Cuando este juego y su DLC aparecieron por redacción intenté por todos los medios que me permitieran analizarlos y mira por donde ¡aquí estamos! Quienes le dimos duro al primer Heroes of Hammerwatch sabemos perfectamente de lo que hablo: esa mezcla diabólica de exploración de mazmorras con perspectiva cenital, matanzas multitudinarias a ritmo frenético, recolección obsesiva de oro y loot, esa sensación constante de «venga, solo un poquito más y me voy a dormir» que te acaba dando las cuatro de la mañana. Pues bien, el equipo sueco de Crackshell ha vuelto a la carga en PC con Heroes of Hammerwatch II, aderezado además con su primera gran expansión de contenido, Celestial Ruins. Y ya os adelanto que el cóctel resultante es una auténtica trampa para nuestro tiempo libre.
La propuesta nos devuelve a ese bucle jugable tan adictivo que bebe del espíritu clásico de los roguelite y los RPG de acción. Tu personaje desembarca en las inmediaciones de una villa destruida y su cometido es adentrarse en las profundidades de un entramado de mazmorras generadas proceduralmente. En el juego base contamos con 5 clases iniciales para elegir el estilo de masacre que más nos apasione: desde la contundencia bruta del Guerrero y la resistencia férrea del Paladín, pasando por la agilidad a distancia del Explorador, hasta la devastación mágica del Mago y por último el nuevo Sacerdote (Priest). Aunque luego todo se a dicho de paso se puede desbloquear otras como: Pícaro, Hechicero o Brujo Lo genial del asunto es que el título no te castiga por experimentar; en cualquier instante puedes redistribuir los puntos de habilidad para cambiar por completo tu construcción de personaje y probar nuevas sinergias sin necesidad de tirar horas a la basura.
Contenidos
Reconstruyendo el pueblo a base de pico, pala y cadáveres de monstruos
Morir en Heroes of Hammerwatch II no es el fin del mundo, sino el primer paso para volverte una bestia parda imparable. Cada vez que caes en el intento y regresas con las orejas gachas al asentamiento, conservas parte del botín y los materiales que has ido rapiñando por los pasillos. Esos recursos son la vida de tu comunidad, ya que te permiten levantar y subir de nivel diferentes edificios que otorgan mejoras permanentes a todos tus héroes.
La progresión en la ciudad es enormemente gratificante y funciona como el motor principal para no soltar el ratón o el mando. Levantar la Herrería te da acceso a la fabricación de armas y armaduras con mejores atributos, mientras que abrir la Cabaña del Cazador te permite procesar los restos de las bestias abatidas para venderlos en el mercado y llenar las arcas de oro extra. A medida que inviertes dinero en la taberna, la tienda de pociones o la academia, notas que tu aventurero se hace más resistente, pega más duro y lleva un cinturón repleto de brebajes curativos. Esa sensación de pasar de ser un pringado que muere facilmente a un ejecutor capaz de limpiar habitaciones enteras de un solo espadazo es la magia pura de este título.

La bendición celestial: llega el Sacerdote
Si el abanico de clases del juego base ya garantizaba variedad para dar y regalar, la integración del DLC Celestial Ruins remata la jugada sumando a la plantilla una nueva clase sensacional: el Sacerdote. Lejos de ser el típico personaje aburrido que se queda al fondo tirando curas de quinientos en quinientos milisegundos, el Sacerdote es una fuerza de la naturaleza divertidísima de manejar. Su sola presencia dispara la regeneración de salud de todo el equipo y sus tres variantes de desarrollo ofrecen formas de jugar radicalmente opuestas.
Por un lado, puedes enfocarlo como un invocador capaz de crear un ejército de esbirros sagrados e invulnerables que barren la pantalla. Por otro, puedes equiparlo con un mayal gigantesco, cubrirlo de espinas reflectantes y meterlo a repartir galletas en primera línea de choque. Pero la opción estrella, la que nos ha enamorado por completo durante las sesiones de prueba, es la vertiente ofensiva basada en invocar orbes celestiales y proyectar rayos láser sagrados que achicharran hordas enteras de enemigos en cuestión de segundos. Es una adición brutal que enriquece enormemente las combinaciones de equipo y salva la papeleta en las dificultades más disparatadas.

Un modo supervivencia frenético pero caótico
La otra gran baza que introduce la expansión Celestial Ruins es un modo de juego inédito concebido para los jugadores que buscan píldoras de acción rápida sin tener que embarcarse en la habitual caminata de una hora que suele durar una incursión estándar por el modo campaña. Esta variante nos traslada a un entorno de ambientación angelical donde el objetivo es directo y sin rodeos: aparecer en la arena, correr como si no hubiera un mañana, triturar oleadas ininterrumpidas de enemigos, recoger todo el botín que quepa en las bolsas y liquidar a un jefe angelical en un enfrentamiento final que no suele demorarse demasiado. Para acceder a Celestial Ruins tendremos que ir a la Capilla de tu ciudad e interactuar con las cinco estatuas de piedra en el altar.
Sobre el papel la idea suena genial para desconectar o echar una partida rápida antes de comer, pero cuando la pantalla se llena de proyectiles, explosiones y decenas de monstruos embistiendo a la vez, el mapa se convierte en un caos visual donde es facilísimo perder el norte. El minimapa echa un cable para no quedarse encajonado en un rincón, pero resulta molesto tener que estar mirando una esquina de la pantalla en lugar de disfrutar de la carnicería.

El caos de la cooperativa en línea y el reto de jugar en compañía
Si por algo destaca la propuesta de Crackshell es por convertir la limpieza de mazmorras en una fiesta multitudinaria. Jugar en solitario es una experiencia muy entretenida y desafiante, pero donde Heroes of Hammerwatch II alcanza sus cotas más altas de diversión gamberra es en su modo cooperativo en línea para hasta cuatro jugadores. Unirse a una cuadrilla formada por amigos o desconocidos agiliza muchísimo la recolección de materiales para la ciudad y hace que las expediciones sean infinitamente más dinámicas que cuando dependes de los compañeros manejados por la inteligencia artificial.
Hay que decir que si bien el juego permite ser disfrutado perfectamente en solitario no deja de dar la sensación de que Heroes of Hammerwatch II pretende que lo juguemos con amigos y es como probablemente más se disfruta.

‘Pixel art’ fino y optimización para cualquier PC de batalla
Uno de los grandes triunfos del motor gráfico desarrollado por Crackshell es su absoluta accesibilidad técnica. El juego apuesta por un pixel art muy cuidado con perspectiva superior que rinde tributo a la época dorada de las consolas de 16 bits, pero aderezado con efectos de iluminación moderna, sombras dinámicas y cientos de partículas volando por los aires.
El resultado en PC es una maravilla de la optimización. Los controles con teclado y ratón son inmediatos, respondiendo con una precisión milimétrica al apuntado y al uso de habilidades directas, con mando no lo son menos, pero notaremos que tenemos que recurrir al teclado porque hay atajos que no están presentes en el mando. Lo mejor de todo es que no necesitas una tarjeta gráfica de última generación para moverlo con fluidez total; el juego vuela incluso en ordenadores portátiles antiguos de gama baja, sufriendo únicamente pequeñas caídas puntuales de fotogramas en las mazmorras más avanzadas cuando hay cuatro jugadores soltando hechizos de área simultáneamente.

Balance de contenidos: ¿vale la pena dar el salto al DLC?
Analizar la expansión Celestial Ruins dentro del conjunto de Heroes of Hammerwatch II deja sensaciones encontradas que conviene matizar. Por un lado, la incorporación de la clase Sacerdote justifica por sí sola el interés del DLC. Sus mecánicas integran una flexibilidad táctica genial que enriquece enormemente las combinaciones de equipo en las dificultades más altas.
Además se han añadido 5 poderosos jefes de espíritu que contemplaremos según la bendición divina que escojamos y que a su vez nos brindarán nuevas especializaciónes.
Por otro lado, el modo supervivencia se queda un escalón por debajo de lo esperado. Si bien aporta esa dosis de partidas rápidas de diez minutos para desconectar, la falta de claridad en el diseño del mapa y el desorden visual hacen que no brille tanto como la campaña principal. Si echamos la vista atrás y comparamos este paquete con los contenidos descargables de la primera entrega que llegaron a incluir campañas enteras de varios actos la expansión actual se siente algo modesta. No obstante, considerando las constantes actualizaciones gratuitas que Crackshell ha ido implementando en el juego base con nuevos edificios y categorías de objetos, el precio reducido del DLC termina por equilibrar la balanza.
Por último se han añadido mascotas que nos acompañarán en nuestras aventuras como el fuego fatuo o una simpática vela que nos seguirán allá donde vayamos.

Diversión cooperativa de vieja escuela pero sin español
Heroes of Hammerwatch II, sumado a los añadidos de Celestial Ruins, se consolida en PC como un título magnífico para los amantes de la acción roguelite y el mazmorreo cooperativo. Su bucle de juego es una lección magistral de cómo enganchar al usuario: adentrarte en la oscuridad, arrasar salas repleta de criaturas, acumular botín, morir, mejorar tu pueblo y volver a empezar con un personaje más fuerte.
A pesar de la enorme variedad de clases, la satisfacción de ver crecer tu asentamiento y la fluidez de sus combates hacen que sea una de las propuestas más adictivas y disfrutables de la temporada en compatibles. Pero trae un punto oscuro que para los hispanohablantes es imperdonable. No trae español. Algo imperdonable en 2026 y tremendamente barato en estos días.

Conclusiones
La combinación de Heroes of Hammerwatch II y su expansión Celestial Ruins da como resultado un RPG de acción cooperativo redondo, honesto y repleto de contenido. Crackshell ha sabido refinar la fórmula que hizo grande al original, ofreciendo una progresión fascinante basada en la reconstrucción del pueblo y un abanico de ocho clases con infinitas posibilidades de desarrollo. Aunque el modo supervivencia de la expansión peca de caótico y el multijugador privado requiere pulir algunos detalles de conectividad, estamos ante un título divertido a más no poder, ideal para disfrutar en compañía y perfecto para hacer volar las horas frente al monitor.
Lo Mejor
- Una adición divertidísima, versátil y poderosísima con el Sacerdote.
- Reconstruir los edificios para obtener mejoras permanentes compensa la muerte permanente de forma magistral.
- 5 clases de personajes con estilos de juego variados que puedes ajustar en cualquier momento.
- Un apartado visual pixel art nítido que funciona fluido hasta en los equipos más modestos.
Lo Peor
- El mapa de la zona celestial presenta bordes ambiguos y mucha sobrecarga en pantalla.
- El ajuste según el jugador de mayor nivel puede dejar descolgados a los principiantes.
- Una vez más sin idioma español.
Ficha Técnica
- Título: Heroes of Hammerwatch II (incluye el DLC Celestial Ruins)
- Género: RPG de acción / Roguelite / Hack and Slash
- Desarrollador: Crackshell
- Editor: Team 17
- Plataformas: PC
- Versión analizada: PC
- Idiomas: Inglés, francés, alemán, Chino, Portugués.
Nota Final
7.2 / 10
Una poción concentrada de vicio, mazmorras y píxeles celestiales. Heroes of Hammerwatch II junto a Celestial Ruins ofrece en PC una experiencia de rol y acción inolvidable, perfecta para quienes buscan acción frenética, progreso constante y tardes enteras de masacre cooperativa con amigos. Un juego de los que no se sueltan fácilmente.
*Este análisis de Heroes of Hammerwatch II y Celestial Ruins ha sido posible gracias a una clave de PC facilitada por Renaissance PR
