¿Una joya independiente con ideas valientes o un proyecto que muere ahogado por su propia ambición?
DuneCrawl es uno de esos juegos que, sobre el papel, despiertan una curiosidad inmediata. Mundo abierto, cooperativo, ambientación desértica alienígena y una idea tan extraña como potente: explorarlo todo a lomos de gigantescos cangrejos armados hasta los dientes. El tipo de concepto que solo puede nacer del terreno independiente, donde la creatividad todavía se antepone al cálculo.

Desarrollado por Alientrap, DuneCrawl apuesta alto. Muy alto. Y como suele ocurrir en estos casos, el resultado final es una mezcla constante de aciertos llamativos y problemas estructurales que acaban pesando más de lo deseable. Estamos ante un juego con personalidad, con ideas propias y con una identidad visual clara… pero también ante una experiencia irregular, frustrante por momentos y que no siempre consigue ser divertida.

La gran pregunta es clara: ¿merece la pena invertir tiempo en DuneCrawl? La respuesta, como su mundo infinito de arena, no es sencilla.


Un mundo abierto tan atractivo como vacío

DuneCrawl nos sitúa en un vasto desierto alienígena, un entorno que impresiona desde el primer momento por su escala. Para un estudio independiente, levantar un mundo abierto de estas dimensiones no es ninguna broma, y aquí hay que reconocer el mérito de Alientrap. El mapa es amplio, está lleno de rutas, zonas diferenciadas, enemigos, mazmorras y puntos de interés que invitan a la exploración.

El problema es que esa exploración no siempre resulta gratificante. El desierto es visualmente atractivo, pero también monótono. Muchas zonas se sienten demasiado similares entre sí y, aunque el juego intenta romper esa sensación con eventos, enemigos y misiones secundarias, la repetición acaba apareciendo antes de lo esperado.

No ayuda que el diseño de misiones sea bastante plano. Gran parte de los encargos se reducen a desplazarse a un punto concreto, eliminar enemigos o recuperar un objeto. Funciona durante las primeras horas, cuando el mundo todavía resulta nuevo, pero conforme avanzamos, la falta de variedad empieza a pasar factura.


Una narrativa que no termina de despegar

La historia de DuneCrawl cumple, pero poco más. Arranca con el ataque a una pequeña aldea desértica y nos pone en la piel de un Guardián encargado de proteger a su pueblo, los Polloi, de diversas amenazas que luchan por el control del territorio. El planteamiento es sencillo y funcional, pero nunca especialmente memorable.

El juego introduce pinceladas de trasfondo aquí y allá, algunos personajes secundarios y diálogos correctamente escritos, pero no hay una narrativa potente que empuje al jugador a seguir adelante. Todo se siente algo desaprovechado, especialmente teniendo en cuenta lo peculiar e interesante que es el universo que plantea.

No es que la historia sea mala, es que se queda corta. DuneCrawl pedía a gritos una narrativa más elaborada que justificara su duración y su mundo abierto, algo que ayudara a mantener el interés durante las más de 15 horas que puede durar la aventura.


Combate a pie: variedad con poca precisión

Cuando descendemos de nuestras monturas y combatimos a pie, DuneCrawl ofrece un sistema de combate funcional pero claramente mejorable. Hay una buena variedad de armas: arcos, pistolas, espadas, hachas, bombas… Cada una con sensaciones distintas y enfoques variados, algo que siempre se agradece.

Sin embargo, el control no termina de acompañar. El apuntado es impreciso, especialmente con mando, y algunas armas de corto alcance resultan frustrantes por la facilidad con la que fallan. El sistema de fijación ayuda a mitigar el problema, pero no lo soluciona del todo.

Hay momentos puntuales donde el combate funciona y resulta satisfactorio, sobre todo cuando utilizamos explosivos o aprovechamos el entorno, pero en general se siente tosco, falto de fluidez. No es un desastre, pero tampoco está a la altura de lo que exige un juego que basa gran parte de su propuesta en la acción constante.


Botín, progresión y sistemas bien integrados

Uno de los aspectos mejor resueltos de DuneCrawl es su gestión de inventario y progresión. El juego ofrece abundante botín que podemos equipar o vender, con menús claros, accesibles y bien integrados en la experiencia. Cambiar armas, gestionar equipo o usar consumibles es rápido y cómodo, algo fundamental en un juego de estas características.

El mapa también está bien diseñado a nivel funcional. Los objetivos están claros, las zonas importantes bien señalizadas y es difícil sentirse perdido. DuneCrawl evita uno de los grandes pecados del mundo abierto moderno: el deambular sin rumbo sin saber qué hacer.


Mazmorras y puzles: luces entre la arena

A lo largo del viaje encontraremos mazmorras que rompen la rutina del mundo abierto. Estas zonas suelen incluir puzles, trampas y desafíos más centrados en la observación y el timing, y son, sin duda, uno de los puntos más interesantes del juego.

Resolver acertijos, esquivar pinchos o interactuar con el entorno aporta variedad y demuestra que Alientrap tiene buenas ideas. Eso sí, en cooperativo pueden resultar algo caóticas si los jugadores no se coordinan bien, algo que puede generar frustración innecesaria.


El gran reclamo: los rastreadores gigantes

Llegamos al elemento estrella de DuneCrawl: los enormes rastreadores, esas criaturas gigantes que funcionan como vehículos y que protagonizan los tráilers del juego. La idea es brillante: un jugador controla el rastreador mientras otro dispara desde él, fomentando el trabajo en equipo.

Por desgracia, la ejecución no está a la altura del concepto. Manejar al rastreador es lento y poco preciso, el sistema de disparo resulta torpe y la coordinación necesaria puede convertirse en una carga más que en una diversión, especialmente con solo dos jugadores.

En solitario, la cosa empeora. El compañero controlado por la IA es poco efectivo y resta tensión a los combates. Las mejoras para los rastreadores aportan algo de interés, pero no consiguen que su manejo resulte realmente divertido a largo plazo.


Cooperativo: necesario, pero no perfecto

DuneCrawl puede jugarse en solitario o en cooperativo de hasta cuatro jugadores, tanto online como local. Y aunque es disfrutable solo, claramente está pensado para jugarse acompañado. Muchas situaciones funcionan mejor en grupo, y el diseño de algunas mecánicas parece exigir cooperación.

Aun así, el cooperativo no es tan sólido como debería. Hay desajustes, problemas de ritmo y situaciones donde la experiencia se resiente. No es injugable, pero tampoco es ese juego cooperativo imprescindible que podría haber sido.


Rendimiento y errores técnicos

En el apartado técnico, DuneCrawl muestra las costuras propias de un proyecto ambicioso con recursos limitados. El rendimiento es irregular, con caídas de frames notables, especialmente al usar los rastreadores o en zonas abiertas. En dispositivos como Steam Deck, la experiencia es aún más inconsistente.

Nada resulta completamente injugable, pero los problemas técnicos se suman a una experiencia ya de por sí irregular, restando puntos a un conjunto que necesitaba más pulido antes de llegar al jugador.


Arte y sonido: el gran triunfo del juego

Donde DuneCrawl brilla sin discusión es en su apartado artístico. Visualmente es atractivo, colorido y con un diseño de criaturas y personajes muy inspirado. Los menús están bien diseñados y el mundo, pese a su monotonía estructural, entra por los ojos.

El sonido acompaña a gran nivel, con efectos contundentes y una banda sonora orquestal que mezcla cuerdas, sintetizadores y percusión con un marcado aire western. Es un trabajo sonoro sobresaliente que eleva la experiencia más de lo que cabría esperar.


Conclusión

DuneCrawl es el ejemplo perfecto de un juego independiente con grandes ideas y una ejecución irregular. Su mundo abierto, su concepto y su apartado audiovisual demuestran ambición y personalidad, pero el combate poco pulido, la narrativa floja, la repetitividad y los problemas técnicos acaban pesando demasiado.

No es un mal juego, pero tampoco es la joya que podría haber sido. Es una experiencia que se disfruta a ratos, que sorprende en momentos concretos, pero que termina agotando antes de llegar a su final.

Aun así, hay talento en Alienttrap. DuneCrawl deja claro que el estudio tiene imaginación y capacidad, y si aprenden de los errores cometidos aquí, su próximo proyecto podría ser realmente especial.


Lo mejor

  • Concepto original y arriesgado
  • Apartado artístico y sonoro sobresaliente
  • Buen diseño de menús y gestión de inventario
  • Mazmorras y puzles bien planteados

Lo peor

  • Combate impreciso y poco satisfactorio
  • Rastreador gigante desaprovechado
  • Narrativa débil
  • Repetitivo y con problemas de rendimiento

Desarrollador: Alienttrap
Editor: Alienttrap
Plataformas: PC (Steam)
Duración aproximada: 15 horas

Nota: 6,5 / 10

Hemos podido analizar este juego gracias a Keymailer

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