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No es raro dar con desarrolladoras que sacan un juego al año con la precisión de un reloj suizo porque trabajan en oficinas con aire acondicionado, cafeteras de cápsulas y sillas ergonómicas de mil euros. Y luego está la gente de Frogwares. Que este estudio ucraniano haya logrado lanzar The Sinking City 2 tras lidiar en la vida real con apagones sistemáticos, sirenas antiaéreas resonando en las calles y parte del equipo movilizado en el frente bélico no es simplemente un mérito comercial: es un milagro que roza la épica moderna. Solo por el puñetazo en la mesa que supone este lanzamiento en pleno 2026, el equipo ya merece una ovación cerrada. Pero aquí no regalamos flores por caridad, así que toca rascar la chapa de este tanque y ver si la munición viene bien cargada o si se queda en fogueo.

La primera entrega de 2019 fue un experimento valiente pero con bastantes aristas. Teníamos una aventura de detectives donde nos pateábamos una urbe inundada en un mundo abierto un tanto desangelado, combinando interrogatorios al más puro estilo Sherlock Holmes con un sistema de tiro que se sentía tosco y ortopédico. Para esta secuela, los muchachos de Frogwares han decidido hacer borrón y cuenta nueva de la manera más drástica posible. Han tirado a la basura el mapa abierto, se han quitado la placa de investigadores privados y le han pegado un volantazo directo hacia la autopista del survival horror puro y duro en tercera persona. Y vaya si se nota el cambio de rumbo.

De la investigación detectiveca al terror de supervivencia directo

Para entender la magnitud del volantazo que ha pegado el estudio, basta con echar un vistazo a cómo se han reestructurado las bases del juego respecto a su antecesor:

Pasamos de un mundo abierto masivo y algo vacío a niveles semi-lineales, interconectados y densos al más puro estilo Resident Evil. Se abandona el peso excesivo de la investigación detectivesca para priorizar la supervivencia pura, el combate ágil y la gestión de recursos. De una cámara torpe con disparos sin contundencia a una perspectiva en tercera persona sobre el hombro, con esquivas, remates y armas de fuego pesadas. En lugar de diálogos kilométricos con opciones ramificadas, la progresión se basa en puzles ambientales, búsqueda de llaves y gestión del inventario.

Arkham bajo el agua: cuando el mito de Orfeo viste chaqueta de cuero y empuña un revólver

La premisa argumental no se anda con rodeos filosóficos de tres horas ni necesita que hayas tocado el título anterior para enterarte de qué va la movida. Aquí encarnamos a Calvin Rafferty, una especie de saqueador de reliquias y buscador de emociones arcanas, pensemos en un Indiana Jones pero con una fascinación bastante enfermiza por las sectas y los tomos prohibidos que la lía parda al intentar realizar un ritual onírico. ¿El resultado? Faye, su prometida, termina atrapada en una especie de coma místico conectada con las Tierras del Sueño. Para rescatarla de las garras de la atrofia cerebral y espiritual, a nuestro muchacho no se le ocurre otra genialidad que meterse hasta el cuello en la mismísima ciudad de Arkham.

Olvidaos de la Arkham colorida o de psiquiátricos oscuros de cómics; la versión que nos encontramos en esta década de 1920 es un auténtico cuadro de comedor. La urbe portuaria ha sufrido una inundación de origen claramente divino (o demoníaco, según a quién le preguntes) y ha quedado sepultada por aguas estancadas, moho y una neblina que huele a podrido a través del monitor. La mayoría de los vecinos con dos luces de frente pusieron los pies en polvorosa hace tiempo, dejando las calles residenciales, los centros universitarios y las avenidas a merced de unos cultistas trasnochados y, sobre todo, de los Slithers: unos gusanos viscosos repugnantes que se introducen en los cadáveres humanos para utilizarlos como marionetas biomecánicas.

El tono narrativo bebe directamente de las fuentes de H. P. Lovecraft, pero con un barniz de acción desesperada que le sienta sorprendentemente bien. Calvin no es el típico detective desamparado que se vuelve loco a la primera de cambio al ver un tentáculo desfilando por el salón; es un tipo duro, un poco engreído y con la determinación suficiente para repartir plomo a todo lo que tenga más de dos ojos o garras donde deberían ir dedos. La historia de amor trágica que articula todo el argumento actúa como un motor de combustión muy eficaz. Aunque caiga en algunos clichés del género y a veces peque de nombrar demasiadas deidades antiguas sin profundizar en su trasfondo, cumple de sobra su cometido: darte un motivo sólido para abrirte paso a tiros a través de la podredumbre.

Escasez de balas, esquivas y algo de cuerpo a cuerpo.

Si en la primera entrega disparar se sentía tan gratificante como intentar acertar a una diana con una pistola de agua averiada, The Sinking City 2 juega en una liga completamente distinta. Frogwares ha mirado de frente a los remakes modernos de Resident Evil y Silent Hill, copiando la tarea con descaro pero añadiendo sus propios matices para que la mezcla tenga personalidad. La cámara se sitúa pegada al hombro de Calvin, la retícula baila con el peso del arma y cada detonación de la escopeta retumba en los altavoces con una contundencia bestial. Pero no te confundas: esto no es un Doom donde puedas ir corriendo y disparando a lo loco sin mirar atrás.

Los recursos son escasísimos y la gestión de la mochila exige tomar decisiones quirúrgicas. Los Slithers, las criaturas mutadas por gusanos parásitos que dominan las ruinas de Arkham no son sacos de boxeo lentos; se abalanzan sobre ti a toda velocidad, se esconden tras las esquinas para darte sustos de muerte y buscan acorralarte en habitaciones estrechas. Calvin no estará pocas veces sin munición, lo que nos obligará a ser rápidos para quitarnos del medio y escapar además de golpes cuerpo a cuerpo y pisotones, si logramos impactar en los abultamientos o protuberancias parasitarias de las extremidades de los mutantes, estos caerán al suelo tullidos. Es el momento de acercarse y propinarles un pisotón destructor que ahorra una munición valiosísima.

Eso sí, la reaparición de criaturas en zonas que ya creías haber limpiado puede resultar desesperante cuando andas pelado de balas. En más de una ocasión, la estrategia más inteligente no será vaciar el cargador, sino fintar a dos monstruos en el pasillo, coger la llave del escritorio y salir por patas antes de que te arranquen la yugular.

Puzles orgánicos y la libreta de deducciones que no te lleva de la mano

Aunque Frogwares haya metido las tijeras en el plano puramente detectivesco, el ADN del estudio sigue bien presente en el diseño de los acertijos. Olvídate de los minijuegos absurdos de girar tuberías sin sentido; aquí los puzles están totalmente integrados en el entorno y requieren que leas los documentos que encuentras tirados por las instalaciones de Arkham. La gran novedad radica en cómo el juego gestiona la famosa «libreta de pistas» de Calvin.

En lugar de ser un trámite obligatorio que frena en seco el ritmo de la partida, el sistema de investigación funciona como un complemento opcional tremendamente satisfecho. A medida que exploras hospitales abandonedos, hoteles de estilo Art déco corroídos por la humedad o laboratorios universitarios, irás recopilando indicios. En la libreta podrás relacionar tres o cuatro pistas clave para resolver «situaciones» secundarias, desbloqueando códigos de cajas fuertes, atajos en el mapa o acceso a salas secretas repletas de suministros. Un consejo de perro viejo para disfrutar al máximo en PC: entra en el menú de opciones y desactiva la ayuda visual que resalta las pistas automáticamente. Resolver los acertijos por tu cuenta fijándote en los detalles del escenario devuelve esa sensación de investigador astuto que tanto nos gustó del primer título.

Arquitectura de la decadencia: niveles verticales y ambientación de infarto

El paso a una estructura por sectores cerrados en lugar del insulso mundo abierto original le ha sentado de maravilla a la dirección artística de Arkham. Los escenarios son auténticos laberintos tridimensionales plagados de puertas atrancadas, ascensorcillos averiados, balcones conectados y zonas anegadas donde toca desempolvar la canoa para cruzar a la acera de enfrente. La exploración recompensa constantemente al jugador curioso: desviarte por una escalera medio derruida o colarte por el ventanuco de un sótano suele traducirse en encontrar materiales de fabricación, pólvora o componentes para elaborar botiquines.

El trabajo de diseño de niveles brilla especialmente en las localizaciones cerradas. Recorrer los pasillos oscuros de un hotel abandonado mientras el viento castiga los ventanales y los tablones de madera crujen bajo tus pies logra ponerte los pelos de punta. No necesita recurrir al susto fácil ni a los destellos en pantalla; la combinación de humedad, podredumbre industrial y arquitectura decadente crea una atmósfera de terror cósmico rancia que te atrapa desde el primer minuto.

Rendimiento en PC, Unreal Engine 5 y las aristas del motor ucraniano

Abordar el apartado técnico de The Sinking City 2 en PC implica sacarse el sombrero ante la destreza de Frogwares, pero también poner sobre la mesa las inevitables aristas de una producción independiente. El salto al motor Unreal Engine 5 le sienta de fábula a la ambientación de Arkham: los reflejos en los charcos de agua estancada, la iluminación volumétrica que atraviesa la niebla y el nivel de detalle en la podredumbre de las paredes crean pasajes visuales colosales.

Sin embargo, el motor también exige su peaje en los compatibles. La transición entre los espacios interiores iluminados y las zonas exteriores anegadas por la tormenta suele provocar tirones puntuales de rendimiento (stuttering) que pueden empañar la fluidez en momentos de máxima acción. A esto hay que sumarle una inteligencia artificial enemiga que en ocasiones muestra colisiones extrañas con el mobiliario o rutinas de persecución mecánicas, así como unos modelados faciales y animaciones secundarias que se quedan un escalón por debajo de la maestría vista en la iluminación ambiental. Son detalles que delatan el presupuesto contenido del proyecto, pero que en ningún caso llegan a romper la inmersión de la partida.

El triunfo de la resistencia: un ‘survival horror’ con carácter e identidad

The Sinking City 2 no ha venido a reinventar la rueda del survival horror ni a desbancar a los gigantes consagrados del género a base de presupuestos multimillonarios. Lo que Frogwares ha puesto sobre la mesa es una secuela valiente, honesta y sorprendentemente sólida que sabe exactamente a lo que juega. Al desprenderse del lastre de un mundo abierto que no terminaba de funcionar y abrazar sin complejos la fórmula de la supervivencia en tercera persona, el estudio ucraniano ha firmado su trabajo más redondo, tenso y divertido hasta la fecha.

Teniendo en cuenta las trágicas condiciones bélicas y de infraestructura bajo las cuales se ha gestado este desarrollo en Europa del Este, el resultado final es poco menos que un milagro del software. Para los fans incondicionales del terror cósmico, las atmósferas opresivas de la década de 1920 y los combates desesperados donde cada cartucho de escopeta se celebra como un triunfo, la bajada a las catacumbas de Arkham junto a Calvin Rafferty es una cita absolutamente obligatoria.

Conclusiones

The Sinking City 2 representa un giro radical y acertadísimo para la franquicia de Frogwares en PC. Apoyándose en una ambientación sublime, una gestión de recursos angustiosa y un combate enormemente mejorado respecto al original, el título se consolida como uno de los survival horror más sugerentes y atmosféricos del año. Aunque arrastra pequeñas asperezas en el rendimiento exterior y en la fluidez de algunas animaciones, la pasión, el respeto por el universo de Lovecraft y el mérito técnico que desprende cada rincón de Arkham convierten a esta secuela en una grata sorpresa indispensable para los amantes del género.

Lo Mejor

  • La recreación de una Arkham decadente e inundada bajo el motor Unreal Engine 5 es un espectáculo visual y opresivo.
  • La contundencia de las armas y la mecánica de pisotones aportan un dinamismo genial.
  • La libreta de deducciones opcional premia la curiosidad del jugador sin cortar el ritmo de la supervivencia.
  • El abandono del mundo abierto en favor de escenarios laberínticos estilo Resident Evil le sienta de maravilla.

Lo Peor

  • La reaparición constante de criaturas en ciertas salas limpiadas puede castigar en exceso la escasez de munición.
  • Los rostros y algunas animaciones de combate quedan lejos del nivel mostrado en la iluminación ambiental.

Ficha Técnica

  • Título: The Sinking City 2
  • Género: Survival Horror / Acción en tercera persona / Terror Cósmico
  • Desarrollador: Frogwares
  • Editor: Frogwares
  • Plataformas: PC, PlayStation 5, Xbox Series X/S
  • Versión analizada: PC

Nota Final

8.5 / 10

Un triunfo del survival horror más puro cargado de óxido, agua estancada y tentáculos. The Sinking City 2 reinventa la saga con valentía, entregando en PC una aventura asfixiante, técnica y profundamente respetuosa con el horror de Lovecraft. Si te apasionan los desafíos de gestión, los puzles ambientales y encajar tiros a bocajarro en la penumbra, prepárate para sumergirte en Arkham.

*Este análisis de The Sinking City para PC ha sido posible gracias a una clave facilitada por Keymailer

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