Una cápsula del tiempo tan honesta como implacable

Hay remasterizaciones que reescriben la historia y otras que se limitan a preservarla tal y como fue. Fighting Force Collection, publicada por Limited Run Games y adaptada a sistemas modernos por Implicit Conversions, pertenece sin lugar a dudas al segundo grupo. Esta recopilación recupera Fighting Force (1997) y Fighting Force 2 (1999), dos títulos que forman parte de una época de transición en el videojuego… pero también de sus tropiezos más evidentes.

Estamos ante una propuesta peculiar: no se trata de rescatar un clásico injustamente olvidado, sino de poner de nuevo sobre la mesa una saga que ya en su momento fue cuestionada, irregular y claramente superada por sus contemporáneos. La pregunta es inevitable: ¿tiene sentido volver a Fighting Force casi tres décadas después? La respuesta no es sencilla, y precisamente ahí reside el interés —y la dureza— de este análisis.


Un poco de contexto: cuando el legado pesa más que el resultado

El caso de Fighting Force es uno de esos relatos industriales que resultan más fascinantes que el propio juego. Originalmente concebido por Core Design como una reinterpretación moderna de Streets of Rage para Sega Saturn, el proyecto acabó transformándose en una IP original tras la negativa de Sega. El resultado fue un beat ‘em up tridimensional que llegó a PlayStation y Nintendo 64… y que, contra todo pronóstico, vendió más de un millón de copias.

Ese éxito comercial dio pie a una secuela que tomó un rumbo completamente distinto, intentando subirse a la ola del sigilo cinematográfico popularizado por Metal Gear Solid y Tomb Raider. El resultado fue Fighting Force 2, un título tan desconectado del original que hoy resulta casi surrealista que compartan nombre.

Fighting Force Collection recupera ambos juegos sin maquillaje narrativo ni reinterpretaciones modernas. Y eso, aunque honesto, también implica exponerlos sin filtros a un escrutinio contemporáneo que no siempre les es favorable.


Fighting Force: el beat ‘em up que llegó tarde a su propia fiesta

El primer Fighting Force es, en esencia, un beat ‘em up 3D de ritmo pausado, con escenarios cerrados, oleadas constantes de enemigos y un sistema de combate extremadamente básico. Incluso situándolo en su contexto original, cuesta justificar muchas de sus decisiones de diseño.

El movimiento es tosco, los ataques carecen de profundidad y la sensación de impacto es mínima. No hay combos elaborados, no existen mecánicas que incentiven la experimentación y el repertorio de acciones se agota en cuestión de minutos. El jugador acaba repitiendo los mismos golpes una y otra vez, no por estrategia, sino por pura inercia.

Los escenarios, además, son pequeños y carentes de identidad. No hay un uso interesante del espacio tridimensional, ni rutas alternativas, ni secretos relevantes que recompensen la exploración. Todo se siente limitado, constreñido y sorprendentemente plano para un juego que presumía de dar el salto al 3D.

La colección permite elegir entre varios personajes, pero las diferencias entre ellos son anecdóticas. No hay estilos de combate diferenciados ni habilidades que alteren significativamente la experiencia. El resultado es una homogeneidad jugable que acelera el cansancio.


Fighting Force 2: identidad prestada y ambición desorientada

Si el primer juego peca de simple, Fighting Force 2 comete el error opuesto: querer ser demasiadas cosas a la vez. Aquí desaparece casi por completo la estructura clásica del beat ‘em up y se apuesta por una experiencia de acción y sigilo en tercera persona, con claras aspiraciones cinematográficas.

El problema es que ninguna de esas aspiraciones se materializa del todo. El sigilo es rudimentario, la inteligencia artificial es errática y los controles no están a la altura de lo que el diseño pretende. La cámara, especialmente, se convierte en un enemigo constante, dificultando la lectura de las situaciones y generando frustración innecesaria.

Narrativamente, el juego intenta construir una atmósfera seria y conspirativa, pero carece del guion, la puesta en escena y la dirección necesarios para sostenerla. Donde Metal Gear Solid brillaba por su ritmo y claridad, Fighting Force 2 se pierde en transiciones torpes y secuencias mal planteadas.

Eso sí, hay que reconocerle cierta valentía. No es un juego cómodo ni conformista; es un experimento fallido, pero experimento al fin y al cabo. Y visto desde la distancia, esa falta de identidad clara es, paradójicamente, lo que lo hace más interesante que su predecesor.


El trabajo de remasterización: correcto, funcional y sin ambición extra

En lo técnico, la labor de Implicit Conversions es irreprochable dentro de lo que se puede esperar. Ambos juegos incluyen:

  • Estados de guardado rápido
  • Función de rebobinado
  • Nuevos esquemas de control
  • Filtros visuales opcionales (incluyendo CRT)

Todo funciona con estabilidad, sin errores graves ni problemas de rendimiento. Pero también es evidente que no se ha ido más allá de lo estrictamente necesario. No hay contenidos adicionales de valor histórico, ni entrevistas, ni documentales, ni material contextual que ayude a entender la importancia —o irrelevancia— de la saga.

Como ejercicio de preservación, cumple. Como edición de aniversario o recopilación conmemorativa, se queda corta.


Diseño audiovisual: nostalgia sin refinamiento

Visualmente, Fighting Force Collection es exactamente lo que promete: juegos de finales de los 90 funcionando de forma estable en hardware moderno. Los polígonos angulosos, las animaciones rígidas y las texturas simples están ahí, sin reinterpretaciones ni mejoras profundas.

El sonido tampoco destaca. Las bandas sonoras cumplen una función puramente ambiental y rara vez dejan huella. En una era en la que incluso juegos mediocres lograban melodías memorables, Fighting Force se conforma con acompañar sin personalidad.


Una colección que exige un público muy concreto

La gran pregunta es a quién va dirigida esta colección. La respuesta es clara: a jugadores con una nostalgia muy específica por la era PS1/N64, dispuestos a aceptar sus defectos como parte del encanto.

Para cualquier otro perfil, el choque puede ser duro. Fighting Force Collection no envejece bien porque, en muchos aspectos, ya nació desfasada. No es un caso de genialidad incomprendida, sino de diseño limitado que el paso del tiempo solo ha hecho más evidente.


Conclusión

Fighting Force Collection es una recopilación honesta, pero implacable. No intenta reescribir el pasado ni maquillar sus carencias, y eso tiene mérito. Sin embargo, también deja claro que no todo lo que merece ser preservado es necesariamente recomendable de jugar hoy.

Como documento histórico, resulta interesante. Como experiencia jugable, es irregular y, en muchos momentos, frustrante. Agradecemos el esfuerzo de conservación, pero no podemos ignorar que ambos títulos han envejecido peor de lo esperado… en parte porque nunca fueron especialmente brillantes.

Una propuesta pensada para curiosos, coleccionistas y nostálgicos acérrimos. Para el resto, hay opciones mucho más representativas del género y de su época.


Lo mejor

  • Preservación fiel de dos juegos olvidados
  • Funciones modernas de calidad de vida
  • Estabilidad técnica impecable
  • Valor histórico como pieza de arqueología jugable

Lo peor

  • No ofrece una alternativa jugable adaptada a tiempos actuales
  • Ausencia casi total de contenido extra
  • Diseño de combate limitado y repetitivo
  • Las cargas constantes de la primera parte ya no son necesarias.

Desarrollador: Core Design (original) / Implicit Conversions (remaster)
Editor: Limited Run
Plataformas: PC, PlayStation 5, Nintendo Switch y PlayStation 4
Nota final: 7 / 10

Este análisis ha sido posible gracias a una clave de la versión de PC cedida por The Overload PR Team

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