No son pocas las ideas que parecen tenerlo todo para funcionar. Un mundo postapocalíptico, vehículos armados hasta los dientes, combates a toda velocidad, personalización, cooperativo y enfrentamientos contra otros jugadores. Mad Metal, desarrollado por Mad Mechs Inc. y publicado por indie.io, parte precisamente de esa mezcla, añadiendo además una estética que bebe claramente de clásicos como Mad Max y de la tradición de los juegos de combate vehicular.
La premisa tampoco se anda con demasiadas sutilezas. En un futuro marcado por una inteligencia artificial que ha tomado el control, los vehículos han adquirido conciencia y los humanos supervivientes han acabado convertidos en parte de estas máquinas. En medio de este escenario, nuestro protagonista se embarca en una búsqueda personal relacionada con su hija y con la desaparición de su esposa. El resultado es un universo de coches convertidos en auténticas máquinas de guerra, donde sobrevivir significa aprender a conducir, disparar y aprovechar cada pieza que tengamos instalada.
Mad Metal llegó a PC a través de Steam el 21 de septiembre de 2026 y propone una experiencia que intenta combinar combate vehicular, progresión, campaña y diferentes modalidades multijugador. Sobre el papel, hay suficientes ingredientes para montar una buena fiesta de chatarra. El problema es que, cuando nos ponemos al volante, algunas decisiones de diseño terminan pesando demasiado.
Contenidos
Un apocalipsis de acero con personalidad prestada
La ambientación es probablemente uno de los elementos que más rápidamente consigue llamar nuestra atención. El juego nos coloca en un mundo devastado donde los vehículos son mucho más que simples medios de transporte y donde el combate forma parte del día a día. La estética de los páramos, el metal oxidado y las máquinas modificadas encaja perfectamente con esa imagen de futuro destruido que tantas veces hemos visto en el cine y los videojuegos.
El problema es que Mad Metal no termina de encontrar una identidad completamente propia. Las referencias a Mad Max, Twisted Metal y otros exponentes del combate vehicular están demasiado presentes, hasta el punto de que resulta difícil no pensar constantemente en otros juegos mientras avanzamos. La idea de utilizar vehículos conscientes y convertirlos en parte fundamental de este universo tiene potencial, pero la campaña no consigue desarrollar esa premisa con la suficiente fuerza como para que el mundo termine resultando memorable por sí mismo.
La historia gira alrededor del rescate de nuestra hija y de descubrir qué ocurrió con nuestra esposa, pero el desarrollo narrativo tampoco consigue convertirse en uno de los grandes motores de la experiencia. Los personajes y las situaciones no tienen la suficiente fuerza como para conseguir que queramos seguir avanzando únicamente por descubrir qué sucede después. El doblaje tampoco ayuda demasiado a reforzar la personalidad del conjunto, y algunas situaciones terminan transmitiendo la sensación de estar ante una historia que podría haber dado bastante más de sí.
Visualmente, sin embargo, el juego tiene momentos interesantes. Los vehículos están bastante trabajados y la ambientación postapocalíptica cumple su cometido, especialmente cuando nos encontramos en zonas urbanas. Los espacios más abiertos y desérticos resultan algo más repetitivos, aunque también encajan con la sensación de desolación que pretende transmitir el título.

Aquí hemos venido a pegar tiros con el coche
Donde Mad Metal debería conseguir convencer es, lógicamente, en la carretera. Al fin y al cabo, podemos perdonarle muchas cosas a un juego de este tipo si conducir y combatir resulta divertido.
El control del vehículo tiene buenas ideas, pero durante nuestra partida no terminó de resultar cómodo. La experiencia puede cambiar dependiendo del sistema de control utilizado, aunque ni el mando ni la combinación de teclado y ratón consiguieron eliminar por completo esa sensación de cierta incomodidad al manejar el vehículo. En un juego donde prácticamente todo depende de saber colocar nuestra máquina y reaccionar con rapidez, esto acaba teniendo bastante importancia.
Además, muchos de los escenarios son relativamente pequeños para las posibilidades de movimiento que ofrece el juego. Es posible utilizar los turbos tanto hacia arriba como hacia abajo y realizar maniobras que permiten escapar momentáneamente de una situación complicada, pero también es muy fácil acabar estampado contra una pared, volcado o completamente fuera de posición. En determinados momentos, la sensación es más de estar peleándonos con el espacio disponible que con nuestros enemigos.
El combate, por su parte, se basa principalmente en saber qué arma tenemos equipada y cómo conseguimos colocar el vehículo para utilizarla. La orientación frontal de buena parte del arsenal hace que muchos enfrentamientos terminen convirtiéndose en una especie de duelo a toda velocidad en el que nos encaramos con el rival, descargamos nuestros cohetes o lanzallamas y tratamos de reposicionarnos para volver a atacar.
No todo funciona mal. Algunas maniobras, como el giro de 180 grados, resultan especialmente útiles y aportan cierta agilidad a los enfrentamientos. El problema es que el conjunto no termina de alcanzar la precisión que necesitaría un juego tan centrado en el combate vehicular.

Chatarra, armas y personalización
Uno de los apartados que más posibilidades ofrece es el sistema de progresión. A medida que avanzamos y derrotamos enemigos conseguimos chatarra que podemos utilizar para mejorar nuestros vehículos, incorporando nuevas piezas y modificando diferentes aspectos de la máquina.
Aquí sí encontramos una de las facetas más atractivas de Mad Metal. La posibilidad de construir y modificar nuestro vehículo encaja perfectamente con la fantasía que propone el juego. Estamos en un mundo donde prácticamente cualquier trozo de metal puede convertirse en un arma, una defensa o una mejora, y experimentar con diferentes configuraciones resulta bastante más interesante que limitarse a conducir siempre el mismo coche.
También encontramos habilidades adicionales, tanto activas como pasivas, orientadas a mejorar nuestra capacidad de supervivencia o potenciar el daño. Esto añade una capa de progresión que complementa los combates y permite adaptar nuestro vehículo a diferentes estilos de juego.
Sin embargo, las opciones de personalización no llegan tan lejos como cabría esperar. Para un título cuya propuesta gira alrededor de convertir un vehículo en nuestra propia máquina de guerra, habría sido deseable disponer de una libertad mayor a la hora de modificarlo. La base es buena, pero el sistema se queda a medio camino de lo que podría haber sido.

Una campaña con buenas ideas que no terminan de despegar
La campaña funciona como columna vertebral de Mad Metal y nos permite avanzar por este mundo mientras mejoramos nuestro vehículo y nos enfrentamos a nuevos enemigos. La progresión está acompañada por diferentes mejoras y habilidades que hacen que exista una sensación de avance, algo fundamental para mantener el interés a medio plazo.
También encontramos situaciones en las que otros jugadores pueden irrumpir en nuestra partida, añadiendo un componente de imprevisibilidad que recuerda a determinadas experiencias de acción con invasiones. Sobre el papel es una idea interesante, especialmente teniendo en cuenta que el juego intenta mezclar diferentes fórmulas dentro de una misma experiencia.
El problema es que la campaña no consigue aprovechar todo el potencial de su ambientación. La historia resulta poco inspirada y los escenarios no ofrecen demasiados momentos que realmente sorprendan. Hay una diferencia considerable entre tener muchos elementos y conseguir que todos ellos trabajen juntos para construir una aventura memorable.
A esto se suman determinadas interrupciones durante la experiencia que pueden romper el ritmo. Pasar de una batalla a otra, cambiar entre modos o encontrarnos con transiciones inesperadas hace que la estructura general pueda sentirse más fragmentada de lo que debería.
Y eso es especialmente perjudicial en un juego de combate vehicular, porque cuando estamos disfrutando de una buena batalla lo último que queremos es que la experiencia pierda ritmo.

Muchos modos, pero no todos consiguen convencer
Una de las mayores virtudes de Mad Metal sobre el papel es la cantidad de posibilidades que ofrece. Tenemos campaña, diferentes modalidades de combate, cooperativo y JcJ, de manera que no estamos ante un título que dependa exclusivamente de una única forma de jugar.
El cooperativo puede ser una opción interesante para quienes quieran compartir el caos con otros jugadores, mientras que el componente competitivo intenta ampliar la vida útil del juego una vez que hemos avanzado en la campaña.
Durante nuestras partidas multijugador, sin embargo, la experiencia no terminó de despegar. La presencia de oponentes controlados por bots parecía bastante habitual, aunque no es posible determinar con absoluta seguridad si todos esos rivales estaban controlados por inteligencia artificial. En cualquier caso, el multijugador no consiguió cambiar la impresión general que nos dejó el juego, especialmente porque los problemas relacionados con el control del vehículo continúan estando presentes.
La variedad de modos es positiva, pero aquí vuelve a aparecer una sensación que acompaña a Mad Metal durante buena parte de la experiencia: hay buenas ideas, pero no todas están suficientemente desarrolladas.

El apartado audiovisual cumple, pero la velocidad tiene sus límites
Visualmente, Mad Metal consigue crear una estética coherente con su propuesta. Los vehículos son probablemente los elementos que más destacan, tanto por su diseño como por las posibilidades de personalización, y las zonas urbanas ofrecen escenarios más atractivos que los grandes espacios abiertos.
Los páramos desolados cumplen su función dentro de la ambientación, aunque terminan resultando más repetitivos. No estamos ante un juego que vaya a revolucionar el apartado técnico, pero tampoco necesita hacerlo para que su propuesta funcione.
El apartado sonoro acompaña correctamente los enfrentamientos y la sensación general de estar controlando una máquina de combate. Sin embargo, la ejecución audiovisual no consigue compensar las dificultades que encontramos en la jugabilidad.
En este género, la respuesta de los controles y la sensación de control sobre el vehículo son mucho más importantes que cualquier despliegue técnico. Y es precisamente ahí donde Mad Metal tiene más margen de mejora.

Una buena idea atrapada entre demasiadas decisiones
Mad Metal es uno de esos juegos que resulta fácil imaginar funcionando mucho mejor de lo que finalmente lo hace. Su concepto tiene atractivo: coches armados, un mundo postapocalíptico, personalización, progresión, habilidades, cooperativo y combates contra otros jugadores. Hay suficientes ingredientes como para construir algo muy divertido.
El problema aparece cuando todos esos elementos tienen que convivir.
La conducción no termina de sentirse tan precisa como debería, los escenarios pueden resultar demasiado limitados para las maniobras que propone el juego, la campaña no consigue enganchar demasiado a nivel narrativo y algunas interrupciones terminan rompiendo el ritmo. La personalización y el diseño de los vehículos son probablemente sus puntos más interesantes, pero no bastan por sí solos para sostener toda la experiencia.
Eso no significa que Mad Metal sea un desastre. Hay diversión detrás de su propuesta, especialmente para quienes disfruten de los combates vehiculares y tengan paciencia para acostumbrarse a sus peculiaridades. También hay una base interesante sobre la que sus desarrolladores podrían seguir trabajando mediante actualizaciones y ajustes.
Pero en el estado de la versión de PC que hemos probado, cuesta no pensar que estamos ante un título con más potencial que resultados.

Conclusiones
Mad Metal intenta recuperar el espíritu de los combates vehiculares y llevarlo a un mundo postapocalíptico dominado por máquinas. La mezcla de personalización, armas, habilidades, campaña y multijugador es atractiva sobre el papel y, especialmente, el diseño de los vehículos consigue transmitir parte de esa fantasía de construir nuestra propia máquina de guerra.
Sin embargo, el control termina siendo uno de sus principales obstáculos. En un juego donde conducir y apuntar deberían convertirse en una segunda naturaleza, la sensación de incomodidad pesa demasiado. Los escenarios tampoco siempre ayudan, y la campaña carece de la personalidad necesaria para que el viaje resulte memorable.
Mad Metal tiene acero, armas y buenas intenciones. Lo que todavía necesita es conseguir que todas esas piezas encajen con la misma precisión con la que pretende destrozar a sus rivales.
Por añadir una puntilla el juego está en inglés, aunque prometen añadir más idiomas, esperemos que el español esté entre ellos.
Lo Mejor
- El diseño de los vehículos y su estética postapocalíptica.
- Un sistema de progresión basado en piezas, habilidades y mejoras.
- Buena variedad de modos, incluyendo campaña, cooperativo y JcJ.
- Algunas maniobras y posibilidades de combate resultan divertidas cuando conseguimos dominarlas.
Lo Peor
- Los controles no terminan de resultar cómodos, especialmente en los enfrentamientos.
- Algunos escenarios son demasiado estrechos para las posibilidades de movimiento.
- La campaña carece de suficiente personalidad narrativa.
- Las interrupciones y cambios de ritmo pueden resultar frustrantes.
- La personalización tiene buenas ideas, pero ofrece menos libertad de la que cabría esperar.
- En inglés
Ficha Técnica
Título: Mad Metal
Género: Combate vehicular / Acción / Multijugador
Desarrollador: Mad Mechs Inc.
Editor: indie.io
Plataforma analizada: PC
Plataformas: PC
Idioma: Inglés
Fecha de lanzamiento: 21 de septiembre de 2026
Nota Final
6 / 10
*Este análisis de Mad Metal para PC ha sido posible gracias a una clave facilitada por indie.io
