Me encantan los juegos que dejan clara su identidad desde el primer minuto, Yerba Buena, prácticamente te lanza todas sus cartas a la cara nada más empezar: una ciudad setentera bañada en neones, una protagonista atrapada en una situación imposible, un arma capaz de alterar propiedades físicas y una sensación constante de que la realidad se está rompiendo delante de tus ojos.
Si tuviera que resumir la propuesta de Mad About Pandas de la forma más rápida posible, diría que estamos ante una mezcla entre Portal, Free Guy y una película psicodélica ambientada en el San Francisco de los años 70. Pero lo sorprendente es que, pese a las referencias tan evidentes, el juego consigue encontrar una personalidad propia con bastante facilidad.
Y eso, en un género tan explotado como el de los puzles en primera persona, tiene muchísimo mérito.
Tabla de Contenidos
Una aventura que arranca de forma cotidiana… hasta que todo se rompe
La historia de Yerba Buena nos pone en la piel de Barb, una joven aparentemente normal cuya vida no atraviesa precisamente su mejor momento. Llega tarde a entrevistas de trabajo, su bicicleta parece odiarla y la sensación de estar atrapada en una rutina frustrante la acompaña constantemente.
Sin embargo, la normalidad dura poco.
Los llamados “glitches” empiezan a aparecer por toda la ciudad, deformando objetos y alterando el entorno de maneras imposibles. Y cuando presencia el secuestro del taxi de su mejor amigo, con él dentro, la situación escala rápidamente hacia algo mucho más extraño de lo que parecía al principio.
Es entonces cuando entra en escena el Oscilador, el gran eje jugable de Yerba Buena.
Este dispositivo, con aspecto de arma futurista, permite copiar propiedades físicas de determinados objetos para trasladarlas a otros elementos del escenario. En la práctica, esto se convierte en el núcleo absoluto de la experiencia: mover plataformas, alterar superficies, modificar comportamientos físicos o encontrar maneras creativas de superar obstáculos.
La idea no es nueva, pero la forma en la que el juego la utiliza sí consigue sentirse fresca durante buena parte de la aventura.
Resolver puzles observando el entorno
Uno de los grandes aciertos de Yerba Buena está en cómo diseña sus rompecabezas. El juego evita caer en el error de complicar artificialmente las soluciones. Aquí no hay combinaciones absurdas ni lógica ilógica de aventura gráfica clásica. La mayoría de las veces, la respuesta está delante de nosotros.
El problema es darse cuenta.
Y ahí es donde entra el auténtico desafío.
Los escenarios están construidos para obligarnos a mirar con atención, interpretar patrones visuales y entender qué propiedades podemos copiar y dónde podemos aplicarlas. Todo está marcado visualmente mediante colores, especialmente azul y naranja, algo que inevitablemente recuerda a Portal, aunque el título de Mad About Pandas intenta darle su propio enfoque.
Durante las primeras horas, la sensación de descubrimiento funciona realmente bien. Aprender cómo interactúa cada propiedad con el entorno resulta satisfactorio y el juego introduce nuevas mecánicas de manera gradual, evitando saturar al jugador.
Además, el hecho de que muchos puzles estén integrados dentro de la propia ciudad ayuda muchísimo a que la exploración se sienta más natural.
No estamos avanzando simplemente por salas cerradas repletas de pruebas artificiales. Estamos recorriendo calles, edificios, callejones y escenarios que transmiten la sensación de formar parte de un mundo real… aunque esté completamente roto.

El parque de atracciones: el lugar donde Yerba Buena se vuelve más extraño
Aunque gran parte de la aventura transcurre en esta reinterpretación glitch de San Francisco, hay otro escenario que se convierte rápidamente en uno de los elementos más memorables del juego: el parque de atracciones.
Cada vez que Barb necesita profundizar en el funcionamiento del Oscilador, termina llegando a este lugar surrealista y caótico que funciona casi como una especie de limbo entre realidades.
Y sinceramente, aquí es donde Yerba Buena muestra sus mejores ideas visuales.
Las luces de neón, las estructuras imposibles y la manera en la que los glitches deforman las atracciones crean escenas realmente potentes. Hay momentos donde el juego parece abrazar por completo una estética psicodélica muy inspirada en el cine experimental setentero, y eso ayuda muchísimo a reforzar su personalidad.
También es el lugar donde los puzles empiezan a subir de nivel.
No porque se vuelvan injustos, sino porque exigen combinar conceptos que hasta entonces habíamos aprendido por separado. El juego deja de llevarnos de la mano y empieza a confiar más en nuestra capacidad para entender sus reglas.
Y ahí aparecen algunos de sus momentos más brillantes.

Plataformas, precisión y algunos picos de frustración
Aunque el foco principal está en los rompecabezas, Yerba Buena también incorpora bastantes secciones de plataformas en primera persona. Y aquí es donde probablemente encontraremos el aspecto más irregular de toda la experiencia.
Hay tramos donde el equilibrio entre puzle y habilidad funciona perfectamente. Resolver una situación y ejecutar correctamente el recorrido posterior genera una sensación de satisfacción enorme. Especialmente porque muchos escenarios juegan con la verticalidad y las físicas alteradas.
El problema llega cuando la precisión del salto no termina de sentirse tan fina como debería.
En determinados momentos, el margen de error es algo más alto de lo deseable y eso puede provocar situaciones frustrantes, sobre todo cuando el autoguardado decide no colaborar demasiado. No es algo que arruine la experiencia, pero sí rompe el ritmo en algunos segmentos concretos.
Y es una pena, porque el diseño de niveles suele ser bastante inteligente.
Por suerte, el título tampoco abusa de castigar al jugador. Reiniciar un capítulo permite recuperar el ritmo rápidamente y, una vez entendemos cómo funciona cada situación, repetir ciertas partes se vuelve mucho menos pesado.

Un ritmo narrativo ligero pero efectivo
Narrativamente, Yerba Buena no pretende convertirse en un thriller complejo lleno de giros imposibles. Su historia apuesta más por el misterio ligero, el humor ocasional y la construcción de un universo extraño que poco a poco vamos entendiendo.
Y la verdad es que funciona.
Barb es una protagonista bastante fácil de seguir precisamente porque se siente humana y cercana. No es una heroína perfecta ni una elegida épica. Simplemente es alguien intentando entender qué demonios está pasando mientras todo se desmorona a su alrededor.
El juego también sabe utilizar bien sus diálogos para aliviar tensión. Hay momentos genuinamente divertidos y otros donde el tono se vuelve sorprendentemente melancólico sin caer en dramatismos excesivos.
Además, el diario integrado resulta especialmente útil para no perder el hilo. Puede parecer un detalle menor, pero en juegos donde alternamos exploración, plataformas y resolución de puzles constantemente, disponer de un resumen claro de objetivos y acontecimientos recientes termina siendo muy agradecido.
Especialmente si llevamos varias horas seguidas intentando resolver un rompecabezas particularmente rebuscado.

Un apartado audiovisual que sostiene toda la experiencia
Si hay algo que Yerba Buena consigue desde el primer minuto es transmitir personalidad visual. Puede que muchos jugadores entren atraídos por su planteamiento de puzles en primera persona, pero probablemente terminarán recordando sobre todo su ambientación.
Mad About Pandas ha construido una versión de San Francisco tremendamente estilizada, cargada de color, neones y efectos visuales que convierten cada escenario en algo muy reconocible. La estética setentera no está ahí únicamente como decoración: forma parte de la identidad completa del juego.
La ropa de los personajes, la arquitectura, los carteles, la iluminación e incluso la selección musical ayudan a reforzar constantemente esa sensación de estar atrapados en una especie de realidad alternativa donde el tiempo se ha quedado suspendido entre lo retro y lo digital.
Y luego están los glitches.
Porque sí, muchos juegos utilizan distorsiones visuales para representar errores de realidad, pero Yerba Buena consigue integrarlos dentro de su diseño artístico de una manera especialmente elegante. Hay momentos donde las deformaciones del escenario no solo sirven para introducir mecánicas jugables, sino también para construir escenas visualmente muy potentes.
El contraste entre escenarios cotidianos y elementos completamente rotos genera una sensación constante de extrañeza. Nunca terminamos de sentirnos cómodos del todo dentro de este mundo, y precisamente ahí está parte de su encanto.

La música: el ingrediente que termina de darle alma al juego
Otro de los apartados que merece muchísimo reconocimiento es la banda sonora.
Hay títulos donde la música acompaña. Y luego están aquellos donde el sonido consigue elevar escenas enteras por sí solo. Yerba Buena pertenece más a este segundo grupo.
La selección musical encaja perfectamente con la ambientación setentera y ayuda constantemente a reforzar emociones. Hay melodías relajadas durante la exploración, composiciones más tensas en los momentos de presión y temas especialmente memorables durante determinadas secuencias clave.
Sin entrar en spoilers, existe más de una escena donde la combinación entre música, iluminación y gameplay termina generando momentos realmente especiales.
Y eso no es algo tan fácil de conseguir.
Además, el trabajo de sonido ambiental también está muy cuidado. Escuchar cómo los glitches deforman el entorno o cómo ciertas estructuras reaccionan al Oscilador ayuda muchísimo a que las mecánicas tengan peso dentro del mundo del juego.
Todo transmite coherencia.
Una localización muy trabajada
Otro aspecto que se agradece bastante es el esfuerzo realizado con la localización. Yerba Buena llega traducido al español con subtítulos muy bien adaptados.
Las interpretaciones funcionan bien durante prácticamente toda la aventura y ayudan especialmente a que Barb resulte creíble como protagonista. Sus reacciones ante lo absurdo nunca se sienten exageradas y el tono cercano de muchos diálogos consigue que conectar con ella sea bastante sencillo.
Además, el juego sabe equilibrar bastante bien humor y misterio. Nunca intenta convertirse en una comedia constante, pero sí introduce suficientes momentos ligeros como para evitar que el ritmo narrativo se vuelva demasiado pesado.
Y eso termina beneficiando mucho a la experiencia general.

Las inevitables comparaciones con Portal
Es imposible hablar de Yerba Buena sin mencionar Portal. Las similitudes están ahí y son completamente evidentes.
Tenemos una protagonista equipada con una herramienta especial, puzles construidos alrededor de físicas alteradas, uso constante de colores azul y naranja y un diseño que alterna exploración con salas de pruebas cerradas.
Incluso algunas sensaciones jugables recuerdan inevitablemente al clásico de Valve.
La diferencia está en que Yerba Buena no intenta copiar exactamente aquella fórmula. Más bien la utiliza como punto de partida para construir algo distinto.
Donde Portal apostaba por un tono más frío y calculado, aquí encontramos una aventura mucho más emocional, más colorida y considerablemente más humana. El foco no está únicamente en resolver rompecabezas perfectos, sino también en explorar un mundo extraño lleno de personajes que empiezan a cuestionar la realidad en la que viven.
Y ahí es donde el juego encuentra su identidad.
Porque cuanto más avanzamos, menos pensamos en las referencias y más empezamos a entender qué quiere contar realmente Mad About Pandas.
Ritmo, duración y sensación de progreso
En términos de duración, Yerba Buena ofrece una campaña bastante bien medida. Completar la historia principal puede llevar alrededor de 10 o 12 horas dependiendo de nuestra habilidad resolviendo puzles.
Y sinceramente, es una duración bastante acertada.
El juego introduce suficientes mecánicas nuevas como para mantenerse fresco hasta el final, pero evita alargarse innecesariamente. Siempre queda la sensación de que cada capítulo aporta algo distinto, ya sea una nueva interacción con el Oscilador, un escenario especialmente creativo o un nuevo giro dentro del diseño de puzles.
También existe contenido opcional en forma de coleccionables y detalles repartidos por el escenario que ayudan a profundizar más en este universo y en la idea de los NPC conscientes de vivir dentro de un videojuego.
No cambian radicalmente la experiencia, pero sí añaden contexto y recompensan la exploración.

El rendimiento en PC y la experiencia técnica
La versión analizada en PC ofrece un rendimiento bastante sólido durante la mayor parte de la aventura. El juego mueve correctamente sus efectos visuales incluso en situaciones cargadas de partículas y deformaciones del escenario.
Eso sí, hay pequeños problemas técnicos puntuales.
Algunos tirones ocasionales durante transiciones entre áreas, ciertas animaciones algo rígidas y algún comportamiento extraño del sistema de autoguardado aparecen de vez en cuando. Nada especialmente grave, pero sí detalles que impiden que el acabado general sea completamente impecable.
Aun así, el conjunto funciona bien y la dirección artística consigue compensar gran parte de esas pequeñas limitaciones técnicas.
Especialmente porque muchos escenarios tienen una personalidad visual enorme. Pero tienes nuestra guía.
Conclusiones
Yerba Buena es uno de esos juegos que quizá no reinventan completamente un género, pero sí consiguen aportar suficiente personalidad como para sentirse diferentes. Su combinación de puzles, manipulación de físicas, plataformas y ambientación setentera termina construyendo una experiencia muy fácil de recordar.
Puede que algunas secciones de plataformas generen cierta frustración y que determinados puzles resulten demasiado rebuscados en momentos concretos, pero cuando el juego encuentra el equilibrio entre exploración, narrativa y resolución de rompecabezas, funciona realmente bien.
Y lo más importante: consigue mantener constantemente la sensación de descubrimiento.
Cada nueva habilidad del Oscilador, cada glitch extraño y cada escenario psicodélico invitan a seguir avanzando para descubrir qué nueva locura nos espera tras la siguiente puerta.
No alcanza la perfección de los grandes referentes del género, pero tampoco se limita a imitarlos. Tiene ideas propias, una estética tremendamente marcada y suficiente personalidad como para destacar dentro de un mercado cada vez más saturado de aventuras narrativas en primera persona.
Para quienes disfruten de los juegos de puzles con identidad visual fuerte y mundos extraños cargados de misterio ligero, Yerba Buena es una propuesta muy recomendable.
Lo mejor
- La ambientación setentera y su enorme personalidad visual.
- El Oscilador y las posibilidades jugables que ofrece.
- Puzles inteligentes que recompensan la observación.
- Banda sonora sobresaliente.
- Una historia ligera pero muy entretenida.
Lo peor
- Algunos picos de frustración en las secciones de plataformas.
- El sistema de autoguardado puede jugar malas pasadas.
- Ciertos puzles resultan demasiado rebuscados.
- Algunos pequeños problemas técnicos en PC.
Ficha del análisis
Desarrollador: Mad About Pandas
Editor: Focus Entertainment
Plataformas: PC, PlayStation 5, Xbox Series
Versión analizada: PC
Género: Puzles / Aventura en primera persona
Duración aproximada: 10-12 horas
Nota final
8,4/10
*Este análisis ha de Yerba Buena ha sido posible gracias a una clave de PC facilitada por Focus Entertaintment
