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No es raro ver regresos que se producen porque una compañía quiere recuperar una marca conocida, y luego están aquellos que consiguen despertar algo mucho más difícil de fabricar: recuerdos. Para quienes crecimos con Warcraft III, volver a Lordaeron tantos años después tiene inevitablemente un componente emocional. No hablamos simplemente de regresar a una campaña de estrategia que marcó una época, sino de reencontrarnos con un universo que, con el paso de los años, terminó creciendo muchísimo más allá de aquel juego de 2002. En el archivo de Generacion Gamer contamos con el juego original y su expansión de aquel entonces y aquí os los enseñamos:

Por eso, cuando Blizzard anunció Warcraft III Reforged: Reino olvidado, nuestra primera reacción fue una mezcla de ilusión y prudencia. La historia de Lordaeron, Arthas, Sylvanas y los Renegados forma parte de uno de los capítulos más importantes del universo Warcraft, pero también hablamos de una franquicia que ya ha demostrado que no siempre resulta sencillo tocar su pasado sin levantar alguna ceja.

Después de jugar a esta nueva campaña en PC, puedo decir que Reino olvidado no se limita a utilizar la nostalgia como comodín. Blizzard ha aprovechado un pequeño hueco de la historia para contar algo nuevo y, sobre todo, ha decidido hacerlo cambiando bastante la forma en la que jugamos. El resultado no es exactamente el Warcraft III que muchos teníamos en la cabeza, pero sí una campaña con personalidad suficiente como para justificar su existencia.

Después de más de dos décadas, ya es bastante.

Regreso a un Lordaeron que todavía no conocemos

La historia de Reino olvidado se sitúa en uno de esos momentos que los seguidores de Warcraft conocemos perfectamente, aunque durante años apenas hayamos podido ver sus consecuencias. Arthas ha regresado de Rasganorte, Lordaeron ha caído y el antiguo reino humano se encuentra completamente destrozado. Lo interesante es que esta vez Blizzard decide no contarnos la historia desde la perspectiva de quienes protagonizaron aquellos acontecimientos, sino desde el punto de vista de quienes tuvieron que sufrirlos.

El prólogo, El ocaso de Lordaeron, funciona precisamente con esa idea. A través de varias misiones acompañamos a Garek Bandarion, un paladín de Lordaeron que contempla con desconfianza el regreso de Arthas y termina atrapado en una situación que ya conocemos, pero que ahora observamos desde una perspectiva mucho más cercana al ciudadano de a pie. Es una decisión narrativa que funciona especialmente bien porque permite recuperar acontecimientos conocidos sin limitarse a repetirlos.

Aquí aparece una de las mayores virtudes de Reino olvidado: sabe que no necesita volver a contar la historia de Arthas para hablar de Lordaeron.

Los grandes nombres siguen estando ahí, por supuesto. Sylvanas tiene un peso importante, y también aparecen personajes que los aficionados reconocerán rápidamente. Pero la campaña se interesa por aquellos personajes que hasta ahora habían ocupado un espacio secundario dentro del universo. Garek, Anya y otros habitantes de este mundo sirven para mostrarnos qué ocurre cuando termina la gran batalla y toca vivir entre sus ruinas.

El prólogo, además, consigue recuperar bastante bien esa sensación narrativa de los antiguos Warcraft. Personajes que al principio pueden parecer sencillos van adquiriendo matices a medida que conocemos sus circunstancias, y el juego aprovecha su contexto para introducir referencias y conexiones con acontecimientos posteriores.

Es una de esas situaciones en las que conocer el universo de Warcraft hace que determinados momentos tengan bastante más peso.

Los Renegados toman el protagonismo

Una vez superado el prólogo llega la verdadera protagonista de Reino olvidado: la campaña centrada en los Renegados y en la consolidación de lo que terminará convirtiéndose en uno de los lugares más reconocibles del universo de Blizzard.

Aquí seguimos a Garek, ahora convertido en uno de los Renegados, mientras se desarrolla una historia relacionada con la consolidación de su nuevo hogar y el enfrentamiento contra la Cruzada Escarlata. Es un periodo particularmente interesante porque estamos viendo los primeros pasos de una sociedad que, posteriormente, conoceríamos mucho mejor a través de World of Warcraft.

Precisamente ahí es donde la campaña consigue sacar más partido a su condición de expansión.

No estamos ante una aventura completamente aislada que podría haberse ambientado en cualquier rincón de Azeroth. Reino olvidado está constantemente intentando conectar los acontecimientos que estamos viviendo con lo que sabemos que ocurrirá después. Personajes como Sylvanas, Varimathras, Putress, Sally Melenablanca o el barón Osahendido ayudan a construir ese puente entre Warcraft III y el universo posterior.

Para quienes conozcan bien el lore, hay bastante material con el que disfrutar.

Pero hay una decisión que me ha generado sentimientos encontrados: Sylvanas tiene una presencia importante, pero no podemos controlarla. Entiendo perfectamente que Blizzard haya querido mantener a Garek y Anya como protagonistas jugables, pero teniendo en cuenta el peso que tiene Sylvanas en todo este periodo de la historia, en determinados momentos uno se queda con ganas de que hubiera tenido un papel más activo dentro de la jugabilidad.

Esto ya no es exactamente el Warcraft III que recuerdas

Si llegas a Reino olvidado esperando una nueva campaña tradicional de Warcraft III, conviene cambiar las expectativas antes de empezar.

Blizzard recupera aquí ideas que ya aparecieron en La Fundación de Durotar, la campaña protagonizada por Rexxar en The Frozen Throne, y las lleva bastante más lejos. Los mapas son más grandes, podemos explorar con mayor libertad, encontramos objetivos secundarios, hablamos con personajes, recogemos objetos y desarrollamos a nuestros héroes mediante un sistema de progresión que se acerca claramente al RPG.

La estrategia sigue presente, pero ha dejado de ser el centro de la experiencia.

La construcción de bases, la gestión de recursos y el control de grandes ejércitos pasan a un segundo plano. En su lugar encontramos una aventura mucho más centrada en Garek y Anya, sus habilidades, su equipamiento y la progresión de ambos.

Es una decisión que me parece interesante precisamente porque podría haber salido terriblemente mal.

Sin embargo, funciona bastante mejor de lo que esperaba.

Los héroes cuentan ahora con inventario, equipo y talentos, y durante nuestra aventura vamos encontrando piezas que pueden modificar sus estadísticas o aportar nuevas posibilidades. Esto consigue que la exploración tenga una recompensa más tangible y que las decisiones sobre cómo desarrollar a nuestros personajes tengan cierta importancia.

En determinados momentos, eso sí, la sensación se acerca más a la de un RPG de acción con elementos estratégicos que a la de una campaña clásica de Warcraft III.

El jugador que busque una continuación directa de Reign of Chaos o The Frozen Throne, con construcción de bases y enormes ejércitos enfrentándose en el campo de batalla, probablemente eche de menos buena parte de esa fórmula. Pero si disfrutaste de la campaña de Rexxar precisamente por su carácter más aventurero, aquí encontrarás una evolución bastante lógica de aquella idea.

Explorar, equiparse y pegarse con todo lo que se mueva

La estructura de las misiones favorece mucho más la exploración. Podemos recorrer mapas de mayor tamaño, buscar objetivos secundarios, recoger objetos y enfrentarnos a grupos de enemigos que van apareciendo durante nuestro camino.

El problema es que esta misma libertad provoca uno de los principales defectos de Reino olvidado: el ritmo no siempre está igual de bien medido.

Hay momentos en los que explorar Lordaeron y descubrir pequeños detalles de su historia resulta fantástico. Pero también encontramos situaciones en las que la aventura parece pedirnos simplemente que vayamos de un punto a otro, y algunas misiones terminan alargándose más de lo necesario.

El primer acto es especialmente irregular en este sentido. Después de un prólogo que funciona francamente bien, el ritmo puede caer bastante y durante determinados momentos tenemos la sensación de estar recorriendo grandes distancias sin que esté ocurriendo algo especialmente relevante.

Por suerte, la campaña consigue recuperarse posteriormente y ofrece situaciones mucho más interesantes, pero es una lástima porque el arranque de la aventura tenía potencial para mantener el nivel del prólogo.

También encontramos las inevitables misiones secundarias y encargos que sirven para ampliar la exploración. Algunas resultan más interesantes que otras, aunque cumplen una función clara: conseguir que no nos limitemos a seguir el camino principal.

Y, siendo sinceros, explorar un Lordaeron en plena reconstrucción tiene suficiente encanto como para que muchas veces simplemente apetezca desviarse.

Los jefes quieren que prestes atención

Uno de los aspectos que más me ha gustado de esta nueva estructura es cómo se han planteado algunos enfrentamientos contra jefes.

En el Warcraft III clásico, muchos enemigos importantes podían convertirse básicamente en combates donde la superioridad de nuestro ejército terminaba resolviendo la situación. Aquí la filosofía es diferente. Los jefes incorporan mecánicas concretas y obligan a prestar atención a lo que está sucediendo.

No estamos ante enfrentamientos especialmente complejos, pero sí hay ataques y situaciones que requieren reaccionar correctamente. Evitar determinadas áreas, controlar la posición de nuestras unidades o impedir que el enemigo recupere ventaja puede marcar la diferencia.

Además, la importancia de los héroes hace que perder determinadas unidades o utilizar mal nuestras habilidades tenga consecuencias más visibles.

Esto consigue aportar algo más de tensión a los combates y evita que todo se convierta en avanzar, seleccionar tropas y dejar que el ejército haga el trabajo.

Una nueva cara para Reforged

Llegamos a un apartado especialmente interesante teniendo en cuenta el historial de Warcraft III Reforged.

El lanzamiento original de Reforged dejó bastante mal sabor de boca a muchos jugadores, especialmente por determinadas decisiones relacionadas con su presentación visual. Reino olvidado llega acompañado de una nueva opción gráfica, la Definitive Edition, que ofrece un acabado mucho más moderno sin perder completamente de vista la identidad artística del Warcraft III original.

Los escenarios, personajes, iluminación y efectos consiguen ofrecer una imagen más actual, pero sin que parezca que Blizzard ha intentado convertir Warcraft en otra cosa. Hay una evolución evidente, pero todavía podemos reconocer ese universo.

El problema es que esta mejora tiene una limitación bastante difícil de entender: el nuevo acabado gráfico no está disponible desde el principio en todas las campañas anteriores. Su llegada posterior al resto del contenido está prevista, pero resulta extraño que una característica tan importante no se haya planteado desde el lanzamiento de forma global.

Después de todo lo ocurrido con Reforged, precisamente aquí Blizzard tenía una oportunidad perfecta para cerrar algunas heridas.

Una banda sonora a la altura, pero con una ausencia dolorosa

Si hay algo en lo que Blizzard suele saber lo que hace, es en la música.

La banda sonora acompaña perfectamente los momentos de tensión, la exploración y los acontecimientos importantes de la campaña. Hay temas épicos y otros más contenidos, y el conjunto mantiene esa capacidad de hacer que Azeroth parezca un lugar mucho más grande de lo que estamos viendo en pantalla.

Pero hay una ausencia que resulta especialmente dolorosa para quienes jugamos a Warcraft en castellano: el doblaje.

Las voces en inglés están bien interpretadas y cumplen sobradamente, pero Blizzard nos había acostumbrado durante años a localizaciones muy cuidadas. Por eso, encontrarnos una nueva campaña de Warcraft sin doblaje al castellano deja una sensación extraña.

No arruina la experiencia, ni mucho menos, pero sí es una de esas decisiones que cuesta comprender cuando hablamos de una franquicia con semejante tradición.

El verdadero problema: ¿es Warcraft III?

Esta es probablemente la pregunta más interesante que deja Reino olvidado. Porque si nos limitamos a preguntarnos si estamos ante una buena campaña, la respuesta es bastante sencilla: sí. Pero si la pregunta es si se siente como una campaña tradicional de Warcraft III, la respuesta cambia.

Blizzard ha cogido las bases de aquel juego y ha utilizado la campaña de Rexxar como punto de partida para construir algo bastante diferente. Aquí los héroes tienen mucho más peso, exploramos mapas grandes, conseguimos equipamiento, desarrollamos talentos y pasamos buena parte del tiempo recorriendo el escenario.

Después de tantos años, prefiero que Blizzard se haya atrevido a explorar una fórmula diferente antes que limitarse a fabricar una campaña que simplemente imitara lo que ya hicimos hace más de veinte años. El problema no es que Reino olvidado cambie la fórmula. El problema aparece cuando ese cambio provoca que determinadas partes de la campaña se sientan demasiado largas o poco variadas.

Porque cuando funciona, Reino olvidado consigue algo bastante especial: recuperar el espíritu aventurero de aquellas campañas de héroes y trasladarlo a una estructura más cercana al RPG sin perder completamente la identidad de Warcraft.

Conclusiones

Warcraft III Reforged: Reino olvidado es una expansión que tenía una papeleta complicada. Tenía que continuar una historia que llevaba más de veinte años congelada, convivir con el recuerdo de un clásico enorme y, además, hacerlo dentro de un Reforged que todavía arrastra decisiones difíciles de olvidar.

No estamos ante una nueva campaña de Warcraft III tradicional. Estamos ante una reinterpretación de aquella fórmula, mucho más centrada en la exploración, los héroes, el equipamiento y la progresión RPG. En algunos momentos funciona realmente bien y demuestra que todavía existen historias interesantes que contar dentro de este universo.

Su principal problema está en el ritmo. Algunas misiones se alargan demasiado, determinados tramos resultan menos variados de lo deseable y la ausencia del doblaje al castellano es una decepción considerable. También cuesta entender que el nuevo modo gráfico no esté disponible desde el lanzamiento para todo el contenido de Reforged.

Pero cuando la campaña conecta con su historia y nos permite recorrer un Lordaeron devastado mientras asistimos a los primeros pasos de los Renegados, vuelve esa sensación que hizo especial a Warcraft.

No necesita reinventar el universo. Solo tenía que recordarnos que todavía quedaban historias que merecía la pena contar.

Después de veintitrés años, volver a Lordaeron para descubrir qué ocurrió entre The Frozen Throne y el mundo que posteriormente conoceríamos en World of Warcraft es una experiencia difícil de rechazar para cualquier veterano de la saga.

No es perfecto. Tampoco pretende serlo.

Pero si Blizzard mantiene esta línea y sigue recuperando sus clásicos con nuevas historias en lugar de limitarse a vivir de ellos, quizá Reino olvidado termine siendo algo más que una expansión: el principio de una nueva oportunidad para Warcraft III.


Lo Mejor

  • La historia amplía un periodo muy interesante del universo Warcraft.
  • El protagonismo de personajes menos conocidos funciona especialmente bien.
  • La evolución hacia una estructura RPG resulta interesante.
  • El sistema de equipamiento y talentos aporta profundidad a los héroes.
  • Los enfrentamientos contra jefes cuentan con mecánicas propias.
  • El nuevo modo gráfico mejora considerablemente el aspecto de la campaña.
  • La banda sonora mantiene el excelente nivel habitual de Warcraft.

Lo Peor

  • El ritmo es irregular, especialmente durante el primer acto.
  • Algunas misiones pueden hacerse demasiado largas.
  • La fórmula se aleja bastante del RTS tradicional.
  • La ausencia de doblaje al castellano resulta difícil de justificar.
  • El nuevo modo gráfico no está disponible de lanzamiento para las campañas anteriores.

Ficha técnica

Juego: Warcraft III Reforged: Reino Olvidado
Desarrolladora y Editora: Blizzard Entertainment
Género: Estrategia / RPG / Acción
Plataformas: PC
Idioma: Español

Nota Final

8,5/10

Warcraft III Reforged: Reino olvidado no es el Warcraft III que muchos esperábamos después de 23 años, pero sí es una campaña ambiciosa que demuestra que todavía hay historias interesantes que contar en este universo. Su apuesta por la exploración y la progresión RPG funciona, aunque el ritmo irregular y algunas decisiones de presentación impiden que alcance la excelencia. Para los veteranos de la saga, volver a Lordaeron y acompañar a los primeros Renegados tiene un valor difícil de medir únicamente con una cifra.

*Este análisis de Warcraft III Reforged: Reino Olvidado ha sido posible gracias a una clave de PC facilitada por Burson Global

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