Hay ideas que, sobre el papel, suenan tan extrañas que cuesta imaginarlas funcionando. Un multijugador competitivo centrado en crear vasijas, personalizarlas y enfrentarlas en arenas donde el objetivo es apagar el horno rival con agua… no parece precisamente la receta de un éxito inmediato. Sin embargo, Double Fine Productions lleva años demostrando que sabe convertir conceptos peculiares en experiencias memorables, y con Kiln vuelve a intentarlo.
Tras varias semanas jugando a la versión de PC —incluyendo betas y versión final— la conclusión inicial es clara: Kiln es un juego tan peculiar como divertido, pero también irregular. Tiene momentos brillantes, ideas muy frescas y una personalidad arrolladora, aunque todavía arrastra ciertas limitaciones propias de un lanzamiento contenido.
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De una game jam a un multijugador comercial
El origen de Kiln es importante para entender lo que ofrece. Nació como un proyecto pequeño dentro de una game jam interna del estudio, y esa esencia sigue muy presente. No estamos ante un gran blockbuster, sino ante una experiencia multijugador compacta, directa y con un enfoque muy claro: creatividad + competición.
El juego propone algo poco habitual: antes de entrar en combate, tienes que crear tu propia vasija. No es un simple editor cosmético; aquí la forma, el tamaño y los elementos que añades influyen directamente en cómo se comporta tu personaje en partida.
Todo esto ocurre en un pequeño hub llamado The Wedge, un espacio social donde puedes interactuar con otros jugadores, ver sus creaciones y preparar la tuya. Es un lugar sencillo, pero cumple bien su función como punto de encuentro.
Crear antes de competir
Uno de los grandes pilares de Kiln es su sistema de creación. Desde el primer momento, el juego te invita a moldear tu propia vasija en un torno, dándole forma en un plano accesible pero sorprendentemente profundo.
El control con mando o teclado es intuitivo, lo que permite que cualquiera pueda crear algo funcional en pocos minutos. Pero lo interesante llega cuando decides ir más allá. Ajustar curvas, proporciones o detalles se convierte en un proceso más complejo, casi artesanal, que requiere práctica.
A esto se suma la personalización estética: esmaltes, pegatinas, accesorios… todo contribuye a que cada creación sea única. Lo más llamativo es que Kiln evita caer en el modelo típico de monetización agresiva. La mayoría de objetos se desbloquean jugando, algo que se agradece en un género donde los cosméticos suelen estar ligados a micropagos.
Además, el sistema de progresión está bien planteado. A lo largo de los niveles vas desbloqueando nuevas opciones, y las recompensas se sienten cada vez más interesantes, evitando esa sensación de relleno que tienen otros juegos.

Vasijas como clases
Aquí es donde Kiln introduce una de sus ideas más inteligentes: las vasijas no son solo estética, son también clases jugables. Dependiendo de su tamaño y forma, cambian atributos como velocidad, resistencia o daño.
Las más pequeñas son rápidas y ágiles, ideales para moverse por el mapa y esquivar ataques. Las grandes, en cambio, son más lentas pero mucho más contundentes. Entre medias hay un equilibrio interesante que permite adaptarse a distintos estilos de juego.
Cada tipo de vasija tiene también habilidades únicas. Algunas permiten ataques directos, otras funcionan como control de masas o herramientas tácticas. Esta variedad hace que el sistema tenga más profundidad de la que parece al principio.
Lo mejor es que el juego no obliga a complicarse. Si quieres crear algo rápido y lanzarte a jugar, puedes hacerlo sin problema. Pero si te gusta experimentar, tienes margen de sobra para hacerlo.

El modo principal: Quench
Una vez tienes tu creación lista, llega el momento de entrar en acción. El modo principal —y por ahora único— es Quench, donde dos equipos compiten por apagar el horno rival.
La mecánica es simple: recoger agua del mapa, transportarla y verterla en el objetivo enemigo. El primer equipo que lo consigue tres veces gana la partida.
Puede parecer básico, pero funciona. Las partidas son rápidas, intensas y bastante caóticas. Hay una mezcla constante de ofensiva y defensa, con momentos donde todo el equipo se lanza al ataque y otros donde toca proteger el propio horno.
El diseño recuerda ligeramente a juegos como Splatoon o propuestas arcade clásicas, pero con identidad propia. No busca ser competitivo al extremo, sino ofrecer diversión inmediata.

Caos con matices
El ritmo de las partidas es uno de sus puntos fuertes. Todo ocurre rápido, y rara vez hay momentos muertos. Los mapas, aunque no muy grandes, están bien diseñados para fomentar el movimiento constante.
Hay rutas alternativas, zonas más abiertas y otras más cerradas que favorecen distintos estilos. Además, el número limitado de puntos de agua obliga a tomar decisiones: ¿arriesgar para conseguir más recursos o jugar seguro?
Sin embargo, no todo funciona igual de bien. El combate cuerpo a cuerpo puede resultar inconsistente, especialmente en situaciones caóticas con muchos jugadores. A veces da la sensación de que los impactos no responden como deberían, lo que puede generar frustración.
Aun así, cuando todo encaja, Kiln ofrece momentos muy divertidos. Es de esos juegos donde el caos genera situaciones imprevisibles, muchas veces más cercanas a la comedia que a la competición pura.

Ideas muy prometedoras
Kiln deja claro que tiene una base muy sólida. Su propuesta es original, su sistema de creación engancha y el multijugador funciona mejor de lo que cabría esperar.
Eso sí, también empieza a mostrar sus limitaciones: contenido algo justo, ciertos problemas técnicos y una dependencia total de un único modo de juego.
Si hay algo que queda claro tras varias horas con Kiln, es que estamos ante un juego que se sostiene sobre una idea brillante… pero que todavía necesita tiempo para alcanzar todo su potencial. La base es muy sólida, sí, pero es en los detalles —y en la cantidad de contenido— donde empiezan a aparecer las grietas.
Aun así, cuando el conjunto funciona, Kiln demuestra que su propuesta no solo es original, sino también sorprendentemente adictiva.

Mapas con identidad propia
Uno de los aspectos más interesantes del multijugador de Kiln es el diseño de sus escenarios. Aunque en el lanzamiento la cantidad es limitada, cada mapa intenta ofrecer algo distinto, tanto a nivel visual como jugable.
Hay escenarios que apuestan por la verticalidad, otros por plataformas móviles y algunos que introducen mecánicas únicas que alteran el ritmo de la partida. Este esfuerzo por diferenciar cada arena ayuda a que el juego no se vuelva repetitivo demasiado rápido, al menos durante las primeras horas.
Por ejemplo, hay mapas donde el movimiento constante es clave, con elementos que impulsan a los jugadores o modifican las rutas habituales. Otros, en cambio, favorecen enfrentamientos más directos, con espacios abiertos donde las vasijas más grandes pueden dominar con facilidad.
El estilo artístico acompaña perfectamente. Kiln mezcla referencias mitológicas con una estética colorida y desenfadada, creando escenarios que parecen sacados de un parque temático surrealista. No busca realismo, sino personalidad, y en eso cumple con creces.
Sin embargo, el problema no es la calidad, sino la cantidad. Cinco mapas en el lanzamiento saben a poco, especialmente en un juego centrado exclusivamente en el multijugador.

Un solo modo… de momento
Aquí es donde Kiln muestra su mayor debilidad. Todo gira en torno a Quench, el único modo disponible en el lanzamiento.
Y sí, es divertido. Mucho. Pero también es inevitable preguntarse cuánto tiempo puede sostener la experiencia por sí solo. La falta de variedad termina pasando factura, sobre todo si se juega durante sesiones largas.
Se echan en falta modos alternativos que aprovechen las mecánicas del juego: desde variantes competitivas más directas hasta propuestas más experimentales centradas en la creatividad. El propio sistema de creación de vasijas tiene potencial para ideas muy interesantes que, de momento, no se explotan.
Desde Double Fine Productions ya han adelantado que habrá más contenido en el futuro, incluyendo nuevos mapas y modos. Eso es una buena noticia, pero no cambia el hecho de que el lanzamiento se siente algo escaso.

Personalidad por encima de todo
Si algo salva a Kiln de sus carencias es su personalidad. Es un juego que no se parece a casi nada en el mercado actual, y eso se nota en cada detalle.
Las animaciones, por ejemplo, son un auténtico espectáculo. La forma en que “habitamos” las vasijas, con movimientos exagerados y expresivos, transmite perfectamente esa sensación de estar controlando algo torpe pero lleno de vida.
Cada tipo de vasija se siente diferente no solo en lo jugable, sino también en cómo se mueve y reacciona. Hay un trabajo de animación muy cuidado que refuerza constantemente la identidad del juego.
El humor también está muy presente. No hay una narrativa tradicional, pero sí pequeños detalles, referencias y situaciones que aportan ese toque característico del estudio.

Rendimiento y problemas técnicos
Lamentablemente, no todo es positivo. La versión de PC de Kiln —aunque funcional— presenta varios problemas que no se pueden ignorar.
El rendimiento es irregular. Hay momentos donde todo fluye perfectamente, pero en otros aparecen tirones o pequeñas caídas de rendimiento que rompen la fluidez. No es algo constante, pero sí lo bastante frecuente como para resultar molesto.
A esto se suma el lag en partidas online, que en ocasiones afecta a la experiencia. No es injugable, pero sí resta precisión, especialmente en combates cercanos.
Y luego está el problema de las colisiones. Como ya mencionábamos en la primera parte, el sistema de impactos no siempre responde como debería. En un juego donde el contacto físico es clave, esto se nota más de lo que debería.
Son aspectos que pueden mejorar con el tiempo, pero en su estado actual empañan una experiencia que, por lo demás, funciona bien. Por suerte tenemos una guía genial para optimizar y ganar unos fps

Un multijugador con dudas a largo plazo
Más allá de lo técnico, hay una cuestión importante: la longevidad. Kiln es un juego puramente multijugador, y eso implica depender de una base activa de jugadores.
Durante nuestras partidas no hemos tenido grandes problemas para encontrar partidas, pero es inevitable preguntarse cómo evolucionará esto con el tiempo. La falta de multijugador local tampoco ayuda, especialmente en un juego que, por su estilo, parece ideal para jugar con amigos en la misma pantalla.
Su inclusión en servicios como Xbox Game Pass puede ser clave para mantener una comunidad activa, al menos durante los primeros meses. Pero a largo plazo, todo dependerá del soporte que reciba.

Conclusión
Kiln es uno de esos juegos que entran por los ojos, se quedan por su jugabilidad y generan dudas por su falta de contenido. Es original, divertido y tiene una identidad muy marcada, algo cada vez más difícil de encontrar.
Su sistema de creación es uno de los más interesantes que hemos visto en un multijugador reciente, y el modo Quench funciona lo suficientemente bien como para justificar muchas horas de juego.
Pero también es evidente que necesita crecer. Más mapas, más modos y un mejor pulido técnico son fundamentales para que Kiln pueda aspirar a algo más que ser una curiosidad divertida.
Aun así, hay algo en Kiln que engancha. Quizá sea su caos, su creatividad o simplemente su capacidad para generar momentos inesperados. Sea como sea, estamos ante un juego con mucho potencial… siempre que se le dé el tiempo necesario.
Lo mejor
- Propuesta original dentro del multijugador
- Sistema de creación profundo y muy satisfactorio
- Gran personalidad visual y artística
- Partidas rápidas, caóticas y divertidas
Lo peor
- Muy poco contenido en el lanzamiento
- Un único modo de juego
- Problemas de rendimiento y colisiones
- Sin multijugador local
Ficha técnica
- Desarrollador: Double Fine Productions
- Editor: Xbox Game Studios
- Plataformas: PC, Xbox Series X/S
- Género: Multijugador online / Acción
- Duración: Variable (enfocado al multijugador)
Nota final
7 / 10
Este análisis ha sido realizado para PC gracias a Xbox España
