Hay que tenerlos muy bien puestos para coger uno de los mejores juegos de ciencia ficción y gestión de 2025, que ya tenía finales bastante cerraditos, y sacarse de la manga una expansión que se siente prácticamente como una secuela. Los polacos de 11 bit studios lo han vuelto a hacer. Con The Alters: Last Variable, nos proponen un viaje de regreso a ese inhóspito planeta donde la radiación te fríe los sesos y la única compañía aceptable eres tú mismo. Bueno, tú mismo multiplicado por cuatro y con un ego académico que no cabe en el búnker.
Si en el juego original sufríamos de lo lindo intentando que un Jan obrero de la construcción sobreviviera clonándose a sí mismo, en esta expansión la cosa se vuelve mucho más cerebral, cínica y endiabladamente divertida. Preparaos para el café solo sin azúcar, las pizarras llenas de fórmulas imposibles y el placer de convivir con cuatro científicos que se creen la última caipiriña del desierto.
Contenidos
¿Qué pasaría si…? La jubilación anticipada de Jan Científico
La genialidad de Last Variable radica en cómo justifica su propia existencia dentro del lore. El DLC se apoya en un final alternativo específico del juego base: aquel donde el Jan Científico decidió que pasar de la Tierra y quedarse a vivir como un ermitaño para estudiar el gran misterio del planeta era un planazo sin fisuras. Avanzamos unos cuantos años en el tiempo y nos encontramos con un Jan ya anciano, al borde de estirar la pata, frustrado porque el dichoso misterio del «Oasis» (una zona con vegetación exuberante y agua limpia que, mágicamente, sobrevive al verano nuclear del planeta de 13 años) sigue sin resolverse.
¿La solución del viejo? Usar la máquina de clonación una última vez para crear una versión joven de sí mismo y pasarle el marrón de la investigación. Al despertar, nos encontramos solos, con la única compañía de una IA bastante histérica y nerviosa basada en la personalidad de Jan, y una pizarra llena de apuntes del viejo que resultan cuanto menos confusos. Nos toca empezar de cero.
Pero claro, un solo Jan no puede con todo el trabajo de laboratorio. Así que nuestro protagonista decide programar el ordenador cuántico para que busque en su línea temporal… pero filtrando únicamente a los Jan que terminaron una carrera universitaria. Nada de obreros, ni mineros llanos. Aquí venimos a hacer ciencia dura. ¿El resultado? Desbloqueamos a cuatro nuevos alters: el Físico, el Biólogo, el Químico y el Geólogo. Y ojo, porque si pensabas que convivir contigo mismo ya era difícil, intenta hacerlo con cuatro genios egocéntricos que se miran por encima del hombro constantemente.

Bienvenidos al búnker: Olvídate de correr, ahora toca cavar
El cambio jugable respecto al juego original es brutal. En el título base, la tensión venía de mover nuestra base gigante sobre ruedas, huyendo del sol abrasador. Aquí, el Jan anciano tomó la sabia decisión de trasladar la base bajo tierra. Ya no hay que correr. Ahora habitamos una instalación subterránea y nuestro objetivo principal es recolectar suficiente materia orgánica para meter a todos los alters en criosueño antes de que llegue la «Fase Cálida», un verano nuclear de 13 años que calcina todo lo que toca en la superficie.
Esto cambia por completo el flujo del juego. En lugar de descubrir áreas nuevas constantemente, nuestro día a día consiste en salir al exterior, establecer líneas de recursos mediante pilones, optimizar la energía y regresar al búnker. Cuando pasan los 13 años de infierno solar y despertamos de la criogenia, la superficie ha sido arrasada. Toca volver a salir, restablecer los nodos eléctricos y las tuberías subterráneas que se hayan dañado, y seguir investigando.
Es un bucle que roza el estilo Metroidvania. Al principio, avanzar por los escenarios es un dolor de muelas, pero a medida que investigas mejoras en las baterías, ganchos de escalada más eficientes y modificas el terreno para canalizar la energía del Oasis, te vas moviendo como Pedro por su casa. La sensación de ir conquistando poco a poco un planeta hostil mediante la pura ciencia es jodidamente satisfactoria.

El laboratorio del ego: Conviviendo con cuatro insoportables genios
Donde el juego brilla y nos saca unas cuantas carcajadas es en la gestión de tus otros «yo». El primer clon que decidimos traer a la vida en nuestra partida de análisis fue el Geólogo, pensando que acelerar la extracción de minerales nos daría la vida. Craso error. El tipo es un manojo de hiperactividad que se emociona con un proyecto, te manda a la otra punta del mapa a por muestras y, a mitad de camino, se aburre y lo deja tirado, haciéndote perder un tiempo precioso.
Luego decidimos traer al Físico, un tipo que en su realidad alternativa es una especie de Tony Stark estrella del rock, un absoluto divo que se pasa el día quejándose de las instalaciones y exigiendo atención. Cuando juntas a estos dos con el Biólogo y el Químico en las zonas comunes de la base, el búnker se convierte en un patio de instituto lleno de pasivo-agresividad.
La gestión de las emociones y el estrés sigue estando presente, pero aquí todo gira en torno al «Trabajo». Tu misión principal es recolectar muestras del exterior y analizarlas en el S.A.M. (Sample Analyser Module) para ir rellenando la pizarra de investigación. Pero ten cuidado, porque cuando tienes a cuatro mentes brillantes con acceso a tecnología cuántica y materiales altamente inestables encerradas bajo tierra, las cosas se pueden ir de madre de formas muy locas e inesperadas. Jan Dolski es, literalmente, su propio y peor enemigo.

Localización, doblaje y detalles
No podemos continuar este análisis sin ponernos de pie y aplaudir hasta que nos duelan las manos a Alex Jordan. El actor de doblaje, (en inglés) ya hizo un trabajo soberbio en el juego anterior y aquí repite. También aplaudir la localización al español.
Si el drama de dejar a un pobre Jan envejecer solo durante trece años en la superficie os parecía poco, el juego introduce una mecánica que termina por dinamitar cualquier atisbo de empatía: la clonación infinita del mismo alter ego. Si echas de menos al Jan que convertiste en ermitaño en su cabaña de investigación, no pasa nada, te haces otro igual en la base.
Esta copia de la copia de la copia de la copia se despertará, se frotará los ojos, leerá su manual de bienvenida y se pondrá a trabajar en el laboratorio sin rechistar. ¿Le importará el destino de su «yo» envejecido que está a unos kilómetros de distancia? ¿Preguntará por él? Qué va. Cero patatero. La maravillosa conexión emocional que lograba el juego original, donde cada decisión moral y el estado de ánimo de los alters pesaba como una losa sobre tus hombros, aquí se diluye. Los Jans científicos de Last Variable son tan rematadamente inteligentes que el tono de los diálogos es divertidísimo y el choque de egos es constante, aunque a nivel estrictamente narrativo echamos de menos algo más del peso moral y emocional del juego base. En el juego original, los alters sufrían crisis existenciales muy duras al descubrir su naturaleza. Aquí, al ser todos académicos brillantes, se centran tanto en «la Ciencia» y en sus propios experimentos que a veces la historia se siente un poco más fría y desapegada. Las decisiones éticas no tienen ese impacto demoledor que nos dejaba la cabeza dando vueltas en la campaña de 2025.

La delgada línea entre la ciencia y la humillación
Bajo su apariencia de aventura de gestión tranquila, The Alters: Last Variable es un juego que no duda en darte un guantazo con la mano abierta si te confías. La planificación aquí lo es todo. El juego ha flexibilizado un poco el sistema de guardado en PC: ahora puedes guardar y salir en cualquier momento, lo que se agradece enormemente para no tener que esperar al inicio de un nuevo día. Pero que no os engañen, las penalizaciones por cometer errores siguen siendo demoledoras.
En nuestra partida de análisis, rozamos la catástrofe al final del segundo ciclo de 13 años. Nos faltaba un puñado de materia orgánica para meter a los alters en criosueño, el sol letal ya asomaba por el horizonte y un terremoto imprevisto nos destrozó la línea de energía principal que alimentaba los búnkeres. Ver cómo el segundero avanza mientras tus clones corren despavoridos y mueren calcinados es una experiencia desgarradora que te obliga a cargar una partida anterior y planificar con pies de plomo. Es un juego exigente, que a veces puede llegar a abrumar con la cantidad de variables que debes tener en cuenta al mismo tiempo (baterías, estado de ánimo de los alters, tuberías, análisis en el S.A.M…), pero la satisfacción de superar un ciclo solar con todos tus Jans sanos y salvos es indescriptible.

Rendimiento técnico: Unreal Engine pulido al milímetro
En el apartado técnico, la versión de PC es una pasa. El motor Unreal Engine demuestra una solidez fantástica a la hora de plasmar los espectaculares efectos climáticos de la superficie. Ver cómo tiembla el búnker subterráneo durante un terremoto o contemplar los bellísimos parajes del Oasis en contraste con el desierto radiactivo es una delicia visual.
En nuestro equipo de pruebas habitual, el rendimiento se ha mantenido rocoso. Eso sí, nos hemos topado con algún que otro glitch menor (como algún clon atravesando una pared del búnker al irse a dormir o tirones muy puntuales al iniciar la fase de análisis de muestras en el S.A.M.), pero nada que empañe un lanzamiento de este calibre.

Conclusiones: Una expansión con cuerpo de secuela
The Alters: Last Variable es un ejemplo de manual de cómo se debe hacer un DLC. En lugar de limitarse a darnos «más de lo mismo», 11 bit studios ha cogido las mecánicas de supervivencia del juego original, las ha metido bajo tierra y las ha transformado en un fascinante y adictivo Metroidvania de gestión y ciencia ficción que te dará fácilmente más de 20 horas de juego.
Es cierto que el tono de la historia pierde un poco de ese drama humano y de la conexión moral tan potente que tenía la andadura original de Jan Dolski, sustituyéndola por una comedia de enredos científicos e investigación fría. Sin embargo, la genialidad del diseño de niveles, los nuevos retos medioambientales, la soberbia actuación de Alex Jordan y el adictivo bucle jugable de exploración y crafteo hacen que sea una compra absolutamente imprescindible para cualquiera que disfrutara de la odisea espacial de 2025. Un regreso por todo lo alto que demuestra que, a veces, tu peor enemigo (y tu mejor aliado) eres tú mismo.
Lo mejor:
- El rediseño jugable: pasar a un búnker subterráneo y un desarrollo estilo Metroidvania le sienta de fábula.
- Los cuatro nuevos Jans académicos: el choque de egos entre el Físico, Biólogo, Químico y Geólogo es desternillante.
- La localización y el doblaje (aunque en inglés) son geniales.
- Más de 20 horas de contenido que se sienten como una secuela hecha y derecha.
Lo peor:
- La historia se siente más fría y pierde parte del potente drama moral del juego original.
- El ritmo de juego puede llegar a resultar abrumador para los jugadores menos pacientes.
Ficha técnica
- Título: The Alters: Last Variable
- Desarrollador: 11 bit studios
- Editor: 11 bit studios
- Plataformas: PC (versión analizada), PS5, Xbox Series X/S
- Género: Aventura de supervivencia / Gestión / Ciencia ficción
Nota final
8.5/10 (Muy Bueno)
*Este análisis del DLC de The Alter: Last Variable ha sido posible gracias a una clave de PC facilitada por MKTR Agency
