El fútbol como RPG definitivo vuelve a saltar al campo
Desde su debut en 2008, Inazuma Eleven se ha convertido en una rara avis dentro del panorama del videojuego japonés. No solo por atreverse a mezclar fútbol y RPG —una combinación que sigue siendo minoritaria incluso hoy—, sino por hacerlo con una identidad propia, profundamente ligada al anime, a la épica desbordada y a una exaltación casi ingenua de valores como la amistad, el esfuerzo y la superación personal. Inazuma Eleven: Victory Road llega como la entrega más ambiciosa de toda la saga, y también como la más observada, tras un desarrollo largo, errático y lleno de expectativas acumuladas durante años.
El resultado final es un título enorme, irregular en algunos aspectos, pero también profundamente fiel a lo que siempre ha representado la franquicia. Victory Road no busca reinventar Inazuma Eleven, sino consolidarlo, expandirlo y rendirle homenaje. Y eso, para bien y para mal, define toda la experiencia.

Una historia clásica, pero con intención
La campaña principal nos pone en la piel de Destin Billows, un protagonista que rompe parcialmente con el arquetipo clásico de la saga. A diferencia de otros héroes de Inazuma Eleven, Destin no empieza como un enamorado del fútbol, sino como alguien que lo ha rechazado tras una experiencia traumática. Esta premisa sirve como punto de partida para una narrativa centrada en la reconstrucción personal, el reencuentro con la pasión perdida y la importancia del grupo como motor de cambio.
Narrativamente, Victory Road es muy reconocible: abundan los diálogos, las escenas de presentación largas y los momentos de dramatismo exagerado. El problema es que el arranque es especialmente lento, con demasiadas interrupciones y una sensación de tutorial extendido que puede poner a prueba la paciencia del jugador. No es hasta varias horas después cuando el juego empieza a desplegar todo su potencial narrativo y jugable.
Aun así, cuando la historia encuentra su ritmo, ofrece momentos emotivos bien construidos, secundarios carismáticos y situaciones que encajan perfectamente con el tono de la franquicia. No es una historia revolucionaria, pero sí efectiva, y consigue que el jugador se implique con el equipo y con la evolución de Destin sin necesidad de conocer entregas anteriores.

Jugabilidad: la esencia se mantiene (para lo bueno y lo malo)
En el apartado jugable, Victory Road apuesta claramente por la continuidad. El sistema de partidos mantiene la estructura híbrida entre estrategia, acción y RPG que ha definido a Inazuma Eleven desde sus orígenes. No estamos ante un simulador de fútbol tradicional: aquí cada encuentro es un tablero táctico en movimiento, donde la colocación, la gestión de recursos y el uso inteligente de habilidades especiales marcan la diferencia.
Cada jugador cuenta con técnicas únicas —regates, tiros, bloqueos— que consumen energía y que deben usarse con cabeza. Activarlas en el momento adecuado puede decidir un partido, mientras que abusar de ellas deja al equipo vendido en los compases finales. La toma de decisiones constante es uno de los grandes aciertos del juego: no basta con correr hacia la portería rival, hay que leer el partido, anticiparse y adaptar la estrategia.
Sin embargo, también es cierto que el sistema no ha evolucionado tanto como cabría esperar tras tantos años. Las sensaciones son muy similares a entregas anteriores, y aunque el control es más pulido y accesible, los jugadores veteranos notarán cierta falta de riesgo en el diseño. Funciona, es divertido y sigue siendo único, pero no sorprende.

Modos de juego: contenido desbordante, ritmo desigual
Además del modo historia, Victory Road incluye una cantidad abrumadora de contenidos. El gran protagonista aquí es el modo Crónica, una auténtica carta de amor a la saga que permite revivir partidos, equipos y personajes de todas las generaciones. Es, sin exagerar, uno de los modos más ambiciosos que ha tenido nunca la franquicia.
La posibilidad de crear equipos imposibles, mezclar épocas y desbloquear miles de jugadores hará las delicias de los fans más fieles. Sin embargo, este modo también ejemplifica uno de los principales problemas del juego: la repetición excesiva. Desbloquear contenido exige jugar una y otra vez partidos muy similares, y el ritmo de progresión puede resultar agotador si se pretende completar todo.
A esto se suma el modo online, con enfrentamientos competitivos y torneos. La inclusión de juego cruzado entre plataformas es un punto muy positivo, pero el equilibrio deja bastante que desear. La diferencia entre equipos muy trabajados y otros en fases iniciales provoca partidos claramente descompensados, lo que puede frustrar a los jugadores menos experimentados.
Por último, el juego incorpora zonas sociales, personalización del pueblo y minijuegos que aportan variedad, aunque no siempre están integrados de forma orgánica con el resto de la experiencia.

Apartado técnico y artístico: un anime jugable
Visualmente, Victory Road es uno de los títulos más atractivos de la saga. El uso del cel shading refuerza la sensación de estar dentro de una serie de animación, con personajes expresivos, técnicas espectaculares y estadios llenos de color. Las animaciones durante los partidos, especialmente en los movimientos especiales, son fluidas y vistosas, y contribuyen a que cada encuentro se sienta importante.
La dirección artística está claramente por encima de la media del género, aunque técnicamente el juego no es impecable. Se han detectado pequeñas caídas de rendimiento, tiempos de carga mejorables y errores puntuales que rompen ligeramente la inmersión. No son fallos graves, pero sí evidencian que el título no siempre alcanza el nivel de pulido que se espera de una producción de esta magnitud.
En el apartado sonoro, la banda sonora combina temas clásicos con nuevas composiciones que encajan perfectamente con la épica exagerada del juego. El doblaje —donde está disponible— cumple, y la localización de textos es correcta y agradecida.

Nostalgia frente a accesibilidad
Uno de los mayores méritos de Victory Road es su capacidad para funcionar como punto de entrada y como celebración. Los nuevos jugadores pueden disfrutar de la historia principal sin sentirse perdidos, mientras que los veteranos encontrarán constantes referencias, personajes icónicos y mecánicas familiares que apelan directamente a la nostalgia.
No obstante, esta doble intención también genera tensiones. En su afán por homenajearlo todo, el juego a veces se excede en cantidad frente a calidad, y no siempre sabe cuándo simplificar o acelerar procesos. Hay momentos en los que Victory Road parece más preocupado por ser enorme que por ser ágil.

Conclusión
Inazuma Eleven: Victory Road es un juego grande, ambicioso y profundamente fiel a su legado. No es perfecto, ni mucho menos: su inicio lento, la repetición de ciertos modos y los desequilibrios en el online son problemas reales que no se pueden ignorar. Pero también es una experiencia única, cargada de personalidad, con una mezcla de fútbol y RPG que sigue sin tener rival directo en el mercado.
Level-5 ha optado por reforzar los cimientos de la saga en lugar de romperlos, y eso se nota en cada partido, cada diálogo y cada técnica especial. Victory Road no es una revolución, pero sí una culminación: un título pensado para fans, pero accesible para nuevos jugadores, que demuestra que Inazuma Eleven todavía tiene mucho que ofrecer.
Lo mejor
- Sistema de juego único que sigue funcionando de forma brillante
- Modo Crónica como homenaje masivo a toda la saga
- Dirección artística y animaciones espectaculares
- Cantidad de contenido casi abrumadora
- Sensación constante de estar dentro de un anime
Lo peor
- Inicio excesivamente lento y cargado de diálogos
- Repetición excesiva en modos de desbloqueo
- Online desequilibrado y poco amable con jugadores novatos
- Falta de evolución real en las mecánicas base
- Algunos problemas técnicos menores
Desarrollador: Level-5
Editor: Level-5
Plataformas: Nintendo Switch, Nintendo Switch 2, PC, PlayStation 4, PlayStation 5, Xbox Series X|S
Puntuación final: 6/10
Victory Road es una obra irregular pero apasionada, un regreso que apuesta por la fidelidad antes que por la innovación, y que logra ofrecer una experiencia muy completa pese a sus aristas. Un título que encantará a los fans de siempre y que, con algo de paciencia, puede conquistar también a los recién llegados.
