A ver, seamos completamente honestos y que levante la mano el que estuviera pidiendo a gritos un juego de tiros en primera persona donde los gladiadores del Imperio Romano se parten la cara usando cañones Gatling acoplados al hombro y ballestas explosivas que funcionan con gasoil. Nadie, ¿verdad? Normal. Es el tipo de marcianada que solo puede salir de la mente calenturienta de un estudio independiente con ganas de agitar el avispero.
Pues resulta que la gente de GHST Studios ha decidido debutar en la industria por la puerta grande, pasándose los clichés por el forro de la toga. Su carta de presentación se llama Dieseldome: Oil & Blood, un título que acuña con tremendo descaro el término RomanPunk y que hemos podido exprimir a fondo gracias a su demo Oil & Blood. Tras pasar unas cuantas horas masacrando oleadas de enemigos en arenas romanas hipertecnológicas mientras jugamos en formato portátil, os podemos asegurar que este proyecto tiene el potencial necesario para convertirse en el nuevo vicio de los amantes del frenetismo más puro y rancio. Si echas de menos los tiempos de Serious Sam, Unreal Tournament o los piques rápidos de los boomer shooters modernos, sigue leyendo, porque se viene curvas de las buenas.
Contenidos
¿Qué demonios es el RomanPunk? Oro, sangre y motores de combustión
Para entender ante qué tipo de locura estamos, lo primero que hay que asimilar es su ambientación. Olvidaos de los libros de historia de el instituto. Aquí la Antigua Roma no cayó por culpa de las invasiones bárbaras; aquí parece que descubrieron los motores de combustión interna, el refinamiento del petróleo crudo y la tecnología pesada antes de tiempo. El resultado es un apartado artístico que entra por los ojos desde el primer segundo.
La demo nos suelta directamente en mitad de un coliseo gigantesco que mezcla los clásicos motivos arquitectónicos de mármol, estatuas de césares y columnas imperiales con tuberías oxidadas que escupen humo negro, respiraderos subterráneos de diésel y lagos viscosos de petróleo que, si se te ocurre pisar por error, te van a dejar más vendido que un cristiano frente a los leones al ralentizar tu movimiento.
El mimo que ha puesto el estudio en construir este universo estético es encomiable. Los enemigos no son simples monigotes con espada. Te vas a enfrentar a cientos de desgraciados que se te echan encima en hordas salvajes, pero la cosa se vuelve verdaderamente loca cuando la arena decide escalar la violencia. De repente, el cielo del coliseo se llena de góndolas flotantes armadas hasta los dientes y zepelines rudimentarios de hélice que te disparan desde el aire, mientras que por el suelo empiezan a circular tanques improvisados y vehículos de combate blindados que parecen salidos de una película de Mad Max rodada en el año 50 d.C. Es un caos absoluto, ruidoso y sangriento que no te da ni un solo segundo de respiro.

El arte de no quedarse quieto: Parkour y plomo a ritmo vertiginoso
En Dieseldome, quedarse quieto un instante equivale a que te pasen por encima de forma inmediata. El juego se estructura bajo las bases de los shooters de supervivencia en arena, exigiendo una movilidad constante y fluida. Por suerte, los controles responden con una precisión milimétrica. Para movernos por el mapa, el personaje cuenta con un abanico de movimientos que hace que el combate se sienta como una danza hiperactiva: tenemos conductos de ventilación de diésel repartidos por el suelo que actúan como lanzaderas para catapultarnos por los aires, multitud de paredes colocadas estratégicamente con ángulos perfectos para marcarse un wall-running de manual y un doble salto que es la clave para esquivar los ataques aéreos y diseñar jugadas espectaculares en el aire.
Pero claro, de nada sirve moverse como un acróbata si a la hora de apretar el gatillo las armas se sienten como pistolas de agua. Aquí es donde el juego nos ha ganado por completo. El gunplay es contundente, seco y sumamente satisfactorio. La demo nos ha dejado catar una variedad de armamento de lo más jugosa, destacando esa ballesta diésel que dispara virotes explosivos que limpian grupos enteros de enemigos, o el ya mencionado cañón Gatling montado en el hombro, una auténtica trituradora de carne digitalizada.
Cada disparo se siente pesado, ayudado por una respuesta de audio magnífica y unos efectos visuales salvajes. Ver cómo un zepelin estalla en el aire provocando una pequeña ralentización de la pantalla al más puro estilo cinematográfico, o destrozar el tanque de combustible de un blindado para ver cómo salta por los aires en mitad de una explosión de vísceras es una delicia que saca nuestra sonrisa más gamberra.

Pan y circo: El público es el que manda aquí abajo
Detrás de toda esta capa de violencia gratuita y tiroteos sin cables, Dieseldome: Oil & Blood esconde una complejidad mecánica interconectada bastante sorprendente que lo aleja de ser un simple clon de matar por matar. Aquí no subes de nivel por el simple hecho de acumular bajas; la progresión está directamente ligada al «Entusiasmo de la Multitud». Al fin y al cabo, eres un gladiador en un foso, y el público soberano ha ido allí a divertirse.
Este medidor de entusiasmo es la columna vertebral de cada partida. Si encadenas muertes múltiples con estilo, utilizas las habilidades especiales de tu personaje de forma creativa o revientas vehículos en el momento idóneo, el público enloquecerá, el medidor alcanzará un punto crítico y será entonces cuando subas de nivel, otorgándote monedas y una selección aleatoria de ventajas (perks) mágicas y tecnológicas para crear builds absurdamente poderosas sobre la marcha.
Pero ojo, que la grada también se cansa si eres un cobarde. Si te limitas a huir, juegas de forma aburrida o permites que los enemigos capturen y controlen los diferentes puntos de control repartidos por la arena, el entusiasmo caerá en picado, frenando tu progresión y dejándote en clara desventaja. Además, el estudio ha metido un sistema de «apuestas» previo a la partida. Básicamente son objetivos opcionales y desafíos extra que tú mismo decides aceptar antes de saltar a la arena (como pasarte el nivel sin usar ciertas armas o acabar con un jefe en tiempo récord). Si cumples tu palabra, la recompensa en monedas es brutal, permitiéndote comprar mejoras permanentes en el menú principal.

Partidas de 20 minutos y la experiencia en Steam Deck
Una de las grandes bondades del diseño de este juego es que sabe perfectamente a lo que va. Las partidas tienen una duración máxima de 20 minutos. Esto lo convierte en el título perfecto para echarse un vicio rápido en cualquier rato libre, ya sea mientras esperas a que se haga la cena, en un descanso del trabajo o tirado en el sofá. Es simple de entender, directo y cuenta con un tutorial muy accesible que te explica las bases mecánicas sin andarse con rodeos corporativos ni textos infumables.
Como somos unos ansiosos, hemos querido probar cómo rinde esta demo en la Steam Deck, y las sensaciones generales han sido fantásticas con un pequeño pero que conviene señalar. El juego está muy bien optimizado; visualmente luce de escándalo en la pantalla de la portátil y la tasa de imágenes por segundo se mantiene muy robusta sin necesidad de tener un PC de la NASA para mover a los cientos de enemigos que se acumulan en pantalla. El único gran problema que nos hemos topado en la versión actual de la demo es que la opción para remapear y ajustar las asignaciones de las teclas está temporalmente desactivada en el menú. Esto nos causó algún que otro dolor de cabeza para avanzar con soltura durante el tutorial debido a la configuración por defecto de los botones, pero el propio juego ya avisa en un cartelito de que la función estará disponible próximamente en la versión final. Salvando ese escollo menor, la experiencia portátil es canela en rama.
No podemos cerrar este avance sin hacer una mención de honor al apartado sonoro. La banda sonora que acompaña a las matanzas es un auténtico cañón: una mezcla loquísima de melodías de estilo 8 bits combinadas con potentes riffs de guitarra eléctrica metalera y un bajo ultra profundo que te bombea la sangre a mil por hora. Todo está integrado a la perfección en la experiencia de juego; las trompetas imperiales anuncian de forma épica la llegada de refuerzos enemigos, el público brama con rugidos atronadores cada vez que subes de nivel y el ritmo de la música se acompasa de maravilla con el traqueteo entrecortado de nuestros cañones.

Conclusiones del avance
Dieseldome: Oil & Blood se postula como uno de los debuts independientes más refrescantes, caóticos y prometedores de los últimos tiempos. GHST Studios ha sabido fusionar la locura estética del RomanPunk con la adicción pura de los shooters de supervivencia en arena de estructura roguelike. El juego es fluido a rabiar, mecánicamente es mucho más profundo de lo que aparenta gracias al peso del público en la progresión y su bucle de partidas rápidas de 20 minutos funciona como un reloj suizo para garantizar una jugabilidad casi infinita. Estamos deseando ver con qué nos sorprenden en la versión final, porque este coliseo de diésel y vísceras promete darnos muchas alegrías. Metedlo ya en vuestra lista de deseados de Steam porque merece mucho la pena.
Ficha técnica
- Título: Dieseldome: Oil & Blood
- Desarrollador: GHST Studios
- Editor: GHST Studios
- Plataformas: PC (Steam / Optimizado para Steam Deck)
