Ardenfall, el juego de rol independiente desarrollado por Spellcast Studios, se prepara para dar el salto al acceso anticipado a lo largo de este año. Hablamos de un RPG en primera persona que no oculta sus influencias, especialmente The Elder Scrolls III: Morrowind, hasta el punto de que resulta casi descarado… y precisamente ahí reside buena parte de su encanto.

El proyecto lleva tiempo dejándose ver. Su demo circula desde 2022 y ya entonces dejó claro que aquí hay algo especial: un mundo abierto que confía más en la curiosidad del jugador que en los marcadores brillantes y las flechas insistentes. En Ardenfall no hay manos invisibles empujándote hacia el siguiente objetivo; la exploración se apoya en las pistas que dan los PNJ, la observación del entorno y, sí, las señales físicas del propio mundo.
El juego apuesta por sistemas clásicos bien entendidos: facciones con peso real, estadísticas de conversación, misiones reactivas y decisiones que importan. En combate, la filosofía es clara: siempre hay más de una salida. Puedes empuñar distintas armas, recurrir a objetos arrojadizos, hechizos de un solo uso o soluciones más creativas según tu estilo de juego. Un mago centrado en la invocación puede llamar a una bestia para que luche por él, mientras que un ladrón puede optar por el sigilo absoluto usando pociones de silencio para asegurar una muerte limpia.
Detrás de Ardenfall está Spellcast Studios, un equipo de dieciséis personas —incluidos los actores de doblaje— que lleva aproximadamente siete años trabajando en el proyecto. Un desarrollo largo que se nota en la ambición del mundo y en detalles muy del gusto de los fans del rol clásico: prácticamente todos los PNJ pueden ser eliminados, encantados o robados, reforzando esa sensación de libertad total que define al género.
Con su acceso anticipado previsto para este año, Ardenfall se perfila como una propuesta muy a tener en cuenta para quienes echan de menos los RPG de mundo abierto que confían en el jugador, en su paciencia y en su curiosidad. No reinventa la rueda, pero la hace girar con muchísimo cariño.
