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Hablar de MercurySteam es hablar de un estudio español que rara vez deja indiferente. Desde el recuerdo de Clive Baker’s Jericho hasta su reinterpretación de la saga Castlevania: Lords of Shadow o su impecable trabajo con Metroid Dread, el equipo español ha demostrado tener una identidad muy marcada. Con Blades of Fire, su nueva IP, vuelven a apostar por algo arriesgado: un juego que no busca agradar a todo el mundo, sino ofrecer una experiencia distinta basada en la paciencia, el aprendizaje y la dedicación. El año pasado salía en exclusiva en Epic para PC y finalmente llega a Steam.

A simple vista, puede parecer un título más dentro del género de acción en tercera persona con tintes de fantasía oscura. Sin embargo, basta con pasar unos minutos con él para darse cuenta de que hay algo diferente bajo la superficie. Blades of Fire no quiere ser espectacular en el sentido tradicional, ni entrar por los ojos con una propuesta inmediata. Su intención es otra: que el jugador entienda sus sistemas, se equivoque y, poco a poco, domine sus mecánicas.

Y eso, en el panorama actual, es casi una rareza.


Una fantasía oscura con identidad propia

La historia nos sitúa en un reino donde los llamados forjadores eran capaces de moldear la realidad a través del metal. Con el paso del tiempo, ese conocimiento se diluye y la humanidad hereda el uso del acero… hasta que aparece la Reina Nerea, cuyo hechizo convierte todo el metal en piedra, dejando indefensa a la población.

Aquí entra en escena Aran de Lira, un herrero con la capacidad de revertir ese proceso y devolver la vida al acero. No es el típico héroe épico ni un guerrero elegido por el destino; es, ante todo, un artesano. Este enfoque encaja perfectamente con la propuesta jugable del título y refuerza su coherencia interna.

Junto a él viaja Adso, un joven con conocimientos de lenguas antiguas que actúa como apoyo narrativo y mecánico. La relación entre ambos es uno de los puntos más interesantes de Blades of FIre, evolucionando de forma natural a medida que avanza la aventura. No estamos ante un relato especialmente innovador, pero sí lo suficientemente sólido como para sostener la experiencia.

Eso sí, conviene ajustar expectativas: la narrativa cumple, pero no destaca. Tiene momentos interesantes, pero también cae en ciertos tópicos y resulta algo predecible en varios tramos. Donde realmente brilla Blade of Fire no es en lo que cuenta, sino en cómo te hace jugar.


Exploración sin concesiones

Uno de los aspectos que más pueden sorprender —para bien o para mal— es su enfoque de la exploración. Blades of Fire prescinde casi por completo de las ayudas modernas. No hay indicadores constantes, ni rutas marcadas, ni una interfaz que te diga exactamente a dónde ir.

Esto implica que el jugador debe observar el entorno, prestar atención a los caminos y descubrir atajos por sí mismo. Es una filosofía de diseño que recuerda a títulos más clásicos, donde la curiosidad era recompensada y el progreso no siempre estaba guiado.

El resultado es una exploración más orgánica, pero también más exigente. Habrá momentos en los que te sientas desorientado, y eso forma parte de la experiencia. MercurySteam no intenta suavizar ese proceso, y eso puede ser un punto de fricción para muchos jugadores acostumbrados a experiencias más accesibles.


El corazón de Blades of Fire: la forja

Si hay un elemento que define a Blades of Fire, ese es su sistema de forja. No es un simple añadido ni una mecánica secundaria: es el núcleo sobre el que gira toda la experiencia.

Aquí no puedes recoger armas de los enemigos ni depender del loot tradicional. Cada arma que uses debe ser creada por ti. Para ello, primero tendrás que encontrar o desbloquear sus diseños, algo que en muchos casos dependerá de la observación y el análisis de los propios enemigos.

Este sistema introduce una capa estratégica muy interesante. No se trata solo de fabricar armas, sino de entender qué necesitas en cada momento. Tipos de materiales, formas de la hoja, empuñaduras… todo influye en el resultado final.

Pero lo que realmente marca la diferencia es el minijuego de forja. Aquí es donde entra en juego la paciencia que da título al análisis. Cada golpe cuenta, y un error puede afectar directamente a la calidad del arma. No es un sistema inmediato ni indulgente, y precisamente por eso resulta tan satisfactorio cuando empiezas a dominarlo.

Es probable que al principio genere frustración. El juego no explica demasiado, y exige que el jugador experimente. Pero una vez entiendes sus reglas, la sensación de progreso es enorme. Es uno de esos sistemas que premian el aprendizaje real, no solo la acumulación de horas.

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Combate: precisión antes que espectáculo

El combate sigue esa misma filosofía. No es rápido ni especialmente vistoso en sus primeros compases, pero tiene una profundidad considerable. Los ataques se pueden dirigir en diferentes direcciones, lo que obliga a estudiar a los enemigos y buscar sus puntos débiles.

A esto se suman mecánicas como el parry, la esquiva y la gestión del desgaste de las armas. Porque sí, las armas se deterioran y pueden romperse si no tienes cuidado. Esto refuerza aún más la importancia de la forja y añade una capa de tensión a cada enfrentamiento.

No es un sistema accesible de primeras. De hecho, puede resultar algo tosco hasta que te adaptas. Pero, al igual que ocurre con la forja, cuando todo encaja, el combate gana mucho peso y se vuelve mucho más satisfactorio.

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Pide de tu parte


Blades of Fire no es un juego que busque agradar desde el primer minuto. Es exigente, a veces incluso incómodo, pero también muy honesto en lo que propone. En un mercado saturado de fórmulas repetidas, se agradece encontrar una propuesta que apuesta por su propia identidad, aunque eso implique sacrificar parte de su accesibilidad.

Tras varias horas con Blades of Fire, queda claro que la propuesta de MercurySteam no es simplemente una cuestión de mecánicas, sino de filosofía de diseño. Todo en el juego parece construido alrededor de una idea muy concreta: obligarte a implicarte.

Esto se nota especialmente cuando avanzamos en la aventura y el juego empieza a exigirnos dominar realmente sus sistemas. Ya no basta con “sobrevivir”; hay que entender cómo funcionan las armas, cómo se comportan los enemigos y cómo adaptarnos a cada situación. Es en ese punto donde Blades of Fire deja de parecer tosco… y empieza a tener sentido.

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Cuando todo encaja (y cuando no)

A medida que progresamos, el sistema de combate gana profundidad gracias a la variedad de enemigos. Cada tipo requiere un enfoque distinto: algunos obligan a atacar desde ángulos concretos, otros castigan el abuso del bloqueo y otros directamente exigen cambiar de arma.

Aquí es donde el sistema de forja vuelve a brillar. No todas las armas sirven para todo, y eso obliga al jugador a experimentar constantemente. Encontrar una combinación eficaz no es cuestión de suerte, sino de aprendizaje.

Sin embargo, no todo termina de funcionar igual de bien. Uno de los problemas más evidentes es la sensación general del control. Aunque mejora con el tiempo, nunca llega a ser completamente preciso o fluido. Hay cierta rigidez en las animaciones y en la respuesta del personaje que puede generar frustración, especialmente en combates más exigentes.

La cámara tampoco siempre ayuda. En espacios cerrados o situaciones caóticas, puede jugar malas pasadas y dificultar la lectura del combate. No es algo que rompa la experiencia, pero sí añade una capa innecesaria de dificultad en algunos momentos.

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Un apartado artístico con personalidad (aunque familiar)

Visualmente, Blades of Fire es un juego sólido. No busca competir con los grandes referentes técnicos del mercado, pero sí ofrece un apartado artístico coherente y con identidad.

Es inevitable encontrar similitudes con trabajos anteriores del estudio, especialmente con Castlevania: Lords of Shadow. Ese uso del color, el diseño de criaturas y la construcción de escenarios recuerdan a aquella etapa de MercurySteam, lo cual no es necesariamente algo negativo.

Los biomas están bien diferenciados y ayudan a mantener el interés durante la exploración. Además, el rendimiento en PC es estable en líneas generales, con un comportamiento fluido que permite disfrutar de la experiencia sin grandes problemas técnicos.

Eso sí, no es un juego especialmente memorable a nivel visual. Cumple, funciona y acompaña bien a la propuesta, pero le falta ese punto extra que lo haga destacar dentro del género.

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Sonido y ambientación

En el apartado sonoro encontramos un trabajo correcto, aunque con decisiones discutibles. El juego cuenta con voces en inglés y textos en castellano, algo que puede resultar chocante para quienes esperaban un doblaje completo, especialmente tratándose de un estudio español.

La banda sonora acompaña bien, sin robar protagonismo, y los efectos de sonido cumplen su función dentro del combate y la exploración. No es un apartado que destaque especialmente, pero tampoco desentona.

Donde sí funciona mejor es en la ambientación general. El mundo transmite esa sensación de decadencia y pérdida que encaja con su narrativa, reforzando la idea de un reino que ha perdido el control sobre su propio poder.

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Una propuesta que exige compromiso

Blades of Fire es, ante todo, un juego que pide tiempo. No es inmediato, no es accesible y no siempre es cómodo. Pero también es un título que recompensa como pocos cuando decides entrar en su juego.

Su mayor virtud —y a la vez su mayor problema— es precisamente esa. No intenta adaptarse al jugador, sino que obliga al jugador a adaptarse a él. En un contexto donde muchos juegos buscan reducir fricciones, esta decisión puede resultar refrescante o frustrante, dependiendo de lo que busques.

Lo que está claro es que no deja indiferente.

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Conclusiones

Blades of Fire es una apuesta valiente dentro del panorama de los rpgs. MercurySteam firma una nueva IP que se aleja de las tendencias más comerciales para ofrecer algo diferente, centrado en la paciencia, el aprendizaje y la experimentación.

No todo funciona: el control puede resultar tosco, la narrativa no termina de despegar y hay decisiones que pueden generar rechazo. Pero cuando sus sistemas encajan, especialmente la forja y el combate, la experiencia se vuelve sorprendentemente satisfactoria.

No es un juego para todo el mundo, pero sí uno de esos títulos que merece la pena probar, especialmente si buscas algo distinto dentro del género.


Lo mejor

  • Sistema de forja profundo, original y muy satisfactorio
  • Combate con muchas posibilidades cuando se domina
  • Exploración sin ayudas que premia la curiosidad
  • Identidad propia dentro de un mercado saturado

Lo peor

  • Control algo tosco y poco preciso en ocasiones
  • Cámara problemática en momentos concretos
  • Narrativa irregular y predecible
  • Puede resultar frustrante en sus primeras horas

Ficha técnica

  • Desarrollador: MercurySteam
  • Editor: 505 Games
  • Plataformas: PC, PS5, Xbox Series X/S
  • Versión analizada: PC Steam

Nota final

8,5 / 10

Un juego diferente, exigente y con mucha personalidad que no siempre acierta, pero que destaca por atreverse a hacer algo distinto. Ideal para quienes buscan una experiencia más profunda y menos guiada de lo habitual.

*Este análisis ha sido posible gracias a una clave de PC otorgada por Black Soup PR Team

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