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Me encanta propuestas como Necrophosis: Full Consciousness, que directamente juegan en otra liga emocional en lugar de ir tras el susto fácil.

Porque esto no va de screamers.

Ni siquiera va realmente de sobrevivir.

Lo nuevo de Dragonis Games es una experiencia extraña, incómoda y profundamente artística que parece diseñada para meterse debajo de la piel del jugador lentamente. No intenta asustarte de forma convencional; intenta hacerte sentir pequeño, perdido y emocionalmente vulnerable dentro de un universo donde la existencia misma parece haber dejado de tener sentido hace muchísimo tiempo.

Y sinceramente, pocas veces un videojuego consigue transmitir algo así con tanta fuerza visual.

Un mundo muerto… mil millones de años después del final

La premisa de Necrophosis ya deja claro que no estamos ante una aventura precisamente optimista. El juego nos sitúa mil millones de años después del fin del universo.

Sí. Mil millones.

No hay civilizaciones que salvar. No quedan héroes. No existe esperanza tradicional. Lo único que permanece son restos, ruinas, entidades deformadas y ecos de algo que alguna vez tuvo significado.

Y nosotros estamos ahí en medio.

Pero aquí llega el primer gran golpe de personalidad del juego: no comenzamos una “Nueva partida”. Comenzamos un “Nuevo ciclo”.

Parece un detalle menor, pero marca perfectamente el tono filosófico de toda la aventura. Necrophosis quiere que entiendas desde el primer minuto que estás atrapado dentro de algo mucho más grande que tú. Algo repetitivo, eterno y probablemente imposible de comprender completamente.

Y cuanto más avanzas, más incómodo resulta todo.

Convertirse en la Conciencia… y después en el Subconsciente

Uno de los aspectos más fascinantes del juego es el papel que asumimos dentro de su narrativa. Aquí no somos un soldado, ni un detective, ni un superviviente tradicional. Somos literalmente la Conciencia.

Y más adelante, también el Subconsciente.

Suena pretencioso, sí, pero sorprendentemente funciona muchísimo mejor de lo que podría parecer.

La aventura comienza con una entidad desconocida introduciendo algo parecido a una Piedra Filosofal dentro de nuestro cráneo. Y desde ese instante queda claro que Necrophosis no pretende contar una historia convencional.

El juego está cargadísimo de simbolismo, referencias filosóficas y metáforas psicológicas. Hay influencias clarísimas de Carl Jung, del existencialismo y, por supuesto, del arte surrealista de Zdzisław Beksiński, cuya huella visual aparece constantemente en cada rincón del juego.

Y aquí Dragonis Games vuelve a demostrar que entiende perfectamente cómo construir atmósfera.

Porque no hace falta que el juego te explique todo directamente. Muchas veces basta con observar el escenario para entender el estado emocional del mundo.

Beksiński, Lovecraft y pesadillas convertidas en escenarios

Visualmente, Necrophosis es una auténtica locura artística.

Y no lo digo como exageración.

Cada escenario parece una pintura enfermiza salida directamente de una pesadilla industrial. Rostros gigantes petrificados, estructuras orgánicas fusionadas con piedra, túneles cubiertos de carne, ojos incrustados en paredes y criaturas que parecen sufrir incluso cuando permanecen inmóviles.

Todo transmite decadencia.

Todo parece estar muriendo lentamente.

La influencia de Beksiński resulta tan evidente que prácticamente podrías detener cualquier fotograma del juego y colgarlo en una galería de arte contemporáneo sin que desentonara demasiado.

Y luego aparece el toque lovecraftiano.

Porque sí, aunque Necrophosis no utiliza monstruos cósmicos tradicionales constantemente, sí comparte esa sensación de insignificancia absoluta ante fuerzas imposibles de comprender.

Aquí incluso los dioses parecen agotados.

Y eso genera una atmósfera tremendamente opresiva sin necesidad de recurrir continuamente al terror clásico.

No hay combate, no hay persecuciones… y aun así funciona

Una de las decisiones más interesantes de Necrophosis es renunciar casi por completo a las mecánicas típicas del survival horror.

No hay armas.

No hay enemigos persiguiéndote constantemente.

No hay combates.

Y aun así, el juego consigue mantener tensión prácticamente durante toda la experiencia.

¿Cómo? Gracias a la atmósfera.

Cada paso dentro de este universo transmite incomodidad. Nunca sabes qué vas a encontrar tras la siguiente puerta. Nunca entiendes del todo si las entidades que te observan son hostiles, neutrales o simples restos de algo que ya perdió su propósito hace siglos.

La exploración se convierte así en el núcleo absoluto del gameplay.

Nos movemos lentamente por escenarios derruidos buscando objetos necesarios para resolver pequeños puzles ambientales. Normalmente son desafíos bastante simples —encontrar una pieza, activar un mecanismo o colocar un objeto concreto en su lugar—, pero sinceramente eso juega a favor de la experiencia.

Porque el verdadero objetivo no es romperte la cabeza.

El verdadero objetivo es absorber el mundo.

Un ritmo pausado que abraza lo contemplativo

Aquí es importante dejar algo claro: Necrophosis no es un juego para todo el mundo.

Su ritmo es extremadamente lento y deliberado. Hay momentos donde simplemente avanzamos escuchando respiraciones lejanas, observando esculturas imposibles o leyendo fragmentos de texto filosófico escondidos entre cadáveres petrificados.

Y precisamente ahí está gran parte de su encanto.

Dragonis Games entiende perfectamente que el silencio puede resultar muchísimo más poderoso que el ruido constante. Muchas escenas funcionan porque el juego se atreve a dejar espacio para que el jugador piense, interprete y conecte emocionalmente con lo que está viendo.

A veces incluso parece más una instalación artística interactiva que un videojuego tradicional.

Y eso puede fascinarte… o desesperarte completamente.

Pero lo que está claro es que deja huella.

El sonido: probablemente el elemento más perturbador del juego

Si el apartado visual ya resulta incómodo, el diseño sonoro termina de rematar la experiencia.

Pocas veces un videojuego ha conseguido que sonidos aparentemente simples resulten tan desagradablemente inmersivos. Escuchar cómo nuestros pasos crujen sobre arena mezclada con restos orgánicos, cómo ciertas criaturas respiran con dificultad o cómo algo gigantesco se mueve lentamente a lo lejos genera una tensión constante difícil de describir.

Y luego están las voces.

Los personajes hablan como si estuvieran agotados después de existir durante eternidades. Sus diálogos suenan a confesiones filosóficas, rituales antiguos o pensamientos de seres que llevan demasiado tiempo observando un universo muerto.

No mantienen conversaciones normales.

Recitan ideas.

Y eso encaja perfectamente con el tono surrealista de toda la aventura.

Además, el doblaje consigue algo muy complicado: hacer que incluso las entidades más grotescas transmitan cierta tristeza.

Porque debajo de toda la carne, la decadencia y el horror visual, Necrophosis es un juego profundamente melancólico.

Uno que habla constantemente sobre la muerte, el final de los ciclos y la necesidad de encontrar significado incluso cuando parece que ya no queda nada.

El DLC Full Consciousness cambia la perspectiva de toda la aventura

Una vez terminamos la historia principal, Necrophosis: Full Consciousness desbloquea tanto la selección de capítulos como el contenido adicional incluido en esta edición. Y aunque el DLC no es especialmente largo, sí aporta algo bastante interesante: cambia completamente nuestra perspectiva sobre lo ocurrido.

Mientras que en la aventura principal encarnamos a la Conciencia, aquí pasamos a controlar al Subconsciente.

Y sí, vuelve a sonar rarísimo. Pero dentro del universo del juego tiene muchísimo sentido.

Esta pequeña expansión nos enfrenta a recuerdos olvidados, fragmentos reprimidos y elementos que la propia Conciencia decidió abandonar atrás. El tono se vuelve incluso más abstracto y simbólico, especialmente cuando aparece el llamado Soñador y su gigantesco ojo omnipresente observándolo absolutamente todo.

Hay algo profundamente incómodo en cómo Necrophosis utiliza constantemente la idea de ser observado.

Nunca sabemos realmente quién controla este universo. Nunca entendemos completamente qué papel jugamos dentro del ciclo. Y el DLC se aprovecha precisamente de esa incertidumbre para empujar todavía más el componente psicológico.

No añade grandes mecánicas nuevas, pero sí consigue ampliar el significado de muchos elementos narrativos vistos anteriormente.

Y eso le da bastante valor para quienes se queden atrapados dentro de este extraño universo.

Puzles simples para no romper la inmersión

Si algo puede decepcionar a ciertos jugadores es la simplicidad absoluta de los rompecabezas.

La mayoría de desafíos se reducen a encontrar objetos concretos y colocarlos donde corresponde. A veces tendremos que transferir nuestra conciencia a determinadas criaturas para acceder a nuevas rutas o activar mecanismos específicos, pero nunca llega a existir una verdadera complejidad jugable.

Y sinceramente, creo que es una decisión completamente intencionada.

Porque Necrophosis sabe perfectamente cuál es su principal atractivo: la atmósfera.

El juego no quiere distraerte constantemente con mecánicas complicadas ni convertir cada avance en una prueba de inteligencia. Lo que quiere es mantenerte inmerso dentro de su mundo decadente y permitir que la narrativa ambiental siga respirando.

Además, los escenarios son relativamente compactos, así que rara vez perdemos demasiado tiempo dando vueltas sin sentido. Sí hay algún momento algo más confuso —especialmente en zonas muy oscuras—, pero en líneas generales el ritmo fluye bastante bien.

Eso sí, quien busque un survival horror desafiante o un juego de puzles complejo probablemente salga decepcionado.

Aquí la experiencia es mucho más sensorial y emocional que puramente jugable.

No, no es Scorn… aunque lo parezca

Es prácticamente imposible ver imágenes de Necrophosis y no pensar inmediatamente en Scorn. Las similitudes visuales saltan a la vista: estructuras orgánicas, arquitectura grotesca, carne fusionada con piedra y un universo completamente roto.

Pero una vez juegas queda claro que ambos títulos buscan cosas muy distintas.

Scorn apostaba muchísimo más por el body horror puro, la incomodidad física y los puzles complejos dentro de un mundo hostil y agresivo. Necrophosis, en cambio, se acerca más a una experiencia contemplativa y filosófica.

Aquí el horror no nace de la violencia.

Nace de la tristeza.

De la sensación constante de estar caminando por el cadáver de una civilización imposible de salvar.

Incluso las criaturas más grotescas transmiten cierta melancolía. No parecen monstruos diseñados para matarte. Parecen seres condenados a existir eternamente dentro de un universo moribundo.

Y eso genera un tipo de terror muchísimo más existencial.

Un apartado artístico sencillamente espectacular

Hay videojuegos que entran por los ojos. Y luego está Necrophosis, que directamente te golpea visualmente desde el primer minuto.

Cada escenario parece diseñado para provocar emociones concretas. Hay zonas donde sentimos angustia pura, otras donde domina la fascinación y algunas que incluso transmiten una extraña sensación de paz dentro de toda la decadencia.

Eso es probablemente lo más sorprendente del juego: consigue encontrar belleza dentro de lo grotesco.

Los gigantescos rostros petrificados, los túneles hechos de tejido orgánico y las estructuras imposibles iluminadas por estrellas lejanas crean imágenes difíciles de olvidar. Incluso cuando el juego simplemente nos deja caminar en silencio por un corredor infinito, siempre hay algo visualmente poderoso captando nuestra atención.

Dragonis Games demuestra además un dominio excelente de la iluminación y el sonido ambiental. Las sombras, las partículas flotando en el aire y ciertos efectos de cámara ayudan constantemente a reforzar esa sensación de estar atrapados dentro de una pesadilla consciente.

Y sí, puede resultar agotador emocionalmente.

Pero precisamente ahí está gran parte de su mérito.

Una narrativa que no quiere darte respuestas fáciles

Otro aspecto que probablemente dividirá opiniones es la forma en la que el juego cuenta su historia.

Necrophosis no explica absolutamente todo de forma clara y directa. Hay muchísimo simbolismo, textos abiertos a interpretación y conversaciones que parecen más poesía oscura que diálogos tradicionales.

Y sinceramente, eso le sienta genial.

El juego entiende perfectamente que parte del impacto emocional nace precisamente de la interpretación personal del jugador. Igual que ocurría con las pinturas de Beksiński, muchas escenas funcionan mejor cuanto menos intentan explicarse.

Eso no significa que la narrativa sea aleatoria ni pretenciosa sin motivo. Hay ideas muy claras relacionadas con la muerte, el paso del tiempo, el sufrimiento, los ciclos eternos y la necesidad humana de encontrar significado incluso frente al vacío absoluto.

Pero cada jugador probablemente sacará conclusiones distintas.

Y pocos juegos actuales consiguen algo así.

El rendimiento en PC y el apartado técnico

La versión analizada en PC funciona de manera bastante sólida durante la mayor parte de la experiencia. El rendimiento se mantiene estable incluso en escenarios muy cargados visualmente y el nivel de detalle artístico luce especialmente bien en configuraciones altas.

Eso sí, hay pequeños problemas puntuales.

Algunas texturas tardan ligeramente en cargar, ciertas animaciones pueden sentirse algo rígidas y el movimiento del personaje no siempre transmite toda la precisión deseable. También encontramos momentos donde la oscuridad excesiva complica más de la cuenta la exploración.

Pero ninguno de estos problemas llega realmente a romper la experiencia.

Especialmente porque el apartado artístico y sonoro sostienen constantemente el conjunto.

Conclusiones

Necrophosis: Full Consciousness no es un juego diseñado para gustar a todo el mundo. Y sinceramente, eso juega muchísimo a su favor.

Dragonis Games ha creado una experiencia profundamente artística, incómoda y melancólica que utiliza el terror no para asustar constantemente al jugador, sino para obligarlo a reflexionar sobre conceptos mucho más pesados: la muerte, el final de los ciclos, la decadencia y el vacío existencial.

Puede que sus mecánicas sean simples y que algunos jugadores echen de menos más interacción o desafío jugable, pero cuando el juego consigue atraparte dentro de su atmósfera, resulta realmente difícil olvidarlo.

Visualmente es fascinante.

Narrativamente es perturbador.

Y emocionalmente deja una sensación rarísima entre tristeza, incomodidad y fascinación artística.

No todos los videojuegos necesitan ser “divertidos” en el sentido tradicional para resultar memorables. Algunos existen simplemente para provocar emociones. Para remover algo dentro del jugador.

Y Necrophosis consigue exactamente eso.

Lo mejor

  • Dirección artística absolutamente impresionante.
  • Atmósfera opresiva y profundamente inmersiva.
  • Diseño sonoro sobresaliente.
  • Uso brillante del simbolismo y la narrativa ambiental.
  • Una experiencia única dentro del terror psicológico.

Lo peor

  • Los puzles son demasiado simples.
  • Ritmo extremadamente lento para algunos jugadores.
  • Puede resultar excesivamente críptico.
  • Algunas zonas oscuras dificultan la exploración más de la cuenta.

Ficha del análisis

Desarrollador: Dragonis Games
Editor: Dragonis Games
Plataformas: PC, PlayStation 5, Xbox Series X/S
Versión analizada: PC
Género: Terror psicológico / Aventura narrativa
Duración aproximada: 4-6 horas
Textos: Español

Nota final

8,3/10

*Este análisis de Necrophosis: Full Consciousness ha sido posible gracias a una clave de PC facilitada por

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