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Tres locos belgas, un lápiz, cero palabras y decenas de rompecabezas entrelazados. Prepárate para comerte el tarro en el viaje monocromático más enigmático del año.

A veces no hacen falta motores gráficos de última generación con iluminación por trazado de rayos ni presupuestos multimillonarios para dar a luz a una de las propuestas más frescas e hipnóticas del mapa indie. Eso es justamente lo que ha logrado Badass Mongoose, un minúsculo estudio belga formado por tan solo tres valientes con Helix: Descent N Ascent. Editado de forma independiente en PC, este título llega dispuesto a demostrar que, cuando la inventiva y el diseño de niveles son de categoría, las palabras sobran por completo.

Lo primero que salta a la vista al arrancar nuestra partida en ordenador es que aquí no hay cinemáticas grandilocuentes con actores de voz famosos ni textos kilométricos para explicarte qué narices está pasando. El juego se viste con un traje en blanco y negro dibujado a mano con una artesanía que parece sacada de un cómic clásico franco-belga macerado con animación noventera. Pero no os dejéis engañar por su fachada tranquila y silente: detrás de sus paisajes de tinta se oculta un gigantesco engranaje de puzles capaz de haceros nudos en el cerebro.

Caer para subir: Un extraño reflejo en la oscuridad

Nuestra travesía empieza en la más absoluta nada. Controlamos a una pequeña y expresiva criatura monocromática que despierta en un mundo desolado, repleto de ruinas mecánicas, tuberías oxidadas y estatuas dedicadas a animales ancestrales. Con unas animaciones elásticas y fluidas que recuerdan a los dibujos animados de la década de 1940, nuestro simpático protagonista se mueve con una parsimonia deliberada mientras exploramos unas estancias solitarias donde solo se escucha el eco de nuestras propias pisadas sobre el suelo mojado.

¿El problema? Que no estamos tan solos como parece. Al poco de empezar a explorar, nos topamos con otro ser prácticamente idéntico a nosotros pero con los colores totalmente invertidos y marcas en el rostro. Lejos de echarnos una mano, este «alter ego» nos esquiva, nos tiende trampas e incluso nos ataca a la mínima oportunidad. La gracia del asunto es que la aventura se divide estructuralmente en dos grandes actos: una primera mitad de descenso angustioso hacia las profundidades del entorno y una segunda mitad donde iniciamos el ascenso hacia la superficie, encajando poco a poco las piezas de una historia donde la dualidad y la soledad lo son absolutamente todo.

Sin usar un solo diálogo ni subtítulo, Helix: Descent N Ascent consigue que estés todo el tiempo intentando descifrar el contexto de este universo arcaico. Cada pintura rupestre, cada pedazo de papel oculto y cada elemento interactivo aporta un granito de arena a una narrativa críptica y reflexiva que te atrapa desde el minuto uno.

La magia de la aritmética jugable: 5, 15 y hasta 25 mecánicas

Si en lo narrativo destaca por su elocuente silencio, en lo puramente jugable Helix: Descent N Ascent es un auténtico festival de ingenio matemático. El juego rehúsa incluir combate alguno; nuestro único enemigo son los rompecabezas y nuestra propia capacidad de observación. Y para superarlos, el equipo de Badass Mongoose ha creado un sistema de habilidades interconectadas brillante.

A lo largo de los nexos centrales, desbloquearemos hasta cinco glifos con habilidades base: desde invocar bloques de piedra hasta desplegar una pequeña cabeza-dron voladora con carga explosiva o teletransportarnos una distancia prudencial en el entorno. Hasta ahí nada revolucionario, ¿verdad? Lo alucinante llega cuando el juego te obliga a fusionar esas habilidades.

¿Qué pasa si invocas un bloque y acto seguido mandas al dron explosivo a chocar contra él en pleno vuelo? ¿Y si cambias la polaridad del escenario mientras el bloque está activando un resorte? De repente, esas 5 habilidades iniciales se ramifican en 10 combinaciones dobles y culminan en puzles de triple combinación que suman un abanico de 25 pruebas únicas. Es una acumulación de capas sobre capas de mecánicas donde resolver un rompecabezas produce un subidón de serotonina brutal, haciendo que te sientas como un auténtico superdotado del mando.

Además, los amantes de lo retro encontrarán pequeños guiños escondidos en los escenarios, como máquinas recreativas plenamente funcionales donde podremos echar partidas a minijuegos de plataformas arcade que recuerdan inevitablemente a los grandes clásicos de los ochenta. ¡Toda una genialidad para oxigenar la mente entre puzle y puzle!

Tinta europea, cómics de posguerra y un papel con bolígrafo al lado

Si el sistema de combinación de habilidades es el corazón de Helix: Descent N Ascent, su apartado visual es sin duda el alma. Badass Mongoose ha creado una auténtica obra de arte en movimiento dibujada a mano. El estilo gráfico bebe directamente de la bande dessinée (el cómic franco-belga de posguerra) y lo mezcla con pinceladas del manga noventero en blanco y negro. Cada estancia del juego parece una viñeta extraída de un bloc de bocetos donde la tinta cobra vida propia.

El uso del monocromo no es un simple postureo estético; es la herramienta narrativa principal para transmitir una sensación abrumadora de soledad y aislamiento. Y para enfatizar este ambiente, la banda sonora de corte contemplativo junto a un diseño de sonido quirúrgico hacen milagros. El sonido ambiental de nuestras propias pisadas rebotando en los charcos o el susurro del viento atravesando los conductos oxidados te recuerdan constantemente que estás completamente solo… o que esa misteriosa figura de color invertido anda cerca acechándote.


Ahora bien, un consejo de amigo para jugar a esto en ordenador: ten a mano un cuaderno real o tira del botón F12 de Steam para sacar capturas a cascoporro. El mapa del juego funciona como un Metroidvania de puzles donde iremos descubriendo trozos de papel con esquemas, códigos para las máquinas de arcade y fragmentos de mapas de los nexos. Muchos rincones inaccesibles al principio requerirán que recuerdes volver horas más tarde con una combinación específica de tres habilidades.

La cara B del monocromo: Luces y sombras en la legibilidad

No todo es un paseo triunfal entre viñetas de tinta. La apuesta tan radical por el estilo blanco y negro con trazos hiperdetallados acaba cobrándose un peaje en lo puramente jugable: la legibilidad visual.

Al no haber color ni marcadores en la interfaz que te indiquen qué es interactivo y qué forma parte del fondo, en más de una ocasión te descubrirás rascando paredes o caminando hacia esquinas aparentemente vacías solo para comprobar si había un camino oculto o un coleccionable. A esto se le suma que la arquitectura de las salas puede resultar bastante uniforme, por lo que desorientarse al regresar sobre nuestros pasos no solo es posible, sino prácticamente inevitable.

Además, nuestro protagonista se mueve con una parsimonia deliberada. Si bien esta velocidad pausada encaja perfectamente cuando estás resolviendo un puzle relajadamente en una pantalla fija, se vuelve algo pesada cuando te quedas atascado y tienes que recorrer cinco o seis estancias del nexo para probar suerte en otra ala del mapa. Un ritmo de movimiento algo más ágil o un sistema de transporte rápido entre nexos habría suavizado bastante estos pequeños valles de frustración.

Conclusiones

Helix: Descent N Ascent es una grata sorpresa dentro del panorama de los videojuegos de puzles independientes. La ópera prima de los belgas Badass Mongoose derrocha carisma por los cuatro costados, regalándonos una aventura monocromática que confía ciegamente en la inteligencia, la paciencia y la capacidad de observación del jugador.

Su brillante sistema de progresión que expande 5 habilidades básicas hasta convertir las mecánicas en 25 pruebas combinadas de pura lógica es una maravilla del diseño de niveles. Si consigues perdonar sus pequeños baches en la orientación visual y su ritmo pausado, te vas a encontrar con una experiencia reflexiva, enigmática y profundamente gratificante que demuestra que para contar una gran historia a veces solo hace falta un lápiz y una buena idea.

Lo mejor

  • Un apartado artístico artesanal a mano en blanco y negro desbordante de personalidad.
  • El diseño de los puzles y cómo se van multiplicando las habilidades combinadas hasta llegar a 25 pruebas.
  • Narrativa totalmente muda que atrapa al jugador a través de la simbología y los detalles.
  • Sensación constante de descubrimiento, secretos y metapuzles paralelos.

Lo peor

  • La uniformidad cromática y el exceso de detalle dificultan la legibilidad de elementos interactivos.
  • Es muy fácil desorientarse al hacer backtracking por los escenarios.
  • El ritmo de desplazamiento del personaje se hace un poco lento cuando andas perdido.

Ficha Técnica

  • Desarrollador: Badass Mongoose
  • Editor: Badass Mongoose
  • Plataformas: PC

Nota Final

8.5/10

*Este análisis de Helix: Descent N Ascent ha sido posible gracias una clave de PC facilitada por Pirate PR

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