Amantes de las cartas, estrategas y buscadores de rarezas roleras para PC, preparad los mazos y afilad el ingenio porque hoy nos toca desguazar uno de esos títulos que llegan sin hacer ruido pero te pegan un bofetón de personalidad nada más arrancar el ejecutable. Olvidaros por completo de los típicos clones aburridos que pululan por Steam intentando imitar la fórmula de Slay the Spire: los creadores de Shards of Order han cogido el género de la construcción de mazos, le han quitado la tontería de la muerte permanente y lo han mezclado con una fantasía eslava de terror folclórico que destila mala uva por los cuatro costados. La aventura arranca de la forma más chunga posible, con nuestro protagonista cayendo de morros al fondo de un pozo cenagoso, vistiendo la armadura de la infame Legión Ala Negra y sin recordar ni cómo se llama. Para colmo de males, nuestra primera bienvenida en este mundo sin ley corre a cargo de un pájaro monstruoso y desdentado conocido como Shrike, que tiene la desagradable costumbre de desayunarse a todo bicho viviente que aterrice en su madriguera.
Lo verdaderamente divertido de este arranque no es solo la paliza moral que nos llevamos nada más empezar, sino el peculiar narrador que decide instalarse a vivir en nuestra cabeza sin pagar alquiler. Este monigote mental nos acompaña durante todo el trayecto soltando comentarios cínicos y recordándonos lo patéticos que somos, un recurso que evoca de manera brillante los monólogos interiores más delirantes de referentes como Disco Elysium, pero adaptado aquí a un formato de rol táctico mucho más ágil y directo. Nuestro héroe, que adopta temporalmente el humilde título de «Soldado» mientras intenta recomponer las piezas de su identidad perdida, se ve obligado a colaborar con un trío variopinto de piojos resabiados. A medida que avanzamos por el tablero, se nos unen una exiliada con alma de pícara cínica y un erudito mago más frío que el corazón de una suegra en invierno. La dinámica entre estos tres elementos forma un grupo de rol de toda la vida, pero con la mala leche necesaria para que los diálogos no resulten empalagosos ni aburridos. Eso sí, de momento, todo en inglés.
Contenidos
Terror y una estética visual que entra por los ojos
Si hay algo que te golpea la jeta nada más empezar a jugar en PC es el apartado visual y sonoro. Lejos de apostar por el típico diseño genérico de fantasía medieval limpia y brillante, el título abraza una estética de terror folclórico verdaderamente fascinante. Los retratos de los personajes y enemigos parecen sacados directamente de una mezcla imposible de trazos finos y delicados y una patina de oscuridad propia de la la mugre de una cripta olvidada. Las batallas contra criaturas infernales, perros-caballo mutantes y hombres-pez sedientos de sangre se desarrollan sobre fondos bellamente pintados a mano que derrochan profundidad y una escala visual imponente.
Además, el combate de cartas cuenta con animaciones perfectamente integradas donde las unidades chocan físicamente entre sí, aportando una contundencia visceral que rara vez se ve en este tipo de propuestas sobre tablero. Todo este desfile de horrores rurales viene arropado por una banda sonora orquestal de corte post-metal firmada por Dzivia, cuyos acordes graves y opresivos consiguen que cada golpe duela de verdad al otro lado de la pantalla. El juego prescinde por completo de parodias vacías y apuesta por un humor negro muy particular, equilibrando a la perfección una trama densa y oscura con momentos de auténtica carcajada mientras intentamos sobrevivir a un mundo donde las leyes físicas, la cordura y el sentido común se han ido de vacaciones colectivas.

El tiempo como único recurso y el sistema de cuenta regresiva
Para entender cómo funciona el combate de Shards of Order, hay que desterrar todo lo aprendido en otros juegos de cartas. En este título no existe el maná: cada acción, hechizo o golpe que decides jugar hace avanzar implacablemente un contador de tiempo universal. Los enemigos en el campo de batalla cuentan con un marcador numérico sobre sus cabezas que indica cuándo van a ejecutar su próximo ataque. La clave absoluta de la victoria reside en comprender que casi todas las cartas que juegas reducen ese temporizador de tus oponentes, obligándote a sopesar con precisión quirúrgica el riesgo y la recompensa de cada jugada. ¿Te arriesgas a lanzar un golpe devastador sabiendo que acelerarás el turno del monstruo que tienes enfrente, o prefieres optar por una táctica defensiva?
La tensión se multiplica exponencialmente cuando te encuentras con la soga al cuello y una mano de cartas completamente inútil. En esos momentos desesperados, el juego te permite robar otra mano completa a cambio de cuatro puntos de tiempo, pero con una genialidad mecánica: el coste de esa recarga disminuye con cada carta que juegas previamente en ese mismo turno. Es un tira y afloja constante que recompensa al estratega frío y castiga sin piedad el aporreo de botones. A esto se le suma una profundidad de grupo excelente gracias a los tres héroes que lideramos: el Soldado actúa como un muro defensivo de contención, el Erudito canaliza la magia y manipula los tiempos, y el Arquero interrumpe las amenazas prioritarias, obligándonos a combinar submazos de colores para exprimir al máximo las sinergias del equipo.

Libertad de progresión y exploración sobre el tablero
Fuera de los enfrentamientos directos, el juego despliega un mapa de navegación estructurado al estilo de un tablero de mesa clásico donde controlamos a nuestro avatar mediante nodos. Aunque a veces este sistema de desplazamiento puede resultar un tanto engorroso si nos obliga a retroceder para completar misiones secundarias o buscar PNJ extraviados, la exploración se compensa con creces gracias a las interacciones dinámicas. Las cartas de tu mazo no solo sirven para reventar cabezas en combate; también se utilizan fuera de él para superar tiradas de habilidad, abrir cofres prohibidos o resolver situaciones rocambolescas que bordean el absurdo, como alterar el curso de un evento por culpa de una mala elección en un concurso de miradas.
El árbol de habilidades, que funciona más bien como una intrincada red de desbloqueo y mejora de cartas, permite redistribuir los puntos libremente sin penalización alguna entre combate y combate. Esto fomenta una experimentación brutal: puedes enfocar a tu grupo hacia mazos hiperofensivos centrados en el descarte rápido, o apostar por estrategias de desgaste basadas en estados alterados. Los enemigos, por su parte, no se quedan de brazos cruzados y te plantarán cara con mecánicas verdaderamente puñeteras, como inmunidades basadas en turnos pares o impares, o la maldición de bloquear directamente ciertas opciones de tu interfaz de usuario. Todo un catálogo de jugarretas que mantiene el interés por las nubes durante las aproximadamente diez horas que dura la campaña.

El idioma como su mayor problema
Ya lo llevamos diciendo tiempo en Generación Gamer, hoy día es imperdonable no tener una traducción de un juego sea del tipo de sea, (entiéndase con ello que no hace falta que sea perfecta) pero que un juego de rol y estrategia basado en cartas y que para colmo no utiliza un inglés que pudiéramos denominar sencillo, necesita forzosamente una traducción.
A lo largo de la aventura vamos a tener que leer muchos efectos en cartas y tomar muchas decisiones basadas en textos de mayor o menor tamaño, pero que invariablemente repercuten en nuestra aventura aunque sea para recibir un determinado objeto o evitar un combate. Es por ello necesario tener una comprensión aunque sea aproximada de lo que estamos haciendo.

Conclusión final y estado de la campaña
Shards of Order demuestra con creces que se puede innovar en un subgénero a menudo encorsetado simplemente con tener las cosas claras y atreverse a romper las reglas establecidas. Al prescindir de la muerte permanente, la progresión eterna y el relleno innecesario, el estudio logra confeccionar una campaña de unas diez horas de duración que va directa al grano, manteniendo un ritmo trepidante, una narrativa concisa y una inmersión absoluta de principio a fin.
Si bien es cierto que la complejidad en la construcción de mazos puede antojarse algo limitada si lo comparamos con otros mastodontes de la estrategia pura, y que la navegación por los nodos del mapa presenta pequeños roces de diseño, lo que ofrece en su apartado audiovisual y en la originalidad de sus combates animados compensa con creces cualquier pega. Una auténtica joya macabra, divertida y cínica que ningún amante de la buena fantasía oscura debería pasar por alto en su ordenador. Eso sí en inglés y no del fácil.
Lo mejor
- Un universo visual y narrativo único, con retratos grotescos y una atmósfera pesada que destila personalidad.
- La ausencia de maná y el uso de contadores de cuenta regresiva transforman radicalmente la estrategia del combate de cartas.
- Doce horas de juego perfectamente medidas, sin muertes permanentes absurdas ni grindeos interminables.
- Un despliegue post-metal y animaciones de combate contundentes que hacen que cada golpe duela de verdad.
Lo peor
- Los jugadores más expertos en cartas pueden echar en falta una mayor profundidad o variedad de builds extremas.
- Ciertos tramos del mapa abierto obligan a dar rodeos innecesarios o a buscar a ciegas a determinados PNJ.
- En inglés.
Ficha técnica
- Título: Shards of Order
- Desarrollador: Fardust
- Editor: Awaken Realms
- Plataformas: PC
Nota final
9 / 10 — Una bofetada de personalidad al género de la construcción de mazos. Inteligente, macabro, visualmente apoteósico y con un sentido del ritmo envidiable que convierte cada partida en un placer absoluto.
