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Este no es uno de esos juegos que te reciben con una espada legendaria, una profecía milenaria y un señor con voz de ultratumba que te explica que eres el elegido. Y luego está Deep Dish Dungeon, que parece tener una prioridad bastante más terrenal: que no te mueras de hambre mientras intentas salir de una mazmorra que parece diseñada por alguien con muy mala leche. Aquí no basta con repartir mamporros y saquear todo lo que brille. Si no comes, no bebes y no te preparas como es debido, tu aventura puede terminar antes de que encuentres algo que echarte a la boca. Y eso que el menú tiene bastante más miga de lo que aparenta.

Desarrollado por Behold Studios y publicado por Raw Fury, Deep Dish Dungeon mezcla supervivencia, exploración, fabricación de objetos y combates en primera persona dentro de un mundo de fantasía oscura con una estética que recuerda a otra época. Se puede jugar en solitario, aunque la propuesta también invita a compartir la expedición con amigos. Sobre el papel, puede parecer otro juego de supervivencia más, pero hay una diferencia importante: aquí la mazmorra no es simplemente un sitio al que entrar para limpiar habitaciones y llevarse el botín. Es un entorno hostil que debemos aprender a leer, donde cada recurso cuenta y donde una cuerda bien colocada puede resultar bastante más útil que una espada enorme.

Comer o morir: la gastronomía también es una cuestión de supervivencia

La primera lección de Deep Dish Dungeon es bastante sencilla: tener hambre sale caro. La alimentación y la hidratación no son dos indicadores decorativos que podamos ignorar mientras nos dedicamos a hacer turismo por las profundidades. Ambas influyen directamente en nuestra capacidad para sobrevivir, ya que la vida y el aguante están vinculados a lo que hayamos comido y bebido. Dicho de otra manera, lanzarse a explorar sin preparar las provisiones es una forma estupenda de convertir una expedición prometedora en una visita guiada al cementerio.

Por suerte, el juego introduce estas mecánicas de manera gradual. Durante los primeros pasos aprendemos a cocinar alimentos sencillos, como setas o manzanas asadas, y a comprender por qué necesitamos reunir materiales antes de alejarnos demasiado de nuestra zona segura. La cocina no está ahí para que podamos presumir de nuestras habilidades culinarias ante los colegas: forma parte del ciclo de supervivencia y nos obliga a pensar en lo que vamos a necesitar antes de meternos en un lío.

También es una de las ideas más simpáticas de la propuesta. En un género donde lo habitual es fabricar armas cada vez más grandes para solucionar todos los problemas, aquí conseguir ingredientes y preparar comida tiene un peso real. La expedición depende tanto de nuestra capacidad para combatir como de la planificación, y eso le da personalidad a una fórmula que conocemos de sobra.

Una base humilde para evitar una muerte bastante ridícula

Al principio puede dar la impresión de que estamos ante una aventura de estructura roguelike, de esas en las que cada intento empieza prácticamente desde cero. Sin embargo, la progresión tiene un enfoque más tradicional: debemos construir una pequeña base que nos permita prepararnos para las siguientes incursiones. Un cofre para guardar recursos, un saco de dormir y una hoguera con la que cocinar son suficientes para comenzar a organizarnos.

El saco de dormir merece especial atención, porque sirve como punto de reaparición cuando palmamos. Y sí, conviene asumir desde el principio que vamos a morir unas cuantas veces. No es una posibilidad remota reservada para quienes juegan con los ojos cerrados: forma parte del aprendizaje y de la dificultad de una aventura que no siempre perdona nuestros errores.

La base actúa como ese pequeño rincón al que regresamos para recuperar el aliento, organizar el inventario y decidir cuál será nuestro siguiente movimiento. Salir con el equipo adecuado, recoger materiales y regresar con vida es el corazón de la experiencia. Si nos emocionamos demasiado y nos adentramos en zonas para las que todavía no estamos preparados, podemos acabar perdiendo un tiempo precioso en una expedición que no ha salido como esperábamos.

Este planteamiento funciona especialmente bien porque convierte cada salida en una decisión. ¿Seguimos avanzando para buscar más recursos o nos damos la vuelta antes de que la situación se complique? ¿Gastamos los materiales ahora o los reservamos para fabricar algo más útil? Son preguntas habituales en los juegos de supervivencia, pero aquí encajan con naturalidad dentro del ritmo de la aventura.

La mazmorra es la verdadera protagonista

Si hay un apartado en el que Deep Dish Dungeon consigue destacar, es la exploración. Sus cavernas, ruinas y pasadizos forman un escenario irregular que exige prestar atención a algo más que los enemigos que tenemos delante. Hay desniveles, zonas elevadas, rincones escondidos y obstáculos que no podemos superar simplemente caminando hacia ellos con cara de pocos amigos.

La verticalidad tiene bastante importancia. Para alcanzar determinados lugares tendremos que fabricar cuerdas, fijarlas a clavos o apañárnoslas con cajas que nos permitan llegar a plataformas y zonas elevadas. El escenario no es un decorado que recorremos de camino al siguiente combate: es una parte activa de los problemas que debemos resolver. Mirar hacia arriba, localizar un posible acceso y entender cómo podemos llegar hasta él puede abrirnos caminos que, a primera vista, parecían imposibles.

Eso sí, la exploración también tiene sus momentos de desesperación. El diseño de los escenarios puede resultar confuso y algunos elementos se distinguen con dificultad, sobre todo cuando el entorno está lleno de recovecos o tenemos que localizar un acceso poco evidente. La estética retro contribuye a crear una atmósfera particular, pero también puede jugar en nuestra contra cuando necesitamos identificar rápidamente qué tenemos delante. Hay ocasiones en las que toca mirar dos veces, dar una vuelta de más y preguntarse si ese saliente es una plataforma o simplemente otra mancha del escenario.

Apaga la luz y ya verás qué divertido

Uno de los detalles más interesantes de Deep Dish Dungeon es su tratamiento de la oscuridad. Cuando no tenemos una fuente de luz cerca y el entorno está completamente a oscuras, no podemos ver con claridad lo que nos rodea. Parece una obviedad, pero muchos videojuegos convierten la noche en una especie de filtro azulado que permite distinguirlo todo sin demasiado esfuerzo. Aquí la cosa puede ponerse bastante más fea.

La iluminación condiciona la manera de explorar y nos obliga a prepararnos antes de adentrarnos en zonas oscuras. Una antorcha o una fuente de luz dejan de ser un complemento para convertirse en herramientas necesarias si no queremos avanzar prácticamente a ciegas. Esto refuerza la sensación de vulnerabilidad y encaja con un juego que pretende que pensemos antes de lanzarnos a lo desconocido.

Naturalmente, también tiene una contrapartida: si ya nos cuesta distinguir ciertos elementos del escenario con iluminación normal, la oscuridad puede aumentar la confusión. Es una decisión de diseño que aporta personalidad y tensión, aunque no siempre resulta cómoda. La mazmorra puede ser peligrosa por los enemigos, pero también porque a veces cuesta interpretar correctamente lo que tenemos delante.

Combate funcional, supervivencia exigente

No esperéis que Deep Dish Dungeon reinvente el combate en primera persona. Los enfrentamientos son relativamente sencillos y buena parte de ellos consisten en buscar una posición favorable, rodear al enemigo cuando podemos y atacar sin regalarle demasiadas oportunidades. Hay distintas armas, incluidas opciones a distancia, que aportan cierta variedad y permiten afrontar los encuentros de diferentes maneras.

El sistema cumple su cometido, aunque no parece ser el principal motivo para quedarse. Los enfrentamientos tienen su utilidad dentro del conjunto, pero el juego brilla más cuando nos obliga a combinar la preparación, la exploración y la gestión de recursos que cuando simplemente nos pone un monstruo delante para que le demos unos cuantos golpes.

Eso no significa que podamos despreocuparnos. La dificultad puede castigar bastante los errores, especialmente cuando todavía estamos aprendiendo cómo funciona el entorno y no contamos con los recursos necesarios para afrontar cualquier situación. Si a eso le sumamos el hambre, la sed y la necesidad de volver a nuestra base, queda claro que lanzarse al combate sin pensar demasiado no suele ser una estrategia brillante.

En solitario, esta exigencia puede convertir algunos avances en un proceso lento. La cooperación promete facilitar determinadas situaciones, ya que repartir tareas y contar con ayuda durante la exploración o los enfrentamientos puede hacer que la expedición sea más llevadera. Si tenéis amigos dispuestos a meterse en una mazmorra oscura para buscar tesoros y cocinar setas, jugar en compañía parece una opción especialmente recomendable.

Fabricar, descubrir y resolver puzles

La fabricación no se limita a preparar alimentos. Durante nuestras incursiones también reunimos materiales que sirven para crear herramientas, armas y otros objetos útiles para la supervivencia. Es un sistema que encaja con el diseño general: cuanto mejor nos preparemos, más posibilidades tendremos de llegar a lugares nuevos y regresar con algo que merezca la pena.

La progresión se apoya en esa curiosidad constante. Entramos en una zona, encontramos materiales, descubrimos un obstáculo y empezamos a pensar qué necesitamos para superarlo. A veces la solución pasa por fabricar un objeto; otras, por localizar una llave o comprender cómo funciona un mecanismo del escenario.

También aparecen pequeños puzles basados en interruptores, estatuas y cambios en el nivel del agua. Algunas zonas pueden inundarse, lo que abre determinados caminos y bloquea otros. Estos elementos ayudan a que la mazmorra se sienta como algo más que una sucesión de habitaciones con enemigos, ya que el propio entorno plantea problemas que debemos resolver.

Por ejemplo, al principio de la aventura podremos acceder a una suerte de alcantarillas donde tendremos que mover llaves para dejar pasar el agua de un lado a otro y poder liberar espacios antes ocupados por el líquido elemento y poder avanzar.

Una estética retro con luces y sombras

Visualmente, Deep Dish Dungeon apuesta por una presentación oscura y de inspiración retro, con un aspecto que puede recordar a los juegos de exploración en primera persona de los años noventa. Su mundo tiene una apariencia áspera y poco detallada, algo que encaja con las ruinas y las cavernas que recorremos. No pretende competir en espectacularidad gráfica, sino construir una atmósfera que acompañe a sus mecánicas de supervivencia.

Sin embargo, el estilo visual también tiene un precio. La escasa definición de algunos elementos y la complejidad de los escenarios pueden dificultar la navegación. No siempre resulta sencillo distinguir los caminos, localizar ciertos objetos o identificar los puntos por los que podemos avanzar. Cuando la exploración es precisamente uno de los pilares del juego, cualquier problema de legibilidad pesa más de lo que debería.

La interfaz y algunos aspectos de calidad de vida también podrían beneficiarse de ciertos ajustes. No son defectos que anulen sus virtudes, pero sí detalles que convendría pulir para que la experiencia resulte más cómoda sin sacrificar su dificultad. Porque una cosa es que la mazmorra quiera matarnos y otra muy distinta es que tengamos que pelear también con la interfaz.

Conclusión: prepara la mochila, que aquí no hay servicio de habitaciones

Deep Dish Dungeon combina supervivencia, exploración, fabricación y combate en primera persona con una propuesta que encuentra su mayor atractivo en la forma de recorrer y comprender su mazmorra. La importancia de la comida y la bebida le da un toque propio, mientras que la verticalidad de los escenarios, los obstáculos físicos y los pequeños puzles convierten cada incursión en algo más que una simple búsqueda de tesoros.

No todo funciona igual de bien. El combate es correcto, pero no especialmente profundo, y el apartado visual puede complicar la exploración cuando necesitamos distinguir elementos importantes. Además, su dificultad puede hacer que avanzar en solitario resulte frustrante, sobre todo si todavía estamos aprendiendo a gestionar los recursos y a interpretar el diseño de los escenarios.

Aun así, hay una aventura interesante bajo esa capa de piedra, oscuridad y hambre. Deep Dish Dungeon recompensa la preparación, la curiosidad y las ganas de experimentar, y tiene suficientes ideas para que sus incursiones resulten atractivas. Si podéis jugar con amigos, mejor; si preferís ir por vuestra cuenta, también podéis disfrutarlo, siempre que aceptéis que la mazmorra no está ahí para ponéroslo fácil.

Lo mejor

  • La exploración de una mazmorra vertical, llena de obstáculos y caminos por descubrir.
  • La importancia de la comida, la bebida y la preparación antes de cada incursión.
  • La fabricación de herramientas y objetos útiles para sobrevivir.
  • Los mecanismos, las llaves y los puzles que dan variedad al recorrido.
  • Su estética retro y su peculiar combinación de humor y fantasía oscura.

Lo peor

  • El combate cumple, pero no es el apartado más profundo ni atractivo.
  • Algunos escenarios y objetos pueden ser difíciles de distinguir.
  • La oscuridad aporta tensión, aunque también puede complicar demasiado la navegación.
  • La dificultad puede resultar frustrante, especialmente jugando en solitario.
  • La interfaz y ciertos detalles de calidad de vida agradecerían algunos ajustes.

Ficha técnica

  • Juego: Deep Dish Dungeon
  • Desarrollador: Behold Studios
  • Distribuidor: Raw Fury
  • Plataforma analizada: PC
  • Género: Supervivencia, exploración, aventura y RPG
  • Jugadores: Un jugador y cooperativo online

Nota

8,5/10

Deep Dish Dungeon es una aventura de supervivencia con personalidad, una mazmorra que invita a explorar y una mecánica culinaria que encaja mejor de lo que parece. Su combate y ciertos problemas de legibilidad le impiden alcanzar la excelencia, pero quienes disfruten descubriendo rincones, fabricando herramientas y sobreviviendo con lo justo encontrarán aquí una expedición que merece la pena. Mucho ojo con el hambre: puede que el monstruo sea peligroso, pero llevar tres horas sin comer tampoco ayuda.

*Este Análisis de Deep Dish Dungeon para PC ha sido posible gracias a Raw Fury que nos ha facilitado un clave.

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