El primer imprescindible de 2026 es una obra de arte que te convierte en explorador del vacío
Tenemos años que empiezan con buen pie y otros que directamente arrancan dejando huella. 2026 pertenece sin duda al segundo grupo gracias a MIO: Memories in Orbit, un metroidvania firmado por el estudio francés Douze Dixièmes que no solo entiende el género, sino que lo disecciona, lo respeta y lo lleva un paso más allá.
Lo que podría haber sido “otro indie prometedor más” se convierte, tras unas horas de juego, en una experiencia absorbente, exigente y sorprendentemente ambiciosa. Una de esas obras que no necesitan grandes presupuestos ni nombres rimbombantes para reclamar su lugar entre los mejores del género. Y sí, sin exagerar: estamos ante el primer juego imprescindible de 2026.

Una nave abandonada, una IA rota y un viaje hacia lo desconocido
La premisa inicial de MIO es sencilla, casi minimalista. Encarnamos a MIO, una pequeña unidad robótica que despierta en el interior de una gigantesca nave espacial varada en el vacío. Las Voces, inteligencias artificiales encargadas de mantener operativos los sistemas principales, han dejado de funcionar, y sin ellas la nave está condenada a convertirse en un ataúd flotante.
La misión parece clara: encontrarlas, reactivarlas y devolver el equilibrio. Pero como todo buen metroidvania, lo importante no es el punto de partida, sino el camino.
La narrativa se construye de forma fragmentada, ambiental y muy medida. MIO no necesita largas cinemáticas ni diálogos constantes para transmitir sensaciones: lo hace a través del diseño de escenarios, del silencio, de los restos de una civilización tecnológica en decadencia. Hay melancolía, misterio y una constante sensación de estar explorando algo antiguo, casi sagrado, pese a tratarse de ciencia ficción.
Eso sí, aunque la historia funciona y atrapa, hay que señalar un punto claramente mejorable: la traducción al español, plagada de errores, frases poco naturales y fallos ortográficos que empañan una narrativa que merece mayor cuidado. No rompe la experiencia, pero sí la desluce.

Un control exquisito que convierte cada salto en placer
Desde el primer minuto, MIO deja claro algo fundamental: jugarlo es una delicia. El control es preciso, inmediato y tremendamente satisfactorio. Cada salto, cada impulso, cada deslizamiento transmite una sensación de control absoluto que resulta clave en un título que apuesta tan fuerte por el plataformeo de precisión.
Porque si hay un elemento que define a MIO por encima de todo es este: es un plataformas de precisión disfrazado de metroidvania. Muchas de sus secciones requieren reflejos, memoria muscular y un uso inteligente de las habilidades desbloqueadas. No hay margen para el error… pero tampoco para la frustración injusta.
Cuando fallas, sabes por qué has fallado. Y cuando superas una sección especialmente exigente, la satisfacción es enorme. Pura escuela clásica, pero con una ejecución moderna y pulida.
El diseño de checkpoints está muy bien medido, evitando castigos excesivos y fomentando el “un intento más” constante. MIO te empuja a mejorar, no a rendirte.

Combate funcional… pero con margen de mejora
El combate cumple, pero es el apartado menos brillante del conjunto. No es malo, ni mucho menos, pero sí algo conservador. El sistema recuerda inevitablemente a referentes como Hollow Knight: ataques simples, esquivas, y un sistema de modificadores que permite personalizar el estilo de juego.
El problema es que, pese a contar con un buen número de estos modificadores, su impacto real en la jugabilidad es limitado. Muchas mejoras resultan poco relevantes, otras directamente situacionales, y al final es fácil acabar usando siempre las mismas configuraciones durante la mayor parte de la aventura.
No llega a ser un fallo grave, porque el núcleo jugable sigue funcionando y el combate es ágil, pero sí se echa en falta una mayor profundidad o sinergias más transformadoras.
Donde MIO se redime por completo es en los combates contra jefes.

Jefes memorables y endiabladamente exigentes
Los enfrentamientos contra jefes están diseñados con un mimo excepcional. Cada uno plantea patrones claros pero exigentes, obligando a aprender, observar y reaccionar con precisión. Aquí el juego no se anda con concesiones: o juegas bien, o vuelves a intentarlo.
La dificultad escala de forma notable, especialmente si te sales del camino principal. Algunos jefes opcionales y secciones avanzadas rozan lo infernal, pero siempre desde una dificultad justa, bien diseñada y tremendamente satisfactoria.
Ganar un combate complicado en MIO no es solo avanzar: es sentir que has mejorado como jugador.

Exploración y diseño de niveles: una lección magistral
Si el plataformeo es sobresaliente y los jefes brillan, la exploración y el diseño del mapa son directamente magistrales.
MIO no te lleva de la mano. No te marca rutas claras ni te dice constantemente dónde ir. El mapa está diseñado para perderte, para que te equivoques, para que memorices caminos, atajos y zonas bloqueadas que prometen secretos futuros.
Y lo más importante: premia la curiosidad como pocos juegos lo hacen.
Es habitual tener varias zonas abiertas al mismo tiempo, múltiples rutas posibles y decisiones constantes sobre por dónde continuar. Incluso es posible acceder a áreas “fuera de orden”, conseguir habilidades antes de lo previsto o esquivar jefes completos gracias a rutas alternativas.
Este diseño no solo aporta libertad, sino también una rejugabilidad enorme y una sensación constante de descubrimiento. Hay momentos en los que el mapa se convierte en un puzzle mental, y resolverlo resulta tan gratificante como cualquier combate.

Una nave que se siente como un mundo vivo
Aunque todo transcurre en el interior de una nave espacial, la variedad de entornos es sorprendente. Laboratorios abandonados, zonas orgánicas, áreas que parecen ecosistemas alienígenas… La sensación es más cercana a explorar un planeta extraño que a recorrer pasillos metálicos.
Visualmente, MIO es una auténtica preciosidad.
Su estilo 2.5D genera una gran profundidad, con escenarios que parecen ilustraciones en movimiento. La paleta de colores es personalísima, el sombreado recuerda a dibujos a mano y cada zona tiene identidad propia. No hay reciclaje visual ni sensación de déjà vu.
La banda sonora acompaña de forma brillante: temas etéreos y calmados durante la exploración, y composiciones electrónicas potentes —con claras influencias de la electrónica francesa— en los combates contra jefes. Una combinación que funciona de maravilla y refuerza la personalidad del juego.

Dificultad elevada y sin concesiones… con matices
MIO es un juego difícil. Muy difícil en algunos tramos. No tiene selector de dificultad tradicional, algo que puede echar atrás a ciertos jugadores. A cambio, incluye varias opciones de accesibilidad que permiten suavizar aspectos concretos sin romper el diseño original.
Aun así, no es un título para todo el mundo. Exige paciencia, atención y habilidad. Pero quienes acepten el reto encontrarán una experiencia profundamente gratificante.
Duración generosa y un final que lo cambia todo
Completar la historia principal puede llevar unas 25 horas, pero eso es solo la superficie. Si decides explorar a fondo, buscar secretos y desbloquear el final verdadero, la duración puede dispararse fácilmente por encima de las 40 horas.
Y aquí es donde MIO se convierte en algo especial. El camino hacia su desenlace real es complejo, enrevesado y fascinante. Descubrirlo sin guía es una experiencia única, casi obsesiva, que te hace sentir como un auténtico explorador cartografiando lo desconocido.

Conclusión: una perla que define el inicio de 2026
MIO: Memories in Orbit no es solo un gran metroidvania. Es un ejemplo de cómo el diseño inteligente, el respeto por el jugador y una identidad artística fuerte pueden dar lugar a una obra memorable.
Tiene defectos, sí: un combate mejorable y una localización muy descuidada. Pero sus virtudes pesan muchísimo más. Es bello, exigente, profundo y sorprendente.
Un juego que no se limita a imitar a los grandes del género, sino que se gana su lugar entre ellos.
Lo mejor
- Un mapa excepcionalmente diseñado, original y abierto
- Plataformeo de precisión exigente y tremendamente satisfactorio
- Dirección artística y banda sonora con enorme personalidad
- Jefes memorables y desafiantes
- Sensación constante de descubrimiento y libertad
Lo peor
- Traducción al español llena de errores
- Sistema de combate algo simple y con poca profundidad en los modificadores
Desarrollador: Douze Dixièmes
Editor: Focus Entertainment
Plataformas:PS5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch, Nintendo Switch 2 y PC
Nota final: 8,8 / 10
Un metroidvania brillante, exigente y precioso que marca el listón del género en 2026. Una obra que no deberías dejar pasar si amas la exploración, el desafío y el buen diseño.
Este análisis ha sido realizado gracias a una clave de PC que nos envío Focus Entertainment
