Faraway, nos ha volado la cabeza en redacción, te deja flotando en mitad del universo, te pone delante unas cuantas estrellas y viene a decirte: «Venga, figura, a ver qué haces con esto».
La propuesta de Steph Thirion es tan sencilla como particular. No hay armas, enemigos a los que derrotar, mundos que salvar ni una historia repleta de personajes que necesitan urgentemente nuestra ayuda. Aquí somos una pequeña estrella que viaja por el cosmos intentando prolongar su existencia. Para conseguirlo tendremos que aprovechar la gravedad de otros cuerpos celestes, impulsarnos por el espacio y conectar estrellas mediante trayectorias que terminarán formando constelaciones.
Una idea que, sobre el papel, parece bastante limitada. Sin embargo, cuando empiezas a comprender cómo funciona su sistema de movimiento, descubres que detrás de esa presentación minimalista existe un pequeño desafío de habilidad, precisión y planificación. Faraway quiere que pienses, pero también que tengas buenos reflejos. Y, sobre todo, que disfrutes del viaje.
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Una estrella en mitad de ninguna parte
Faraway tiene una presentación narrativa deliberadamente abstracta. No necesita explicarnos una historia convencional ni llenar la pantalla de textos para justificar nuestro viaje. Somos una pequeña estrella que recorre un universo oscuro, rodeada de otros cuerpos celestes, con una existencia limitada que debemos intentar prolongar.
La luz es nuestro recurso más importante. Encontrar otras estrellas y conectarlas mediante nuestras trayectorias nos permite crear constelaciones y conseguir la energía necesaria para seguir adelante. Es una premisa sencilla, pero encaja perfectamente con el carácter contemplativo del juego.
Su responsable, Steph Thirion, ya había demostrado su interés por las experiencias minimalistas con Eliss, un título para dispositivos móviles que destacó por su particular manera de convertir una idea sencilla en una experiencia interactiva. Faraway recoge parte de aquella filosofía y la traslada a un escenario espacial mucho más estilizado.
Y se nota. Aquí no hay intención de competir con las grandes producciones ni de impresionarnos mediante un despliegue técnico descomunal. El objetivo es construir una atmósfera reconocible utilizando muy pocos elementos. El resultado es un universo de fondos negros, estrellas luminosas y formas geométricas que parecen flotar en un vacío infinito.
Los colores adquieren una importancia fundamental. La luz no se limita a iluminar el escenario: también define los elementos con los que interactuamos y ayuda a construir una identidad visual que resulta muy agradable. Las figuras geométricas, las curvas y los movimientos fluidos acompañan una experiencia que parece diseñada para dejarse llevar.

La gravedad es tu mejor amiga
Faraway no nos permite controlar directamente el desplazamiento de nuestra estrella. En lugar de movernos libremente por el escenario, debemos aprovechar la atracción gravitatoria de los cuerpos celestes cercanos. Cuando entramos en el radio de una estrella podemos activar su gravedad y comenzar a orbitar alrededor de ella.
A partir de ahí entra en juego nuestra habilidad. Debemos decidir cuándo abandonar esa órbita para salir impulsados hacia otra estrella, aprovechando la velocidad y la dirección que hemos conseguido durante el movimiento. El momento en el que soltamos la atracción gravitatoria determina buena parte de nuestra trayectoria.
Parece sencillo, ¿verdad? Pues espera a tener varias estrellas delante y descubrir que una mala decisión puede mandar al traste toda la constelación que estabas preparando.
La mecánica principal consiste en encadenar estos movimientos para conectar diferentes estrellas mediante nuestra estela. Cuantas más conexiones consigamos realizar y más elaboradas sean las figuras que dibujemos, mejores serán las recompensas. No basta con pasar de una estrella a otra sin pensar: las constelaciones más complejas permiten conseguir multiplicadores y aumentar nuestra puntuación.

Dos formas de perderse entre las estrellas
El juego estructura su contenido alrededor de dos grandes experiencias: una más centrada en la puntuación y la supervivencia, y otra que apuesta por resolver desafíos diseñados manualmente.
El modo principal, Faraway, nos invita a recorrer escenarios generados proceduralmente mientras intentamos conectar tantas estrellas como sea posible. Nuestro objetivo es mantenernos con vida durante el mayor tiempo posible, conseguir puntuaciones elevadas y mejorar nuestros resultados.
Es una propuesta de espíritu arcade bastante evidente. Cada partida se convierte en un pequeño desafío en el que debemos mejorar nuestros movimientos, encontrar rutas más eficientes y aprovechar las oportunidades que aparecen durante el recorrido.
La generación procedural ayuda a que los escenarios no sean siempre iguales, mientras que las clasificaciones y la búsqueda de récords aportan un motivo para regresar. Aquí la diversión está en dominar el sistema y comprobar hasta dónde podemos llegar.
Sin embargo, también encontramos otros contenidos que permiten aprender y perfeccionar nuestras habilidades sin estar pendientes de un contador.
Los modos Ecos y Ascenso sirven precisamente para profundizar en las posibilidades de las constelaciones. En Ecos podemos practicar determinadas configuraciones siguiendo pistas visuales y sin la presión de un límite de tiempo. Es una manera bastante inteligente de introducir técnicas más avanzadas y comprender cómo funcionan las conexiones entre estrellas.
Ascenso, por su parte, plantea desafíos en los que debemos aplicar lo aprendido para completar una constelación concreta. Aquí desaparece buena parte de la libertad del modo principal: ya no se trata únicamente de conseguir puntos, sino de encontrar la manera adecuada de resolver cada situación.

Cuando la sencillez se convierte en una limitación
Aquí encontramos uno de los principales problemas de Faraway.
Su sistema de control funciona perfectamente cuando queremos realizar movimientos sencillos. Activar una órbita, mantenernos alrededor de una estrella y salir disparados hacia la siguiente es una mecánica fácil de comprender y que permite disfrutar rápidamente de sus posibilidades.
El inconveniente aparece cuando queremos tener un mayor control sobre lo que estamos haciendo.
La selección de las estrellas cercanas depende del sistema de atracción del propio juego. Esto significa que no siempre podemos elegir libremente el cuerpo celeste que queremos utilizar como punto de apoyo. En determinadas situaciones, especialmente cuando tenemos varias estrellas muy próximas, el juego puede seleccionar una que no encaja con la trayectoria que estábamos preparando.
Y claro, cuando estás intentando construir una constelación con cierto orden, que el sistema decida tomar otro camino puede resultar bastante molesto.
También echamos en falta más opciones para controlar nuestro desplazamiento. Poder modificar la velocidad o disponer de alguna herramienta adicional para gestionar las trayectorias habría aportado una mayor sensación de control. No se trata de convertir Faraway en un simulador espacial con veinte botones, pero sí de ofrecer algo más de margen cuando las situaciones se complican.
La dificultad, por tanto, no siempre procede de la habilidad que exige cada desafío. En ocasiones también está relacionada con las limitaciones del sistema.

Un juego para sesiones cortas
Otra de las características que definen Faraway es su filosofía de diseño. Es un juego que parece pensado para entrar, echar unas partidas y marcharse sin necesidad de dedicarle una tarde entera.
Sus desafíos son breves, las partidas tienen un ritmo rápido y la estructura permite disfrutar de pequeñas sesiones sin perder demasiado tiempo. En ese sentido, su herencia de los juegos móviles resulta bastante evidente.
No es necesariamente algo negativo. Existen propuestas arcade que funcionan precisamente porque permiten volver una y otra vez para mejorar una puntuación. El problema es que Faraway no dispone de demasiados sistemas adicionales que alimenten esa progresión.
Resolver un puzle proporciona satisfacción, y superar nuestro récord en el modo principal también tiene su recompensa. Pero no encontramos una evolución especialmente profunda que nos invite a seguir jugando durante decenas de horas.

Un universo construido con muy poco
Visualmente, Faraway es una pequeña demostración de que no siempre hace falta llenar la pantalla de elementos para conseguir una presentación atractiva.
Su universo se construye mediante fondos oscuros, puntos de luz y figuras geométricas que destacan gracias a sus colores. La ausencia de escenarios recargados permite que nuestra atención se centre en las estrellas y en las trayectorias que vamos dibujando.
La interfaz también sigue esa filosofía. Los indicadores son discretos y se integran en la composición sin romper constantemente la atmósfera. Todo está pensado para que la experiencia resulte limpia y comprensible.
No estamos ante un apartado gráfico que busque sorprender por su complejidad técnica, sino por su coherencia artística. La sencillez es precisamente lo que le permite destacar.
En cuanto al sonido, la experiencia mantiene esa intención de acompañar el viaje sin convertirlo en un espectáculo excesivamente ruidoso. Faraway apuesta por una presentación que deja espacio a la contemplación y que encaja con el ritmo de sus partidas.
Es un conjunto que funciona especialmente bien cuando dejamos de preocuparnos por la puntuación y simplemente disfrutamos del movimiento entre las estrellas.

Conclusión: una buena idea que necesitaba un poco más de espacio
Faraway es una propuesta independiente con personalidad propia. Su mecánica basada en la gravedad y la creación de constelaciones consigue convertir una idea aparentemente sencilla en un desafío que requiere habilidad, observación y precisión.
Su apartado visual minimalista resulta atractivo, la ambientación tiene encanto y su estructura permite disfrutar de partidas rápidas sin demasiadas complicaciones. También agradecemos que incluya desafíos diseñados para aprender las posibilidades del sistema y que no se limite a ofrecernos únicamente partidas de puntuación.
Sin embargo, sus limitaciones terminan pesando. La selección automática de las estrellas puede provocar situaciones frustrantes, echamos en falta más opciones de control y la variedad de situaciones no es suficiente para evitar que el concepto termine mostrando sus costuras.
Faraway es uno de esos juegos que funcionan mejor cuando aceptamos sus propias reglas y disfrutamos de lo que propone, sin exigirle una profundidad que nunca ha pretendido alcanzar. Es bonito, diferente y tiene una mecánica capaz de enganchar durante un buen rato, pero también deja la sensación de que había margen para desarrollar mucho más sus posibilidades.
Lo mejor
- Una mecánica de gravedad original, sencilla de entender y con posibilidades.
- El diseño visual minimalista y su atractiva ambientación espacial.
- La creación de constelaciones como elemento central de la experiencia.
- Los desafíos que permiten aprender y perfeccionar nuestros movimientos.
- Ideal para partidas cortas.
Lo peor
- Pocas opciones para controlar con precisión nuestras trayectorias.
- La variedad de situaciones y mecánicas es limitada.
- Su escasa progresión puede reducir el interés a largo plazo.
Ficha técnica
- Juego: Faraway
- Plataforma analizada: PC
- Desarrollador: Steph Thirion
- Distribuidora: Annapurna Interactive
- Género: Arcade / Puzles
- Idioma: Español
Nota Final
7.0/10
Faraway es una experiencia minimalista con una idea brillante y una ejecución que no siempre está a la altura de sus posibilidades. Su universo invita a perderse entre estrellas y sus mecánicas ofrecen momentos muy satisfactorios, pero la falta de variedad y ciertas limitaciones de control le impiden alcanzar una puntuación mayor.
