Llegar hoy en día al mercado de los juegos de construcción de mazos y pretender llamar la atención es una misión casi suicida. Estamos atiborrados de propuestas que replican paso por paso la estructura de los grandes referentes, cambiando únicamente la temática de las cartas y poco más. Por eso mismo, tropezarse en el acceso anticipado de Steam con este Shroom and Gloom se siente como un soplo de aire fresco bastante cañótico. El equipo de Team Lazerbeam no se ha limitado a diseñar un mazo de cartas con temática de hongos; han decidido meter la cámara directamente en los ojos del protagonista, obligándonos a recorrer túneles mugrientos en tres dimensiones mientras gestionamos nuestras acciones a base de naipes. La combinación suena estrambótica en la teoría, pero a las primeras de cambio demuestra tener un sentido tremendo.
Nada más arrancar la partida te das cuenta de que aquí no hay tutoriales interminables ni mapas cenitales con caminos trazados con regla. El juego te suelta en mitad de una galería subterránea, te indica con qué tecla dar el primer paso y te exige que espabiles por tu cuenta. El apartado visual entra como un impacto directo en la retina: escenarios tridimensionales opresivos combinados con ilustraciones hechas a mano para los objetos y criaturas, creando una estética grotesca, decadente y extrañamente divertida. Todo parece estar cubierto de moho, secreciones raras y esporas mutantes. Lejos de resultar desagradable, esa atmósfera de pesadilla cómica encaja a la perfección con la sensación de estar perdiendo la cordura progresivamente mientras te adentras en lo más profundo de la cueva. Y tiene algo de lo que presumir: Personalidad propia
Contenidos
La dualidad de los mazos: explorar o combatir
El gran hallazgo de diseño de Shroom and Gloom reside en que no gestionamos una única baraja para resolver todos los problemas. El juego divide nuestras herramientas en dos mazos totalmente independientes pero conectados entre sí: uno enfocado a la exploración y gestión del entorno, y otro reservado para los enfrentamientos directos. Mientras avanzamos por las galerías, robamos cartas del primer grupo para interactuar con lo que nos rodea. ¿Hay un portón cerrado con un candado oxidado? Puedes usar la carta de una llave, tirar de un pico para reventarlo o emplear herramientas más disparatadas. ¿Te falta luz para ver lo que hay en la penumbra? Toca gestionar elementos consumibles como la batería del móvil o fuegos artificiales antes de que la oscuridad se vuelva peligrosa.
Esta separación obliga a masticar cada decisión con cabeza. Muchas de las cartas de exploración son reutilizables y vuelven a la mano tras varios turnos, pero las más potentes o los recursos consumibles desaparecen tras usarlos. Utilizar una herramienta valiosa para abrir un cofre secundario en ese preciso instante puede sacarte de un apuro inmediato, pero también puede dejarte totalmente vendido dos habitaciones más adelante frente a un obstáculo mayor. Esa incertidumbre constante sobre qué vas a necesitar a la vuelta de la esquina dota a los paseos por la mazmorra de un ritmo excelente, alejándolo por completo de la monotonía de ir simplemente pinchando en el siguiente nodo del mapa.

Cuando el enemigo se convierte en el plato principal
Cuando doblamos la esquina y nos topamos de frente con una aberración micológica, la perspectiva en primera persona se mantiene y entra en juego el mazo de combate. A primera vista, los pilares del enfrentamiento recuerdan a las bases del género: aplicar daño, potenciar ataques, aplicar estados alterados o acumular defensas. La gran diferencia es que la salud del protagonista no es un medidor sagrado que debamos proteger a toda costa, sino un recurso dinámico más con el que comerciar. Y la forma de recuperarla no podría ser más surrealista: cocinándonos a los propios monstruos que intentan devorarnos.
Al rematar a una criatura mediante ciertas cartas especiales, no dejamos tras de sí un simple cadáver disipándose en el aire. Sus restos se convierten en ingredientes culinarios instantáneos. Podemos asar a los enemigos para preparar tentempiés que devuelven puntos de vida sobre la marcha o derretirlos para sintetizar cartas que nos otorgan energía extra en los siguientes turnos. Esta mecánica cambia por completo la mentalidad agresiva durante las peleas. Asumir varios golpes a propósito deja de ser un error nefasto si sabemos que el remate del turno nos va a permitir darnos un atracón que compense el daño encajado. Los recursos gastronómicos funcionan además como la propia moneda de cambio de la mazmorra, obligándonos a decidir si preferimos hincarle el diente a un trozo de hongo mutante para sobrevivir o guardarlo en el macuto para intentar comprar alguna mejora en la siguiente tienda.

Experimentos al límite y una curva de aprendizaje genial
Lejos de asustar con su falta de guías iniciales, la absoluta libertad que otorga Shroom and Gloom para trastear con sus cartas se convierte en uno de sus mayores alicientes. El título invita constantemente a buscar sinergias locas y romper el equilibrio del juego sin ningún tipo de pudor. En apenas unas cuantas partidas es perfectamente posible construir combinaciones disparatadas que transforman un ataque básico de tres puntos de daño en una auténtica salvajada de más de cien de impacto. Esa sensación de haber descubierto un truco prohibido que el propio código del juego permite forma parte esencial del encanto del género, y aquí se explota con un descaro brillante.
Lógicamente, como en todo buen roguelike, esa misma apertura significa que habrá incursiones donde la suerte o la falta de previsión te dejen completamente vendido. Entender cómo dialogan el mazo de combate y el mazo de exploración requiere estrellarse un par de veces contra la realidad de sus túneles. Descubrir qué hace exactamente una carta que acabas de recoger o en qué baraja encaja mejor forma parte de un proceso de aprendizaje orgánico. No es un juego que busque llevarte de la mano, sino uno que premia a los jugadores curiosos a los que les gusta tocar botones, probar objetos raros y ver qué ocurre al cruzar la siguiente esquina a oscuras.

Un trabajo visual artesanal con margen de mejora en lo sonoro
A nivel puramente técnico y artístico, el trabajo de Team Lazerbeam es para quitarse el sombrero. Aunque a través de capturas estáticas pueda parecer un conjunto recargado o caótico, el juego gana enteros en movimiento. Esos gráficos dibujados a mano, llenos de trazos nerviosos y diseños grotescos para cada enemigo y naipe, le otorgan un empaque visual único que se distancia de las estéticas pulidas y genéricas a las que nos tiene acostumbrados el panorama indie. La iluminación dentro de los pasillos tridimensionales y la gestión de la penumbra fuera de los combates aumentan esa ambientación pesadillesca de forma impecable.
Donde sí se le notan algo más las costuras de este acceso anticipado es en el apartado sonoro. La banda sonora acompaña bien la atmósfera melancólica y opresiva durante los primeros compases, pero la escasez de temas musicales hace que las composiciones terminen pecando de repetitivas tras varias horas acumuladas de juego. Es uno de los aspectos donde el estudio tiene más margen para expandir y pulir de cara a las actualizaciones venideras, junto al añadido de nuevas regiones y clases de personajes que amplíen la variedad de las rutas.

Un acceso anticipado con unos cimientos prometedores
La foto fija que deja esta versión previa de Shroom and Gloom en PC no puede ser más esperanzadora. Con dos regiones completas ya disponibles y una cantidad de cartas y herramientas más que respetable, el juego ofrece un pozo de horas considerable para cualquier fan de la estrategia micológica y los retos con cartas. Los cimientos jugables están perfectamente asentados, los dos mazos se sienten integrados de forma magistral y el tono desenfadado, (a la par que tenebroso) encaja a las mil maravillas con la propuesta.
Si estás saturado de las mismas estructuras de siempre dentro de los deckbuilders y buscas una experiencia con personalidad propia, humor negro y un bucle de exploración en primera persona que te mantenga pegado a la pantalla, este viaje por las profundidades de la cueva merece un hueco en tu biblioteca de Steam. Queda camino por recorrer hasta su versión definitiva, pero los primeros pasos son para estar muy optimistas.

Conclusiones
Shroom and Gloom demuestra que todavía queda espacio para la sorpresa en los juegos de cartas mediante una mezcla impecable de exploración en primera persona, gestión de doble mazo y humor grotesco. Aunque su apartado sonoro necesita más variedad y la curva inicial puede desconcertar a los más despistados, su jugabilidad es adictiva, fresca y rebosante de carácter.
Ficha Técnica
- Título: Shroom and Gloom
- Género: Roguelike / Construcción de mazos / Primera persona / Aventura
- Desarrollador: Team Lazerbeam
- Editor: Devolver Digital
- Plataformas: PC (Versión analizada)
- Idiomas: Textos en inglés (Localización a otros idiomas en desarrollo)
