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Llegar a un viernes por la tarde en la oficina es una prueba de supervivencia física y mental. El aire acondicionado goteando sobre la moqueta, la máquina del café tragándose tus últimas monedas sueltas, el gilipollas del tercer piso hablando a gritos por el manos libres y el fantasma del sobretrabajo rondando tu mesa. Pero en Box Knight, el descabellado roguelike beat ‘em up desarrollado por We Made A Thing Studios para PC, el concepto de «explotación laboral» escala a niveles literalmente infernales. Aquí, a las cinco en punto de la tarde, colgamos el traje de oficinista gris, nos encasquetamos una caja de cartón en la cabeza con dos agujeros mal cortados para los ojos y nos convertimos en el «cajallero»: el héroe predestinado a barrer los pasillos de la empresa a base de espadazos y violencia desmedida.

La premisa de este título, que desembarca en nuestros monitores a finales de este caluroso agosto de 2026, suena a broma de pasillo… y en parte lo es. Sin embargo, bajo esa capa de sátira corporativa ácida se esconde una propuesta de acción desenfrenada que rinde homenaje directo a mitos como Castle Crashers, aderezada con la adictiva ruleta de mejoras al estilo Hades. ¿Tu objetivo definitivo? Abrirte paso a trascendón limpio a través de diferentes biomas de moqueta, fotocopiadoras e instalaciones industriales para llegar al despacho principal y reventarle la cara al malvado CEO de la compañía. Ni sindicatos ni inspección de trabajo: aquí los problemas laborales se solucionan a mandobles.

Un comienzo áspero que engaña más que una reunión de Recursos Humanos

Vamos a hablar claro y sin paños calientes, que para eso estamos en PC: la primera partida a Box Knight es una auténtica bofetada con la mano abierta. La primera impresión roza lo dramático. Entras al juego esperando una maravilla fluida y te encuentras con un combo básico tremendamente plano, un par de habilidades con tiempos de recarga que saben a poco, una interfaz gráfica que parece diseñada en cinco minutos con el Paint y una banda sonora de fondo que, no nos vamos a engañar, invita a bajarle el volumen al cero en el menú de opciones para ponerte un podcast o el último disco de tu banda de metal favorita.

Incluso los diálogos iniciales y las descripciones de los textos acusan ligeros desajustes de traducción y localización en la versión de lanzamiento. Sin embargo, si logras superar esa «durísima puerta de entrada» que echaría para atrás al jugador más impaciente, ocurre algo mágico. Box Knight es ese raro espécimen del catálogo independiente que hace justo lo contrario a la mayoría de los juegos actuales: no te encandila en los primeros diez minutos para luego desinflarse, sino que empieza pareciendo un aprobado raspado y, a base de echarle partidas y acumular derrotas, va ganando enteros hasta convertirse en un placer culpable remadamente adictivo del que cuesta despegarse.

Espadas de cartón y el toque elemental del conserje

A nivel jugable, la estructura bebe sin contemplaciones de las bases del roguelike tradicional, pero lo hace con una agilidad pasmosa. Nada más arrancar cada turno de trabajo, el mítico conserje de las oficinas nos da a elegir un elemento base para potenciar nuestras armas corporativas. Contamos con tres ramas elementales principales: fuego para quemar la moqueta y aplicar daño periódico, hielo para congelar a los mandos intermedios y rayo para encadenar descargas eléctricas entre las mesas de los compañeros.

A partir de ahí, la versatilidad de las armas es enorme. Pasamos de blandir espadas de cartón que golpean a toda pastilla a espadas gigantes de cartón o lanzas improvisadas que cambian radicalmente el alcance y la velocidad de ejecución. A medida que superamos oleadas en cada sala, el juego nos suelta recompensas en forma de pasivas temporales, aumentos de estadísticas y combinaciones de estados alterados que nos permiten moldear una build completamente devastadora… o dejarnos vendidos si la ruleta del azar decide darnos la espalda.

La inesperada capa de estrategia

Cuando llevas unas cuantas horas picando piedra y te adentras en el segundo o tercer bioma corporativo, te das cuenta de que encasillar a Box Knight como un simple machacabotones de oficina es un error garrafal. A primera vista parece que el título te invita a aparcar el cerebro en la entrada, pero a la que la pantalla se peta con más de veinte mutantes enfurecidos a la vez, la cosa cambia radicalmente. La abrumadora cantidad de enemigos en pantalla transforma cada combate en una especie de ajedrez sangriento a velocidad vertiginosa donde la priorización de objetivos lo es absolutamente todo.

El elenco de monstruosidades que nos escupe el edificio está diseñado con una mala leche sensacional. Ya no vale con ir a por el bicho que tienes más cerca; el juego te obliga a trazar una pirámide de prioridades en cuestión de milisegundos. Tienes a goblins ejecutivos lanzando papeles envenenados desde el fondo, demonios bufete que curan al resto de la sala si no los revientas primero y brutales jefes de sección que te embisten sin avisar. El uso milimétrico de las habilidades elementales en el momento justo, combinado con el sistema de ejecuciones sanguinolentas para arañar recursos vitales, añade una capa táctica de gestión de riesgos sencillamente brillante. Si pierdes el control del espacio o te ciegas pegando a quien no debes, estás despedido en cuestión de tres segundos.

Humor ácido, vísceras cartoon y un ropero surrealista

Donde We Made A Thing Studios ha tirado la casa por la ventana es en su desternillante apartado visual y narrativo. Si tuviesemos que definir la estética de Box Knight, sería el resultado de meter en una batidora la estética gore y desenfadada de Castle Crashers con el humor ácido, incómodo y sin filtros de series de animación para adultos como Rick y Morty. El estilo gráfico, que en capturas estáticas puede parecer algo tosco o recordar a las viejas animaciones flash de los años 2000, cobra una personalidad arrolladora en cuanto empieza la carnicería.

Las ejecuciones a los monstruos cubren la pantalla de fluidos, tripas y pedazos de cartón en un espectáculo tan grotesco como divertido. Pero la palma se la lleva sin duda el ropero de nuestro cajallero. A medida que avanzamos y completamos desafíos, desbloqueamos una colección de disfraces a cada cual más absurdo y surrealista. Pasar de repartir estacazos vestidos con una simple caja a combatir metidos en un pijama de tiburón, de conejo de Pascua o de aberraciones animales insólitas le da un toque bizarro que encaja a la perfección con la locura general de las oficinas.

Cooperativo para dos y la fiebre del modo horda

Por si la campaña principal no fuese suficiente para quemar horas frente al monitor, el juego viene escoltado por un par de modos adicionales que le sientan de maravilla. Para empezar, cuenta con un modo horda dedicado que prescinde de la navegación por salas para tirarte a la cara oleadas infinitas de criaturas. Es el terreno de pruebas perfecto para llevar al límite el árbol de habilidades de nuestro personaje y comprobar hasta qué punto podemos crear una build completamente rota que barra la pantalla en segundos.

Por otro lado, la inclusión de un modo cooperativo local y online para dos jugadores eleva la diversión a cotas altísimas. Machacar demonios corporativos en compañía duplica el caos en pantalla, permite trazar combinaciones elementales complementarias (como congelar con hielo mientras el compañero remata con rayos) y convierte cualquier tarde tonta frente al ordenador en un auténtico festival de risas. Es verdad que en cooperativo la pantalla se vuelve un follón monumental y cuesta saber dónde está tu caja de cartón entre tanta víscera, pero la experiencia multijugador es tan absurdamente divertida que se le perdona casi todo.

Las asperezas de la oficina: interfaz rota y problemas de acabado

Llegados a este punto, nos toca ponernos la corbata de inspectores y señalar los lunares que impiden a Box Knight alcanzar cotas más altas. El principal enemigo del juego no es el CEO demoníaco del nivel final, sino una evidente falta de pulido en el acabado general que delata el carácter humilde de We Made A Thing Studios. En PC, la versión de lanzamiento arrastra una interfaz bastante rota y poco inspirada que dificulta la lectura fluida de los efectos pasivos, haciendo que entender qué hace exactamente una habilidad recién desbloqueada sea un ejercicio de fe o de ensayo y error bastante engorroso.

A esto se le suman pequeños tirones de rendimiento en mitad de las oleadas más congestionadas, colisiones extrañas donde algún enemigo se queda enganchado en el mobiliario de la oficina y unos combates contra jefes finales que a veces pecan de desequilibrados, convirtiéndose en frustrantes intercambios de golpes a ver quién cae antes. Y volvemos a hacer hincapié en la banda sonora: machacona, repetitiva y sin apenas variedad, termina siendo el eslabón más débil de todo el conjunto. Son fallos que rozan lo amateur dentro de un nicho de mercado tan salvajemente competitivo como el de los roguelikes, pero que por fortuna no llegan a romper la diversión de fondo cuando el bucle jugable te agarra del cuello.

La sorpresa de la temporada: un placer culpable de manual

Resulta fascinante cómo un título que entra tan mal por los ojos en sus primeros quince minutos es capaz de dar semejante vuelta a la tortilla. La curva de progresión permanente entre intentos está fantásticamente medida; aunque las primeras partidas sean un muro de dificultad donde apenas rascas unas cuantas monedas, a la que desbloqueas las primeras mejoras de estadísticas y le coges el truco al sistema de priorización de objetivos, la sensación de crecimiento es gratificante a más no poder.

Box Knight no viene a reinventar la rueda del género ni a dar lecciones de diseño a gigantes del calibre de Hades. Su meta es mucho más humilde y honesta: ofrecer un beat ‘em up gamberro, sangriento y rabiosamente adictivo para desconectar la neurona durante 12 o 15 horas (o muchísimas más si te enganchas al cooperativo y al modo horda).

Conclusiones

Box Knight en PC es una gratísima sorpresa que demuestra que nunca hay que juzgar a un roguelike por su primera partida. Tras una fachada técnica modesta, una interfaz tosca y una banda sonora francamente mejorable, el trabajo de We Made A Thing Studios esconde un beat ‘em up frenético, sangriento y cargado de una capa estratégica de priorización de enemigos que engancha desde el momento en que entiendes sus mecánicas. Con su desternillante sátira del mundo laboral, sus combinaciones elementales de fuego, hielo y rayo, y un modo cooperativo ideal para montar el caos en compañía, estamos ante una propuesta tremendamente divertida para quienes busquen acción arcade sin rodeos ni pretensiones.

Lo Mejor

  • La mezcla de combate beat ‘em up, poderes elementales y roguelike funciona como un reloj.
  • La necesidad de priorizar enemigos en mitad de oleadas multitudinarias le da muchísima profundidad.
  • Sátira corporativa descabellada, ejecuciones sanguinolentas y una genial colección de disfraces.
  • Jugar acompañado duplica el caos en pantalla y la rejugabilidad.

Lo Peor

  • La primera impresión e interfaz pueden echar para atrás a más de uno.
  • La música se vuelve machacona y repetitiva muy rápido.
  • Se echan de menos más movimientos.
  • La traducción al español es de aquella manera… falta textos por traducir y una edición correcta. Pero se agradece

Ficha Técnica

  • Título: Box Knight
  • Género: Roguelike / Beat ‘em Up / Acción Arcade
  • Desarrollador: We Made A Thing Studios
  • Editor: We Made A Thing Studios
  • Plataformas: PC (Steam)
  • Idioma: Voces en inglés, textos en español

Nota Final

7 / 10

Box Knight supera con creces sus duras barreras iniciales gracias a un sistema de combate directo, un humor corporativo desternillante y una adictiva gestión de oleadas. No ganará premios al pulido técnico, pero como placer culpable de acción arcade en PC cumple sobradamente su cometido de hacernos pasar un rato salvajemente divertido.

*Este análisis de Box Knight de PC ha sido posible gracias a una clave facilitada por Pirate PR

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