelite, y el uso del concepto de Aggro como mecánica central le da una identidad propia. No es habitual encontrar juegos que pongan tanto peso en el rol del tanque, y mucho menos que lo hagan de forma tan directa y accesible.
A esto se suma una base jugable sólida, decisiones estratégicas constantes y una dificultad que, sin ser injusta, obliga a aprender y mejorar.
Sin embargo, también es evidente que todavía necesita más contenido, variedad y pulido para alcanzar todo su potencial.

Conclusión: una idea brillante que necesita crecer
Don’t Lose Aggro es uno de esos juegos que destacan por su concepto. Convertir el control del Aggro en el eje central de la experiencia no solo funciona, sino que resulta sorprendentemente divertido.
Eso sí, en su estado actual todavía se siente como una promesa más que como un producto completamente desarrollado. La repetitividad, la falta de variedad en algunos aspectos y un hub poco aprovechado son elementos que deberían mejorar con el tiempo.
Aun así, si te gustan los roguelite y buscas algo diferente, aquí hay una propuesta muy interesante a la que merece la pena seguir la pista. Porque cuando todo encaja —cuando controlas el Aggro, proteges a tu equipo y sobrevives contra todo pronóstico—, el juego brilla con luz propia.
Ficha técnica
- Juego: Don’t Lose Aggro
- Desarrollador: Oren Koren
- Editor: Oren Koren
- Género: Acción, Roguelite
- Plataformas: PC
Si os gusta este Don’t Lose Aggro, no puedo dejar de recomendaros Valorborn
*Este avance ha podido ser realizado gracias a una clave de Steam otorgada por Stride PR
