Desarrollador: One More Level
Editor: 505 Games
Plataformas: PC, PlayStation 5, Xbox Series X|S

La primera entrega de Ghostrunner fue una sorpresa: un título rápido, letal y preciso que mezclaba la agilidad del parkour con combates a un golpe, un ritmo de vértigo y una ambientación cyberpunk que se quedaba grabada en la retina.
Ahora, Ghostrunner 2 busca superar a su predecesor sin perder lo que lo hizo especial. El resultado es un juego que mantiene su identidad en lo esencial, pero que se atreve a explorar territorios nuevos, con aciertos y tropiezos por el camino.


Un regreso con más herramientas y más ambición

La historia retoma los eventos un año después del primer juego. Jack, el último Ghostrunner, forma parte de una resistencia que intenta reconstruir la sociedad en las ruinas de Dharma Tower. Pero la paz dura poco: una nueva amenaza llamada los Asura irrumpe, desatando el caos y empujando al protagonista a salir, por primera vez, más allá de las murallas.

Esa es la clave de esta secuela: ampliar el mundo y sus posibilidades. One More Level ha querido que el jugador no solo corra y corte enemigos entre pasillos metálicos, sino que también explore, conduzca y se enfrente a desafíos más variados. Pero en esa búsqueda de diversidad, Ghostrunner 2 pierde parte del filo que hacía tan adictivo al original.


Cuando corre sobre raíles, brilla con luz propia

En sus secciones más clásicas —paredes, saltos imposibles, reflejos y precisión quirúrgica— el juego sigue siendo un espectáculo. La fluidez de movimientos y la sensación de control absoluto son excepcionales. Cada enemigo eliminado con un tajo limpio y cada secuencia de parkour resuelta al milímetro generan esa adrenalina pura que definió al primer Ghostrunner.

La novedad llega con una moto futurista que sirve como vehículo y extensión del parkour. Cuando se usa en niveles cerrados, el diseño brilla: hay secciones que parecen sacadas de un videoclip de synthwave, pura velocidad, luces y ritmo.
Pero cuando el juego intenta abrirse hacia escenarios más amplios o semimundo abierto, el resultado se diluye. La exploración carece de la tensión y la precisión que hacen especial a la saga. No es mala, pero rompe el pulso frenético que la define.


Más habilidades, más libertad… y también más margen para el error

Jack cuenta ahora con nuevas herramientas: señuelos para distraer enemigos, impulsos para romper defensas y habilidades especiales que pueden cambiar el curso de una batalla. El diseño de niveles se adapta a esa mayor variedad, ofreciendo caminos alternativos y desafíos más tácticos.
Aun así, la esencia sigue siendo la misma: morir, aprender y volver a intentarlo. Ghostrunner 2 mantiene su ADN de precisión y castigo, y eso es parte de su encanto. Pero la curva de dificultad puede ser irregular, y en algunos momentos el ritmo se resiente por decisiones de diseño menos afinadas.


Cyberpunk de verdad: estilo, música y control milimétrico

Técnicamente, el salto es notable. Aunque sigue siendo un título AA, Ghostrunner 2 luce de auténtica nueva generación. Los efectos de iluminación, el diseño de armas y el uso del color en los entornos convierten cada nivel en una postal de neón y acero.

El feedback del DualSense (en PS5) aporta una inmersión espectacular: se nota la resistencia de los gatillos al frenar la moto o el zumbido del arma al cortar un enemigo. Y la banda sonora —una mezcla de electrónica, dark synth y pulsos industriales— acompaña cada golpe como si dictara el ritmo del combate.


Conclusión: un filo que sigue cortando, aunque a veces titubee

Ghostrunner 2 es una secuela valiente. No se conforma con repetir la fórmula y busca expandirla, aunque esa ambición le pase factura. Cuando se mantiene en su terreno —velocidad, precisión y desafío constante—, es de lo mejor que ofrece la acción en primera persona hoy en día.
Pero cuando se aleja de esa esencia, pierde ritmo y coherencia.

Aun así, One More Level entrega una experiencia intensa, visualmente impactante y capaz de hacernos sentir que cada salto, cada tajo y cada error importan. Un regreso con más músculo, más color y, pese a sus tropiezos, una digna continuación de uno de los títulos más singulares del cyberpunk moderno.

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