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El panorama de los videojuegos independientes en Steam siempre nos depara alguna que otra bizarría dispuesta a rompernos los esquemas, pero lo que ha parido el estudio One More Game se lleva la palma de oro a la locura del año. Tras seguirle la pista muy de cerca a sus primeras versiones, por fin le hemos echado el guante al contenido de salida en su acceso anticipado de SWAPMEAT, un shooter en tercera persona de corte roguelite que destila una personalidad arrolladora, toneladas de casquería y una maravillosa mala leche. Si estabais buscando una propuesta cooperativa fresca, gamberra y completamente alejada de los canones aburridos de la industria actual para quemar vuestro PC, id preparando el babero: se viene una ensalada de tiros, mutaciones y risas aseguradas.

La premisa argumental de este análisis de SWAPMEAT no se anda con rodeos existenciales ni filosofadas baratas de manual. Aquí nos ponemos en la piel de Blandito, un pobre desgraciado que trabaja como operario de mantenimiento para Rangus Corp, una megacorporación cárnica cuyos estándares de seguridad biológica deben de ser un completo chiste de mal gusto. ¿El motivo? Allá donde Rangus Corp planta sus fábricas, aparece una epidemia incontrolable de monstruos mutantes, parásitos y criaturas desfiguradas. Como buen currito corporativo que teme al despido, a nuestro protagonista no le queda otra que cargar con el mochuelo, limpiar el desaguisado que sus jefes han provocado y exterminar la amenaza a lo largo y ancho de una serie de niveles gigantescos. La trama no busca ganar un premio al mejor guion, pero el universo propio que han construido y su soberbia ambientación suplen cualquier carencia narrativa con creces.

Un torbellino de influencias que no te deja respirar

En lo puramente jugable, SWAPMEAT es un auténtico torbellino de acción que se mira descaradamente en los espejos de titanes contemporáneos del cooperativo como Risk of Rain 2 o Helldivers 2, pero aportando sus propias cartas y mecánicas a la mesa. El juego nos suelta en mapas enormes donde la exploración se da la mano con la consecución de objetivos específicos.

Pero ojo con tomarse las cosas con calma o despistarse limpiando cada esquina del escenario, porque las partidas cuentan con un implacable temporizador en pantalla. En cuanto ese contador llega a cero, un enemigo colosal y prácticamente invencible aparecerá para darnos caza sin piedad. Esta presión constante por el reloj le otorga al juego un ritmo frenético que recuerda inevitablemente a la tensión de los mejores battle royale, con la enorme diferencia de que aquí no compites por pisar el cuello del resto de jugadores, sino que cooperas codo con codo para asegurar la supervivencia del grupo.

Para defendernos de esta pesadilla biológica, contamos con un arsenal base de armas de fuego, habilidades y potenciadores que podremos ir subiendo de nivel a medida que avanzamos, ofreciendo ese bucle de progresión tan sumamente satisfactorio que define a los grandes exponentes del género. Es justo aclarar que no estamos ante un título que maneje la kilométrica cantidad de desbloqueables permanentes de un Dead Cells, por lo que si venís buscando coleccionar cientos de planos os podéis llevar un pequeño chasco inicial. Sin embargo, el juego pone sobre la mesa el contenido necesario para mantenerte enganchado a la pantalla entre 20 y 30 horas si decides ponerte en plan completista y exprimir cada rincón de sus mundos.

La gran genialidad: Robar la carne del enemigo en tiempo real

Ahora bien, ¿cuál es el verdadero elemento diferenciador que hace que SWAPMEAT se sienta único en su especie? Su maravillosa e ingeniosa mecánica estrella: el intercambio de carne. En este juego, las armas tradicionales se quedan en un plano secundario de mero apoyo porque los desarrolladores han querido que el verdadero poder de Blandito nazca de la propia anatomía de sus víctimas. Cada vez que liquidamos a una de las aberraciones del mapa, esta dejará caer partes de su cuerpo inerte: cabezas, torsos o piernas.

La locura radica en que nuestro protagonista puede arrancarse sus propios miembros en tiempo real (es decir, en mitad del tiroteo y rodeado de enemigos) para implantarse los restos de los monstruos mutantes. Este dantesco ejercicio de horror corporal no solo transforma estéticamente a Blandito en una monstruosidad horrenda y contra natura, sino que altera por completo vuestra estrategia a corto plazo.

Cada parte del cuerpo injertada otorga habilidades activas y pasivas totalmente únicas y devastadoras: desde cabezas que escupen proyectiles extraños hasta extremidades inferiores que te permiten mantenerte suspendido flotando en el aire durante unos valiosos segundos. La diversión radica en experimentar sobre la marcha, improvisar Builds locas en pleno combate multitudinario y adaptarte a un caos en pantalla constante donde, a veces, hay tantos efectos y explosiones simultáneas que ni siquiera sabrás a ciencia cierta de dónde te están lloviendo los guantazos. Una experiencia salvaje, adictiva y sumamente bien ejecutada.

Amigos, micros abiertos y un pitote monumental en pantalla

Aunque Blandito puede salir a pelear en solitario o emparejarse con jugadores aleatorios mediante el emparejamiento online, SWAPMEAT despliega todo su potencial cuando juntamos a cuatro colegas en su modo cooperativo. Jugar en grupo transforma la experiencia en una auténtica fiesta de risas, gritos y absurdo absoluto. Eso sí, id encendiendo el Discord o abriendo el chat de voz interno, porque aquí la comunicación directa no es un lujo, es una jodida necesidad de supervivencia. Los mapas son tan ridículamente gigantescos que, si cada uno va a su bola sin cantar lo que hace o hacia dónde se mueve, os garantizamos que acabaréis perdidos en puntas opuestas del escenario y las hordas os comerán vivos en cuestión de segundos.

El ritmo de los tiroteos es tan sumamente frenético, rápido y recargado que el juego llega a sufrir de vez en cuando del síndrome de «está tan confuso que se hiere a sí mismo». Hay momentos en los que asimilar tanta explosión, tanto color y tanta mutación simultánea en mitad de la pantalla se convierte en una barrera de entrada importante que os dificultará saber a ciencia cierta qué está pasando o de dónde os están lloviendo los tortazos.

El equilibrio de la dificultad todavía arrastra algún que otro desajuste propio de su reciente estreno en acceso anticipado, pero el reto se mantiene bastante justo. De hecho, os aconsejamos sin miedo arrancar directamente en los niveles de dificultad más altos para palpar de verdad esa progresión roguelite tan adictiva, donde cada intento sirve para regresar a la base cargados de dinero y materiales con los que mejorar de forma permanente nuestro armamento base y desbloquear nuevos injertos cárnicos. Si tenéis dudas antes de pasar por caja, la demo gratuita disponible en Steam os deja catar toda la primera sección hasta el primer jefe final, guardando además vuestro progreso para la versión definitiva.

Estética noventera, vísceras de pastel y muslos de pollo vivientes

El envoltorio visual que la gente de One More Game le ha metido a este delirio es, sin duda, otra de sus mejores bazas. Artísticamente entra por los ojos desde el primer segundo gracias a una llamativa paleta de colores pastel y un estilo cartoon deudor de las series de animación más salvajes y exageradas de los años noventa. Imaginaos por un momento cruzar el universo psicodélico de Rick y Morty o aquellos dibujos animados pasados de rosca de bebés atómicos con una película de horror corporal dirigida por David Cronenberg. El resultado de esta mezcla es un contraste maravilloso entre lo cómico, lo sórdido y lo grotesco que derrocha una personalidad gigante.

Nuestro héroe ya es un poema a la anatomía, pero la fauna mutante que puebla los escenarios no se queda atrás. En SWAPMEAT os vais a liar a tiros con cerebros con piernas que corretean por el suelo, ojos voladores gigantes que disparan rayos láser, muslos de pollo vivientes y estrellas de mar monstruosas dispuestas a despedazaros. Las aberraciones siguen la romántica regla de los clásicos como Po’ed, donde cuanto más grande y peligroso es el enemigo, más feo, retorcido y asqueroso luce en pantalla.

Todo este carrusel de engendros culmina al final de cada zona en batallas contra unos jefes finales titánicos que parecen directamente salidos de un anime clásico de monstruos tipo kaiju. Mención especial se lleva una banda sonora espectacular y muy cañera que acompaña el apocalipsis de la pantalla a la perfección y que jamás se hace repetitiva; de hecho, tiene temas tan jodidamente pegadizos que os vais a quedar apalancados en el lobby del juego solo para seguir escuchando los temas.

En el plano técnico, el juego se mueve con una soltura sorprendente para el festival pirotécnico y la cantidad de enemigos que despliega constantemente en el monitor. El juego está optimizado a las mil maravillas e incluso es perfectamente jugable al 100% en Steam Deck. La máquina portátil de Valve aguanta el tipo de forma soberbia a la hora de procesar este festival de carne en tiempo real, sufriendo únicamente algún que otro tirón muy puntual que huele más a un bug aislado por pulir de su acceso anticipado que a un problema real de rendimiento.

Conclusión

SWAPMEAT es una de las sorpresas cooperativas más frescas, gamberras y adictivas de lo que llevamos de año. One More Game ha sabido agitar con mucha inteligencia elementos de los grandes referentes del mercado para parir un shooter en tercera persona que destaca por su originalísima mecánica de intercambio de miembros y un apartado artístico noventero que es un auténtico caramelo para los amantes de lo bizarro. Puede que su saturación visual sea un tanto confusa durante las primeras partidas y que no tenga una lista de desbloqueables permanentes tan infinita como la de otros monstruos del género, pero las risas con amigos, las sinergias de sus mutaciones y las 20 o 30 horas de diversión que ofrece de salida compensan cualquier pequeña costura. Si os va la acción desenfrenada, el horror corporal cómico y los desafíos intensos, os estáis perdiendo un imprescindible de Steam.

Lo mejor

  • La mecánica de intercambiar partes del cuerpo del enemigo en tiempo real es una genialidad divertidísima.
  • Un apartado artístico brutal que combina los dibujos animados de los 90 con el horror de Cronenberg.
  • El modo cooperativo para cuatro jugadores con micro abierto es una fábrica inagotable de risas.
  • Funciona de escándalo y es totalmente disfrutable en Steam Deck.
  • Una banda sonora potentísima que nunca se vuelve repetitiva.

Lo peor

  • El caos en pantalla es tan salvaje que a veces resulta confuso saber qué está pasando.
  • La cantidad de desbloqueables permanentes es algo más comedida que en otros titanes del género.
  • Algún desajuste puntual en la dificultad que requiere un extra de pulido.

Ficha técnica

  • Desarrollador: One More Game
  • Editor: One More Game
  • Plataformas: PC (Versión analizada)

Nota

9/10

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